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Historia 157149 — capítulo 5

Para hacer esto más fácil, salteare cuando fui a la enfermería. Lo divertido es cuando intentas buscar a tus medios hermanos en un Campamento gigante.  Por suerte, Matthew, sabía donde se encontraban. Generalmente, los hijos de Apolo estaban practicando tiro con arco, ya que eso era un don heredado de nuestro padre, bueno, había dos cosas.  La primera, jamas en mi vida tuve buena puntería. Ustedes se preguntarán como puede eso ser posible, ya que mi padre es Apolo, bueno, realmente no lo sé, simplemente se me da mejor charlar.  Y segundo, ni siquiera sabia como tener un arco, y como colocar la flecha, digo, mi madre no tenía armas en el departamento, o al menos eso era lo que yo sabía.  Mi amigo se despidió, pero yo podría decir que quería huir de mi, ya saben, generalmente uno no se encuentra con una muchacha que revoluciono casi todo el Campamento, pero bueno, él tuvo la suerte de conocerme.  Me paré detrás de Billie, observando como estaba por prepararse para tirar la flecha. — ¡Billie!— Grité.  Él se sobresalto, y la flecha voló hacía un árbol, y quedó clavada ahí. Se dio vuelto, parecía algo asustado y enojado, pero lo ignoré. — Veo que haz llegado más rápido de lo que esperabas. Te perdiste griego antiguo.— Me dijo, a la vez que me tendía un arco.— Practicaras con nosotros.  Solté una risa nerviosa. — Soy pésima para esto, créeme, no tengo buena puntería.— Murmuré. — No te preocupes, Quiron es nuestro profesor, además de que eres hija de Apolo, simplemente esta en tu sangre.— Billie me sonrió, y me dio un carcaj.  Se preguntaran que es eso. Podría decirse que es una funda donde están todas las flechas.  — Voy a buscar a Quiron, mientras, no te muevas.— Me ordenó, antes de salir corriendo.  Me encogí de hombros. Yo no era de obedecer ordenes, y bueno, quería probar que tal lo haría yo sola, después de todo, ya era la segunda persona que me decía que por ser hija de Apolo, me saldría perfecto.  Coloqué la flecha en el arco, y entrecerré un pocos los ojos, buscando un objetivo. Vi la diana.  Si también se preguntan que es, yo diría que el blanco al que se lanzan los dardos o las flechas, en mi caso. Generalmente tiene que acertar en el centro, pero como era mi primera vez usando un arma, seguramente no acertaría.  Entonces disparé, y me quedé mirando como la flecha iba a toda velocidad hacía su objetivo. Dije iba, porque un chico se interpuso en el camino y la flecha se quebró al chocar contra su brazo.   Fui corriendo. El chico tendría unos 20 años, con el cabello negro y rizado y ojos azules. Bien, podría decirse que además de tener rasgos como los de un elfo, era bastante guapo. Me quedé hipnotizada, era como si no pudiera despegar mi mirada de la de él.   Mi primera reacción hubiese sido: Wow ¿Qué te parece si nos casamos?  Pero ignoré mis instintos. — Oh, lo siento, dijiste algo y no te escuché ¿Puedes repetirlo?— Pregunté. — Ah, si, te pregunte si esta era tu flecha.— Me mostró mi flecha partida a la mitad y asentí.  ¿Acaso el tipo tenía piel de acero? — Por eso, lo lamento, mi objetivo no eras tú, si no la diana de atrás.— Reí nerviosa, mientras se la sacaba de la mano.— ¿Eres nuevo? ¿Cómo es tu nombre? Yo soy Floyd. — Hermes, un placer.— Besó mi mano.  Bien, ahora no sabía como demonios reaccionar, es decir ¡Le disparé a un maldito dios! ¿Me castigarían? Pero él actúo como si nada hubiese pasado, tal vez tuvo compasión por una pequeña. — Oh, demonios, lo siento mucho, lord Hermes.— Hice varias reverencias, una detrás de otra, hasta que él me detuvo.— Lo lamento de verdad, soy tan torpe. — No te preocupes, sé que no fue intencional, en realidad es mi culpa por cruzarme en el camino de tu flecha.— Se encogió de hombros.— Así que eres hija de Apolo, él te manda saludos. Por cierto, pequeña Floyd ¿Sabes donde esta Dioniso? — Eh, seguramente en la gran casa.— Le contesté, algo confundida.  Él volvió a sonreír y se fue.  Bueno, aquello había confuso a un cien por ciento. Le disparé a un dios, que luego besó mi mano y se fue, sin antes decirme que mi padre me mandaba saludos, y agregando que esa misma mañana me había venido a visitar Artemisa ¿Acaso era un castigo?   No creo que a nadie más lo hubiesen acosado los dioses.