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3º Generación: Primer año. — capítulo 6
Capítulo 5
Una torre con dos varitas cruzadas.
El tiempo empeoró hasta finales de octubre y principios de noviembre. Hogwarts ya sufría el frío invierno por adelantado, y los terrenos ya estaban encharcados por las lloviznas de cada noche. El lago estaba revuelto, y el gran Sauce Boxeador se tambaleaba más de lo normal por el temporal. Las chimeneas del castillo se prendieron con el primer soplo de frío de finales de octubre, y todos los estudiantes quedaron aislados por el temporal en el interior del castillo. Se suspendieron las clases de Cuidados de Criaturas mágicas y Herbología, aunque la temporada de Quidditch continuaba. Gryffindor volvió a jugar tres veces después de su victoria con Slytherin, pero no con grandes victorias, sino con derrotas incluso de la casa Hufflepuff, cuyo Buscadora era del mismo curso que James. Fue ese bullo lo que merodeaba por los pasillos, sin contar que los estudiantes y profesores se percataron de la desaparición de otro de los fantasmas; Edgar Clogg, un antiguo jugador de Quidditch de sus años antiguos y que merodeaba los fines de semana por el estadio, y el Fraile Gordo, el fantasma de la casa Hufflepuff. Aquellas desapariciones hizo que Rose actuase cuanto antes en su investigación.
Caía últimas semanas de noviembre y la joven Rose apenas pudo encontrar información detallada de magos o brujas fallecidas en el año 1649, ni siquiera las iniciales de M.R. que tanto la abrumaba la cabeza para desenredar ese puzle. Pensó que si al menos tuviese algo de su madre, podía haber resuelto el acertijo a los dos días de tener el broche, pero ya pasaron varias semanas y no consiguieron nada; ni siquiera Albus pudo hablar con el profesor Arthur Sullivan porque no se encontraba en el castillo.
Buenas tardes Rose, ¿Qué haces que no estás en el Gran Comedor? -
Estoy algo ocupada James… - le dijo -
¿Deberes acaso? -
No encuentro información, nada más. He leído todos los libros de la biblioteca y nada, sigo estando sin resolver nada de nada… - dijo abrumada -
James se acercó por detrás de Rose y la abordó con su curiosidad. Sobre la mesa de la torre de Gryffindor, Rose tenía un pergamino y el broche que Albus encontró. Había en el pergamino garabatos hechos y tachados, fechas por arriba y por abajo, incluso títulos de libros que James conocía. El joven Potter le arrebató rápidamente el broche y lo sostuvo con sus manos, contemplándolo con la luz de las velas.
Es un broche muy bonito… ¿estás buscando su origen, no? -
Así es, ¿me lo devuelves por favor? -
Creo que puedo ayudarte - le dijo, devolviéndole el broche - Aunque dudo que te guste mi proposición -
¿Y de qué se trata James? -
James agarró una silla y se sentó a la vera de su prima. Miró a todos los lados esperando no encontrar a nadie, y sacó de su túnica un antiguo y descuidado pergamino que lo extendió sobre los apuntes de su prima. Ahí, Rose reconoció lo que era y miró a James extrañada. Era el Mapa del Merodeador, una reliquia por así decirlo de la familia Potter desde los orígenes de éstos, y Rose pensó, indagando en su cabeza, ¿en qué le ayudaría ese mapa en su búsqueda?.
Hay un lugar en el castillo donde podrás obtener más información - le murmuró - Pero solo puedes ir cuando la noche cae en el castillo… -
Me estás asustando James… -
La Sección Prohibida - masculló -
Rose agudizó el oído y se le puso la piel de gallina cuando se lo dijo. La Sección Prohibida era un lugar en donde Rose jamás pensó entrar por las normas establecidas en el castillo, y aparte de que su tío Harry le contó que en ese lugar se esconde cosas inimaginables y peligrosas para la mente y ambición humana, pero podía ser el único lugar donde podría hallar las respuestas que ella necesitaba obtener. James le entregó el Mapa del Merodeador y le explicó su funcionamiento y el motivo del por qué debería usarlo. Debía estar pendiente del mapa, ya que reflejaba a cada persona que andaba por el castillo, y ya que no podrá cubrirse las espaldas por si algún prefecto la pillase, el mapa le ayudaría a ocultarse de aquellos que vigilaban el castillo a esas horas. Rose le pareció perfecto el plan, pero no debía ir sola.
