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Historia 157149 — capítulo 4

Mi mamá me miro como si estuviera orgullosa que yo fuera una campista. Me estremecí, se suponía que los mortales no podían entrar, y ella estaba parada frente a mi. Tal vez fuera un sueño, y nunca había sido reclamada como hija de Apolo. O lo más genial, ni siquiera tenía que ver algo con los dioses.  Desgraciadamente, sabía que todo era muy feliz para ser verdad, por lo que me acerqué con el ceño fruncido, y la observé, con los brazos cruzados, esperando una explicación.  Ella me sonrió. El cabello rojo estaba atado en un moño, y tenía un collar como todos los campistas. Seguramente mi madre era una ladrona de collares. — ¿Qué haces aquí?— Pregunté. — Floyd, oh, mírate, pensé que te había sucedido algo malo, gracias a los dioses que Quirón me aviso que estabas aquí.— Hablaba como una verdadera campista, retrocedí unos metros.— Ven, quiero hablar contigo, darte explicaciones.  Oh, eso me convenció. La seguí y nos sentamos frente a una casa enorme. Por lo que me habían explicado los hijos de Hermes, ahí es donde vivía el Sr. D, el director del Campamento.  — Empezaré desde el principio, y no quiero que me interrumpas ¿Entendido?— Asentí, como si ella me obligará. Entonces, la historia comenzó. Mis tan amadas explicaciones. Desde niña siempre fui diferente ¿Sabes? Yo tenía dislexia y TDAH, a diferencia de mis hermanos y mis padres. No sé si alguna vez te preguntaste porque no tenías abuela, bueno, la razón también me sorprendió a mi, porque mi madre en realidad era Afrodita.  Bien, eso me había dejado bastante impactada, pero seguí escuchando. Eso explicaba porque mi madre parecía tan joven, y porque era tan bonita. Entonces, mientras yo iba a la escuela, un satiro me explico que en realidad era una semidiosa, y que tenía que venir al Campamento, al principio me reí, ya que eso era imposible, pero después todo comenzó a tener sentido, el porque yo tenía esos problemas, la forma en que todos me miraban, como si vieran una belleza, y también, porque mi madre nunca estuvo presente en mi vida.

Ese día que llegué al Campamento, fui reclamada por Afrodita. Viví en la cabaña 10, hasta que fui mayor de edad, en eso decidí dejar el Campamento, ya que quería formar una vida.

Como debes saber, todos las hijas de Afrodita son, ya sabes, algo superficiales, yo no era como ellas, aún así, me llevaba demasiado bien con mis medias hermanas.

Al mes que dejé el Campamento, conseguí mi primer trabajo en un restaurant, como mesera, estaba ahorrando, ya que mi banda favorita vendría al país.

Al año siguiente, después de que cumplí 19, compré la entrada y fui al recital. Ahí conocí a quien sería tu padre, Apolo. Él se había puesto junto a mi, realmente no le preste atención hasta que me saludo. Era realmente bonito, cabello dorado y ojos azules.

Después del concierto, él me llevó hasta mi casa, y me dijo que al otro día me pasaría a buscar. En ese momento yo no estaba interesada en tener novio, pero acepté.

Los meses fueron pasando, él cada tanto desaparecía, pero después volvía. Antes de cumplir los 20, me pidió que fuera su novia. Acepté, ya que con el tiempo me había enamorado, él era gracioso e inteligente, y sabe como conquistar.

Cuando naciste, él desapareció. Fue entonces cuando supe que era un dios. Pero también tienes parte de Afrodita, por lo que podría decirse que eres descendiente de ella.— Finalizo.  Así que todas mis dudas habían sido aclaradas, o al menos la mayoría de ellas. Mi madre también era una semidiosa, Apolo la cortejó y yo nací. Bueno, al menos ella sabía porque mi padre nunca se presentó, eso me calmaba un poco. Pero también tenía parte de Afrodita, era confuso, pero me sentía mejor. Sonreí. — Entonces ¿Tú quieres que yo me quedé aquí, verdad?— Inquirí.

— Eso me pondría bastante feliz, es decir, solo vienes en verano, después vuelves a la normalidad. Es solo para entrenarte si alguna vez te vuelven a atacar, cariño.— Me acarició el cabello, mientras se levantaba.— Yo solo he venido para explicarte todo, digo, debe ser muy difícil al principio, pero después se vuelve divertido. — ¿Me lo prometes? — Claro, te lo prometo. Yo he hecho grandes amigos aquí, la mayoría de los que van al departamento a cenar, ellos son semidioses también.— Esbozo una sonrisa deslumbrante.— Tu sátiro te explicará todo, no te preocupes, además me han dicho que eres demasiado mala en mitología griega, no te vendría mal. — Bien, me quedaré, pero cuando termine el verano volveré a casa.— Afirmé. — Oh, te estaré esperando.— Me sonrió una vez más, antes de voltearse y salir del Campamento.   Con un suspiro, yo también me levanté. Solo me quedaba buscar a mis medios hermanos para saber que nos tocaría ahora. [...]  Caminé por todo el Campamento, sin encontrar a los de Apolo. Unas chicas de la cabaña de Afrodita me saludaron, y Emily, quien estaba jugando voley con sus medios hermanos.  Pase por lo que parecía una arena de combate. Había unos chicos altos, practicando combate, y detrás de ellos unas muchachas que parecían esperar su turno. Me pregunte si yo también tendría que luchar, no se me daba muy bien eso.  Entonces, cuando menos lo espere un martillo me golpeo el tobillo. Hubiese gritado como nenita, pero en vez de eso maldecí, antes de sentarme en el piso y comenzar a masajear.  ¿A quién se le ocurría tirarle un martillo a una chica? Todos estaban locos en este lugar, sobre todo el maldito que no se había presentado a pedir disculpas.  Cuando levanté la mirada, para ver si alguien venía a ayudarme, me choqué contra la cabeza de alguien. Volví a quejarme, seguramente era el día de "Golpeen a la nueva."   El chico me miró, mientras se frotaba la frente y caía sentado junto a mi. Tenía remera del campamento algo quemada y con aceite, y unas manos gigantes, tal vez más grande que todo yo. Lo miré con el ceño fruncido, al ver que recogía el martillo. — Oye, hombre, deberías pedirme disculpas.— Dije.  Él me miro. Me recordaba a la miel, oh, mal momento para pensar en comida. — Si, lo siento.— Murmuro como si nada, mientras comenzaba a levantarse. — ¿¡No me ayudarás!?— Exclamé.— Soy una mujer, a la cual golpeaste. — Tú puedes sola, eres hija de Apolo, ustedes tienen la capacidad de cantar y sanarse, no molestes.— Gruño.   Estuve a punto de quejarme una vez más, pero el chico levantó, prácticamente como si fuera una pluma y me cargo sobre su hombro como una bolsa de papa. No sabía si avergonzarme, enojarme o simplemente quedarme callada e ignorar todo como si fuera de lo más normal. La segunda idea sonaba genial. — ¿Cómo te llamas?— Me preguntó. — Floyd.— Respondí.— ¿A dónde me llevas? — Yo soy Matthew, hijo de Hefesto, un placer.— Contesto.— Y estoy llevándote a la enfermería ¿Qué te parece el compensar que casi te rompo la pierna, siendo amigos? — Bien, seremos amigos, pero también debes cargarme y buscar a mis medios hermanos, luego de que me curen, claro.— Sonreí inocentemente.  Matthew frunció el ceño, pero asintió.  Una peculiar forma de hacer amigos.