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3º Generación: Primer año. — capítulo 8

Capítulo 7

El hogar que tanto añoraban

                       Albus despertó sobresaltado en sus sábanas mojadas de sudor. Había pasado una mala noche por el frío, pero estuvo abrigado con cuatro mantas y con una bata blanca que ya le quedaba pequeño. Se rascó los ojos y echó un vistazo por la ventana que estaba sobre su cama. Todo el jardín trasero estaba cubierto de nieve, y entre el frío de la primera hora de la mañana, estaba su padre junto a su primo Ted, que andaban montando una carpa para la cena de navidad de dentro unos días. Albus adoraba a Ted por haberle cuidado tantas veces de pequeño y de haberle defendido de su hermano mayor en ciertos momentos; tanto que parecían hermanos, aunque su verdadero hermano, James, dormía frente a él en otra cama. Ambos hermanos llevaban compartiendo habitación desde muy pequeños, pero su padre les prometió que cuando Ted encontrara un lugar donde vivir, su habitación acabaría siendo para uno de los dos, pero Albus perdió la esperanza. Ted tenía ya dieciocho años, graduado, y aún no se había marchado.

Al no poder conciliar el sueño, Albus se bajó de la cama y se dirigió al pasillo descalzo y con la bata atada. Un olor familiar le llegó desde la cocina, y bajó las escaleras con cuidado para ver el origen de ese olor. Allí estaba su hermana pequeña, Lily, junto a una Lucy de catorce años y una Molly de diez. Eran sus primos por parte de su tío Percy, el cual estaba en la cocina con su esposa preparando sus tortas de miel que tanto gustaba a los tres hermanos Potter.

¡Dormilón! - saltó Lucy cuando le vio atravesar la cocina medio adormilado y dejándose caer en la silla como un cojín -

Buenos días Albus - saludó su tío Percy -

Hola a todos… - bostezó - ¿Cuándo habéis llegado?, no os he oído… -

¡Usamos la red flú! - saltó Molly emocionada -

Oh vaya… - sonrió -

Oye Albus, en la torre de Ravenclaw no paran de hablar de ti… ¿cómo estás en la casa Slytherin? - preguntó Lucy -

Lucy Weasley estaba en cuarto año en Hogwarts y pertenecía a la casa Ravenclaw al igual que lo fue su madre, y era, por así decirlo, la chica más popular de su casa, ya que era una jugadora de Quidditch excepcional, tanto que en el último partido hizo ella todas las puntuaciones. Albus sabía que Lucy era la comidilla de su casa por ser excepcional y muy buena en casi todas las materias, en especial en Transformaciones, y sabía que su caída en Slytherin le pareció buena idea por cambiar esa fama de que los Potter debían ser Gryffindor sí o sí.

Bastante bien. He hecho gran amistad con varios, incluso de un Malfoy - vaciló, pero la cara de Lily era como un poema. - Lily, no me mires así… Scorpius Malfoy es una gran persona eh… olvídate de lo que tío Ronald te metió en la cabeza, anda -

Pero… - Lily apenas podía hablar. Tenía la boca repleta de tortas y las manos manchadas de miel - Esg ung Magfoy…- dijo, aún con la boca llena -

Las apariencias engañan - comentó James incorporándose en la conversación - Buenos días a todos… - saludó - Veo que tía Audrey sigue conquistándonos con sus deliciosas tortas -

Oh James - sonrió su tía - Lo hago para que no estorbéis mientras preparamos las cosas para la navidad… - dijo bromeando - ¡Ya está!, dejo esta bandeja para el resto ¿vale?, ¡NO COGÁIS!, Percy y yo saldremos ayudar a colocar la carpa… que veo que Ted anda ayudando… -

Luego nos vemos chicos. Lucy, cuida a Molly -

Que si… - rechistó -

Albus se sintió como en casa nuevamente y le agradaba estar en la cocina como antes con su familia, aunque James seguía perturbado desde el día de la Ceremonia. En esa mesa aún faltaba familia por aparecer, ya que días antes de la navidad, todos los Weasley regresaban a La Madriguera para instalarse, traer regalos y ayudar con los preparativos; pero Albus pensó que también faltaban sus amigos… Stefan y Loren, los que se quedaron en Hogwarts, y su amigo Scorpius Malfoy. Aun así, el resto de la familia Weasley estaban por llegar. En el centro de Londres, en el antiguo barrio en donde la familia Granger vivía hace años, se encontraba Ronald con Hermione, en aquella casa donde la castaña creció.

¡Oh venga Hugo, que debemos irnos ya! -

¡Que no me voy con esta chaqueta, es fea! -

¡Te lo ha hecho tu abuela, póntelo ya o le diré a mamá! -

¡No quiero papá! - gritó Hugo -

En sus manos llevaba una chaqueta de punto con una letra grande de tono marrón. Una ''H''. Ronald intentaba que su hijo se lo pusiese el típico regalo que su madre le hacía en su adolescencia, aunque entendía a su hijo, debía llevarlo puesto por ser un regalo hecho por su abuela. Hermione observaba la escena con diversión, porque veía a Hugo como una calca de su marido, aunque en castaño…

Mira que son tal para cual - comentó Hermione a su hija, que estaba en la cocina con una pila de libros - ¿Qué, sigues estudiando? -

No… solo es que ando buscando información -

¿Puedo? -

Rose aceptó y su madre se acercó  para ayudarla. Tomó el pergamino que tenía delante y vio varios nombres y apellidos.

¿Buscas información de esas personas hija? -

Así es… es un trabajo del profesor Sullivan para Historia - mintió - Pero no viene nada en los libros referentes a estos magos… -

Si no viene en los libros… debe de estar en el registro del Ministerio… - dijo Hermione pensativa - ¿Quieres que antes de ir a La Madriguera, pase por el Ministerio y te consiga una copia? -

Oh mamá… no hace falta en serio… -

¡Cómo veas! - Exclamó algo molesta - Bueno, recoge las cosas que nos iremos ya, iré a por el zopenco de tu hermano y tu padre… menos mal que tienes los pies sobre la tierra, y no en las nubes como éstos -

*  *  *

El rubio estaba tendido en el sofá releyendo los apuntes tomados en encantamientos. Su padre había salido para buscar a su abuela y traerla a casa, y su madre andaba preparando junto a los tres elfos domésticos que tenían a su cargo, el menú para hoy. Aún no era navidad, pero su madre quería sorprender a Narcissa. Entretanto, Scorpius seguía con sus apuntes…

Llamaron a la puerta.

¡Voy yo, señora Malfoy! -

Una elfina con el delantal puesto, fue brincando hasta el hall de la mansión para recibir a la visita. Scorpius echó un vistazo por encima de sus apuntes, y vio a una mujer cubierta que entraba con la elfina. Se inclinó un poco incorporándose bien en el sofá, y miró por el rabillo del ojo el hall. La elfina llamó a Astoria, y ésta fue a recibir la visita.

Señorita Adams, que grata sorpresa - saludó Astoria a la mujer -

Vengo a felicitarles las navidades… debo marchar a Paris con mis hijas por lo de mi marido, ya sabes… y no estaré aquí para felicitaros -

Oh… lo cierto… lo siento mucho… - dijo Astoria mientras le abrazaba - ¿Quieres tomar algo o pasar? -

No gracias… vine solo por eso, me esperan para irme -

Vale… pus feliz navidad… y cualquier cosa… -

Lo se… -

Cuando la mujer se fue, Scorpius regresó a sus apuntes algo pensativo. Vagamente le sonaba a la señora Adams. Una mujer pulcra, gran bruja y madre de dos pequeños. Su marido falleció hace unos meses, pero hay rumores de que fue asesinado por algún despiadado sujeto. Vivían en la casa de al lado, y recordaba cuando pasaba de niño, antes de ir a Hogwarts, las tardes con sus vecinos. En ese momento algo le iluminó su cabeza. ¡ADAMS!. El mismo apellido de un miembro de LA CAMARILLA, de aquella Orden de hace años que se enfrentó a la primera innombrable. De un salto, Scorpius soltó sus apuntes y fue hacia la ventana, viendo como la Señora Adams iba con sus hijos al final de la calle, donde dos mujeres, posiblemente de la familia, les esperaban.

Adams… ¿tendrá algo que ver con Jean Adams…?- Pensó Scorpius - Si pudiera entrar en su casa….-

¡Scorpius por favor! ¿Puedes ayudarme a llevar los platos?, pronto llegará tu abuela, y ya sabes que quiero que esté todo listo -

¡Vale mamá! -

Astoria no era la única persona que quería sorprender a su familia. Volviendo a La Madriguera, el lugar comenzó a completarse de los Weasleys que faltaban por venir. Ronald y Hermione fueron los segundos en aparecer por ahí con Hugo y Rose, después vinieron Bill con Victoire y Dominique, ya que Fleur andaba con Louis en San Mungo por un resfriado que había cogido semanas atrás en Francia al visitar a sus abuelos maternos. Cuando llegaron estos últimos, Victoire y Ted dieron una vuelta por los alrededores nevados, y la joven Dominique, de diez años, se reunió con sus primos, Lily y Hugo. Los últimos en llegar fueron George y Angelina con sus hijos. El joven Fred fue con James al cobertizo en donde Harry guardaba varias escobas para practicar Quidditch, y Roxanne, al ser de Ravenclaw como su prima Lucy, se juntó con ella a los pies de la chimenea que estaba prendida. Toda la familia estaba al completo, aunque los señores Weasleys, Molly y Arthur, llegarían de Rumanía con Charlie el día de navidad.

¡Albus! - Rose fue directo hacia él cuando le vio en su dormitorio medio cambiándose de ropa - Te he echado de menos -

Bueno, solo han pasado unos días desde que volvimos del castillo - vaciló - ¿Has recibido noticias de Loren, Stefan o Scorpius? -

Pues a decir verdad si… - dijo misteriosa - He recibido una carta de Scorpius hace un par de horas… y cree a ver encontrado a la familia Adams… ese apellido figuraba en el reverso del retrato que encontré, ¿te acuerdas? -

Ajam… ¿y ha encontrado algo más? - masculló Albus para no ser  oído -

Intentará colarse en la casa Adams a ver si halla algo… - contó - Aunque me preocupo algo por él… ¿y si le pasara algo? -

¿Pasar a quién? - se manifestó una tercera voz -

Era Harry Potter desde el umbral. Rose se mordió la lengua y sonrió a su tío, al que tanto admiraba desde pequeña. Fue verle y correr hacia sus brazos para abrazarle con fuerza.

Bueno, pasar algo a Scorpius - comentó Albus - Pasará las navidades con sus padres y su abuela… aunque a su abuela no le haga mucha gracia… -

Ah bueno… - suspiró Harry - No os preocupéis por él… y ahora bajad abajo a cenar, que han preparado un buen manjar para hoy -

*  *  *

Y con esta te gano de nuevo Stefan. Jaque mate -

Odio este juego… -

Llevaban todo el día jugando al ajedrez mágico en el Gran Comedor con el resto de estudiantes que quedaban en el castillo.  Allí, la nieve bloqueó las puertas y el mal temporal había regresado. Todos los estudiantes se encontraban en el Gran Comedor reunidos realizando ocio o incluso estudiando algunas materias con el calor de las chimeneas. Stefan y Loren andaban aburridos desde hace un par de días, desde que comenzaron las navidades. Desde ese momento, Loren escribió casi cuatro cartas en dos días a Rose, y otras cuatro a Albus contando como era su estancia sin ellos. Stefan en cambio envió una a cada uno y otra a su padre, del cual no obtuvo respuestas a lo largo de la semana. Yordina estaba igual que él sin recibir ni una carta, y eso les preocupaba a ambos, aunque el aburrimiento en el castillo les hacía pensar en cómo entretenerse.

Estoy cansado - bostezó Stefan mientras apartaba el tablero a un lado - ¿Es que no se puede hacer nada o qué? -

Me da que no… y quién diría que echaría de menos las clases - comentó Loren bostezando a la par de él -

Oye, ¿has visto al profesor Sullivan? - comentó para cambiar de tema -

Sí… está como siempre… aburrido como todos nosotros - contestó Loren -

No, no… está raro desde que vino. La última clase que dio nos mandó una tarea y a los diez minutos acabó la clase… le pasa algo, ¿no crees? -

Pues no lo sé. Se habrá aburrido de su trabajo - dijo Loren sin importancia - ¿Regresamos a la común?, dentro de poco aparecerán los malditos elfos cantando villancicos de navidades… -

*  *  *

Narcissa yacía en la silla contemplando fijamente su plato. Agitaba la cuchara una y otra vez mientras Draco y Astoria planeaban como organizarse estas navidades, ya que su hermana Daphne quería invitarles a Alemania en donde se encontraba trabajando por cuatro meses en el Ministerio de allá. La idea de ir hacia allá, iba a complicar la vuelta de Scorpius a Hogwarts, ya que sería un viaje en balde porque debían regresar a los pocos días por él, y Narcissa se negó rotundamente a cuidarle sola en su casa; bastante que lidiaba con cuatro elfos domésticos que su marido dejó antes de ser llevado a Azkaban, como para cuidar de su nieto. No tenía nada en contra de él, pero ese cálido amor que guardaba hace años, se desvaneció junto a su pasado; quería ser más fría, más pensado en ella y no en los demás.

¿Y qué hacemos entonces?, no quiero dejar a Scor solo -

Es mayor, tiene once años Astoria -

No digas bobadas. Es un niño. MI NIÑO -

¡Pues nos lo llevamos a Alemania! -

Papá, no quiero ir a Alemania - se manifestó Scorpius - Ni tampoco quiero que la abuela se ocupe de mí… podrías dejarme al cargo de Harry -

¿Potter? - saltó Narcissa -

Sí papá - le suplicó - Me da igual lo que haya pasado entre vosotros, en serio, pero su hijo Albus es mi gran amigo en Slytherin… podría estar con ellos y así no perdería el tren para volver a Hogwarts -

Draco miró a Astoria y ella asintió a su pesar. Al matrimonio Malfoy no le agradaba mucho lo que propuso su pequeño, sabiendo lo que el pasado atrae con esa familia y la de Potter, pero si era amigo de Albus Severus Potter, quizás Harry haría una excepción. Draco se levantó de la mesa con la varita en la mano, y fue hacia el salón. Visualizó en su mente el rostro de Harry, y agitó la varita en donde emanó una luz celestial que se convertía lentamente en un animal. Durante estos años desde su graduación, no pudo conjurar un patronus a la perfección, pero sí a transmitir mensajes con ellos. La luz se convirtió en un águila, una hermosa águila que representaba lo que ahora era Draco. Su patronus emanaba poca luz, y apenas se sostenía en el aire, pero Draco confió en que pudiera llegar hasta Harry Potter el mensaje.

"Soy Draco Malfoy. Mi esposa y yo nos iremos unos meses a Alemania, y querría que mi pequeño hijo Scor quedase a su cuidado estas navidades. Si aceptas o no, házmelo comunicar… ".

El patronus echó el vuelo.

*  *  *

Dos siluetas encapuchadas caminaban por un gran bosque que surcaba parte del poblado de Hogsmeade. Uno era alto, esbelto y por la capucha se podía apreciar un cabello negro lacio y en cascada sobre sus hombros. A su vera, uno más pequeño y de piernas cortas, le seguía torpemente por el bosque. Iba apoyado por una rama, y a primera apariencia cojeaba. Bajo su capucha se podía reconocer unas orejas de elfo que no podía ocultar.

Esta vez hemos podido atravesar la barrera… ¿cómo es posible? - comentó el elfo

Son navidades, no deben proteger el colegio de Hogwarts, ya que están todos con sus familias… -

¿Entonces por qué intentamos el primer día venir?, ¡la maldita protección del lugar casi nos cuesta la vida! -

Exagerado - chasqueó la lengua - Mira al frente… hemos llegado -

Retirando los arbustos de su camino accedieron a una pradera empapada y cubierta de nieve. Al fondo se apreciaba la Casa de los Gritos, y siguiendo un camino empedrado, el pequeño pueblo de Hogsmeade.

Por fin - suspiró el elfo sentándose en una de las rocas para descansar - ¿Y ahora qué hacemos aquí? -

Estaremos ahí escondidos - señaló la Casa de los Gritos - y así cuando el escudo vuelva a levantarse, nosotros ya estaremos dentro del castillo -

Nota de autor

¡Estoy feliz por aprobar el examen de esta semana con una gran notaza!, así que he querido publicar ya el capítulo 7 por celebración. ¡Estoy feliz! ¿OK? JAJAJA.

¡Espero que disfruteis del capítulo como yo de escribirlo cuando lo escribí!, y os adelantaré una PREMIER 

(Musica de HP suena de fondo)

''¡Las cosas van a cambiar a partir de aquí!. Unas navidades raras ¿aceptará Harry la petición de Draco Malfoy para que vaya su hijo?.  ¡El Regreso a Hogwarts! (que es el capítulo 9), dará mucha tela con los nuevos intrusos de este capítulo, ¿que planearán? ¡TATATATATAAAAAAAAN!. Y lo que veo en mi bola de cristal que me regaló la profesora Trelawney, es que veo los últimos capítulos ¡MANCHADOS DE SANGRE!''

PD1_ ¡También quiero celebrar hoy que este día, 26/01/2014, he terminado de escribir el TERCER AÑO de esta Tercera Generación. Para que veáis que voy en serio con esta saga que ando escribiendo con cariño. Además el Blog de mi 3ºG la ando ya diseñando, aparte ando buscando medios para publicitar la historia porque creo que merece la pena :)

¡Nos leemos!, y gracias a todos los que me comentáis esos testamentos que me encanta leer, se os quiere de verdad.