Se lo propuso a James, pero se negó a ir.
Prometí no pisar una biblioteca jamás - le dijo James -
¿Te dan alergia? - vaciló Rose mientras se guardaba el broche y el mapa dentro de la túnica -
Más bien me expulsaron el curso pasado por prender **"accidentalmente"**varios libros de Historia de la Magia… -
James, ¿en serio? - se extrañó -
Bueno… también los libros infantiles… - replicó - ¡Pero bueno, da igual!, búscate a una de tus serpientes que te acompañe… o a Albus -
Mejor iré sola - dijo - Bastante tiene Albus con encontrar al profesor Sullivan… -
Cómo veas, pero mientras me traigas el mapa de vuelta… -
¡Que sí!, no te preocupes más anda… -
En el Gran Comedor, la mayoría de estudiantes pasaban la tarde sin poder salir a los terrenos, haciendo los deberes y picoteando de bocadillos que había sobre las mesas. Albus se encontraba con Scorpius, y Stefan y Loren andaban merodeando por la sala común realizando un trabajo de Transformaciones.
Scorpius andaba agitando la cuchara en el vaso mientras que Albus leía El Profeta que había en el banco de al lado. Era una tarde aburrida para todos, incluso para ellos por todo lo que tenían que hacer por descubrir las extrañas desapariciones y el misterioso broche. Desde que obtuvo el broche, apenas se le veía a Peeves gastando bromas, aunque Victoire lo agradecía porque así no le hacía las vigilancias nocturnas insoportables.
Oye Al, ¿tienes el broche? -
Lo tiene Rose. Se lo di hace unas semanas… - contestó - ¿Por? -
¿Recuerdas como era el emblema que tenía? -
Pues no muy bien… pero era una torre y dos varitas cruzadas -
Scorpius asintió mientras escribía el emblema en un pequeño pergamino que tenía en la túnica. Al le echó un vistazo y asintió al ver que era calcado al del broche.
¡Sí!, así es -
Lo sabía - masculló - ¿Sabes dónde está este emblema, no? -
Pues no… ¿acaso lo has visto? - saltó Al sorprendido -
¡Claro que sí! - Exclamó - En el lago hay un pequeño arrecife donde suelo ir a practicar los encantamientos, ¡y este mismo grabado aparece en la piedra!, no muy claro y desgastado, ¡pero si, es el mismo! -
¡Debemos decírselo a los demás!, iré donde Rose, díselo a Stefan y Loren, intentaremos ir cuando nos abran las puertas -
Aunque siempre podemos ir sin que nos descubran - propuso Scorpius con un tono divertido que le hizo pensar a Albus en su proposición -
* * *
En el Ministerio de Magia, la revolución de pequeños rumores de asesinatos ocurridos estos últimos días, ha alertado a la seguridad mágica. El cuartel de aurores estaba completamente vacío porque la mayoría andaban buscando indicios o pistas de lo que ha podido pasar con estos asesinatos, y también en San Mungo, donde los seis cadáveres fueron llevados para investigar las causas de la muerte. Harry Potter era el jefe de oficina del cuartel de aurores, e intentaba cesar la muchedumbre que se había formado en un par de horas. El Profeta y otras comunicaciones estaban en el gran vestíbulo, atendiendo a las palabras del señor Potter.
¡Calmen por favor!, estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos. Y si, fueron asesinados; aún desconocemos sus identidades, pero eran magos… ¡No os preocupéis, que cazaremos al culpable! Muchas gracias -
Harry regresó a la oficina después del comunicado, y ahí vio a Hermione que aguardaba preocupada en el escritorio de Harry, y el Ministro de Magia Kingsley, que caminaba de arriba abajo por la oficina. Cuando entró, Hermione se levantó y se dirigió a él con cara de preocupación.
Harry, no han encontrado nada -
¿Nada?, ¿La Orden no ha conseguido nada? -
Únicamente dolor de pies - vaciló Kingsley -
Vaya… - Harry golpeó la mesa - Los aurores no han encontrado nada, los sanadores desconocen los motivos de la muerte, y la Orden no ha conseguido ni siquiera nada de información… - recapituló, algo cabreado -
Tranquilízate - saltó Hermione - Mira, porque debo irme a casa a cuidar de Hugo, pero iré con Ronald y con algunos más a las escenas de los crímenes, ¿vale? -
Hermione le besó en la mejilla.
