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"Conquistando al Lobo." — capítulo 8

Capítulo 7:

"Una notificación para el número 4 de Privet Drive"

Pasado un mes desde que los Weasley se instalaron en Grimmauld Place, Andrómaca y Selene habían sido seleccionadas por Dumbledore para ser los ojos y oídos dentro del Ministerio. La tarea no era muy complicada, pero tampoco tan simple. Las dos eran la escolta personal de Fudge; asistían a todas las reuniones que estaban a su disposición y transportaban toda esa información de nuevo a la Orden. Para que el ministro no sospechase de ellas, había preparado litros de poción Multijugos para cambiar de apariencia los días que estaban de servicio; también Moody les había creado fichas de identidad falsas. Si había algo que les había advertido el Señor Weasley, era que Fudge sospecharía de todo aquel que estuviera relacionado con Dumbledore.

-¡Gracias a Dios ya nos vamos!-exclamó Selene luego de que Fudge hubiera regresado a su casa.- Pensé que el día no acabaría nunca.-se lamentó, soltando su tupida melena oscura.

-Solo falta terminar este reporte y nos iremos a casa, señorita Elsa.-añadió Andrómaca con sorna, mojando su pluma en el tintero. El rasgado con el pergamino, más el silencio de la oficina de Aurores, fue brutalmente interrumpido por una estruendosa carcajada de parte de Selene.

-Lo mismo digo, señorita Eva.-la pelirroja, (rubia, bajo la poción Multijugos), negó varias veces y siguió completando su reporte.- ¿No crees que está todo muy silencioso?-preguntó Selene, mirando a los alrededores.-Parece que hoy todo el mundo desapareció temprano.-

-Menos nosotras.-añadió Andrómaca, poniendo punto final a su escritura. La azabache, (castaña, bajo la poción Multijugos), se encogió de hombros y finalizó el último párrafo.-Pero sí, tienes razón; hay demasiado silencio.-Andrómaca recogió todas sus cosas y esperó a su amiga.

-Son las nueve de la noche.-comentó Selene, colgando su bolso sobre su hombro y tomando su saco de hilo fino.-Cinco minutos más y estaremos en casa, cenando, platicaremos un momento (tú hermano me debe una partida de ajedrez mágico), y luego a la cama.-soltó un suspiro mientras el sonido de sus tacones repiqueteaban contra el mármol de la oficina.-Y mañana, de nuevo a la rutina.-

-Mmm, hum.-murmuró Andrómaca, soltando el listón que sostenía su rubia melena.

Cuando llegaron al vestíbulo principal del Ministerio, junto a la enorme fuente de oro, se sorprendieron de ver pocos magos rondando. En un rincón del atrio, había un grupito de personas que hablaban en murmullos. De uno de los ascensores salió una bruja que sin duda resaltaba en la opacidad del lugar: estaba completamente vestida de rosa. Selene arrugó la nariz; Andrómaca sabía que era ese gesto. Según la joven Mckinnon, la moda era algo delicado en su vida y ver a esa mujer de baja estatura y cuerpo rechoncho, de semejanza con un gran sapo, de ojos saltones y cabello corto y rizado de color café,  vestida de color rosa chillón, y feos y exagerados anillos en los dedos, era algo que realmente la sobrepasaba.

-Buenas noches, Subsecretaria Umbridge.-saludó la pelirroja, con un leve asentimiento.

La bruja, camino con paso altivo por al lado de ambas muchachas y apenas solo un "buenas noches", antes de retomar su camino hacia las oficinas superiores.

Andrómaca se detuvo en medio del vestíbulo y siguió a la pequeña bruja con la mirada hasta que se perdió por completo.

-¿Qué ocurre?-preguntó Selene, colocándose junto a su amiga.

-Na…nada.-respondió. Pero si había algo; la Subsecretaria Umbridge tenía una sonrisa victoriosa en los labios, fácilmente se comparaba a la sonrisa que tenía un niño que recién acababa de cometer una travesura.-Sigamos.-ordenó.-Mamá debe de estar…-cuando volvió al frente, chocó contra alguien y el sonido de carpetas chocando contra el piso de mármol resonó en todo el Ministerio.

-¡Fíjate por donde vas!-chilló alguien. A Andrómaca le dio un vuelco al corazón. En todo el mes que había estado trabajando de encubierto, jamás se había topado con Percy y ahora…allí estaba.

-¡Lo lamento!-se apresuró a decir mientras se hincaba para ayudarlo a levantar los papeles. Lo que no cálculo es que los dos se agacharon al mismo y sus cabezas chocaron.

-¿Y dices ser Auror, Schmidt?-cuestionó Percy, acomodándose los anteojos.- ¡Bah! Ni siquiera te molestes en responderme.-le arrebató las carpetas de las manos y de un empujón la hizo a un lado, recorriendo a grandes zancadas la distancia que lo separaba de un ascensor.

-¡Idiota!-le gritó Selene.- Vamos, Andy.-la pelirroja siguió con la mirada como el ascensor daba una sacudida y se perdía en los pisos inferiores.-Andy.-la azabache la tomó suavemente del brazo.-No le diremos ni una palabra a tu madre sobre esto.-ella asintió.

