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El Giramundos: Mochileras de las Dimensiones (HP, Juegos del Hambre, Saga Crepúsculo, Idhun, Divergente, Percy Jackson) — capítulo 12

  • Me temo que eso ya lo saben, querida -fue Elizabeth quien habló. Había entrado en la recámara con Will-. Hace unos días me enviaron un mensaje. Son ellos quienes tienen el corazón de mi marido.

Las chicas no salían de su asombro.

Eso es horrible, señora Turner.

Lo es. -Paseó su mirada por la de las cuatro chicas, como analizándolas- En fin, mi hijo me ha convencido que sois de fiar. Pero aun así, no veo como nos vais a ayudar. Tan sólo sois unas jóvenes chicas...

Igual que usted a nuestra edad -se atrevió a interrumpir Katherine- y aun así, la convirtieron en pirata, ¿no es así?

Elizabeth miró fijamente a la morena.

No fue una cuestión en la que pudiera decidir.

Pero nosotras lo elegimos -afirmó Jolinne-, decidimos ayudar a Will.

Está bien. Si estáis decididas, entonces...

Oyeron ruidos en la parte central de la tienda.

¿Hay alguien más aquí? -preguntó Elizabeth a Will.

Se nos olvidaba Sparrow... Ha venido, borracho como una cuba, a hacer noche aquí.

Salieron todos con sigilo de la recámara. Vieron cómo el pirata, que había recobrado movilidad al pasarse el efecto del alcohol, guardaba algún objeto bajo sus ropas.

¿Se puede saber qué estás robando de mi tienda? -La voz potente y firme de Elizabeth sobresaltó al hombre.

¡Elizabeth! Cuánto tiempo sin verte querida, deberíamos vernos más a menudo -sonrió y luego se giró- Ha sido un placer, llámame la próxima vez que vayas a navegar...

No tan deprisa, Jack.

Will fue a detenerle el paso con rapidez y decisión. Forcejearon brevemente hasta que Will lo tuvo quieto delante suyo. Elizabeth se acercó a él y le hurgó en las ropas raídas.

Vamos a ver que quería conseguir Jack Sparrow esta vez...

Capitán Jack Sparrow, querida -corrigió él- Si no te importa.

Elizabeth sacó lo que parecía ser una llave grande, vieja y oxidada. Se quedó atónita al verla, al igual que su hijo.

¡¡Jack!! -La mujer le pegó una bofetada en un brazo- ¿Se puede saber qué haces con esto? ¿Qué pretendes?

Yo te diré lo que pretende -escupió Will- Pretende salvar su culo dándole al gobierno la llave del cofre del corazón de papá, ¿no es así, sucia rata?

Sylvie se llevó las manos a la boca, ahogando un grito. Las cuatro contemplaban la escena con sorpresa.

No se trata de eso, necios...

Pues explícate -exigió Elizabeth.

Iban a hacer que lo apuñalase cualquiera, y, en fin, ya sabes... Mejor ser yo y gobernar a bordo del Holandés Errante, que no cualquier desalmado...

¡No! -ella le gritó a la cara- Renunciaste en tu momento al Holandés Errante por Will, ¿por qué ahora nos haces esto?

¡Porque yo debía clavar ese puñal y convertirme en inmortal! -se le veía por primera vez enfadado.

Mamá, ¿entonces es verdad? -Will hijo parecía algo decepcionado- ¿Mi padre le debe la vida a Sparrow?

Algo así -contestó Elizabeth, mientras Jack decía por lo bajini "Capitán, Capitán Sparrow"- él fue quién cogió la mano de tu padre para clavarla en el corazón del cofre mientras casi muere. Pero técnicamente, Davy Jones nunca hubiera tenido interés de matarle de no ser por Jack... con lo que no te debe nada, sucio pirata.

¿Qué haremos con él, mamá?

De momento atarle en la recámara.

Estás de broma, ¿no, muñeca?

Elizabeth y Will se fueron a atarle en la parte de atrás, mientras Sparrow se resistía.

Chicas, qué vamos a hacer? -Mayleen se dirigía a sus tres amigas con aires de preocupación- Debemos recuperar el cofre, pero lo veo realmente difícil.

¿Seguro que es a Will al que tenemos que ayudar en este mundo? -se cuestionó Katherine.