Nos veremos… hasta luego señor Ministro -
En un golpe de aire, Hermione desapareció del despacho. Kingsley se rascó la nuca, era una situación difícil para la comunidad, y no tenían ni siquiera un hilo por dónde tirar y comenzar. Harry confiaba en la Orden del Fénix, pero desde hace unos años, la Orden comenzó a caer y a separarse poco a poco, pero sin perder el contacto. Ya no eran los de antes, habían madurado, incluso algunos decidieron dejar la varita escondida en el cajón después de lo que vivieron tiempo atrás, pero Harry aún tenía esa pequeña esperanza en su interior.
¿Qué planeas señor Potter?, ¿alguna idea? -
Tal vez - asintió - En todos los asesinatos hay algo que concuerda, sobre todo en los cuerpos de los asesinados -
¿Algo en sus cuerpos?, no me he fijado… -
Abre mi cajón, segunda carpeta roja -
Kingsley siguió sus indicaciones y cogió la carpeta en donde había un gran rótulo con el sello de San Mungo. La abrió y vio las fotos de las víctimas. Todas estaban carbonizadas, y apenas se les reconocía; aunque algo tenían todos los cuerpos en común. Un extraño sello grabado en su cuello; una torre con dos varitas cruzadas.
Un símbolo -
Sí. La persona que ha arrebatado sus vidas, les ha grabado a fuego ese símbolo -
Buena vista - le felicitó - Llevaré la carpeta al departamento para que investiguen que significa o hacia donde nos llevaría -
Bien, espero tener resultados pronto, señor Ministro -
Sabes que soy puntual - asintió sonriendo - Pronto tendrás las respuestas que buscas, señor Potter… -
* * *
Subiendo por las escalinatas de mármol, Albus se topó con una Rose bastante distraída que se encaminaba hacia la Biblioteca. Era crucial resolver el enigma del broche antes de las navidades que estaban a la vuelta de la esquina. Cuando Rose giró hacia el pasillo, fue cuando vio a un Albus sofocado y por donde su frente resbalaba gotas de sudor.
¡Al fin te encuentro! -
¡Que susto AL!, ¿Qué pasa? -
Scorpius ha visto el emblema del broche en el lago, ¡en el lago! -
¿Cómo?, ¿en el lago? - Rose se detuvo -
Si, grabada en unas rocas… creo que si vamos al lago, encontraremos algo interesante, ¿no crees Rose? -
No se… - dijo - Aún debemos saber quién es el poseedor de ese broche ¿no crees?, que por cierto… iba a ir a la biblioteca ahora mismo -
Vaya… - suspiró y agachó la vista al suelo - ¿Entonces…? -
Id vosotros al lago - dijo Rose sin importarle - Aunque dudo que podáis salir del castillo estando todo cerrado… - sonrió pícaramente, mientras palpaba el mapa en su túnica - Así que bueno… si vais, tened cuidado -
¡Espera! - Albus le agarró del brazo antes de que se fuese -
¿Qué quieres ahora…?, tengo prisa y lo sabes… -
Bueno… nada, lo siento… -
Le soltó el brazo y dejó marchar a Rose hacia la biblioteca, aunque le hubiese gustado dejarle un recado a Rose para que se lo pasara a su hermano cuando pudiera verle. La conversación que tuvo con él el día de su primer partido de Quidditch, le supo a poco. Quería estar con su hermano, claramente, y que le ayudase en descifrar este misterio que merodeaba por el castillo; porque aunque le mirase de esa mala manera por ser Slytherin, y por no intercambiar palabras durante cinco minutos en ningún momento, sabía que James quería también estar con él, aunque su apariencia exterior no reflejaba lo mismo. En todo caso, pensó Albus, que tendrían unas navidades para aclarar todas las dudas entre ambos, saber la opinión de él y qué hará a partir del momento en que hablen los dos a solas en casa… aunque para eso aún quedaba.
Albus retrocedió sus pasos y se topó con su cuadrilla de Slytherins que aguardaban en el umbral de las Mazmorras. Al parecer ya estaban al tanto, y Scorpius tenía una mirada chispeante como si tendría la solución a sus problemas.