Cuando se dispusieron a acercarse a las chimeneas, oyeron la voz de Mafalda Hopkirk, hablando con una bruja de túnica morada.

-¿Alguna novedad el día de hoy, mi querida Mafalda?-preguntó la segunda bruja.

-¡Ay, querida!-exclamó Mafalda.- Cosas que si te cuento, no lo creerías.-se llevó la mano al pecho y respiró profundamente.- Al parecer se ha detectado la presencia de dos Dementores en una zona residencial muggle.-Selene y Andrómaca se quedaron como estatuas al escuchar eso. Si era lo que ellas estaban pensando, tendrían una excelente bomba para contar en la Orden.

-¿Dementores?-chilló la segunda bruja.- ¿Dónde?-

-Little Whinging, Surrey.-respondió Hopkirk.-Según el Departamento de Seguridad Mágica, el niño Potter se encargó de expulsarlos mediante el encantamiento Patronus.-el bolso de Selene se escapó de su agarre y cayó al suelo. Ambas brujas las miraron al pasar junto a ambas amigas.

-Buenas noches.-saludaron con formalidad y desaparecieron en las dos primeras chimeneas que encontraron disponibles.

Selene y Andrómaca compartieron una mirada y se apresuraron a salir de allí.

..*

Luego de haber hecho un transbordo en la Madriguera, ambas chicas se aparecieron frente a Grimmauld Place. Entrando a trompicones, lograron abrirse paso en el vestíbulo de la casa de los Black. Selene tropezó con el paragüero en forma de pie de troll y cayó de bruces al suelo, Andrómaca se enredó con unas cortinas y envuelta en ellas ingresó a la cocina. Todos los presentes hicieron silencio al verla. Los gemelos contuvieron las risas, al igual que Ginny y Ron.

-Andy, hija, ¿qué pasó?-preguntó el señor Weasley, yendo hacia ella y ayudándola a desenredarse.

-¡Tenemos noticias!-exclamó, sacudiendo la cabeza y haciendo que los efectos de la posición desaparecieran.

-Habla.-ordenó Moody, corriendo la silla hacia atrás.

Andrómaca tomó una bocanada de aire, con la intención de liberarse del pesado polvo de las cortinas, y narró todo lo que escuchó por parte de Mafalda Hopkirk. No estando muy segura, omitió su observación hacia Dolores Umbridge y ni siquiera mencionó su tropezón con Percy.

-¡¿Dementores?!-chilló la señora Weasley.- ¡Pobre Harry!-se lamentó. Hermione, al igual que la señora Weasley, se llevó las manos a la boca.

Desde el vestíbulo se escucharon gritos. Sirius maldijo por lo bajo y se puso de pie con la intención de callar al retrato parlante de su madre.

-¡Suponemos que para este momento estarán enviándole la carta a Harry!-exclamó Selene, ingresando a la cocina.

-¿No que tenemos…?-

-¡Shhh!-la señora Weasley miró a los menores presentes.- ¡Todos a sus habitación, ahora!-ordenó. Los cuatro pelirrojos más Hermione refunfuñaron y salieron del lugar. Como los gemelos habían estado probando sus nuevos productos, se encargaron de poner hechizos silenciadores alrededor de la cocina.-Bien, ¿qué decías, hija?-

-¿No era que había magos cuidando de Harry?-preguntó la pelirroja.

-Los hay.-gruñó Moody.-Pero al parecer no están cumpliendo con sus órdenes.-golpeó la mesa con el puño.- ¡Más que seguro que Fletcher tiene algo que ver!-graznó.- Esa rata ladrona, buena para nada. Yo le advertí a Dumbledore que teníamos que poner a gente más especializada para esa tarea, pero él insistió y allí están los resultados.-

-¿Y qué pasará con Harry?-preguntó Selene, mientras Sirius ingresaba.

-¡Arriba!-gritó la señora Weasley, cuando vio a sus hijos intentando espiar. Segundos más tarde, se escucharon apresurados pasos que subían atropelladamente las escaleras.

-Sí es su primera falta, no pasara nada.-aseguró Tonks.

-Bueno…-Andrómaca se rascó la cabeza.-…esta es la tercera falta.-Selene asintió.

-Corre riesgo de expulsión de Hogwarts.-apuntó Remus, pasando su mano por debajo de su barbilla.

-Dumbledore tiene que hacer algo.-exclamó Sirius.- ¡No pueden expulsarlo porqué sí!-

-Y no lo harán.-aseguró la pelirroja.- El departamento de Seguridad Mágica especifica que un mago menor de edad puede hacer magia fuera de la escuela estando en una situación de vida o muerte.-

-¡Dementores, Harry tuvo una buena razón para defenderse!-protestó la señora Weasley.

-Por el momento solo podemos rogar que sean piadosos y no lo expulsen.-razonó el señor Weasley, masajeándose el puente de la nariz.-Y habrá que esperar a que Dumbledore tenga un as bajo la manga.-