¿A quién iba a ser sino?

Todo lo que necesitamos es un plan chicas -estableció Jolinne. Siempre sabía verlo todo de forma práctica- Si tienen el cofre como moneda de cambio de Elizabeth, lo tendrán bien vigilado. Entre dos y seis guardias, diría yo.

Pero si hacemos saltar la alarma, serán muchos más -Mayleen se cruzó los brazos.

Podríamos pensar alguna táctica de distracción que nos ayude -sugirió Sylvie.

Bien pensado -Katherine le dio una palmada- Si vamos seis de nosotros (nosotras cuatro más Will más Elizabeth) creo que lo podríamos conseguir.

Cuatro de nosotros podríamos enfrentarnos a ellos sigilosamente mientras dos cogen el cofre y huyen -a Jolinne le brillaron los ojos- Vamos a planteárselo a Elizabeth.

Cuando Jack Sparrow estuvo ya atado, las chicas le contaron su plan a la señora Turner. Ésta iba asintiendo conforme explicaban su plan.

Sólo veo un gran fallo en vuestro plan: no será tan fácil colarse como vosotras pensáis. Pero para eso tengo una solución -las miró decidida- yo me ofreceré a ellos alegando rendirme.

No, mamá -Will le cogió el brazo- no voy a permitirlo.

Lo que yo no voy a permitir es que no disfrutes de más de un día con tu padre, mientras conmigo has estado dieciocho años -miró tiernamente a su hijo- Will, por favor: id y recuperar el corazón de tu padre. Ambos se lo debemos.

¿Y si pensabas entregarte sin contar con mi opinión, por qué no lo has hecho antes?

Porque no confiaba en que ellos nos devolvieran el cofre de todas formas -respondió ella-. Estaba segura de que me iban a encarcelar y luego seguirían guardando el cofre para tenerlo en su poder. Hijo -le miró fijamente- debemos hacer esto por él.

Will parecía contrariado, pero terminó dando un gesto que podía entenderse como un asentimiento. Jolinne lo miraba entristecida.

Bien chicas, seguidme. Vamos a vestiros de incógnito...

Se dirigió hasta un gran baúl que contenía varias piezas de ropa, entre ellos unos cuantos vestidos elegantes.

Hace tiempo que me visto con ropas sencillas y calzado cómodo, pero hubo un tiempo de joven que pertenecía a la realeza y sé cómo se viste una señorita. Así que de eso vamos a vestiros a vosotras y a mi hijo -estiró uno de los vestidos, que era de colores beige y rosa pálido-. Este es uno de los más elegantes. Te lo pondremos a ti -señaló a Sylvie.

¿A mí?

Sí. Junto con Will, simularéis ser los dos rubios duques de Noruega. El gobernador, oficialmente, debería saber cómo son físicamente, pero seguro que nunca los ha visto ni sabe cómo son... así que si les decís que sois los duques de Gérard, y os indignáis cuando diga que no está seguro de que sois ellos, lo estaréis haciendo bien.

¿Y nosotras quiénes seremos? -preguntó Mayleen.

Vosotras tres podríais ser las primas de la duquesa... En realidad, ella es de Alemania, por lo que no será tan raro tener primas morenas. Aunque no se ven muchas alemanas pelirrojas, pero en fin...

Sacó un vestido de tonos amarillos y verde pálido con unos cuantos lazos, y se lo endosó a Mayleen.

¿Me tengo que poner esto?

Es más grande que tú misma -rió Sylvie.

Yo no quiero tanta parafernalia -Katherine arrugó la nariz.

Es inevitable un vestido tan grande, querida... -repuso Elizabeth- pero, si te disgusta tanto, aquí hay otro elegante que no tiene tantos detalles ostentosos. -Sacó otro vestido de beige y granate y se lo tendió a Katherine.

Bueno, no es tan horrible. Pero el collarín blanco de lisiado no me lo pongo...

Se llama gorguera -contestó Elizabeth- y no, no hace falta que te lo pongas si no quieres. La verdad es que hasta yo lo encuentro ridículo...

Siguieron buscando el vestido para Jolinne.

¿Y éste? -preguntó Sylvie.

Éste mejor para ella -Elizabeth miró a Jolinne- le quedará bien con esos ojos.

