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El árbol del ahorcado. — capítulo 140

140

Sonidos familiares y ruidosos me despiertan. Huelo la comida de Peeta desde la planta superior y las risas de Dandelion y Haymitch. Mi mentor se pasa la vida haciéndole carantoñas, contándole historias, y lo oigo hacerle voces divertidas. Entreabro los ojos y la luz matinal que se introduce por los huecos de la cortina entreabierta me golpea la frente. He dormido más de la cuenta, pero mi cuerpo está totalmente descansado. Me estiro sobre la cama y me dejo balancear unos segundos por el silencio. Clavo la vista en la pared blanca que hay sobre mi cabeza y cierro los ojos, centrándome en los sonidos que inundan la casa. La pura risa de Dandelion refresca todo como un baño frío en el río durante los meses de verano. De pronto recuerdo que hace varios días que no la tomo entre mis brazos y las ganas de salir de la cama se convierten en una orden primera. Cubro mi cuerpo semidesnudo con una larga manta de lana sobre la que me enrollo y bajo la escaleras sin siquiera ponerme algo que cubra mis pies.

Encuentro a tío y sobrina sobre la alfombra, al lado de la chimenea, que está encendida aunque las temperaturas estén endulzándose bastante. Ambos están riéndose, uno al lado del otro; Haymitch gesticula con las manos y sus arrugadas facciones mientras Dandelion se ríe de esa manera…, se ríe y su sonrisa es libertad.  Me fijo en el rostro de Haymitch y lo encuentro mucho más envejecido de lo que recordaba. Desde que dejó de beber, comenzó a envejecer muchísimo más rápido, aunque parece más saludable. A veces creo que se me olvida que los años pasan y el paso del tiempo jamás se detiene.

Escucho otra risa que se aproxima: Peeta. Sus manos me abrazan por detrás y cuando intento girarme ya estoy aprisionada por sus anchos y cálidos brazos. Una sonrisa se dibuja en mis mejillas.

-Buenos días, ¿has descansado?

Me lo pregunta susurrándome al oído y me sitúa un panecillo casi sobre los labios.

-Sí, estoy como nueva, ¿y tú?, ¿haciendo panecillos?- me río, pegándole un mordisco.

-Bueno, hay dos personas aquí que me han despertado esta mañana, pero…, ahora mismo haciendo la comida.- me besa la nuca y me aprieta más contra su cuerpo.  Me encanta su olor y el afecto que desprende.

-No los escuches Dandelion, son como dos tórtolas.- bromea Haymitch, ya que siempre que estamos abrazados, Dandelion nos mira con sus grandes ojos, sin entender muy bien qué ocurre.- No os hagáis mimitos delante nuestra.

-No es malo para Dandelion.- obejta Peeta entre risas, soltándome un poco.

-No lo digo por ella, lo digo por mí.

Ambos estallamos en una carcajada y me siento a su lado en el suelo, tomando a Dandelion entre mis brazos. Rápidamente, se lanza a mi cuello y acerca sus mejillas a las mías. Me encanta que sea tan cariñosa, justo como su padre.

-¿Que quieres echarte novia, Haymitch?- le hago la puñeta.

-En el amor son todo complicaciones.- bufa.

-No siempre.- Peeta nos señala a él y a mí.

-Bueno, hubo una temporada en la que queríais mataros, pero, aparte de por eso y por los Juegos, todo ha sido un viaje idílico.- ironiza.- Lo único bueno de los matrimonios son los hijos.

Me lo quedo mirando fijamente cuando dice eso y me percato de que es consciente que nunca va a tener hijos propios. Puede que sea uno de sus sueños y nunca, hasta ahora, lo haya siquiera insinuado.

-Pero ya estoy mayor para esos trotes y tuve bastante criándoos a vosotros.- se ríe.

-Yo ya estaba criada.- le golpeo con el pie.

-Así estabas de salvaje.

-Sigue siéndolo.- bromea Peeta.- Dejar de hablar y a poner la mesa.

Entre risas, nos levantamos y ayudamos al cocinero de la casa. Lo beso tímidamente en los labios cuando creo que nadie nos está mirando y me susurra:

-¿Vas a llamar a tu madre?

Actúo como si se me hubiera olvidado, pero tanto Peeta como yo sabemos que es mentira.

-Lo haré después de comer.- asiento, pero ya estoy nerviosa.

-Comamos entonces.- me sonríe.

Engullimos la comida con rapidez y Dandelion se pone hasta arriba de papilla. Espero con impaciencia el momento en el que Peeta le repetirá veinte veces con su tono de padre responsable que con la comida no se juega.

-Dandelion, con la comida no se juega.

-Peeta, deberías innovar las frases, ¿no ves que no te hace caso?

Haymitch tiene razón: Dandelion lo mira con ojos inocentes y actúa como si no lo entendiera. Comienzo a reírme tanto que me duele la boca del estómago.

-¿De qué os reís?, ¿qué es tan gracioso?, ¡hay que educarla!- se enfurruña, diciendo otra de sus típicas frases.

Cuando terminamos de comer, Haymitch se ofrece a limpiar los platos con Peeta (cada día está más irreconocible) y yo me decido a acostar a Dandelion un rato. La tumbo con delicadeza en su cuna, tapándola con la sábana, y le beso en la mejilla antes de dejarla descansar.

Muy bien, Katniss, ya has hecho todo lo que tenías que hacer, ahora deberías coger el teléfono y llamar a tu madre.  No hagas como que no sabes de lo que te estoy hablando.

-Vamos, solo es una llamada.-  me digo a mí misma en voz alta cuando comienzo a buscar el papel en el que guardé su número.

Rebusco en el pequeño cajón en el que guardo mis cosas más personales, entre ellas las cartas de Peeta. El papel sigue ahí, arrugado y amarillento. Lo dejo circular por mis dedos y leo lo en un día escribió mi madre, mucho tiempo atrás: "Llámame a este número siempre que lo necesites. Voy a echarte mucho de menos". Han pasado casi cuatro años de eso. Mucho tiempo atrás, ambas nos necesitábamos.

-Vamos allá…- suspiro, marcando el número con los dedos temblorosos.

Descuelgo el auricular y espero, espero durante varios segundos hasta que una voz que creía haber olvidado me golpea con una oleada de amargos recuerdos y culpabilidad.

-¿Diga?

Tengo la peligrosa tentación de colgar sin decir nada más, movida por un pavor que me arrebata la respiración, pero trago saliva y me quedo rígida.

-¿Diga?, ¿hay alguien ahí?

La voz de mi madre. La voz de quien me acunó entre sus brazos y me crio. La voz que se apagó con mi padre. Está resonando en mi corazón. Necesito responder, pero no puedo.

-¿Hay alguien ahí?- repite, confusa. Creo que puede escuchar mi respiración acelerada.- ¿Katniss, eres tú?