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Historia 157149 — capítulo 11

— Tenemos que irnos ahora. — Sentencio Jack, una vez que habíamos entrado en el hotel. Yo seguía mirando por la ventana, la aurora no había desaparecido.

— ¿Ahora? ¿No podemos esperar hasta mañana? — Inquirió Matt, claramente molesto de que unas simples luces interrumpieran su cena.

— No. — Dije.

 Yo casi nunca me negaba a nada, pero si la única oportunidad de encontrar el camino era por la noche, no podíamos esperar hasta la mañana. Digo, el lugar era hermoso y había comida y un donde dormir, pero la misión era mucho más importante.

— Bien, bien, dos contra uno, solo vámonos. — Matt me miro desde el otro lado de la sala, como si lo hubiese traicionado.

[…]

 Nos habíamos cambiado y cargado con todas nuestras cosas. Había cierto problema con el camino, y es que era en pleno bosque, por lo que no podríamos usar el auto, así que tendríamos que caminar.

 Con Matt nos despedimos de Fryssa con un simple apretón de manos, pero estuvimos como cinco minutos esperando que Jack la abrazará y le dijera "Vendré a verte luego", si, justo a mi me había tocado el hermano sensible.

 Comenzamos a caminar, y poco a poco fuimos perdiendo de vista el pequeño pueblo. Agradecía que estuviéramos en verano, ya que viajar por un bosque canadiense en pleno invierno seguramente sería nuestra muerte.

 La brisa era cálida, y el silencio del bosque no me incomodaba para nada, y eso era algo extraño.

 El camino cada vez se empinaba más, estaba segura de que en algún momento habría alguna especie de bajada, ya que la aurora descendía.

 Entonces Jack, quien iba primero se detuvo de golpe. Pensé que tal vez había algún animal salvaje, por lo que me acerque, amenazando con el arco. Pero lo que vi fue nieve. Si, nieve.

 Me sorprendí, ya que la montaña estaba a unos kilómetros, y en el corto trayecto que habíamos recorrido todo venía bien. También me dio un escalofrió, como si a partir de ahí estábamos en la tierra de algún rey helado. Pero no había nada que hacer, teníamos que seguir avanzando.

 Además, solo era nieve, no era peligrosa. Seguimos caminando como si nada, pero esta vez escuchamos una voz. Parecía asustada, por lo que decimos correr hacía donde venía.

 Me quedé paralizada al ver a la chica de la gasolinera. El cabello blanco era lo que más resaltaba, además de toda la nieve que la rodeaba. Se había hecho algo así como una casa de hielo y estaba sentada junto a una fogata.

 Ella se levantó, mientras sacaba una espada. Retrocedí un paso, algo asustada, pero enseguida la amenace con el arco.

 A la luz de la fogata, parecía peligrosa, a diferencia de la vez en la gasolinera. El cabello blanco por encima de los hombros y atado en una pequeña cola de caballo. Llevaba puesto una remera negra y unos pantalones militares y de su cuello colgaba un collar. Tenía la piel pálida y por lo que parecía, también pecas. Me miro, y volvió a recorrerme un escalofrío. Parecía tener un año menos que yo.

— Vayansen. — Nos ordeno.

— ¿Quién eres? — Jack dio un paso hacia el frente, y la chica lo apunto con la espada. — Tranquila, solo venimos a ver si estabas bien, oímos un grito y…

— No era mío. — Le interrumpió. — Ahora, lárguense, están en mi propiedad.

— ¿O…?— Alce ambas cejas, como si la estuviera retando a un duelo, mi idea no era intimidarla, pero estaba ya bastante enfadada.

— O no voy a dudar en usar mis poderes. — Completo la frase, mientras nos observaba a los tres.

— Por favor. — Insistió mi hermano. — Déjanos ayudarte, también estás buscando la caja ¿Verdad?

— Si, pero no necesito su ayuda, mestizos, yo puedo sola. — Suspiro. — No volveré a repetir, váyanse.

  Los tres dimos un paso al frente, casi involuntariamente. Entonces, la chica hizo un movimiento de mano, y varios adorables muñecos de nieve aparecieron. Me hubiese acercado a ponerles alguna nariz de zanahoria, de no ser porque empezaron a atacarnos.

 Matt comenzó a romperlos, pero volvía a hacerse. Jack corrió hacía la chica, pero ella levanto un muro de nieve, que cayó sobre mi hermano. Solo quedaba yo, no iba a perseguirla, primero tenía que luchar, además, ella no se veía como una amenaza, y algo me decía que íbamos a vernos de nuevo.

 Me gire hacía los muñecos de nieve, y comencé a dispararle flechas. Algunos la esquivaban, y otros se deshacían, pero eran reemplazados por diez más.

 Genial, de todas las maneras posibles que había para morir, justo me tocaba ser asesinada por pequeños muñecos de nieves que parecían adorables.

 Uno se me acerco. Lo empuje con la mano y pareció derretirse. Bien, eso fue extraño. Espere que renaciera uno o dos, pero la nieve a mis pies se derritió inmediatamente.

 Era imposible que tuviera poderes de fuego, principalmente porque mi Apolo no era el dios del fuego. Mire mis manos, pero seguían igual de normales que siempre. Vi que no era la única a la que le había pasado. La nieve que había caído sobre Jack desapareció y los muñecos que atacaban a Matt se derritieron.

— ¿Qué demonios fue eso?— Pregunto Matt, su martillo estaba congelado.— ¡Mira lo que le han hecho esas cosas a mi bebé!— Exclamo, mirando tiernamente la herramienta, quise reírme, pero evite eso para no tener problemas.

— Era demasiado joven para manejar tan bien sus poderes.— Murmuro mi hermano, casi para sí mismo.— Tal vez cuando se alejo lo suficiente, el efecto se rompió.

— ¿Y por qué mi martillo sigue congelado, eh? — Inquirió Matt, mientras miraba a lo lejos, como si tuviera una supervisión que encontraría a la chica.

— No lo sé ¿Por qué no la buscas y le preguntas? — Carraspee, antes de que comenzarán a pelear. Ambos se giraron y me miraron.

— Solo caminemos, podría amanecer en cualquier momento. — Dije, mientras miraba al cielo y comenzaba a seguir la aurora nuevamente.

 Bien, algo que deben saber si hacen alguna misión, es que nunca elijan dos compañeros chicos, ni aunque estuvieran locas. Es decir, son geniales y todo eso, pero ninguno va admitir que se equivoco, nunca.

 Ellos me siguieron, ambos iban susurrando algo, pero los ignore. Había demasiado cosas que procesar de la profecía, por suerte había resuelto la parte de «El sendero iluminado, al norte te dirigirá» pero quedaban muchas otras cosas.

 Por ejemplo ¿Qué tenía esa caja que fuera tan importante? ¿Por qué era custodiada por una mujer que dormía? ¿De qué maldición no me salvaría? Digamos que a nadie le gustaría estar maldito, y yo no era la excepción.

 La aurora comenzó a desaparecer, y eso que todavía era de noche. Sería más o menos la 1 de la madrugada.

 Frente a nosotros se encontraba la entrada a una ciudad.

"Bienvenidos a Calgary*" decía el letrero.

*Calgary es la tercera ciudad más poblada de Canadá.