Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← La Caída de Reichenbach · de

La Caída de Reichenbach — capítulo 3

Para Aaron no fue fácil olvidar su encuentro con el señor Holmes, pero con el paso de las semanas, acabó siendo un simple recuerdo, uno entre muchos otros. Para entonces ya habían castigado al niño por haber salido sin permiso, y se había llevado una reprimenda por parte de la policía. Al chico no le importó, ya que si no era castigado por los adultos, lo sería en los pasillos cuando sus compañeros de clase se acercaran a él para pegarle.

Él pensaba que estaba mejor castigado, prefería estar en silencio en un aula vacía con un profesor durante un par de horas que en alguna esquina apartada soportando la burla de los demás.

El comedor del orfanato estaba alborotado como de costumbre, los niños corrían de un lado de la habitación al otro buscando a sus amigos para sentarse a comer. Para Aaron había demasiado escándalo, así que decidió salir al patio trasero a leer mientras esperaba a que la estancia se vaciara lo suficiente como para que pudiera comer tranquilo. 

Poco después de haberse acomodado en uno de los peldaños de la escalera que bajaba al sótano, la cual estaba en un lado del patio algo escondida entre algunos arbustos, Aaron oyó un fuerte petardazo y salió lo más rápido que pudo para averiguar lo que había pasado.

Alguien lo cogió fuertemente por detrás, cruzándole los brazos tras la espalda. Sin darle apenas tiempo de reaccionar, sintió un fuerte golpe en el estómago. Aaron cayó de bruces al suelo, y trató de respirar, pero sintió que le faltaba el aire. La persona que lo había sujetado lo cogió bruscamente de un brazo y le dio la vuelta al chico para que quedara boca arriba, quien poco a poco se iba recuperando del golpe.

-Pero mirad a quién tenemos aquí, si es el friki-dijo el muchacho con desdén. Se escucharon unas risas de fondo, dándole a saber a Aaron que debían de haber cuatro o cinco chicos más cerrándole el paso para que no pudiera escapar-¿Qué hacer aquísolito sin el respaldo de los profes? 

Cogiendo su libro y levantándose, el niño decidió no responder, si no respondía no les daría razones para que siguieran molestándolo, aunque en el fondo sabía que no lo dejarían ir hiciese lo que hiciese, ya que no se habrían molestado en ir en su busca solo para reírse de él un rato, justo cuando todos los profesores estaban comiendo y no podían ayudarlo. Aaron estaba sorprendido, nunca antes habían planificado un plan tan elaborado para acorralarlo y pegarle.

-¡Ey! ¿Es que estás sordo, niñato?-uno de los chicos que hacía de barrera lo empujó hacia el que había hablado primero-Derek te ha hecho una pregunta. 

Gracias a ese comentario, Aaron pudo memorizarse el nombre del que parecía el cabecilla del grupo para poder delatarlo más tarde. Éste, según le habían informado de antemano, era un chico problemático que había estado a punto de provocar un incendio en el orfanato, y no era querido por ninguna de las parejas que iban allí a adoptar.

-Sí, te estoy hablado-Derek se acercó al niño con la cabeza alta como gesto arrogante. Tendría unos quince años, y probablemente era el mayor de todos-siempre te vemos solo en los recreos y hemos pensado que quizás te apetezca jugar a algo con nosotros, algo así como a las guerras, ¿verdad chicos?-los demás se rieron ruidosamente-bien, ¿qué te parece... todos contra ti? 

Instantáneamente uno de los chicos volvió a sujetarlo por la espalda, mientras Derek se preparaba para golpearlo con el puño. Aaron sintió como la sangre empezaba a emanar de su nariz, y se mordió la lengua para evitar soltar un grito de dolor. El mayor se acercó a él nuevamente y lo cogió del cuello de su chaqueta, probablemente para pegarle en el ojo. Pero el niño ya se lo esperaba, y en el momento justo en el que Derek echaba su peso hacia adelante para darle con más fuerza, Aaron se escurrió por debajo de la chaqueta y quedó libre, dejándole al chico con la prenda en la mano. Éste resbaló por el contrapeso y cayó al suelo, provocando que se enfureciera notablemente.

-¡De esta sí que no te libras, imbécil!-se levantó lo más rápido que pudo y se acercó rápidamente a Aaron, que permanecía impasible en su sitio-¡me voy a asegurar personalmente de que no salgas vivo de aquí! 

