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"Conquistando al Lobo." — capítulo 7

Capítulo 6:

"De chocolates calientes a charlas de media noche"

Andrómaca bufó, lanzando la ropa que se probaba ante el espejo. Para ese entonces tenía una considerable pila de vestidos, polleras, pantalones y remeras a los pies de la cama. Se sentó sobre un taburete. Solamente le quedaban un cuarto de hora para encontrarse con Jeremy en el mismo bar Muggle.

Volvió a ponerse de pie y a revisar el armario: sacó chaquetas de jean, camisas escocesas e incluso un vestido reservado para fiestas especiales. Debido a las condiciones económicas de su familia, las hermanas Weasley no podían darse lujos como comprarse ropa cara para fiestas, debían arreglárselas con vestimentas de segunda mano o usadas. Cuando Andrómaca consiguió su primer sueldo se aseguró de que Ginny tuviese algo de ropa nueva y sin estrenar.

La pelirroja salió de la habitación y bajo hacia la cocina.

-¿Selene?-llamó, pero la pelinegra estaba demasiado ocupada conversando con Sirius.-Bien…-canturreó Andy. Cuando estaba dispuesta a regresar a su habitación, se topó con Tonks y Remus. La Metamorfamaga le sonreía ampliamente mientras que Remus apenas dijo un "Hola" seco y rasposo para luego adentrarse en la cocina.

-¿Y a este que le pasa?-preguntó Nymphadora, mirando por encima del hombro de la pelirroja.-Estábamos bien hace unos segundos.-

-Parece que Remus es de cambiar humores muy rápido.-murmuró Andrómaca, mordiéndose el labio.

-¿Y a ti que te pasa?-preguntó la pelirosa.

-Necesito ayuda y Selene no parece prestarme atención.

-¡Yo te ayudo!-exclamó Tonks, levantando la mano como si estuviese en la escuela.- ¿Qué hay que hacer?-Andy la llevó hasta su habitación y le contó la situación, señalando la pila de ropa.

Tonks curvó los labios y se puso a revisar cada prenda. Por la mirada de entusiasmo, parecía estar buscando la forma en la que cada pieza encajase. Finalmente, tras unos pocos minutos, levantó la vista y sonrió. A Andy le entregó una remera blanca simple, seguida de una camisa a cuadros, (bastante ancha, ya que Andy la había tomado prestada, hacía muchos años, de Charlie) y unos jeans que no eran ni azules ni celestes.

-Genial.-comentó Andrómaca, luego de haberse vestido.-Me salvaste la vida, Tonks.-le estampó un beso en la mejilla a la Metamorfamaga, quién sonrió complacida. Mientras la pelirroja trataba de arreglarse el cabello, miró la hora. Solo le quedaban cinco minutos para reunirse con Jeremy.- Por…Merlín.-exclamó, atándose el cabello en una desprolija cola de cabello.- ¡Eres increíble, Tonks!-alcanzó a decir, antes de bajar corriendo las escalera, tuvo cuidado cuando llegó al piso donde estaba el cuadro de la Señora Black, y luego retomó la marcha.

-¿Vas a algún lado?-preguntó Ginny, al verla salir tan apurada.

-Sí, dile a mamá que no me espere para cenar.-murmuró rápidamente y salió de Grimmauld Place y cuando nadie la veía, desapareció.

Con un ligero plop, Andrómaca se situó frente a una calle Muggle. Exactamente faltaban segundos para encontrarse con Jeremy. Caminó lentamente, escuchando los autos de las personas que salían del trabajo o simplemente daban un paseo bajo aquella bonita noche. Como se había atado mal el cabello, no le quedó más opción que deshacer la cola de caballo y dejar que su melena rojiza cayese con total naturalidad sobre sus hombros, adoptando la forma que quisiese.

La noche era cálida, por lo que fue agradable caminar. Al llegar frente al bar muggle, vio por el gran ventanal que su cita ya estaba esperándola dentro. Empujó la puerta de vidrió, haciendo tintinear unos cascabeles, e ingresó. Jeremy, al verla, se puso rápidamente de pie.

-Hola.-saludó, sonriendo.

-Hola.-él la guio hacia el mullido sillón que se encontraba al fondo del lugar.

-Tenía mis dudas por si ibas a venir.-murmuró Jeremy.-Pero, todo despejado.-

-Yo también tenía mis dudas.-admitió Andrómaca, sentándose del lado de la ventana.

-Eso imaginé.-el muchacho sonrió.-Ohm…me tomé la libertad de pedirte un té helado y ahora que me pongo a pensar…no sé si te gusta el té helado.-soltó una risa nerviosa.

-No te hubieras molestado.-la pelirroja le sonrió.

