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Historia 157149 — capítulo 9
Las autoridades nos persiguieron, hasta que tomamos una desviación. El camino por el que íbamos ahora parecía tenebroso. Fue cuando entendí porque los policías prefirieron dejarnos huir.
Matt se había dormido, mientras que Jack solo se concentraba en conducir. Como estábamos en medio de un bosque, no había radio, por lo que hacía que todo fuera mucho más silencioso, y yo odiaba el silencio.
Me puse a cantar una canción, cuando el auto se detuvo de repente.
— ¿Sucedió algo? — Pregunté.
— Si, voy a cortar esos arbustos, el camino da a una gasolinera. — Me explico, mientras se bajaba del auto.
Lo vi cortar con la daga los arbustos. Entonces, pude ver los rayos del sol. Realmente los amaba, no me gustaba para nada la oscuridad, debe ser alguna influencia de mi padre en mí.
Se subió nuevamente, y arrancó. Salimos a una ruta. Éramos los únicos que íbamos para el lado de Canadá, pero había una gran fila de autos que volvían a Estados Unidos, como si algo los ahuyentara. Deseaba poder dar vuelta y volverme a mi departamento, pero no quería ser una cobarde.
Entonces, Jack volvió a frenar, pero estaba vez estábamos frente a una gasolinera. No era lo mejor del mundo, pero necesitábamos combustible y algo de comida. Desperté a Matt, y le dije que fuéramos adentro mientras mi medio hermano se encargaba del auto.
Cuando entramos, todas las mesas estaban ocupadas, por lo que no hubo más opción que sentarnos en la barra. Una mujer apareció tan de repente que casi me caigo del taburete. Tendría unos 25 años, el cabello marrón recogido en un rodete y un gran exceso de maquillaje que la hacía ver más vieja. Me miró, antes de fruncir el ceño.
— ¿Deseas algo? — Me preguntó, con voz chillona.
— Um…Una hamburguesa.— Pedí. Si, ya sé que no era hora de la cena, pero podría ser la última vez que comiera una.
— ¿Y tú?— Su mirada se dirigió a Matt.
— Solo un café, por favor. — La mujer se giró, antes de desaparecer en la cocina, miré a mi amigo.— ¿Qué?
Me encogí de hombros, antes de mirar para mi costado. Una chica nos observaba. Tenía el cabello blanco por encima de los hombros y una mirada que hizo que me recorriera un escalofrío, pero aún así, no parecía peligrosa. Volví mi mirada hacía Matt que leía una revista vieja que se encontraba sobre la barra.
No sé en qué momento llegó Jack, pero se había sentado a mi lado. No pidió nada, ya que el lugar le parecía algo "extraño". Bueno, podía serlo, digo, una gasolinera en medio de la nada, que por fuera parecía abandonada, pero uno se encontraba muchas así en los alrededores.
Me comí la hamburguesa, como si no hubiera mañana. Pude haber jurado que todo el lugar se había detenido a mirarme. Solo para aclarar, en aquella época estaba mal visto para una mujer tener mis costumbres, pero no era la única. Muchas chicas del campamento e incluso casi todas mis compañeras de escuela eran así.
— ¿Quién es la chica del cabello blanco? — Preguntó Jack.
— No lo sabemos, hace rato que ha estado mirando para aquí. — Para mi sorpresa, Matt respondió, y eso que parecía estar concentrado en otra cosa.
— Tal vez es por mí. — Dijo Jack, mientras la miraba.
— Típico de los hijos de Apolo, son unos creídos. — Murmuró Matt.
— ¡Hey! — Protestamos ambos, al mismo tiempo que le dirigíamos una mirada asesina.
Entonces vimos como Matt se levantaba y hacía volar su martillo sobre nuestras cabezas. Cualquiera hubiese pensado: "Este tipo enloqueció, corran por sus malditas vidas" de hecho, yo lo hice. Pero había una razón, detrás de Jack, la mujer que nos había atendido estaba a punto de atacar.
No sé cómo demonios hizo Jack, para saltar de su taburete y lanzárselo a la mujer. Fue demasiado rápido. Yo me incorpore, mientras acomodaba mi arco. Pero cuando iba a lanzar una flecha, Matt me empujo.
— ¡Fuera! — Grito, mientras señalaba los surtidores.
Bien, si él estaba planeando lo que yo creía, había perdido la cabeza, pero obedecí. Cuando estaba por salir, un hombre se puso delante de la puerta. Entrecerré los ojos y me di cuenta de que era un tipo de un ojo.
Ya era la segunda vez que me pasaba esto. En cualquier momento me sentaba en una de las mesas y le decía: "¿Qué te parece si nos tomamos un té y charlamos sobre por qué me atacan?" pero dudaba que fueran inteligentes.
Sin pensarlo, agarre una de las flechas y se la clavé en el ojo. Cuando el grito, toda la baba fue a parar a mí. Quise volver a golpearlo, porque ni siquiera habían pasado unas horas desde que me había bañado, pero me deslice por debajo de sus piernas. Vi como pegaba manotazos, seguramente con la intención de poder encontrarme.
Mientras corría para el auto, miré hacia adentro. Ahora que mi visión no me delataba pude ver que todo el lugar estaba repleto de monstruos, tal vez esa chica de pelo blanco también lo fuera.
Me subí al auto y lo alejé lo más que pude, es decir, no quería que explotara lo único que seguramente nos mantendría a salvo. Volví corriendo lo más rápido posible y me escondí atrás de un muro.
Acomodé nuevamente mi arco y saque una de las flechas. La coloque. Tenía que darle a uno de los surtidores. Me asomé por detrás del muro.
Solté un suspiro, a la vez que disparaba la flecha. Recé a mi padre que diera en el blanco, mientras me tapaba la cabeza y me escondí nuevamente.
Al principio no escuche nada más que mi respiración, cosa rara, ya que la pelea que había dentro se oía desde afuera. Y entonces, la explosión. La mitad del muro desapareció en un pestañeo. No sabía si alegrarme o deprimirme, ya que podría haber volado a mis amigos.
Salí con cautela desde lo único que quedaba del muro, miré para todos lados, y cuando escuche un ruido desde los escombros de la gasolinera, casi como si fuera un reflejo, disparé otra flecha. Pero por suerte no era ningún monstruo, sino más bien, Jack, quien la esquivo, mientras se acercaba a mí.
Tenía la ropa toda quemada y varios cortes, pero nada grave. A lo lejos, vi el cuerpo de Matt levantándose, y cuando se acercó, noté que tenía la remera cortada y una leve capa de nieve sobre su cabello.
— Eres inteligente.— Agregó, mientras sacudía la cabeza. La nieve cayó al suelo.— Sabía que había algo extraño.
— ¿Por qué tienes nieve en la cabeza? — Pregunté.
— ¿Por qué estás cubierta de baba? — Se encogió de hombros. — Momento ¿Explotaste el auto?
— No, no, lo alejé, ya que sabía que pasaría, pero es raro, la explosión solo afectó el perímetro de la gasolinera, nada más. — Dije, mientras empezábamos a caminar hacía el auto.
¿Alguna vez habían intentado caminar con baba en todo su cuerpo? ¿No? Bueno, mi consejo es que nunca lo intenten. Era de lo más incomodo, agregando que también era apestoso. Estaba confirmado, la próxima vez que viera a un tipo así le regalo un cepillo de dientes, algo de perfume y lo invito a tomar un té.