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"Conquistando al Lobo." — capítulo 6
Capítulo 5:
"Mañanas de Romeo y Julieta"
Las reuniones continuaron en la Orden y cada vez eran más frecuentes. Selene y Andrómaca no salían tan seguido y para lo único que abandonaban Grimmauld Place, era para ir al Ministerio. Allí debían de tener cuidado a la hora de hablar y en especial no fiarse con quién conversaban. El señor Weasley les había advertido que el Ministerio estaba lleno de oídos y ojos espías.
-Creo que el ministro se está poniendo cada vez más ciego.-se quejó Selene, mientras ambas amigas ingresaban a la cocina.- Creo que es un cerdito, con sombrero color lima, que no se da cuenta de que cuanto más siga tapando las cosas, peor será para todos.-
-Ojala te escuchen, querida Selene.-exclamó la señora Weasley. Ambas jóvenes se sentaron en la larga mesa de madera. La pelirroja apoyó la cabeza contra la superficie dura y cerró los ojos.- ¿Andy? ¿Te sientes bien, hija?-preguntó Molly, yendo hacia ella.- Está algo pálida, ¿no?-
-Yo la veo verde.-comentó Selene, ladeando la cabeza.
-¿Verde?-repitió Fred.
-¡Se está pudriendo!-exclamó George.
La señora Weasley los fulminó con la mirada.
-Cariño.-volvió a adoptar esa mueca maternal y acarició la espalda de su hija.- ¿Por qué no vas a descansar un poco? Te vendría bien dormir algo antes de la cena.
-Estoy bien.-sonrió Andrómaca, apenas despegando la cabeza de la mesa.-Solo que estuve a las corridas en toda la semana y…-
-A la cama.-ordenó la señora Weasley, colocando los brazos en forma de jarra y frunciendo apenas el ceño.
-Yo te aviso en cuanto esté la cena.-murmuró Selene, tomando una galleta de miel.
Andrómaca se paró y, arrastrando los pies, salió de la cocina. Subió hacia su habitación y apenas cerró la puerta, se dejó caer pesadamente en la cama. Con mucha pereza se sacó las zapatillas y se soltó el cabello. Se estiró en el colchón, escuchando como la espalda le tronaba y luego suspiró del cansancio. Justo cuando estaba poniéndose cómoda, llamaron a su habitación.
-¿Quién es?-preguntó, restregándose un ojo.
-Remus.-respondieron al otro lado. Un tanto extrañada, se puso de pie y abrió la puerta.-Hola.-saludó Lupin, sonriendo de lado. Hoy, justamente en ese momento, las cicatrices parecían notarse más.
-Hola.-Andrómaca le sonrió.
-¿Estas mejor?-quiso saber, casi frunciendo el ceño.- Selene acabó de comentar que estabas algo…enferma.-
-Yo…eh…-Andy se rascó la cabeza.-Muy cansada, en realidad, pero estoy bien.-
-Me alegra saber eso.-Remus se meció sobre la punta de sus pies.-Me alegrará decirle a tus hermanos que no te estás pudriendo. Y tú madre quedará mucho mejor; ya te quería mandar a San Mungo.-
-Madres.-rió la pelirroja, apoyándose en el marco.-Mamá siempre fue así de…sobreprotectora con nosotros.-murmuró.-Con Bill tenemos cada anécdota tratando de escapar de sus cuidados.-volvió a reír y a negar con la cabeza.
-Me encantaría escucharlas algún día.-confesó Remus, con una cálida sonrisa en su rostro.
-A mí me encantaría contártelas.-Andy lo miró a los ojos y por un segundo, se perdió en aquel mar ambarino.- Ya que mañana es sábado y no tenemos ninguna reunión, ¿te apetecería ir a tomar un café o salir?- Remus no reaccionó como ella esperaba y algo en su interior le gritaba que había sido muy tonta como para soltar esa petición sin haberlo pensado dos veces.
-Oh…-Remus se rascó la cabeza.-Me encantaría, pero…-boqueó varias veces, como si no supiera que excusa darle.-Justamente, mañana no…-
-Olvídalo.-murmuró Andrómaca, mordiéndose la lengua y bajando la vista.-Creo que fue algo inapropiado de mi parte. Tal vez ya tenías planes y…-
-No, no es por eso.-se apresuró a decir Remus. Había un cierto nerviosismo en sus ojos.
-¿Estas bien?-preguntó Andy, enarcando una ceja.
Se formó un incómodo silencio entre ellos.
-Remus.-habló la pelirroja, nuevamente.- ¿Te ocurre algo?-levantó su mano con la intención de tocarle la mejilla, pero Lupin retrocedió.