A lo largo de la noche Andrómaca y Jeremy se dedicaron a contar exactamente todo lo que habían hecho desde la última vez que estuvieron en Hogwarts. Él había conseguido trabajo, temporal, en el Profeta pero terminó por cambiarlo por un sencillo empleo como vendedor en el Emporio de las Lechuzas. No era la gran cosa, pero era lo bastante agradable para él. Andy lo etiquetó como alguien agradable.

Luego de haber terminado la cena, se dirigieron a una heladería (muggle, obviamente) que vendía una especie de batidos de café con crema. Luego de allí tomaron la intersección de calles que los conducía a Charing Cross. Se había vuelto a sumir en una conversación sobre lo que harían en sus vidas.

-¡Por Merlín!-exclamó Andy, mirando las agujas del enorme reloj que pendía sobre sus cabezas.- Ya es demasiado tarde y debo de regresar a casa.-se mordió el labio y tiró el vaso, vació, dentro de una papelera.-Debo irme.-

-Sí quieres puedo alcanzarte hasta tu casa.-Andrómaca estaba por aceptar pero luego recordó el Encantamiento Fidelio y la confidencialidad que implicaba mantener la ubicación de la Orden oculta.

-Te lo agradezco, pero con solo desaparecer estaré bien.-le sonrió.

-Bueno, entonces…-Jeremy se rascó la cabeza, parecía no saber que decir.-Fue agradable esta…cita.-

-Lo mismo digo.-Andrómaca volvió a sonreír.

-¿Podríamos repetirlo, verdad?-

-Sí a ti te parece.-ambos quedaron en un silencio cómodo. La pelirroja sacudió la cabeza.-Debo irme.-le besó rápidamente la mejilla y se alejó de él. Camino unos cuantos metros y luego desapareció.

..*

Procurando no hacer ni el más mínimo ruido, abrió la puerta de Grimmauld Place. La casa estaba completamente en silencio, parecía desierta y, con poca luz que la iluminase,  parecía más tétrica de lo que ya era. Andrómaca se sacó la fina campera y la dejó sobre una silla.

Estaba por subir las escaleras, cuando vio una fina línea de luz saliendo de la cocina. Revisó su reloj de muñeca y comprobó la hora. Era bastante tarde como para que alguien siguiese despierto. Se alejó de las escaleras y se asomó a la habitación. Apoyó su oído contra la puerta, pero no se oía nada, pero había algo que no cuadraba; supo reconocer el Encantamiento Silenciador. Quién estuviese dentro no quería que lo escuchasen.

Armándose con mucho valor, valor de Gryffindor, tiró de la perilla hacia abajo y abrió. El que se encontraba en la cocina era Remus y al verla entrar, se sobresaltó que tiró lo que tenía en sus manos.

-¡Andrómaca!-exclamó casi sin voz. La pelirroja quedó atónita: Remus tenía las heridas del rostro mucho más marcadas que nunca y parecían estar en carne viva. Por instinto se llevó las manos a la boca y sintió lastima por él.-Veo que actúas como todos los demás.-le espetó Lupin, frunciendo el entrecejo.-Todos ponen la misma cara. Todos me tienen miedo.-

-¿Qué…qué te pasó?-Andy cerró la puerta a sus espaldas, rodeó la mesa y se sentó frente a él.

-¿No lo sabes?-Remus enarcó una ceja.

-¿Saber qué?-inquirió ella.

-Soy…soy…-Lupin soltó un suspiro.-…soy un hombre lobo.-la pelirroja quedó en silencio. Siempre se había preguntado la razón de aquellas heridas, pero jamás se le pasó por la cabeza la idea de que él fuese un esclavo de la Luna Llena.-Este es el momento en que te alejas de mí y no te atreves a mirarme nunca más. La gente tiende a hacer eso.-

-¿Y por qué crees que yo actuaría de la misma forma?-

Él se encogió de hombros.

-Todos lo hacen.-

-Bueno, lamento decepcionarte, Remus Lupin.-replicó ella.-Pero yo no soy como "todos".-él levantó la vista, pero luego la volvió a bajar. A Andy le dio la idea de que se avergonzaba de su estado.- ¿Qué te pasó?-preguntó, apoyando su mano contra la de él.

-Hoy había Luna Llena.-musitó él, bajando la vista.-Severus olvido traerme la poción Matalobos y…-tragó saliva.-…tuve una transformación en mi habitación. Por suerte Selene resultó ser buena en pociones.-

-Ay…Remus.-Andy sintió lastima por él.

-Soy un monstruo.-murmuró con dureza.

-No, no lo eres.-repicó Andrómaca. La puerta de la cocina se abrió de golpe y Sirius quedó mudo. Intercambió una mirada con los presentes e intentó decir algo, pero solo consiguió boquear varias veces.

-Pero…pero… ¡Pero, Remus, aquella chica sí que tenía uñas!-exclamó, riendo nerviosamente.

