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El árbol del ahorcado. — capítulo 141

141

La respiración desaparece de mi garganta cuando distingo la voz de mi madre romperse al pronunciar mi nombre. No sé cómo ha sido capaz de reconocer mi silencio y simplemente contesto:

-Hola mamá. Soy yo, Katniss.

Soy yo, Katniss, la hija a la que hace casi más de tres años que no ves. La misma que desapareció de tu vida tras la muerte de Prim y ha terminado casándose y con una hija.

-¿Kat…Katniss?, ¡¿eres tú?!- su voz suena entre desesperada e incrédula.

-Sí…- tartamudeo.- Yo…

-¡¿Cómo estás?!- casi me exige.

-Bien…bien…, yo…- no puedo dejar de temblar.- Estoy…, en el 12…, con Peeta…- no sé ni por dónde empezar a hablar.

-Pensé que te marcharías del 12…- se limita a decir.- ¿Sigues viviendo en nuestra casa?- habla atropelladamente, como si temiera que le fuera a colgar en cualquier momento.

-No, ahora vivo con Peeta, desde hace poco más de un año, creo…- intento dejarle caer mi situación.

-Estaba totalmente segura de que ese chico cuidaría de ti.- ese comentario me hace sonreír.- ¿Cómo está Gale?

-Bien…- eludo contarle que acaba de tener una hija. Tenemos cosas más importantes de las que hablar.- Yo…, esto…

-Pensé que nunca más volvería a hablar contigo. ¿Esperaste llamadas mías?

-Sinceramente, no.- contesto automáticamente mientras mis dedos se enredan en el hilo del teléfono.- Tampoco quería recibirlas.

El silencio nos recoge durante algunos densos segundos.

-Pensé que debía dejar que tú decidieras si querías llamarme o no.

-Era lo que necesitaba.- le doy la razón.- Sin embargo…, pienso que…, no sé…, quizá no haya actuado correctamente en estos años.

-Katniss…

-No, déjame que termine.- suspiro.- Después de la muerte de Prim, -todo se tensa cuando digo su nombre.- no quería saber nada de nadie, ni siquiera de ti, y puede ser que actuara de forma egoísta contigo. Nuestra relación hacía mucho tiempo que se había enfriado y era prácticamente inexistente…, no sé…, tenía demasiado odio y no me sentía comprendida…

-¿Sigues pensando así?

-No lo sé…- suspiro.- Hace mucho tiempo que no nos vemos, pero…, solo sé que estas últimas semanas estuve pensando en ti, en nosotras, y en que quizá haya sido una estupidez mantener esta distancia durante estos años.

-Yo también me he acordado mucho de ti estos días. Os vi en la televisión…, en la ceremonia por los caídos. Siempre me acuerdo mucho de ti, y de tu hermana, todos los días. Jamás pensé que me perdonarías.- frunzo el ceño, porque en parte no sé qué siento hacia ella.- Cometí errores como madre, soy consciente, pero creo que ambas deberíamos dejar las cosas en el pasado.

-Yo también cometí errores como hija. Debí haber llamado.

-Hiciste lo que consideraste lo mejor, igual que yo. Seguro que estarás hecha toda una mujer.- parece sonreír al otro lado.- ¿Cuándo me vas a decir que estás casada?

Una risa nerviosa se me escapa.

-¿Cómo lo sabes?

-Os vi en la televisión.  Nunca creí que tú…

-¿Que me casaría con Peeta?- sonrió.- Nadie lo creía.

-Pero…

-Ahora sí es real, mamá, y eso es lo único que importa.

-Entonces, ¿vivís juntos?

-Sí, vivimos en su casa en la Aldea de los Vencedores.

-¿Aún sigue en pie?

-Vivita y coleando, como Haymitch.

-¡Oh, Haymitch!, ¿cómo está?

-Bien, como siempre, está casi todo el tiempo con nosotros.

-¿Y Gale?

-También se casó, con una compañera del partido que se llama Rose. Acaban de tener una hija.- no sé cómo decirle a mi madre que tiene una nieta.

