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Historia 157149 — capítulo 7

¿Misión? No entendía ni siquiera que quería decir Jack, ni tampoco el señor cadáver.  Muchos crearán que es cool ser enviada a lo que ellos llaman misión, en cambio, para mi, sonaba como si fueran a organizarme mi propio funeral, y créanme, no quiero morir a mis 14 años.  Lo miré confundida, y Jack me tomó del brazo, mientras decía unas palabras que apenas entendí «Quiron» y «Profecía»  No me resistí, yo también quería saber. Podrán llamarme 'chica curiosa' que no tengo ningún problema, sobretodo, cuando se trata de algo involucrado con mi muerte. Omitiendo ese pequeño detalle, también quería saber porque me elegían para encontrar una caja que se creía perdida.  Cuando lo encontramos, Quiron estaba cenando junto con el Sr. D. Nunca lo había visto, y parecía más un vagabundo que un director. Tenía el cabello negro y rizado, los azules, que parecían extrañar sus días de borrachera y una camisa hawaiana. Me miro, antes de tomar de su lata de Coca Cola. A pesar de su aspecto, tenía un gran aura de poder. Me le quedé mirando. — Disculpe Sr. D, pero Floyd ha recibido una misión.— Informó Jack, con un terrible respeto.  Si yo hubiese dicho eso a nuestro director, sería de la manera más desagradable. — Con que una misión, eh.— Levantó las cejas.— ¿Cómo haz logrado entrar en el ático sin que te vea, Flod?— Inquirió. — Primero que nada, soy Floyd, señor.— Dije, tratando de sonar amable. Ese estúpido apodo me lo habían dado como burla, y que él lo repitiera no lo hacía sonar demasiado agradable.— Y segundo, yo solo estaba buscando cosas para pintar mi cuadro. — Aún así tuviste que irte cuanto te diste cuenta que no había nada, niña.— Mascullo.  Sé que iba a decirme otra cosa más, pero Quiron interrumpió en nuestra pelea. — ¿Recuerdas que decía la profecía?— Pregunto. Yo asentí.— ¿Puedes repetirla? —Um...La caja que se creía perdida, por una mujer adormecida custodiada esta. El sendero iluminado al norte te dirigirá, y de la maldición no te salvarás.— Recite todo, por suerte mi memoria no me fallaba.  Quiron y el Sr. D intercambiaron una mirada, algo así como: "Oh, mierda, la caja perdida" "Si, ya lo sé, la escuche." Pero enseguida se giraron para verme. — Al norte...¿Estará hablando de Canadá?— Jack fue quien hablo primero, y parecía más preguntarse eso a si mismo, que a nosotros tres. — Habla de un sendero iluminado.— Indico Quiron.— Aunque estoy seguro de que es Canadá, últimamente han pasado cosas raras.  Los tres comenzaron a discutir sobre todo el asunto de mi misión, mientras yo estaba totalmente confundida. — Momentito ¿Qué quiere decir eso?— Pregunte. — Que tienes una misión que cumplir, y que probablemente, no salgas viva de ella.— Dijo el Sr. D [...]  Iba a lanzarme para golpear a nuestro director, pero Jack me agarro del brazo, como si previniera mi ataque y me llevó a rastras hasta la mesa de Apolo. Nos sentamos algo alejados del resto.  Me explico que para mi misión necesitaba compañeros, que no podía hacer todo sola, al menos si quería regresar viva, y bueno, ese era mi plan. Pero dudo que alguno de todos los campistas quisiera ir conmigo, sobretodo cuando se trata de un asunto de vida o muerte.  Suspiré, mientras me levantaba. Le dije a Jack que iría un rato a la cabaña para pensar. Agarre mi plato de comida, y desaparecí de la vista de todos los demás campistas.  Entré en la cabaña y me senté en lo que sería mi cama. Me la habían adornado para la que fuera la de una chica. Las cortinas eran negras, pero tenían estampado una carita feliz, seguramente eso fue gracias a las chicas de Afrodita. La frazada era suave y parecía bastante acogedora. Me senté.  ¿Qué haría ahora? Es decir, nunca había tenido una misión, ya que era mi segundo día en el campamento, y tampoco tenía grandes conocimientos en peleas, porque solo entrene una vez en mi vida -ir a gimnasia en la escuela no contaba-.  Tocaron la puerta de la cabaña, dude en abrir, pero tal vez era Quiron. Me levanté, algo desanimada, y abrí. Entonces, la figura de Matthew apareció. Parecía más normal sin el aceite en la cara. El cabello negro casi se camuflaba con la noche y los ojos miel parecían preocupados, aún así, yo creía que se había tomado unos 20 tazas de café, por la manera en la que sus manos jugueteaban con un papelito. — Oh, eres tú.— Si, soné algo decepcionada, pero yo realmente quería que sea Quiron, diciendo que se cancelaba la misión. — He oído sobre tu profecía.— Dijo.— ¿Ya tienes compañeros? — No.— Contesté, mientras me encogía de hombros.— Soy nueva en el campamento, dudo que alguien quisiera acompañarme. — Yo quiero acompañarte.— Sonrió.  Bien, eso era extraño. El tipo que me había arrojado un martillo ese mismo día, quería acompañarme a una misión, en la cual ni siquiera llegaríamos vivos. Cool, realmente cool. — ¿Seguro? El señor cadáver me envió a mi muerte.— Murmuré, después de todo, no quería que nadie salga herido por mi egoísmo.— Si vienes, también harán tu funeral, Matt. — Pero no creo que salga tan mal, ya sabes, varios campistas han ido a misiones y siempre terminan bien.— Me volvió a sonreír.  Okay...El Matt que había conocido hace unas horas era un negativo de primera, y él que estaba frente a mi, parecía ser el chico más optimista del mundo. Se me vinieron dos cosas a la cabeza. Uno, era bipolar, y dos, seguramente se había dado un buen golpe. — Si insistes, pero seremos nosotros dos.— Aclaré. — ¿Qué? No, tenemos que ser tres, ese es el número de la suerte.— Dijo, como si yo sabía de eso.— Tres moiras, tres grandes. — Bien, bien, pero si no conseguimos a nadie, mañana por la mañana, seremos nosotros dos.  Matt asintió, antes de dar un paso hacía atrás y salir corriendo. Seguramente en busca de nuestro compañero.  Pero yo ya había tenido suficiente con la maldita profecía ese día, por lo que decidí que lo mejor sería irse a dormir, al menos por un rato.