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Historia 157149 — capítulo 8

Me recosté en la cama y cerré los ojos. Pensé que podría dormir en paz, sin sueños y nada, pero el día había sido bastante feo, y bueno, todas las imágenes comenzaron a aparecer de la nada.

 Primero, estaba yo parada frente a un sendero, sin pensarlo, lo seguí, y me hizo llegar hasta una enorme piedra. El lugar era hermoso. Árboles enormes, flores violetas y amarillas dándole color al lugar y una gran cascada que desaparecía atrás de esa roca.

 Uno podría llamarlo un paraíso, en mi caso, lo llamaba dulce pesadilla.

 Entonces, una mujer apareció desde atrás de la piedra. Era delgada y con una piel tan blanca como la porcelana. Llevaba un vestido con escote en V, que le llegaba hasta los pies, los cuales estaban desnudos. El cabello miel le caía sobre uno de sus hombros y su mirada violeta, parecía malévola. Me miro con una sonrisa, mientras se sentaba sobre aquella roca.

 Sobre su regazo apareció una caja. Era pequeña y dorada y tenía grabada una P. Me dieron ganas de acercarme y arrebatársela, para saber que había dentro, pero permanecía quieta.

— Sigue el sendero, y me encontrarás, niña.— Me dijo.

 Fue cuando todo se volvió negro, como si yo hubiese estado mirando una película y después pasaban los créditos. Ni siquiera me dejo replicar que no tenía ni idea de que sendero me hablaba, o porque tenía que encontrarla, simplemente desapareció.

[...]

 Cuando desperté, ya había amanecido. Sobre la mesa de luz había un papel que decía: "Búscame en el pabellón". No decía a qué hora, por lo que decidí que me tomaría un baño, me vestiría y después iría a buscar a quien sea que tenga que buscar.

 Si ese iba a ser mi último día en el campamento, al menos quería salir con dignidad.

 Hice todo lo que tenía que hacer, y después agarre mi mochila. Entonces, mirando una última vez mi cama, salí de la cabaña.

 Camine por parte del campamento, pero no había nadie, era como si todos hubiesen desaparecido. Fue cuando un pensamiento cruzo mi mente, obviamente era la hora del desayuno, y todos preferían la comida, yo también.

 Como supuse, el pabellón estaba lleno de campistas, que desayunaban. Algunos parecían más dormidos que despiertos. Miré para todos lados, buscando el responsable de la nota, pero parecía que se habían olvidado de que tenían que hablar conmigo.

 Me dirigí a la mesa de Apolo y me senté. Mis medios hermanos estaban cantando una canción, pero yo estaba bastante concentrada en lo que decía la profecía «El sendero iluminado, al norte te dirigirá» ¿Cómo iba a encontrar un camino que este iluminado? Es decir, eso era imposible, sobretodo, por el simple hecho de que los mortales se darían cuenta de algo extraño.

 Suspiré y me comí una tostada. Voy a admitir que la única comida que había en el campamento era rica, o yo estaba demasiado muerta de hambre. Daba igual.

— Estaba buscándote.— Matt me alejó de los demás.— Ya tenemos nuestro compañero, y nos iremos después del desayuno.

— ¿No podemos irnos mañana?— Pregunté.

— No, las misiones deben cumplirse cuanto antes, saldremos después del desayuno.— Me dijo.

— Bien, bien ¿Y quién es nuestro compañero?

— Jack, tu medio hermano, se ofreció.— Matt se encogió de hombros.

 Okay, pensé que él solo estaba siendo amable, ya que era su deber como consejero de la cabaña. 

 Jack apareció junto a Matt, llevaba una mochila negra colgando de uno de sus hombros y el carcaj colgando del otro, tenía el arco en la mano. Parecía como si estuviera preparado para una batalla contra alguien. Dirigí mi mirada hacía Matt, él también tenía armas. Una daga colgando de un cinturón, y estaba segura de que tenía algún martillo ocultó para golpear a las chicas pelirrojas como yo.

 Me indigne, yo también quería un arma, ser chica no me quitaba ese privilegio.

— Hey ¿Y mi arma?— Inquirí, cruzándome de brazos, pero estaba segura de que no era una amenaza, al menos no para ellos.

— A eso íbamos, Floy.— Me dijo Jack, mientras comenzaba a caminar para la cabaña de Atenea

 Pero nos detuvimos antes. Frente a mí, había un gran cobertizo de metal. Entramos, y si ustedes hubiesen estado en mi lugar, créanme, se desmayarían. Toda arma que podrías imaginar, estaba allí. Espadas, lanzas, palos, dagas, arcos e incluso escopetas. Quise reír, pero lo evité, se ve que este era un asunto serio. 

Entonces, un arma en especial me llamó la atención. Podría decirse que era algo así como un primer amor. Era un arco plateado y junto a el, había un carcaj llenos de flechas del mismo color. Miré a Jack, y señale el arma.

— ¿Está ocupada por alguien?— Le pregunté, sin dejar de admirarla.

— No ¿Lo quieres?— Asentí, con una sonrisa, y él me lo tendió.

 Se sentía genial. Me sentía como si realmente fuera una cazadora, me colgué el carcaj en la espalda, para después hacerlo mismo con el arco. Le pasé mi mochila a Matt, que la tomó a regañadientes, parecía no gustarle el hecho de tener que cargar todo.

 Entonces, salimos del cobertizo. Era la hora.

[…]

 Apenas salimos del campamento, fuimos a Nueva York. Jack nos había dicho que tendríamos más posibilidades de encontrar un transporte si estábamos en la ciudad, y eso sería la idea más genial del mundo, de no ser porque yo no tenía ni la más mínima idea de que significaba «El sendero iluminado»

 Caminamos por todo Nueva York. Cuando se hizo mediodía, fuimos a almorzar a la plaza, y así pasamos el resto del día. Buscando un maldito camino que nos condujera hacía el norte, pero no había nada iluminado.

 Agregando que estábamos en verano, y el calor parecía cocinarnos. Iba a maldecir a los dioses, pero evité hacerlo, no quería que mi muerte fuera tan temprana.

 Fue cuando la voz de Artemisa apareció en mi mente, como si se comunicará telepáticamente conmigo «La noche te ayudará mejor que el día» fueron exactamente sus palabras.

 Ustedes se preguntarán cómo reconocí la voz de Artemisa. Bueno, si alguna vez tienen algún encuentro con un dios o una diosa, créanme, nunca se les va de la mente, es como si constantemente estuvieran ahí.

 Eso me dio una idea. El norte era conocido por sus auroras boreales, aunque dudo que en verano hubiese. Aún así, si esto tenía que ver con los dioses, posiblemente nos guiaría hasta nuestro sendero. Me detuve en seco, y Matt me miró como si estuviera a punto de desmayarme.

— ¿Sucede algo?— Me preguntó, mientras ponía una mano en mi hombro.

— ¡Sí! ¡Sé la forma de encontrar nuestro camino!— Exclamé.— Solo necesitamos un auto, e ir a la frontera de Canadá y Estados Unidos.

— Bueno, eso será fácil.— Susurró Jack, mientras miraba una estación de policías.— Ellos tienen autos ¿No es verdad?

— ¿Piensas robar autos de policías?— Inquirió Matt, como si fuera la idea más idiota del mundo, y yo estaba de acuerdo con eso.

 Primero, ninguno de los tres éramos ladrones, y segundo, ellos nos atraparían tan fácil como se aplasta una hormiga. Después de todo, éramos dos chicos de 14 y uno de 16.

— No es robo, si lo necesitamos para patrullar por la ciudad.— Con Matt lo miramos, totalmente confundidos.— Solo escuchen mi plan ¿Entendido?

 Asentimos.

 El plan consistía que yo me hiciera pasar por una mujer policía. Obviamente, aclaré el detalle de que solo tenía catorce años, y que ni siquiera llegaba a aparentar que era mayor de edad, pero Jack dijo que eso no importaba, que los policías eran demasiado tontos para darse cuenta de eso.

 Compramos un disfraz de policía en una tienda, ya que no teníamos ninguno. Yo me cambie, realmente uno cambia cuando se viste como un mayor, pero bueno, eso no era para explicar. Me até el cabello, ya que eso me hacía parecer mayor, no pregunten porque.

 Ellos me ayudaron a maquillarme, porque según lo que dice Jack acerca de su madre: "Las personas mayores siempre están maquilladas"

 Entonces, entré en la estación de policías. Olía a café y papeles viejos. Nadie se giro a mirarme, como si fuera normal que entrarán y salieran. Me dirigí al que parecía ser el oficial mayor.

— ¿Necesita algo, sargenta...?— Me quedó mirando, seguramente a la espera de que le recordará mi apellido.

— Hudgens, sargenta Hudgens.— Afirmé, sonriendo. Odiaba mentir, pero no diría mi verdadero apellido.— Y si, necesito usar uno de los autos policiales, me avisaron que hubo un robo…um…en la tercera avenida.

— ¿La tercera avenida? ¿Y por qué no va caminando? Queda a una cuadra de aquí, se ve que eres de Alemania, aunque no tienes el acento del que todos hablaban.

 Reí fuertemente.

— Es que estoy perfeccionando mi inglés. — Dije fuertemente, y tratando de sonar lo más alemana posible.— Y me he equivocado, señor, me refería a la decima quinta avenida.

— Entonces me parece bien.— Me lanzó unas llaves, que por milagro atrapé en el aire.— Pero devuélvelo sano y sano, Hudgens. Es el que está en el medio.

— ¡Claro, señor!— Exclamé, mientras me daba vuelta exageradamente y caminaba con paso de soldado hacía la vereda, donde tres autos policiales se encontraban estacionados.

 Como me había dicho el oficial, era el coche de en medio. Abrí la puerta, y cuando me fui a subir del lado del conductor, Jack ocupo mi lugar, mientras me mandaba atrás con Matt.

— No es justo.— Protesté.— Yo hice el esfuerzo de conseguir el auto ¡Y tuve que fingir ser alemana!

— El mayor de edad aquí, soy yo.— Dijo.— Así que, yo conduzco.

 Le lance las llaves y él las atrapo. Yo quería conducir, siempre había sido una especie de meta que iba a alcanzar. Jack arrancó el auto, y nos alejamos rápidamente. Prendí la radio, y se escuchó algo que hizo que me sangre se helará.

«Atención a todo Nueva York, si ven un auto policial de la tercera estación, avisen a las autoridades. Se sabe que en aquel móvil se encuentra la terrorista Elizavetá Hudgens. Hagan esto para que nuestro país este a salvo.»

 Y a continuación, el oficial con quien había estado hablando, empezó a decir:

 «Ella me amenazo con un arma de fuego, y me dijo que si no le daba las llaves, iba a explotar todo el lugar. Obviamente, lo hice para que mis compañeros no salieran heridos, pero créame, ella es un demonio. Además, inventó una avenida, es decir, todos sabemos que no existe la decima quinta y…»

 La transmisión se cortó, y Jack aceleró. Me miro por el espejo, una mirada que conocía perfectamente: "Hablaremos de esto luego".

 Así que teníamos un grupo de policías persiguiéndonos. Bueno, había sido un día bastante normal después de todo.