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Historia 157149 — capítulo 3
Quirón decidió trasladarme después del desayuno, ya que con mi resplandor levantaría a todos los demás campistas. Acepté de mala gana, y cuando me fui a acostar nuevamente, sentí como todos me tiraban mantas encimas y se quejaban. Después todo se volvió silencioso. Bien, admito que estaba muerta de calor, ya que estábamos empezando junio. Me preguntaba si en la escuela se acordarían de mi, después de todo, había desaparecido cuando en realidad tenía que ir a hablar con el director. Solo me quedaban unos días para las vacaciones de verano, pero no, los monstruos decidieron atacarme antes. Entonces mi mente se lleno de preguntas, justo cuando yo menos lo deseaba. ¿Mi madre sabría que era hija de Apolo? ¿Acaso era un error? ¿Mis amigos me extrañaban? Oh, mis amigos. Siempre fui una chica bastante sociable, aunque en mi grupo de amigos solo eramos cuatro, no me molestaba en absoluto hablar con otras personas, sobre todo en aquella escuela donde todo era tan interesante, donde todos tenían las mismas pasiones. Di una vuelta, pero ya era tarde. Olvidé que estaba durmiendo en la cucheta, y para mi mala suerte, en la parte de arriba. Caí de cara al piso, lo bueno es que las mantas amortiguaron casi toda la caída, que no fue mucho. Miré por la ventana, el Sol recién estaba saliendo, y me pareció que un auto pasaba volando junto a él. Bien, ya estaba empezando a delirar, seguramente el golpe me hizo mal. Sacudí la cabeza, desenvolviéndome de las mantas, por suerte, mi resplandor dorado desapareció junto al brillo del Sol. Emily se había ido de la habitación, por lo cual estaba sola. Eso me dio una idea. Escapar. Pueden llamarme cobarde si quieren, pero realmente no quería estar en este lugar, donde no tenía amigos ni familia, donde sería un bicho raro por ser hija de un dios que nunca tuvo ninguna hija mujer. Tomé mi mochila. Solo había un par de libros y la ropa sucia y rota del día anterior. Con un suspiro, la cerré, y me dispuse salir en silencio, lo cual logré con éxito. La única forma de escapar sin que me vieran, era ir por ese bosque. Estaba segura que daba a la ruta, donde ya podría encontrar alguien que me llevará nuevamente hacía Nueva York. Apresuré el paso, y miré al Campamento una última vez, antes de entrar en aquel lugar lleno de árboles. Mientras caminaba, canté varias canciones, a lo cual, unas mujeres sentadas en unos árboles me miraron sonrientes, y siguieron charlando entre ellas. Eran bastante bonitas, pero no me acerqué, solo por si acaso. Fue entonces, cuando pensé que ya estaba a punto de salir, que me choqué contra una chica. Cabello negro y una diadema alrededor de su cabeza. Ojos negros, y un aura que realmente emanaba realeza. Quise retroceder inmediatamente, y tirarme al suelo, en busca de compasión. Pero no lo hice, porque la chica que estaba a su lado me llamó la atención. Aparentaba unos trece años. Cabello castaño y ojos de un plateado amarillo como la Luna. Su rostro realmente era hermoso, tanto, que me hizo sentirme como la chica más fea del planeta, tenía el carcaj colgando de la espalda, y un arco en su mano. Su aura emanaba mucho más poder que el de la otra chica. Esta vez si me arrodillé, casi involuntariamente. — Levántate.— Me ordenó la chica de cabello negro.— ¿Cómo es tu nombre? Obedecí, a la vez que retrocedía un paso. — Yo...eh...soy ¿Floyd? Si, Floyd Cooper.— Mi voz temblaba, pero quería hablar con ellas. Me di cuenta, que había un montón de chicas mirándome detrás de la muchacha de cabellos castaños.— ¿Quienes son ustedes? — Yo soy Zoë, cazadora de Artemisa.— Se presentó la de cabello negro.— Y ella, es la diosa de la caza y la Luna, la diosa Artemisa. — Oh, cuanto lo siento, lady Artemisa, mi error el no reconocerla, pero ya sabe, soy nueva en esto.— Murmuré, demasiado rápido. — Lo sé.— Afirmo ella. Su voz era suave, pero seguía siendo poderosa.— Eres hija de mi hermano, es por eso que estoy aquí. — ¿Viene a matarme?— Pregunté, como si fuera lo más obvio. — Claro que no, al contrario, te invito a unirte a mis cazadoras. La inmortalidad y destreza en batalla.— Propuso. — Pero debes renunciar a los hombres.— Agregó Zoë. ¿Renunciar a los chicos? Podría hacerlo, pero yo pensaba en mi futuro, teniendo una familia, viéndolos crecer ¿Realmente quería renunciar a ello? Apenas tenía 14 años, me esperaba demasiado en mi vida, si es que ningún monstruo me asesinaba cruelmente. — Me alegra que usted me invitará a formar parte de sus cazadoras, pero realmente no lo sé.