-No hace falta que actúes.-repuso Lupin.-Ya se lo dije.-

Sirius suspiró aliviado.

-Bueno, yo…eh…-se rascó la cabeza y señaló hacia arriba.-…venía a decirte que tu habitación está lista por si quieres ir a descansar.-Remus asintió.- Buenas noches, Andy.-ella le sonrió mientras Sirius se retiraba lentamente.

-¿Quieres que te acompañe a tu habitación?-preguntó Andrómaca, luego de unos instantes.

-Tengo que limpiarme esto antes.-señaló la gran cicatriz que le cruzaba desde la frente hasta por debajo del ojo.

-Yo te ayudo, mientras tanto, ¿te gustaría un poco de chocolate?-Remus sonrió tristemente y asintió.

Andrómaca hizo aparecer un botiquín de primeros auxilios mientras que dos toques a la estufa de la cocina puso a calentar un jarrito con leche. Luego de haber sacado un trozo de algodón, y haberlo empapado con un poco de alcohol, lo pasó suavemente sobre la herida. Remus alejó el rostro y ella no insistió, solo esperó.

-¿Enserio no te doy miedo?-volvió a preguntar.

-Oye, lo poco que recuerdo de la Primera Guerra Mágica fue el ataque de los Carroñeros.-murmuró Andy, soplando sobre la línea roja.-Y créeme al único hombre lobo que en verdad le temo es a Greyback. Ese hombre sí que es un…-se detuvo en seco y solo se limitó a seguir limpiando la herida.

-Sí, ese hombre es un monstruo.-finalizó Remus.-Y bastante oportuno que lo menciones, ya que fue él quien me mordió en primer lugar.-soltó una risa amarga mientras Andy bajaba lentamente la mano y ponía una mueca de estupefacción.

-¿Fenrir Greyback?-él asintió.- ¿Cómo…cómo?-

  • Cuando yo tenía cuatro años, comenzó a crecer la cantidad de magos que practicaban magia negra por lo que debíamos de andar con los ojos bien abiertos.-comenzó.-Mi padre trabajaba en el Ministerio y accidental ofendió a Greyback, quién, obviamente, se propuso a buscar venganza.-tragó saliva.-Averiguó cosas sobre mi padre y poco después mi quinto cumpleaños, mientras dormía, forzó la ventana de mi habitación y no dudo en atacarme.-apretó el puño contra la mesa.-Mis padres llegaron a tiempo para salvarme. Mientras mi madre me protegía, mi padre sacó a Greyback de la casa mediante unos cuantos hechizos. Y por más que hicieron todo lo posible, sabían perfectamente que sería un hombre malo.-cuando finalizó, Andy juro ver lágrimas en sus ojos.

-Ay, Remus.-susurró, apretándole la mano.-Lo…lo lamento tanto.-

-"Un mal sin alma que no merece más que la muerte".-Lupin soltó una risa amarga.-Eso solía decir mi padre. Como se nota que jamás imaginó el futuro de su hijo.-negó varias veces.-Por más que intentó ocultarme la verdad, terminé averiguándola por mi cuenta.-

Los dos quedaron en silencio, Andy tuvo la sensación de querer abrazarlo pero le parecía algo indebido, ya que apenas se conocían.

-Mi padre conocía al tuyo.-murmuró, apretándole más la mano.-Y cada vez que se detenían a hablar en los pasillos del Ministerio, no paraba de contarle cosas sobre ti; siempre mencionó que eras un hijo muy amoroso e inteligente, que te gustaba el chocolate y que eras encantador.-ella buscó los ojos de Lupin.- ¿Y quieres saber porque yo no te veo como un monstruo?-él asintió.-Porque la descripción que dio tu padre, se apega perfectamente a ti, Remus.-Lupin sonrió débilmente y atrapó los dedos de Andy en su mano, apretándolo suavemente. Ella notó que la tristeza que había en esos ojos ambarinos comenzó a disiparse, pero no del todo.- ¡Por Merlín!-exclamó, soltando la mano de Remus y poniéndose rápidamente de pie. El jarrito de la leche estaba a punto de rebalsar con una espuma espesa.

-Casi que me había olvidado del chocolate.-murmuró Remus, pasando su mano por su rostro.

-¿Alguna vez lo probaste con canela?-preguntó ella, enarcando una ceja.

-No, jamás.-admitió él.

-Bien, no sabes lo que te pierdas.-con chasquear los dedos hizo aparecer un frasco con un polvo marrón, parecido al chocolate.

Andrómaca preparó dos tazas, a las cuales le añadió una pisca de canela, y luego las hizo levitar hacia la mesa. Remus tomó la que le correspondía y se la llevó al rostro; respiró suavemente y sonrió.

-Gracias por haberme curado.-comentó. La pelirroja le restó importancia.-Bien, salud.-levantó su taza.

-Salud.-