El Giramundos: Mochileras de las Dimensiones (HP, Juegos del Hambre, Saga Crepúsculo, Idhun, Divergente, Percy Jackson) — capítulo 4
Un chico rubio apareció entonces, caminando desde el castillo. Rose les señaló muy discretamente.
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Es él.
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No me extraña que te enamorases, chica -Mayleen le guiñó un ojo al ver al joven rubio.
Katherine fue la primera que se avanzó hacia él. Lo apartó de sus amigos, de forma un tanto brusca, y se lo llevó unos metros lejos del resto de sus compañeros.
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¡Parad! ¿Pero qué me hacéis? -el tono de su voz era de puro horror mientras forcejeaba contra Katherine.
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Kats, modérate un poco -dijo Jolinne.
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¿Dónde tienes el desiluminador? -preguntó Katherine, haciendo caso omiso de Jolinne. Rose había seguido a las chicas y quedaba detrás de Mayleen y Sylvie.
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¡Suéltame! ¿Pero qué dices? ¡Rose! -Rose no mostró signos de estar asustada, pero no apartaba los ojos de él- Rose, ¿qué es esto?
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"Esto" son sus amigas que van a ayudarle a recuperar el desiluminador -dijo Mayleen- Así que ya lo estás devolviendo, imbécil.
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Yo no lo tengo, ¡te lo prometo! Rose, ya te lo dije, ¡se me cayó y lo perdí!
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Mientes de pena -dijo Katherine, sin soltarle.
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Scorpius -Rose le habló con una voz tranquila y serena; probablemente escondía sus nervios- Por favor, los dos sabemos que no lo perdiste. Ese objeto es muy importante para mí y para mi padre. Por favor -casi atravesaba al chico con sus ojos- dime dónde está.
Scorpius pareció ablandarse y dejó de forcejear lentamente. Pareció estar pensando unos segundos y luego se frunció el entrecejo.
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Vale, no lo perdí. Pero no he mentido en lo de que no lo tengo -repuso, evitando mirar a Rose- Lo tiene mi padre.
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¡¿Qué?! -exclamó una Rose horrorizada. Katherine le dio un cachete en el brazo de Scorpius, seguida de otra llamada de atención de Jolinne.
¡Katherine!
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No me llames así -dijo ella, sacando su furia. No podía soportar que la llamaran por su nombre completo; siempre debía ser un diminutivo como Katie, o Kats.
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No le pegues, no es necesario.
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Haz caso a tu amiga -dijo Scorpius con un deje de desprecio, zafándose del brazo de Katherine.
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Y tú no te hagas el listo -Jolinne se encaró al muchacho, dando un paso adelante y poniéndose ante él- ¿Qué derecho crees que tienes en regalar cosas que no son tuyas?
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No fue un regalo -se excusó, apartándose el pelo rubio de la cara- Le conté lo que tenía, y me obligó a dárselo. No pude negarme.
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Sí pudiste -dijo Rose en un susurro- eso era mío.
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¡Mi padre no es como el tuyo, ¿vale?! Es más estricto conmigo. Tú no lo conoces.
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No, pero mi padre sí os conocía a los dos. Ya hizo bien en prevenirme sobre tú y tu familia.
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¿Qué hizo qué? -ahora el chico parecía realmente enfadado.
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Me advirtió que los Malfoy no sois de fiar, y que no me acercara a ti.
Scorpius asimiló lentamente lo que le estaba diciendo. Estaba atónito.
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O sea, que le hiciste caso y me tomaste en seguida por un cretino, ¿no?
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¡Sabes que no pensaba así! -replicó Rose- ¡Pero ahora me estás dando motivos para creerlo, Scorpius!
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Te estoy diciendo que no he sido yo quien se lo ha quedado, ¡sino mi padre!
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Si yo te importara, harías lo que fuera para recuperarlo -Rose se cruzó de brazos- Si te importara…
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¡Claro que me importas, Rose! ¡Me importas mucho!
Quedó claro que Scorpius deseó haberlo dicho en voz más baja, puesto que ahora estaba avergonzado. Se creó un silencio cargado de tensión.
- Pues demuéstralo -resolvió Jolinne.
Scorpius paseó su mirada entre los severos ojos verdes de Jolinne y los dulces azules de Rose. Después de pensar un minuto, contestó.
- Vale. -miró directamente a Rose- Lo recuperaré. Dame una semana.
