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Historia 156326 — capítulo 13
Cuando salieron de local, Ginny y Blaise caminaron hasta el coche de él y ella se sentó en el capó, sonriendo malévolamente y palmeando un lugar a su lado. Era tan grande que llegaba a donde ella estaba simplemente apoyado en el coche, y le sonreía con picardía, seductor. -Mmm... ¿Qué? ¿A que se está bien?- le preguntó, cruzándose de brazos. Sus músculos se marcaban más gracias a su camiseta de tirantes. Estaba increíblemente guapo, y Ginny no pudo evitar morderse el labio, haciéndole reír. -¿No tienes frío?- preguntó, ligeramente ruborizada. Dió gracias al cielo de que las farolas más cercanas estuvieran a sus espaldas. -No. Vengo de un lugar donde esto es calor, pelirroja- le explicó, poniéndose de pie de nuevo-. ¿Qué te parece si vamos al McDonnalds?- sus ojos brillaban, pareciéndose más que nunca a un niño con un juguete nuevo. -A estas horas no está abierto ni de coña-él se rió. -Mi hermanastro tiene un McDonnalds abierto 24 horas. Todos los días, a todas horas. -Venga ya- ella miró su reloj-, son las cinco de la mañana. Ni tu hermanastro abrirá a esta hora. -No conoces a Blake- sonrió, abriéndole la puerta del coche e invitándola a entrar. -No me fío de ti. -Theo está con Luna... Parece que tu amiguita rubia le ha trastornado. Está obsesionado- ella se sentó en el asiento-. Ellos avisarán a tus hermanos. -Está bien... Venga, sube al coche. Muero de hambre- y se acomodó en su lugar. En cuanto él sacó el coche, pisó el acelerador y la pelirroja sonrió. Al parecer no era la única que amaba la velocidad. Llegaron en menos de cinco minutos a la carretera, y en dos ya se hallaban en frente del cartel con la colosal M, aparcando. Un viaje de quince minutos él le había hecho en siete. Mmm... -¿Qué, pecosa? ¿Vienes o te quedas?- preguntó él, abriéndole la puerta. Ella rió. -¿Tú qué crees? Entraron y un chico idéntico a Blaise menos por sus ojos, de un azul impresionante, y su cabello, corto y liso, se acercó a ellos. -Hola, enano- le tiró del pelo, riendo con burla. Tendría unos treinta años, pero estaba... Simplemente, sexi. Y eso hizo sonreír a Ginny aún más. Así que la guapura iba de fábrica- ¿Quién es la pecosa? -Ginny... Él es Blake. Blake... Ginny. -Mmm... ¿Qué hace una niña bonita como tú con el inepto este? -Me secuestró- bromeó ella, sentándose en la mesa. Su estómago rugió-. Me prometió comida. Por eso vine- se rió. -Bien...- la deboró con los ojos, pero Blaise negó con la cabeza, poniéndola detrás de él. -Tráele un menú infantil, hermano. Es menor- los ojos del nombrado se abrieron como platos, y miró a la pelirroja y luego a su hermano menor. -Así que es verdad que te secuestró, ¿eh? Desgraciado... ¿Cómo rayos lo haces? -Nunca serás tan guapo como yo... -Eso es discutible... Los maduritos me ponen- ronroneó, y rió con fuerza mientras caminaba hacia una de las mesas con sofá, sentándose en él. Aquello prometía ser interesante.
Cuando Jean y Lucius llegaron aquella mañana para su acostumbrada "visita de los sábados", se encontraron con una escena que les hizo sonreír a ambos: en el sofá, Hermione estaba sentada entre los chicos, con la cabeza de Draco apoyada en su hombro, la suya en la cabeza de él y la de Orion sobre su cabeza. Estaban tan tiernos que no los despertaron, simplemente se fueron. Pero la paz del momento no podía durar mucho más...