-No te lo recomiendo-el niño seguía sin dar muestras de arrepentimiento o miedo-entonces sí que te puedo asegurar que te no te adoptarán. Aunque las probabilidades de que ahora lo hagan sean escasas, no las desperdiciaría por un arrebato de furia. ¿Has pensado alguna vez en aprender a controlar tus emociones? Te iría mucho mejor que ahora si lo hicieras, y tus amigosno te tendrían miedo, a diferencia de ahora, ¿verdad chicos?

Cuando habló echó un ligero vistazo a los muchachos que se habían agrupado alrededor suyo, se removían en sus sitios con nerviosismo.

-¡CÁLLATE!-Derek se echó encima de Aaron, y ambos cayeron al suelo.

La puerta de salida al patio se abrió de golpe y de ésta salió el director de la escuela, también profesor de historia, escoltado por dos estudiantes que probablemente habrían visto lo que pasaba y habían dado el chivatazo. 

-¡Separáos! Aaron ¿te encuentras bien?-él asintió limpiándose la sangre del rostro, y el director se volvió hacia Derek-Señor Thompson, será mejor que me acompañe a mi despacho, de inmediato.

Uno de los estudiantes que había avisado al profesor cogió al niño del brazo con cuidado para que lo siguiera. Tras dejarlo en la enfermería, Aaron se dejó inspeccionar por la enfermera mientras miraba por la puerta entreabierta, observando con atención el despacho del director, que se encontraba frente a la enfermería. Hacía ya un rato que Derek había salido, pero aún así la puerta se encontraba cerrada, como cuando estaban firmando los papeles de la adopción de uno de sus compañeros. Tal y como había predicho, unos minutos más tarde una niña muy pequeña y una pareja salieron y se fueron hacia la salida. Tenía mucha suerte, no todos lograban salir de allí siendo tan jóvenes.

-Ya estás, puedes irte-se sobresaltó al oír a la enfermera, pero en cuanto escuchó que tenía su consentimiento para salir, así lo hizo.

El día avanzó hasta que cayó la noche, las clases acababan de finalizar y todos los niños se dirigían a cenar, entre ellos, cómo no, Derek Thompson. Aaron caminaba por los pasillos, poco antes de llegar al comedor recordó que se había olvidado dejar algunos de sus apuntes de clase en su habitación, así que se dirigió de nuevo hacia allí. En realidad podía ido más tarde, pero cualquier excusa le servía para estar el menor tiempo posible en la misma habitación con Derek. Sospechaba que en cuanto tuviera la más mínima oportunidad le haría algo mucho peor que lo de aquel mediodía, algo tan terrible que lo encerrarían en una habitación bajo llave, para no volver a dejarle salir. Por su propio bien sus caminos debían separarse lo más posible.

Las habitaciones se encontraban en el piso superior, así que para ir hacia las escaleras tuvo que pasar frente al despacho del director. Le extrañó que la puerta volviera a estar cerrada, y más a aquellas horas. Aaron decidió no prestarle gran atención y se dirigió a su habitación, pensó que la gente cada vez tenía horarios más extraños para las reuniones. Cuando ya iba de vuelta al comedor, no pudo evitar fijarse con extrañeza en que la puerta todavía estaba cerrada, y justo cuando iba a acercarse un poco más para escuchar lo que sucedía dentro, la puerta comenzó a abrirse lentamente. Por auto reflejo salió corriendo y se escondió tras la puerta de un aula vacía esperando no ser visto. El niño supuso que simplemente la reunión había acabado y estuvo a punto de salir de su escondite, pero al ver quienes salían del despacho se quedó congelado en el sitio. El director del centro tenía una expresión preocupada en el rostro mientras que entregaba unos papeles a su acompañante, el detective asesor Sherlock Holmes.

-Le aseguro que ha hecho bien en facilitarme esta información, este es un asunto de suma importancia-Holmes estrechó la mano con el director y se dio la vuelta para irse, no antes sin añadir-Gracias por todo, señor Smith.

Fue entonces cuando Aaron vio los papeles que llevaba en las manos, y no pudo evitar dar unos pasos hacia atrás. Se quedó quieto hasta que el ruido de fuera cesó y entonces salió a los pasillos y se puso a andar, pero no en dirección al comedor.

Se sentó en su cama con las rodillas recogidas y se quedó mirando el suelo de madera que tenía frente a él. Si estaba en lo cierto, si había visto lo que creía, algo tenía que estar pasando, porque Sherlock Holmes no se interesaba por cualquiera, y menos por un niño de trece años como él. Se le pasó una idea por la cabeza, la adopción, pero la deshechó de inmediato, los papeles que se había llevado no tenían ningún formulario o similar, solo su ficha, la información del niño.

No, no tenía ningún sentido, y lo seguiría sin tener. A menos que fuera a buscar respuestas, al 221B de Baker Street.