— Expliqué.— Yo, debo pensarlo. — Entonces, prométeme algo, Floyd Cooper. Volverás a ese Campamento para entrenarte, porque puedo asegurar que en el mundo real te están esperando demasiados monstruos, eres la primera hija que Apolo tiene y eso los atrae.— Dijo. — Pero...yo quiero volver con mi madre.— Mi voz sonó como la de una nenita que fue abandonada. — Tu madre...— Suspiró, antes de darse vuelta.— Tiene demasiadas cosas que explicarte, pequeña. Totalmente confundida, la vi correr, mientras sus cazadoras la seguían. Excepto por Zoë, que se quedó unos segundos mirándome ¿Había hecho algo malo al rechazar la propuesta de Artemisa? No lo sabía. — Si reconsideras la propuesta de nuestra lady, solo búscanos.— Murmuró, mientras me daba un folleto, y se echaba a correr junto a las demás muchachas. Ahora si que estaba confundida. Un grupo de chicas liderado por una diosa me acosaba, eso realmente era extraño y confuso. Pero tenía que hacer lo que Artemisa me había hecho. Volver al Campamento, al menos si quería saber que era lo que mi madre me ocultaba. Di la vuelta, dejando el bosque atrás. [...] Cuando llegué, todos recién se levantaban. Inventé la excusa de que quise dar un paseo por el Campamento, y tenía miedo que los hijos de Hermes me robarán mi mochila, por la que también la traje conmigo. No era buena mentirosa, pero parecieron tragarse el cuento. Estuve un rato caminando con Dake, el piernas de oveja, y le conté todo lo sucedido, por primera vez vi que se reía, algo extraño, ya que desde el día anterior había estado bastante nervioso y loco por todo. Aunque claro, omití la parte en la cual Artemisa y su grupo de fans vinieron a visitarme, ya que eso incluiría que estaba escapando. Después de eso, me senté en la mesa de Hermes para desayunar. Realmente estaba ansiosa por conocer a mis nuevos medios hermanos, al menos ellos sabrían que es ser hijo de Apolo o algo por el estilo. Igual, devoré la comida, y cuando todos habían terminado, Quirón se dirigió a mi, y me llevó hasta una cabaña dorado, que era casi imposible de ver, con el reflejo del Sol pegando en ella. Por dentro era mucho más hermosa, o al menos para mi. Con cuadros colgados en las paredes, y con varias camas, una al lado de la otra, aunque tenían un gran espacio para cada uno. Me pregunté donde dormiría yo. — Ahora, te dejó a cargo de tu medio hermano, él te dará la bienvenida.— Me dijo Quirón, para después retirarse. Quedé sola, ya que no vi a ningún otro chico cerca. Me dejé llevar por la curiosidad y comencé a mirar los cuadros, todos tenían diferentes nombres y estaban colgado en un sector en particular. También había varios instrumentos, y sobre todo, arcos y flechas. — Oh, así que eres nuestra nueva hermanita.— Di un paso hacía atrás, asustada, y me choqué con un chico.— Eh, cuidado. — Lo siento, soy Floyd.— Me presenté. — Soy Billie, consejero.— Sonrió él. Entonces lo miré detenidamente, antes de preguntar algo. Era alto, cabello dorado y ojos azules. Realmente bonito. — ¿Billie? ¿Cómo el cantante de Green Day? Wow, eso es genial.— Sonreí.— ¿Y dónde dormiré yo? — Oh, tranquila, dormirás aquí, ya que no tenemos otras habitaciones.— Señalo el lugar.— Pero no te preocupes, tu cama, o sector, como quieras llamarle, al igual que todas, tiene unas cortinas. Él se acerco a una y tiro de una cuerda, e inmediatamente todo el sector alrededor de la cama se cerró con unas cortinas oscuras, pero algo transparentes. — Eso es asombroso.— Admití.— ¿Hay algo más que deba saber? — Si, estos son los horarios de entrenamiento. Ahora deberíamos estar en Griego Antiguo, pero ya que eres nueva, te llevaré a que conozcas todo el Campamento. — No te preocupes, yo puedo sola.— Murmuré.— Ve, ya te alcanzo. Billie asintió, pero antes de salir, me miró con sus profundos ojos azules. — Por cierto, bienvenida a la cabaña 7, la mejor del Campamento.— Y después, salió corriendo, dejándome sola. Pensaba en sentarme en mi cama y pensar en lo feliz que estaba, pero había un pequeño problema, y es que mi nuevo medio hermano no me había dicho cual era mi sector correspondiente. Suspiré frustrada, y salí corriendo de la cabaña, para alcanzarlo. Pero hubo un pequeño percance, y me choque contra un chico alto. Bastante alto, más que Billie. Tenía el cabello negro y ojos del mismo color. Me miró con el ceño fruncido, pero lo ignoré, mientras seguía corriendo. Esta vez si que me detuve por completo. — ¿Mamá? ¿Qué haces aquí?