Rose no viene - les dijo a sus amigos - Así que estaremos nosotros. Scorpius, ¿ya sabes la manera de salir, o no? -
Claro que si… un Malfoy es astuto - vaciló, haciendo que sus compañeros le mirasen como si no tuviese remedio el pobre chaval - Estad atentos… hace unos días descubrí que los elfos de las cocinas salen y entran del castillo para ir a beber a una taberna de Hogsmeade, y cómo les pillé mientras hablaban… me dijeron como salían de aquí sin atravesar la puerta cerrada… -
Vaya con los elfos - comentó Stefan -
El caso es que tras acabar los tiempos oscuros de nuestros padres - explicó mirando a Albus exclusivamente - Los pasadizos se cerraron, pero otros fueron creados por el propio castillo a lo largo de los años… y hay un pasadizo exacto que nos llevaría al embarcadero de Hogwarts, muy cerca del lago -
¿Y dónde es ese pasadizo? -
La sala de Trofeos de Hogwarts -
Cuando la luna llena se reflejó en el techo encantado del Gran Comedor, los cuatro Slytherins accedieron a la sala de Trofeos del castillo y atravesaron el pasadizo que se encontraba en el interior de la chimenea. En ese momento, Rose estaba oculta en la biblioteca cuando la bibliotecaria abandonó su puesto. Extendió el Mapa del Merodeador sobre una de las mesas y posó la punta de la varita sobre ella, pronunciando las palabras adecuadas.
De repente, el pergamino comenzó a dibujar tramos y nombres, hasta que se completó, y vio en un fugaz segundo, los nombres de Albus, Loren, Stefan y Scorpius, desaparecer por arte de magia en la sala de Trofeos. Se extrañó por un instante, pero desvió la mirada a las personas que merodeaban por la misma planta. Victoire Weasley, sus huellas, aparecían muy cerca de la biblioteca, y la directora Minerva McGonagall aguardaba en esa misma planta frente a su despacho. Debía apresurarse, así que marchó directamente al ala norte de la biblioteca en donde estaba la Sección Prohibida.
Alohomora… - conjuró sobre la puerta -
La puerta emitió un suave crujido y se abrió poco a poco. Rose entró con cuidado, dejando el mapa sobre una de las mesas junto al broche, y comenzó su búsqueda.
¿Dónde podré encontrar esas malditas iniciales? -
Rose comenzó por las primeras estanterías que contenían varios libros descatalogados de la propia biblioteca, e incluso algunos cubiertos por cadenas. Se preguntó cómo podían tener esos libros, si estaban prohibidos en el colegio… pero al parecer eso era otro misterio sin importancia. La joven Weasley se cubrió las manos con una gran pila de libros que dejó caer sobre la mesa, todos de la edad media, antiguos magos y brujas, algún libro de simbología e incluso de Runas Antiguas del siglo XV. Comenzó a sentirse como una MINI-HERMIONE-GRANGERen ese momento, y disfrutó, cómo no, rebuscando entre las antiguas hojas de los libros… pero lo que no sabía es que la respuesta lo tenía frente a sus narices. En un fugaz vistazo al fondo de la Sección Prohibida, vio algo que le llamó la atención bastante, tanto que dejó los libros y el mapa, y se encaminó hacia el final. Había dos estanterías viejas con pocos libros, y en el medio de éstas una pared rocosa, oscura y con una débil luz que desprendía unas pequeñas marcas en forma circular. Al acercarse para verlo mejor, vio algo que la sorprendió por completo, algo que no se esperaba encontrar en ese lugar en aquel preciso momento.
Es el broche -
Rose acarició un orificio que tenía la misma forma del broche y estaba grabado el escudo de la torre y las dos varitas. En ese orificio estaba la luz tenue que vio, y cayó en la cuenta que detrás había algo. Comenzó a empujar la pared rocosa e incluso dándole golpes secos, pero nada… hasta que la pequeña Granger que llevaba dentro por parte de su madre, intuyó que se abría con el broche. Volvió a la mesa, cogió el broche, y sin pensar en el peligro que eso podía tener, lo introdujo en el orificio que tan bien entró a la primera.
Sonó un fuerte crack que hizo retroceder a Rose con el broche en la mano. La pared rocosa comenzó a temblar poco a poco, y la luz tenue se convirtió en un baño de luz que iluminó toda la Sección Prohibida.
La puerta ha sido abierta.
Nota de autor:
¿Me matáis, no?, bueno... hasta aquí el capítulo 5... como siempre con algo de suspense al final (xD); la próxima actualización espero hacerla el fin de semana, pero es que ando atareado de exámenes y apenas puedo conectarme. Así que este capítulo se lo dedico a todos los que agregaron la historia a favoritos, los que comentan y hacen que mi 3ºGeneración siga con vida.