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50 Sombras de oscuridad — capítulo 3
Era viernes por la mañana, habían pasado casi dos semanas desde que salí de la casa de mis padres, nunca en mi vida había estado tan feliz, el no tener que escuchar la voz de mi madre cada mañana reprochándome el hecho de que había dejado los estudios y que debía trabajar o con ella en la editorial o con mi padre, era francamente insoportable.
Aún no puedo creérmelo, pero sé que no todo va ser como estas dos últimas semanas, se acabaran los paseos al atardecer por la playa, las comidas en New York, pero no me importa, yo no necesito lujos y tengo muy claro que antes de volver con mis padres, prefiero vivir bajo un puente o morirme de hambre.
Al cabo de unos instantes, intente apartar esos pensamientos de mi mente y me levante de la cama, estaba sola, Harry se había ido a las cinco de la mañana al aeropuerto ya que debía acompañar a su padre a D.C. Así que voy a estar oficialmente sola con Sarah durante dos días, hasta que él regrese.
Entre en el baño, encendí la ducha y me quite el pijama y me metí en el plato de ducha, el agua estaba helada, pero no me importaba, al contrario, no soportaba bañarme o ducharme con agua caliente. Después de diez minutos de relax, salí de la ducha me seque rápidamente con la toalla y me puso unos vaqueros ajustados y una camisa blanca, cogí el secador de su soporte y empecé a secarme el pelo, a los cinco minutos mi pelo estaba seco y recogido en una coleta alta. Me maquille y baje abajo.
En el último tiempo había cogido por costumbre desayunar una copa de Bourbon con hielo era lo único que me relajaba y a la vez me daba la energía suficiente para afrontar el día, gracias a dios poca gente sabia de mi nueva costumbre, en realidad la única persona que lo sabía era Gail, mi nana, que cada vez que me veía no perdía la ocasión para regañarme, ahora también lo sabría Sarah, pero la verdad es que no me importaba, no era ninguna alcohólica, no tenia, ni tengo nada que esconder.
Al salir de la habitación me doy cuenta de que no llevo zapatos, así me doy media vuelta y abro el vestidor. Rápidamente mi mirada se posó en mis zapatos favoritos unos Stiletto Louboutin granates.
Cogí una mi bolso a juego de Coco Channel y una americana negra ya que estaba refrescando, lo más probable es que lloviese, cosa que me encanta, adoro la lluvia.
Cuando salí de la habitación eran las nueve y cinco minutos, baje las escaleras a toda prisa, en veinticinco minutos debía estar recogiendo mi vestido para la gala que habían organizado mis abuelos paternos, a pesar de este el distanciamiento con mi familia no podría faltar al evento, estuve ayudando a mi abuela durante dos meses a organizar todo y no por culpa de mis padres iba a dejar de ir. Además que les reservo una gran sorpresa que les dejará de piedra.
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Buenos días - me saluda Sarah bajándome de la nube.
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Buenos días - le respondo.
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¿Qué quieres desayunar?
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me pregunta mientras deja el zumo de naranja en la encimera.
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No, muchas gracias, la verdad es que tengo prisa, voy a llegar tarde a una reunión, lo siento - confesé, le di un beso en la mejilla, cogí las lleves del estupendo Ferrari Berlinetta de Harry. Solo una vez me había dejado conducirlo, así que era mi oportunidad ya que no estaba, aunque tengo que reconocer que no daba mí Honda NSX por nada en el mundo, me lo regalaron Jason y Gail en cuanto me saque el carnet y le tenía especial cariño, era del mismo gris metálico que mis ojos.
Al salir del ascensor fui a toda prisa hacia el Ferrari, realmente llegaría tarde.
Tuve especial cuidado al sacarlo del garaje, sabía que si le hacía un solo arañazo Harry me mataría. Quería a ese coche tanto o más que a mí, cosa que no me importaba porque lo mismo me pasaba con mi Honda.
No había casi trafico así que eso me facilito un poco las cosas, a los diez minutos llegue a la sastrería donde me estaban arreglando el vestido. Después de pagarle y agradecerle a Marlene que me arreglara en vestido con tampoco tiempo, rápidamente entro en el coche, tengo cinco minutos para llegar a mi reunión. Me tocó esperar en los siguientes cinco semáforos en rojo, me estaba desesperando.
De pronto suena el teléfono, pongo el manos libres.
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Diga - respondí mientras piso en acelerador ya que el semáforo se ha puesto en verde.