-Lo lamento.-murmuró y enfiló nuevamente hacia abajo.
Andrómaca permaneció en donde estaba, aún con el brazo levantado y una expresión de desconcierto en el rostro. Le costaba asimilar lo que había pasado.
Tragó saliva y volvió a introducirse dentro de su cuarto.
Se recostó nuevamente, abrazándose a una almohada. Había sido un momento bastante…raro. Aquellos ojos ambarinos, se habían dilatado del nerviosismo y podía haber jurado que Remus estaba sudando. Sin duda lo había puesto en una situación demasiado incómoda.
Sacando la almohada de entre sus brazos, la colocó sobre su rostro y gritó, pero su grito fue amortiguado por la tela y el relleno esponjoso.
--*
-¡Nos alegra que estés mejor!-gritaron los gemelos, apareciéndose junto a su hermana.
-Me siento mejor, y tal vez un poco sorda.-repuso ella, haciendo una suave presión con sus manos sobre sus oídos.
-¡Que sean mayores de edad no les da permiso para que aparezcan por toda la casa y asustar a los demás!-exclamó la señora Weasley, amenazándolos con un repasador viejo.
Llegada la mañana del sábado, Andrómaca bajó de la habitación con un libro bajo el brazo y ropa de salir.
-Uh…-comentó el señor Weasley, doblando su ejemplar del diario.- ¿Sábado de lectura, verdad?-Andrómaca asintió, besándole la mejilla.- ¿Y a dónde irás?-
-Tal vez a un café muggle.-respondió, besándole la coronilla a Ginny.-Prometo llegar para la hora del almuerzo.-dijo, cuando llego a su madre.-Tal vez pase por el Caldero Chorreante y de ahí al Callejón Diagon a comprar algunas cosas para Archie y volveré.-le revolvió la larga mata de cabello a Bill y le sonrió a Selene.-Nos vemos.-saludó al resto de los miembros de la Orden y salió de la cocina.
De camino a la salida, se cruzó con Sirius, quién la saludo con una sonrisa y le guiñó un ojo. Siguiendo al propietario de la casa, iba Remus. Él ni siquiera levantó la cabeza y mantuvo la vista en el suelo hasta que la puerta de la cocina se cerró tras él.
Andrómaca soltó un suspiro y salió de Grimmauld Place.
"Romeo:- ¡Silencio! ¿Qué resplandor se abre paso a través de aquella ventana? ¡Es el Oriente, y Julieta, el sol! ¡Surge, esplendente sol, y mata a la envidiosa luna, lánguida y pálida de sentimiento porque tú, su doncella, la has aventajado en hermosura! ¡No la sirvas, que es envidiosa! Su tocado de vestal es enfermizo y amarillento, y no son sino bufones los que lo usan, ¡Deséchalo! ¡Es mi vida, es mi amor el que aparece!… Habla… más nada se escucha; pero, ¿qué importa? ¡Hablan sus ojos; les responderé!…Soy demasiado atrevido. No es a mí a quien habla. Las más resplandecientes estrellas de todo el cielo, teniendo algún quehacer ruegan a sus ojos que brillen en sus esferas hasta su retorno. ¿Y si los ojos de ella estuvieran en el firmamento y las estrellas en su rostro? ¡El fulgor de sus mejillas avergonzaría a esos astros, como la luz del día a la de una lámpara! ¡Sus ojos lanzarían desde la bóveda celestial unos rayos tan claros a través de la región etérea, que cantarían las aves creyendo llegada la aurora!… ¡Miren cómo apoya en su mano la mejilla! ¡Oh! ¡Miren cómo apoya en su mano la mejilla! ¡Oh! ¡Quién fuera guante de esa mano para poder tocar esa mejilla!"
Andrómaca sopló el humito de una taza de café, recién preparado, mientras sus ojos proseguían con su lectura. Afuera, a través del enorme ventanal de cristal, las gotas de lluvia golpeaban con furia mientras ella leía tranquilamente dentro de la acogedora cafetería. Días como ese eran los que más le gustaban; según ella, no había nada mejor que un buen libro, una tranquila lluvia y un delicioso café o chocolate caliente con un toque de canela. Cuando cumplió la mayoría de edad, estableció esa tradición y desaparecía unas cuantas horas el primer día del fin de semana.
*-¡Ay de mí! -*leyó, en un susurro, el siguiente fragmento de Romeo y Julieta.
