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Historia 157149 — capítulo 2

Entré en esa cabaña de nuevo. Ahora que me fijaba mejor, era bastante grande y estaba llena de chicos, algunos de once y otros de diecisiete. Todos ellos me miraron, como si fuera la primera vez que vieran una chica, pero luego volvieron a su tarea. Una muchacha alta y con una sonrisa maliciosa se me acercó. Llevaba el cabello por encima de los hombros y una hebilla recogiendo su largo flequillo. Tenía ropa en las manos. — Así que tú eres la nueva, eh.— Dijo.— Me contaron que hiciste que Chris vomitará babosas, eres interesante. — Eh, si...— Murmuré.— Me encantaría hablar contigo, pero necesito bañarme. — Ya lo sé, él me dio esta ropa para que te cambiarás. Déjame guiarte al baño, y descuida, yo cuidaré la puerta, estos idiotas no están acostumbrados a convivir con chicas.— Miró a algunos de los chicos antes de entregarme la ropa.— Por cierto, soy Emily, hija de Hermes. — Floyd, hija de quien sabe. Por cierto ¿Quién es "él"?— Pregunté, algo confundida. — Me refiero al sátiro que te rescato, se llama Dake, oí que le decías "piernas de ovejas", aún no se como no te mató.— Rió ella.  Me guió hasta una pequeña puerta, y me explicó que las toallas estarían colgadas adentro, que ella se encargaría de vigilar que ninguno se acercará. Me encogí de hombros, lo único que me faltaba es que una manada de pervertidos me mirarán mientras me duchaba, me alegraba después de todo tener alguna chica cerca.  Abrí la ducha y me bañe tan rápido como fuese posible. Todo el lugar me daba escalofríos, pero no eso de los malos, si no ese de que no perteneces. Me coloqué la ropa que Emily me había entregado. Una remera naranja que decía: "Campamento Mestizo" y unos jeans simples. Salí descalza, ya que mis zapatillas estaban llenas de baba del tipo de un ojo. Me colgué mi mochila en el hombro, antes de salir.  Emily, como había prometido, cuido la puerta hasta que yo salí. Me sentía como nueva, realmente era relajante, aunque estaba en un campamento con tipos que eran ladrones, lo cual me preocupaba aún más que el tipo de un ojo. Me despedí de la chica, y me salí hacía el exterior, pude notar como piernas de cabra me esperaba.  Había su playera por la naranja que todo el mundo parecía llevar. Me senté junto a él, y entonces comencé a preguntarle todas mis dudas, claro, él esquivaba algunas de las preguntas y otras las contestaba. — Entonces ¿Puedo ser hija de Apolo?— Pregunté. — Lo dudo, él no ha tenido hijas mujeres desde hace unos siglos.— Respondió. — ¿Por qué?— Inquirí, mientras lo miraba de costado. — No lo sé, si quieres ve y pregúntale.— Suspiró frustrado.— Al igual que Ares, ninguno de los dos ha tenido hijas en siglos, nadie sabe porque. — ¿Y qué me dices de Zeus?— Un rayo sonó a los lejos, y Dake miró nervioso, aunque no me importó demasiado, las tormentas eran comunes en aquel lugar, así que decidí proseguir.— ¿Y Neptuno y Plutón? — Primero que nada, espero que sepas que los nombres son poderosos, no puedes nombrarlos así como así, sobretodo si se trata del Rey del Olimpo.— Explicó, mientras se llevaba una mano a la cara.— Segundo, los últimos dos son romanos, y ellos no son bien recibidos aquí, y tercero, los tres grandes han hecho un pacto después de la Segunda Guerra Mundial para no tener hijos, ya que ellos son demasiados poderosos y llegan a destruir lugares. — Oh, que desgracia.— Murmuré más para mi misma.— Hubiese sido cool controlar el agua o volar, o mover a los muertos. — Pero puedes ser hija de Hefesto, también de Hermes.— Sonrió.— Tú madre debe ser muy bonita, a los dioses le atraen las cosas bonitas.  Lo pensé unos segundos. Mamá realmente era una persona bonita, a pesar de estar recién levantada o en un estado terrible, ella siempre se veía así. — Pues los dioses son realmente unos pervertidos.— Agregué.  Él se rió. [...]  