-¡¿Una hija?!, ¡madre mía!

-Sí, han cambiado muchas cosas desde que te fuiste.- me río un poco.

-¿Y vosotros?, ¿no queréis formar una familia aún? Tú siempre decías que nunca tendrías hijos.

-Justamente de eso quería hablarte.

-¡¿Estás embarazada?!

-No…, en realidad…, ya lo estuve…

-¿Cómo?

-Mamá, tienes una nieta, se llama Dandelion.

Ha pasado prácticamente una hora cuando cuelgo el teléfono. Con la oreja enrojecida, sonrío para mis adentros y bajo a la planta inferior con paso lento. Dandelion sigue durmiendo plácidamente y no hay ni rastro de Haymitch.

-¿Peeta?- el comedor está totalmente vacío.

En milésimas de segundo, su rostro aparece por el marco de la puerta de la cocina. Como siempre, una mancha de harina tinta sus mejillas de blanco.

-¿Cómo ha ido? Habéis estado bastante rato hablando. Ven, siéntate.- se limpia las manos en el delantal y nos sienta a ambos en el mullido sofá.- ¿Qué tal?

-Bien…- carraspeo.- Ha sido…, raro…, hablar después de tanto tiempo, no sabía por dónde empezar, pero he tenido que ahorrarme detalles escabrosos porque nos vio en la televisión el otro día, el día de tu discurso.- le sonrío y ya estoy entrelazándole la mano.

-Bueno, eso me da buena fama como marido.- se ríe.- Me hace parecer un buen partido.

-Eres un buen partido.- le golpeo la nariz con dulzura.

-¿Le ha sorprendido?

-Sí…, pero más le ha sorprendido lo de Dandelion.

-Le habrá hecho muchísima ilusión.

-Creo que se estaba conteniendo para no llorar.

-¿Y cómo te sientes ahora?

-Liberada. Necesitaba estar preparada para hablar con ella y lo he hecho.

-Tendréis muchísimas cosas de las que hablar…

-Viene mañana. Se quedará un par de días con nosotros.

La amplia sonrisa de Peeta me indica que está totalmente de acuerdo con mi invitación. Creo que va a ser raro presentar mi familia a mi madre, pero al fin y al cabo, ella también forma parte.

-¿Y Haymitch?

-Decía que tenía que limpiar.

-¡Está irreconocible!- nos reímos.- Igual de irreconocible que Dandelion, no se ha despertado aún.

-Siempre que pasa el día con Haymitch termina agotada, no paran de rodar por el suelo y chillar. Hoy han pintado mientras estabas al teléfono, deberías haber visto a Haymitch explicándole cómo dibujar una casa. Mira.- extiende el brazo y toma unos folios de la mesita auxiliar. Me los ofrece y los observo: pequeños garabatos de distintos colores y formas. En un folio suelto, distingo la caligrafía de Haymitch y una caricatura mía con cara de amargada y ojos en llamas.- Esa eres tú.- la señala, riéndose.

-Muy parecida a la original…

-Bueno, a mí también me ha dibujado y me ha puesto corazoncitos en vez de ojos.- me enseña la suya.

-Deberíamos hacerle una a él…, pero tú dibujas demasiado bien.

-Yo creo que deberíamos hacer otra cosa aprovechando que Dandelion está durmiendo. He comprado pinturas nuevas.

-Aún tienes que enseñarme los cuadros que pintaste. Soy la modelo, tengo derechos.- me río. Sinceramente, tengo muchísimas ganas de pasar un momento "a solas" con Peeta.- ¿Qué quieres pintar esta vez?

-A ti.- me sonríe, pero ya tiene esos ojos brillantes.

-¡Ya me has pintado muchas veces, voy a quedarme sin poses!- me río.

-No quiero pintar tu cara, quiero pintar tu cuerpo, entero.

-Ya lo has pintado otras veces.- frunzo el ceño.

-Pero en un lienzo de papel.

-¿Y dónde pretendes…?

-En tu piel, de los pies a la cabeza. Entera. De arriba a abajo.