-"Habla. ¡Oh! ¡Habla otra vez ángel resplandeciente!… Porque esta noche apareces tan esplendorosa sobre mi cabeza como un alado mensajero celeste ante los ojos estáticos y maravillados de los mortales, que se inclinan hacia atrás para verle, cuando él cabalga sobre las tardas perezosas nubes y navega en el seno del aire."-Andrómaca levantó la vista del libro y se fijó en la persona que estaba junto a su mesa.- Excelente obra de William Shakespeare.-la pelirroja le sonrió al joven.- ¿Puedo?-preguntó, señalando la silla vacía que se encontraba frente a ella.
-Claro.-respondió, corriendo su morral blanco marfil.
-Es raro ver a una chica leyendo ese tipo de poemas hoy en día.-comentó, señalándola.-Eso atrae a cualquiera que sea aficionado a la buena literatura, como yo.-le sonrió de lado mientras se apoyaba contra la mesa.-Jeremy.-se presentó, extendiéndole la mano.
-Andy.-contestó la pelirroja, correspondiendo al saludo.
-Sí, sabía que eras tú.-murmuró el muchacho.- No sé si te acuerdas de mí, pero estudiamos juntos en Hogwarts. Tú estabas en Gryffindor y yo en Ravenclaw.-Andrómaca entrecerró los ojos y curvó los labios, como si tratase acordarse.-Era capitán del equipo de Quidditch, recuerdo que tu hermano, un tanto aficionado a este deporte, se lo tomó muy enserio y terminó quebrándome el tabique para evitar que atrapase la Snitch.
-Sí.-Andrómaca sonrió.-Sí, ya me acuerdo de ti.-
-Jeremy, nariz rota, solían llamarme los de tu casa.-
-Bueno, no tienes mala nariz ahora.-comentó la pelirroja, marcando la página que estaba leyendo y cerrando el libro.
-Madame Pomfrey cómo reparar tabiques rotos.-replicó el muchacho.-Pero dejemos eso de lado.-sonrió.- ¿Cómo te ha ido después de haber terminado Hogwarts?-
Andrómaca espero a que la camarera le volviese a llenar la taza antes de contestar.
-No me quejo.-respondió, encogiéndose de hombros.
-Escuché que trabajas para el Ministerio en Egipto.-ella asintió, bebiendo un sorbo de su café.- ¿Y qué haces allí?-
-Sacamos encantamientos a las pirámides…y a veces tumbas.-revoleó los ojos y curvó los labios.-No es tan espantoso como suena.-añadió, al tiempo que Jeremy soltaba una carcajada.- Es divertido.-
-¿Y aparecen momias?-
-Créeme, eso lo haría aún más divertido.-quedaron en silencio, viéndose el uno al otro.- ¿Y qué hay de ti?-
-Nada muy interesante.-confesó, recostándose sobre el asiento.-Hace poco estuve trabajando para el Profeta, pero me harte de todos los hipócritas que mentían sobre el regreso de…-se inclinó un poco hacia adelante y hablo en voz baja.-…Quién-ya-tú-sabes.-
-Yo también.-admitió Andrómaca.-No conseguirán nada bueno ocultando por siempre la verdad.-bebió otro sorbo de café.-Tarde o temprano los Mortifagos harán algún movimiento y se les acabarán las excusas para ocultarlo.-
-No solo lees buenos libros, sino que me encanta como piensas.-Andrómaca sonrió y bajó la vista.- ¿Estás libre mañana en la noche?-preguntó Jeremy, enarcando una ceja.
-Ohm…eso creo.-respondió.- ¿Por?-
-Quisiera invitarte a cenar.-las orbes azules de Andrómaca viajaron hacia las verdes de Jeremy, quién le sonreía de lado.
-De acuerdo.-
..*
¡Hola!
Perdonen por no haber subido el lunes, pero es que estaba en lo de mi tía y la señal de internet no era muy buena, apenas pude subir el capítulo de otra novela. Pero acá estoy, espero que les guste.
PD: sumé un nuevo personaje. Creo que estará pocos capítulos o llegue al final de la historia. Espero que les guste.
PD2: Hace tiempo subí una novela llamada "Una Evans para un Weasley". La verdad es que subí algunos capítulos y la deje abandonada, pero por problemas que tuve (perdí la carpeta con todos los archivos de dicha novela) (¡DANY IDOLA!) pero ya la recuperé y quería avisar que voy a estar subiendo más seguido, ya que va casi a la par que esta.
(Les dejo el Link)
"Una Evans para un Weasley": http://www.potterfics.com/historias/163556
¡Bueno, en fin, que tengan un buen fin de semana!
¡Besos!
PD3: les dejo una foto de cómo me imaginé a Jeremy: