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La Caída de Reichenbach — capítulo 4
El espeso líquido fue cayendo poco a poco dentro de la botella de cristal de color ámbar, acumulándose en ésta hasta poco más de la mitad. La persona terminó de embotellar el fluido y guardó el frasco entre los doblajes de su gigantesco abrigo, asegurándolo bien para que no se le cayera por el camino.
Puso en su lugar todo lo que había movido de sitio y salió de forma apresurada del almacén por la puerta que anteriormente había tenido que forzar para poder entrar. Tenía la esperanza de que nadie le localizara, pero si se daba el caso de que alguien le viera, tendría que asegurarse de que no volviera a abrir la boca nunca más, muy a su pesar.
Al fin salió del recinto de la fábrica y empezó a sentirse mejor, pero aún así echaba la vista atrás de vez en cuando. Nadie debía ver que estaba haciendo. Nadie podía saber nada de nada. Nunca. O tendría que ser eliminado.
mucho convencer a sus tutores, sobre todo por lo sucedido semanas atrás, cuando se escapó del orfanato, pero al final Aaron pudo obtener el permiso para salir del centro para hacer un supuesto de "entrevista callejera para obtener información de las costumbres alimenticias de los ciudadanos de la actualidad". Se suponía que no podía salir de la zona, pero el chico hizo caso omiso y se puso a andar hacia el noroeste del centro de la ciudad.
Desde que había visto al señor Holmes en el orfanato no paraba de preguntarse para que querría su información. Sacudió la cabeza prefiriendo no pensar en ello de momento, primero tendría que recordar cómo llegar a la casa, ya que sin la dirección no podría saciar sus preguntas con respuestas coherentes.
El sol ya estaba alto en el cielo para cuando llegó a la calle Baker, y las aceras estaban llenas de ciudadanos y los habituales turistas que llegaban a lo largo de todo el año. Aaron pudo distinguir una cara conocida entre toda la multitud, y apresuró el paso para alcanzar a su objetivo, que ya estaba a punto de llegar a la casa 221B.
-¡Señor Watson!-el hombre se detuvo y se giró para ver quién lo había llamado-¡Aquí!
El hombre parecía extrañado de verlo por allí, a juzgar de su expresión. Aaron sabía por qué. Después de la conversación que el señor Holmes y el chico tuvieron en la casa, a John debía de parecerle obvio que ninguno de los dos querría saber nada más del otro, y sin embargo, allí estaba.
-Vaya... ¿tú eres Aaron verdad? Nos conocimos hace unas semanas-echó una mirada hacia una de las ventanas de la casa-¿qué te trae por aquí de nuevo?
-Oh, nada en especial-Aaron decidió usar la misma excusa que en su orfanato-Estoy haciendo entrevistas a la gente en la calle para un trabajo de clase, y me preguntaba si querría participar.
Sacó la libreta y el bolígrafo de su mochila y se las mostró al doctor, tratando de reflejar inocencia en sus ojos que su mentira fuera más creíble. John pareció pensárselo un momento, pero al final soltó un suspiro y se encogió de hombros.
-Bueno, vale-cambio su peso a la otra pierna-Esto... ¿quieres pasar?
Hizo un gesto a la entrada de su casa y se volvió hacia esta con las llaves en las manos. Aaron no replicó, todo estaba sucediendo tal y como había esperado que fuera desde un principio, no se podía quejar.
-¿Tienes muchas preguntas para hacer?-el niño se encogió de hombros y asintió con la cabeza-En ese caso espérame un segundo, voy al baño y estoy contigo, si no te importa.
John desapareció escaleras arriba y Aaron se quedó solo en el recibidor. Miró a su alrededor, no parecía haber nadie más cerca, así que se puso manos a la obra. Subió las escaleras en busca de una habitación, algo así como un dormitorio o un, algún sitio donde el señor Holmes pudiera haber guardado su ficha del orfanato. Se encontró con una puerta en el primer piso, y recordó como la última vez que había estado allí había entrado en la estancia y se había encontrado con una salita de estar. Aaron acercó la mano a la manilla de la puerta pero se detuvo al escuchar unas voces.
-REPITE ESO-unas pisadas sonaron en el suelo de la sala, y Aaron tuvo que acercar el oído a la puerta para poder escuchar el resto de la conversación que parecía estar desarrollándose allí dentro-¿cómo que no hay cadáver?
-Sí, como lo oyes. La vecina de la víctima se encontró con la puerta abierta y entró al porque el inquilino llevaba unos días sin dar señales de vida, y fue cuando se encontró con la mano mutilada. Además se encontró lo que creemos que es ácido en el suelo, pero solo en la cocina, donde se encontró el miembro cortado.
-Ya veo-un súbito silencio se apoderó de la estancia durante unos segundos-Creo que en ese caso será mejor que le eche un vistazo a la escena del crimen antes de que algún estúpido de su inepto equipo de policías toque algo que no deba.
Antes de que Aaron pudiera esconderse, la puerta se abrió de un golpe y el chico al suelo del impacto. Dos adultos aparecieron en el campo de visión del caído, claramente sorprendidos por aquella inesperada situación. El chico se levantó rápidamente y miró a su alrededor en busca del señor Watson, para poder excusar así su presencia allí.
-¿Quién es este crío?-uno de los hombres, que parecía ser un inspector, miró a Sherlock Holmes cruzándose de brazos-Espero que no haya escuchado nada de lo que hemos hablado, ¿nos has oído?-con aquella última pregunta se dirigió a Aaron, que asintió con la cabeza como respuesta-¡No ser!, es información que no puede hacerse pública de momento, como diga algo a sus...
-No dirá nada a nadie-dijo Sherlock. Fue entonces cuando John apareció bajando las escaleras del segundo piso. Se quedó quieto en el sitio cuando vio la escena que había delante de él, y abrió la boca con intenciones de decir algo, pero Holmes lo detuvo-Prefiero no saberlo.
-¿Cómo puedes estar tan seguro de que no se chivará, Sherlock?-el policía parecía preocupado-Y tú tan tranquilo, claro, como luego la culpa me la llevo yo a ti no te preocupa en lo más mínimo.
-Sé que no dirá nada, inspector Lestrade-Holmes hizo oídos sordos al último comentario del hombre-porque nos lo llevamos con nosotros.
Tanto John como Lestrade miraron a Sherlock con las cejas alzadas, muy probablemente pensando que se había vuelto loco, al menos más de lo habitual.
-¿Cómo que nos lo llevamos?-John se acercó al resto del grupo-Si él solo venía a hacerme una entrevista para...
-Oh, vamos-el detective volvió a cortar a su compañero-Lestrade, tú mismo dijiste que nadie debía saber lo de la mano mutilada como mínimo hasta... ¿esta tarde? ¿mañana por la mañana? Sí, probablemente. Y la mejor manera de mantener callado a un niño es asegurarse personalmente de que no abre la boca. ¿Qué mejor manera que esta? A menos, claro está, que alguno quiera quedarse a hacer de niñera.
Al ver que nadie replicaba, Sherlock se puso en marcha con un brillo de diversión en los ojos y bajó las escaleras en dirección a la calle para llamar a un taxi.