Rose asintió lentamente, y con mirada triste se dirigió hacia los invernaderos. Las chicas se volvieron con ella; pero antes de girarse, Katherine se llevó los dedos índice y corazón debajo de sus ojos y luego le señaló, como señal de "te estoy vigilando".
Cuando llegaron, vieron que la clase estaba empezando ya. Rose se giró hacia ellas.
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Gracias por ayudarme. Nos vemos después de la clase; el profesor Longbottom me reñirá si llego tarde.
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Luego nos vemos Rose -dijo Sylvie. Volvieron hasta el castillo, preguntándose entre ellas qué pensaban acerca de Scorpius.
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No sé si fiarme de su palabra -dijo Jolinne.
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Deberíamos estar pendiente de él en cada momento -repuso Katherine.
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Pero ¿cómo vamos a hacerlo? -preguntó Mayleen, mordiéndose las uñas- No podemos ir siguiéndole por ahí…
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¿O sí? -Katherine esbozó una sonrisa maliciosa.
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No, Kath, no podemos -negó Jolinne- ya me gustaría, pero no podemos ir a todas partes con él… Lo notaría. Además, nos hemos colado en la Sala Común de Gryffindor porque es la nuestra, pero ¿en Slytherin? Ni hablar.
Seguían pensando mientras andaban hacia su nueva habitación, cuando se encontraron de nuevo a James Potter.
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¿Tú no vas nunca a clase, o qué? -se extrañó Katherine.
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Oye, vosotras vais con ropas raritas y no os digo nada -sonrió él- Y está claro que no sois de aquí. No me preguntéis en qué ando metido, y no os preguntaré qué hacéis aquí.
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Estamos ayudando a tu prima -soltó Sylvie. James pareció más interesado.
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¿Cuál de ellas?
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A Rose.
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¿Y necesitáis ayuda?
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No, gracias. Sólo necesitamos encontrar el modo seguro de seguir a alguien.
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En eso soy todo un experto -el chico parecía muy ufano- buscadme después de la cena en el Gran Comedor.
Ellas asintieron, y se marchó. Entonces Mayleen cayó en la cuenta de algo importante:
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Chicas, ¡podremos comer comida decente!
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Sin ni siquiera tener que cocinar -se emocionó Jolinne.
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¡Ni matar a conejos!
Pasaron el día más animadas. Se hicieron con unas túnicas del colegio para pasar desapercibidas entre los alumnos, y quedaron con James después de la cena tal y como les prometió.
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Ya he hablado con Rose -dijo, mientras las conducía hacía una aula vacía para que no los viera nadie- Y me ha contado que sí la estáis ayudando. Así que voy a daros algo que os será útil… -las miró con recelo durante un instante- pero debéis prometerme que me lo devolveréis.
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Te lo prometemos -dijo Jolinne, de forma solemne.
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Puedes confiar en nosotras -Mayleen le lanzó una mirada pícara.
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Bien, aquí lo tenéis -sacó de su mochila dos objetos: un pergamino que parecía no tener valor, y una tela plateada que no parecía especial. Les explicó qué era casa cosa y cómo funcionaba, y las chicas sonrieron al comprenderlo. Le dieron las gracias a James y se dieron la vuelta para irse.
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Gracias otra vez, James -sonrió Mayleen de forma coqueta- espero volver a verte.
Él le devolvió la sonrisa, despeinándose el cabello castaño. Sylvie se llevó a su amiga del brazo, y salieron de allí.
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Pero qué pretendes, ¿ligar con el hijo de Harry Potter? ¿Sabes las posibilidades que tienes de que esto salga bien?
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Muchas -replicó una Mayleen seria- los Potter tienen debilidad por las pelirrojas, ¿no te has fijado?
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¡Sois de épocas distintas! -Sylvie no daba crédito- Cuando tú tengas cuarenta años, él cumplirá los veinte.
-Eeeggss -Mayleen se paró en seco en las escaleras- no quiero ser tan vieja siendo él tan joven.
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Exacto -rio Katherine.
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¿Pero eso significa que ni siquiera me puedo liar con él estando aquí?
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¡Pues claro que no! -repuso Sylvie.
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Ya veremos -le guiñó un ojo, lo que provocó que Katherine se riese.
Jolinne no decía nada. Normalmente hubiera estado de parte de Sylvie y Katherine en la discusión, pero no podía hacerlo cuando ella misma se había enamorado de alguien de otro mundo distinto al suyo. No le replicaría nada a Mayleen en esta ocasión.