Jolinne cogió el vestido verde que le daba, con un ligero sonrojo en las mejillas. Fue a cambiarse también.

Debieron ayudarse unas a otras a ponerse esos grandes vestidos. Al terminar, se veían todas muy bellas y elegantes, pero un poco fuera de lugar.

Sylvie, estás preciosa -comentó Jolinne- parece como si hubieras sido hecha para nacer en esta dimensio... en esta época, quiero decir -se apresuró a corregir.

Lo siento mucho, Katherine -Mayleen rió al verla- pero no puedo decir lo mismo de ti. -La más morena parecía desgarbada en esa vestimenta, se la veía como un pez fuera del agua. Su rostro tenía expresión de asco.

No sé como ponerme con esto...

Es importante alzar la barbilla -explicó Elizabeth-, espalda recta, codos pegados al cuerpo, ligeramente hacia atrás -las otras tres chicas también hacían pequeños arreglos en sus posturas de forma disimulada-, piernas rectas... y sin poner cara de enfado.

Es que no me gusta... lo siento señora Turner.

Will entró a verlas una vez cambiadas, y sus ojos se dirigieron rápidamente a Jolinne con su vestido verde. Automáticamente se sonrojó.

Está bien, creo que os quedan bien a todas; al menos son de vuestra talla. Vamos a dejarlos aquí preparados para mañana... Será cuando vayamos al Gobierno.

Sylvie, Mayleen y Katherine la siguieron para dejar las ropas donde ella les indicaba. Jolinne se quedó un momento a solas con Will, quien casi la comía con los ojos.

Estás preciosa.

Gracias. Aunque es todo de mentira, ya sabes.

En realidad estás guapa te pongas lo que te pongas.

Anda, calla, que me pondrás roja -pero la verdad era que Jolinne ya estaba como un tomate- Volvamos con tu madre y las demás.

Habían subido a la parte de arriba de la tienda.

¿Por qué no registramos el piso de arriba anoche? -inquirió Mayleen.

Porque yo no tenía las llaves -respondió Will- sólo las tiene mi madre.

Era un piso del mismo tamaño que la tienda, es decir, reducido. Había un aseo, una cocina, una pequeña habitación para Elizabeth y otra para Will, pero eran tan pequeñas que las cuatro chicas debían dormir en la sala de estar, donde habían dos mullidos sofás.

Pasaron las restante horas del día concretando los detalles del plan para el día siguiente y alimentándose con comida sencilla pero buena que prepara Will. Pronto volvió a anochecer y a todos les entró sueño, dado lo poco que habían dormido la noche anterior. Elizabeth y su hijo fueron a sus habitaciones, mientras que Katherine y Sylvie se estiraron en uno los sofás,y Mayleen y Jolinne se apretujaron en el otro.

Lo conseguiremos, chicas -animó Sylvie- ya lo veréis.

Mañana a esta hora ya habremos cambiado de mundo -sonrió Katherine- y estaremos más cerca de casa.

Jolinne no dijo nada. Sylvie, entendiendo lo que marchar significaba para Jolinne, trató de consolarla.

Jolinne, sé que será difícil para ti...

Bueno... no se le puede hacer mucho.

La muchacha rubia trató de decirle algo más que la consolara, pero no encontraba palabras. Mayleen, que era quien dormía con la castaña, le regaló un buen abrazo.

Tranquila, ojos verdes. Yo estoy aquí para animarte. Bueno, ya sabes, como amiga... no te emociones por esto de que vayamos a dormir juntas.

Logró sacarle una pequeña risa a Jolinne, así como a sus otras dos amigas. No tardaron en dormirse plácidamente, cansadas.

Pero a mitad de la noche algo despertó a Jolinne. Era Will, quien, sin mediar palabra, le cogió de la mano, tirando ligeramente de ella. Se levantó y le siguió sin soltar la mano. Will la llevó hasta su habitación, que desprendía su agradable olor personal. En silencio, se recostaron en la cama y se entregaron a sus besos y caricias en la noche.


Nota de autora: espero que os vayan gustando los capítulos! :)

Las imágenes de los vestidos los tenéis en la portada. A ver si también os gustan... es raro porque son antiguos, pero tienen su encanto, ¿no?

Besos! Y gracias a todos aquellos que me leen :)