Convivir con ladrones era demasiado difícil, y más cuando no lo eras. Nunca había robado nada en mi vida, y si lo hiciera, seguro fracasaría en el intento, por lo que negaba hacerlo, pero estos chicos eran realmente irritantes, no podías dejar tus cosas solas sin que ellos se acercarán, aunque por suerte, desde el incidente de vomita babosas nadie se atrevía a estar a mi lado, excepto Emily y otros que eran hijos de dioses menores.  Por como Dake me había explicado, la mayoría de los mestizos no reclamados iban a la cabaña de Hermes, también conocida como la 11. Los mestizos, hijos de dioses menores también vivían ahí, por lo que el lugar no era solo de hijos de Hermes, si no de muchos, incluyéndome.  Realmente esperaba ser reconocida aquella noche en la fogata, pero nada sucedió. Emily dijo que no me desanime, que los dioses generalmente se olvidan de sus hijos, y toda esa porquería. Quería estar en aquel momento con mi madre, ella tendría que saber perfectamente quien demonios era mi padre.  Me senté en mi cama. Como era una cucheta, Emily había decidido dormir arriba solo por algunos días. Alguien se sentó junto a mi, el vomita babosas. Parecía haber mejorado, para mi mala suerte, y seguro que planeaba alguna venganza. — Hola Flod.— Susurró con una sonrisa traviesa. — Soy Floyd.— Corregí, alejándome. — ¡Vamos! No muerdo, mujer.— Exclamó él, levantando los brazos, que se chocaron con la escalera de la cama. — No me importa, me gustaría que te vayas, desearía poder dormir.— Dije, mientras le señalaba las otras camas.— Y no me interesa si vienes por disculpas o cualquiera de esas cosas. — No iba a pedirte disculpas.— Confesó.  ¿Qué? Encima de que me venía a molestar, no iba a pedirme disculpas por robarme mi bolso. Apreté los puños, yo podía llegar a ser paciente hasta un ponto, después, bueno, que su padre lo ayudé desde el Olimpo.  — Te haz puesto como un tomate.— Agregó.  Oh, lo que faltaba, que me llame "tomate". — Y como si me importará mucho ¿Por qué no te largas? ¿O es que vienes a pedirme de rodillas que te haga vomitar babosas de nuevo? Porque creeme, no tendré ningún problema en maldecirte.— Solté. — ¿Estás amenazándome?— Inquirió con las cejas levantadas. — Tómalo como una consecuencia de tus actos.— Gruñí, antes de levantar una ceja y mirarlo.— Y bien, sal de mi cama, ahora.  Él se encogió de hombros y se me quedó mirando. Fue entonces cuando decidí actuar, comencé a recitar cualquier cosa por lo bajo, no iba a maldecirlo, pero era para asustarlo. Vomito de babosas se levantó de un salto, chocándose con la cama de arriba y corrió hacía donde sería su habitación o algo por el estilo. Sonreí satisfecha.  Me senté en la cama, y podría decirse que literalmente caí en mi sueño. [...]  Como a eso de las 3 de la mañana me levanté por los gritos de todos. Bah, yo suponía que era esa hora, ya que el Sol todavía no había salido. Con cuidado comencé a caminar hacía la multitud, pero no había nada interesante.  Ellos se voltearon y me miraron. Algunos gritaron, otros corrieron en busca de alguien y otros me miraron como si todo tuviera sentido ¿Acaso me veía tan mal cuando recién me levantaba? Mamá era una mentirosa. — ¿Por qué hay tanta luz?— Exclamó un chico desde la multitud.— ¡Son las 2 de la mañana! ¿Qué mierda sucede?  Me encogí de hombros, como si yo no fuera el problema, no veía ninguna luz ni nada de eso. Entonces giré mi cabeza hacía un costado para mirar por la ventana y vi mi reflejo.   Estaba rodeada de un aura dorada y brillante, como la del Sol, y sobre mi cabeza había un laurel.   ¿Qué? Me pregunté a mi misma.   Entonces por la puerta -no se como diablos-, entró Quirón, y en su cara se vio una mueca. Todos abrieron un camino, dejando que nuestras miradas se conectará. La suya reflejaba sorpresa, y seguramente la mía una gran confusión. Entonces él habló. — Salve Floyd Cooper.— Murmuró.— Hija de Apolo, dios del Sol y la profecía.  Entonces todas las miradas se clavaron en mí. Yo sabía porque, seguramente era la primera hija que Apolo había tenido en siglos, y no sonaba muy lindo.