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¿Qué tal has empezado el día nena? - me preguntó una dulce voz, es Harry.
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Con todos los malditos semáforos en rojo - respondo mientras aparco. Harry suelta una estridente carcajada.
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Eso se llama Karma querida, has cogido mi coche sin permiso - pillada, pienso mientras una sonrisa culpable adorna mi rostro - y el karma te castiga haciéndote llegar tarde - me explicó mientras volvía a reírse.
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¿Cómo sabes que he cogido tu Ferrari? - la única que podía habérselo dicho era Sarah, pero no creo que le haya llamado apropósito para decirle que le había cogido el coche, ella no era así.
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Todos los coches que tengo incluso el tuyo tienen un localizador y cada vez que cojo ese coche tengo que activar un código para que sepan que soy quien lo está usando y no lo han robado, pero esta mañana ha saltado la alarma porque el coche estaba en movimiento y sabían que yo estaba en D.C, y cuando me dijeron que el coche estaba delante de la sastrería supe que eras tú, además deje las llaves a la vista, sabía que lo cogerías - confesó en tono jocoso.
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Cazada, lo siento pero sabes que me encanta ¿Por cierto quien es de el Range Rover que me está siguiendo? - Harry se quedó callado durante unos instantes.
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Es tu nuevo guardaespaldas, se supone que no debías descubrirlo - confesó con aire culpable.
- Harry, mi familia siempre ha tenido escolta hubo un tiempo en el que yo también, se perfectamente cuando alguien me está siguiendo, da igual lo bueno que sea y sabes que se me da mejor, librarme de ellos -
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Ni se te ocurra - me advirtió muy serio - Hago esto por tu bien - suspire y una sonrisa sarcástica adorno mi rostro.
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Y pasa saber en todo momento donde estoy. Sebes se te están pegando algunas mañas de mi padre y sebes que no soporto que me controlen, te quiero - no le di tiempo a que me contestara porque colgué, ya había perdido demasiado tiempo, además no pasaba nada si le dejaba sufrir un rato. Salí del coche y entre en el bar que había en la esquina de la calle.
Era la mejor licorería de todo Seattle. En la barra en uno de los taburetes que había en la esquina estaba una distinguida sociedad, su melena rubia platina resaltaba entre todas las demás, estaba hablando con el barman, un gran amigo de ambas, me acerque lentamente había ella y me senté en el taburete de al lado.
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Elena siento mucho haber llegado tarde, de verdad, es que hoy el trafico hoy no estaba de mi parte - la rubia me dedico una de sus mejores sonrisas reconfortantes y nos dimos dos besos - Hola Sam - salude al barman mientras me ponía de pie para darle a él también dos besos.
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Tranquila querida yo también he llegado tarde. ¿Ahora dime porque tanto misterio antes de ayer por la noche? - me pregunto Elena después de darle un trago a su Martini.
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Prepara para esta noche tú mejor vestido de etiqueta, necesito que me acompañes a una fiesta benéfica -
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¿No será la fiesta que tu abuela lleva meses organizando? - me preguntó con un deje de reproche.
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Sí, esa es la fiesta a la que quiero que me acompañes. Y antes de que digas que no, piénsalo, mira Harry no está en la ciudad y yo sola no voy a presentarme, necesito apoyo moral, por favor, por favor, por favor - le suplique.
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¿Sabes cómo reaccionarán tus padres y tu abuela? No creo que sea una buena idea - no iba a darme por vencida, así que insistí más.
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En primer lugar, es una fiesta benéfica, de etiqueta, no harán un escándalo entando allí todo la sociedad de Seattle y mucho menos estando la prensa y en todo caso si lo intentan, ellos saldrían perdiendo, en ningún momento voy a permitir que te falten el respeto. Así que si es por eso por lo que estas preocupada, relájate por que no pasará nada. Ahora hablemos de otra cosa ¿Cuánto vas a donar? - Elena suspiro resignada, si, había conseguido convencerla.
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No lo sé, supongo que unos 100.000$ ¿Y tú? -
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Harry y yo hemos decidido donar 1.000.000$, es una buena causa, no se estos días me siento generosa, ya veremos si sigo así todo el día, bueno te dejo para que te vayas preparando, nos vemos a las nueve - le dio dos besos para despedirme de ella, salí del bar y justo cuando iba a entrar en el coche alguien me agarró del brazo, obligándome a darme la vuelta para ver quién era.
Me sorprendí mucho cuando vi a mi nana, Gail. Nada más girarme me dio un abrazo que correspondí.
- ¿Cómo has estado mi niña? - me preguntó mientras nos separábamos lentamente, asentí para decirle que bien - No sabes lo mucho que te echamos de menos
Pero antes de que siguiera la interrumpí.
- ¿Por qué no vamos a dar una vuelta y hablamos tranquilamente? - le pregunte, mi nana asintió y ambas nos subimos al coche, aunque no estaba segura de sí era buena idea hablar del tema mientras estoy conduciendo, en un arrebato puedo provocar un accidente.
Salí del aparcamiento y emprendí la marchar hacia la casa de mis padres, sabía que acabaríamos discutiendo y al menos quería dejarla cerca de casa. Estaba conduciendo más lento de lo normal, quería que nos diese tiempo a hablar, además no la llevaría hasta casa.
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¿Cómo es que no te ha acompañado Jason a hacer la compra? - mi nana me miraba fijamente, parecía muy enfadada conmigo.
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Vuelve a casa. Mi niña, nunca había visto a tu padre llorar así, ni siquiera cundo secuestraron a tu madre, no saben porque te has ido. Toda la familia esta desconcertada, tu hermano está muy enfadado, grita a la mínima, tu padre les ha prohibido que hablen contigo dice que si realmente quieres estar sola y no verlos nunca más que así será -
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No esperaba menos - comente.
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Mi niña tu madre no se quiere levantar de la cama, se pasa todo el día llorando tu tía Kate no sabe qué hacer con ella, todo está patas arriba -
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La verdad nana es que no me importa en lo más mínimo, todo ellos se lo han buscado, excepto mi hermano y mis abuelos, a los que quiero que les digas por favor que siento mucho toda esta situación y que por favor no se sientan culpables y que estoy perfectamente y más feliz que nunca. Solo puedo decir que me arrepiento de no haberme ido antes, me hubiese ahorrado mucho sufrimiento - confesé sin miramientos, mi nana me miraba atónita.
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No puedo que estés hablando así, son tus padres, es tu familia - paro el coche, estábamos a veinte metros de la casa, Salí del coche y Gail también.
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No te permito que me reproches nada, tu más que nadie sabes el infierno que ha sido mi vida, muchas noches estuviste en vela para poder tranquilizar mis arranques de ira o de tristeza, así que no me digas que soy demasiado cruel, porque solo acabo de empezar. Si quieres le dices a mi hermano lo que te he dicho, si no ya veré la manera de que se entere -
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¿Por qué no me lo dices tú misma? - pregunto una voz a mi espalda, era él, mi hermanito.
Corrí hacia él y nos fundimos en un fuerte abrazo. A pesar de que nuestros padres siempre lo prefirieron a él, yo sabía que él no había hecho nada nunca para que las cosas sucedieran así, al contrario siempre me defendió, por eso lo quería tanto.
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Vuelve a casa cariño, todo se ha ido a la mierda sin ti - me susurró al oído
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Ya sabes que no puedo, he estado esperando a irme durante mucho tiempo, no volvería por nada en el mundo - confesé mientras me separaba de Teddy.
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Entiendo tu postura y sé que tienes razón, pero por favor habla con ellos. Sé que te han hecho mucho daño, pero por favor - me suplicó Teddy.
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No puedo, no quiero verlos, no estoy preparada para hablar con ellos. Pero si quiero que les digas que dejen de hacerse las víctimas y dejen el maldito teatro, si no habrá consecuencias. Nos vemos esta noche en la fiesta benéfica, te quiero - intente cercarme a él para darle un beso, pero dio un paso atrás, sabía que estaba enfadado, pero yo no podía hacer nada para remediarlo, así que abrí la puerta del Ferrari, di la vuelta y emprendí de nuevo la marcha hacia mi nueva casa.
En parte me sentía culpable porque sabía que mi hermano, mi nana, Jason y mis abuelos no tenían la culpa de mi mala relación con mis padres, ni mucho menos de todo el odio que había acumulado hacia ellos y sin embargo estaban en medio. Pero yo no podía hacer nada para remediarlo, no quería perdonarlos, era algo que por el momento veía inconcebible. Seria faltar a mis principios.
Subí la música al máximo, necesito distraerme con urgencia. Tardaré una hora en llegar al centro de Seattle y tengo mucho tiempo para analizar las cosas fríamente.
Se perfectamente que algún día tengo que afrontar la situación y hablar con Ana y Christian, poner los puntos sobre las pero todavía no era el momento, temo mi reacción si tenemos una conversación demasiado pronto.