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Al llegar la primavera... — capítulo 2
¡Hola! ¿Qué tal? Sí, sí, lo sé, merezco que me fusiléis por llevar tanto sin actualizar, ¡lo siento! Pero que conste que tengo buenas razones: muchísimos exámenes importantes, un par de gripes breves y, para finalizar, caída de Internet de varios días. Estoy subiendo esto desde el móvil y no tengo conexión suficiente como para responder todos los comentarios (solo podría responder un par, y no me parecería justo), pero en cuanto recupere Internet me pongo a ello. Lo siento, de verdad… En fin, espero que os guste este capítulo.
POV****Inés
Llegué a casa de Guillermo apenas cinco minutos después de recibir su llamada. El paraguas que me había llevado conmigo no había cumplido demasiado bien con su cometido, y yo volvía a estar tan empapada como antes.
Mi amigo pelirrojo me esperaba dentro de su portal, con las manos en los bolsillos de su sudadera y paseando nerviosamente de un lado a otro. Cuando me vio a través de la cristalera, me abrió la puerta rápidamente.
—¿Estás bien? —pregunté. Él sacudió la cabeza de un lado a otro, murmurando:
—Vamos a mi casa.
Subimos a su apartamento, donde dejé el paraguas en el paragüero y saludé cortésmente a sus padres, que se asomaron por la puerta de la cocina con curiosidad.
Guillermo prácticamente me arrastró hasta su cuarto, cerrando la puerta a nuestras espaldas.
—Siéntate —me indicó con un gesto de cabeza, señalando su cama, y yo le hice caso, observando cómo se pasaba la mano por la cara.
Se dejó caer sobre la silla de su escritorio y me miró, mordiéndose el labio inferior.
—¿Qué ha pasado, Guille? —susurré, y él suspiró.
—Bien… Será mejor que empiece por el principio.
Y así lo hizo. Me contó la conversación que había tenido con su hermano ese mediodía, los consejos que él le había dado y la sorpresa de descubrir que estaba al tanto de su homosexualidad. Después, procedió a relatarme la quedada con Rafael, la respuesta afirmativa del chico, la forma evasiva en que se comportó y cuando, una vez en su casa de nuevo, sus padres descubrieron su condición sexual…
—¿Qué? —interrumpí llegados a ese punto—. ¿Tus padres lo saben?
Guille asintió en silencio, y explicó:
—Miguel hizo un comentario… le preguntó a Rafa si no quería que su madre supiese que tenía un amigo gay. Mi madre lo oyó y entró en mi habitación, gritando de puro nerviosismo y chillándole a mi padre que fuese inmediatamente… Le pedí a Rafa que volviera a su casa y terminé de contárselo todo a mis padres.
—¿Se… se lo tomaron bien? —pregunté, preocupada porque fuesen homófobos o algo similar.
—Bueno, la verdad es que mi madre al principio puso el grito en el cielo —respondió él, encogiéndose de hombros y sonriendo levemente—, aunque después se tranquilizó y creo que lo ha asumido bastante bien… Mi padre soltó un "¿Y eso era aquello tan importante que teníais que contarme? Enhorabuena por tener las cosas claras, hijo", y se volvió al salón a ver la tele.
Solté una carcajada. El padre de Guillermo parecía un hombre de mente abierta y bastante despreocupado, así que por suerte mi amigo no tendría demasiados problemas con él.
Aunque aún no entendía qué era lo que había ocurrido con Rafael, y no sabía cómo sacar el tema con delicadeza.
No obstante, no fue necesario. El propio Guille recondujo la conversación.
—Después de eso, llamé a Rafa y quedé con él otra vez para explicarle lo que había pasado, cómo habían quedado las cosas con mis padres… Nos vimos en un parque de cerezos que hay de camino al instituto, ¿lo conoces?
Asentí quedamente, guardándome para mí todo lo que pensaba de aquel precioso lugar. Ese no era el momento adecuado. Guille prosiguió hablando, cada vez con un tono de voz más y más lúgubre.
—No sé muy bien qué pasó… Una cosa llevó a la otra, terminamos hablando de temas sin sentido, le tenía muy cerca y… y… le besé —confesó sonrojándose, como si hubiese cometido un asesinato.
—Eso no tiene nada de malo, Guille —le respondí con una sonrisa alentadora, y él desvió la mirada.
—No, supongo que no… Solo fue un pico, un beso muy cortito… Él se quedó mirándome y por un segundo temí que se enfadase conmigo, pero de repente me devolvió el beso y…
Su voz se perdió momentáneamente mientras el color de sus mejillas alcanzaba tonos nada desdeñables en comparación con sus cortos cabellos ígneos, y Guille abrió y cerró la boca varias veces hasta finalizar su frase:
—… y alguien nos vio.
—¿Alguien? ¿Quién? —aquello me había desconcertado, pero Guille frunció el entrecejo.
—No lo sé, supongo que un compañero de Rafa… No tengo ni idea. Solo sé que empezó a insultarnos y a llamarle marica… Creo que le afectó muchísimo, porque casi se pone a llorar… Entonces empezó a llover y nos fuimos corriendo de allí, aunque aún no tengo claro si él escapaba de la lluvia o de aquel chico. Solo sé que, cuando llegamos a mi portal, me paró y me dijo que lo sentía, que no estaba preparado para tener una relación con nadie, y menos aún con un chico, que no quería que todos pensasen que era una nenaza como yo… y se largó.
El silencio cayó sobre la habitación de Guille, que miraba los flecos de su alfombra como si fuesen lo más fascinante del mundo. Yo pensaba en lo que acababa de contarme. Estaba sorprendida y enfadada a partes iguales, y me costaba pensar que alguien pudiese ser tan rematadamente idiota.
Si Rafael lo hubiese dejado simplemente en ese *"no estoy preparado para tener una relación con nadie"…*Incluso el "y menos con un chico" habría sido aceptable. Era la última frase la que le quitaba toda la razón y le hacía quedar como un cobarde. ¿Qué no quería que todos pensasen que era una nenaza como Guille? Eso no era temor a salir del armario. Eso era ser un mal amigo, un inmaduro y, ante todo, un cobarde, entre otras cosas porque Guillermo tenía menos pluma que una piedra, lo cual convertía ese adjetivo en un insulto improcedente en toda regla.
Le observé con lástima, muy apenada. Guille tenía la línea de los hombros hundida y la mirada perdida. Me levanté, fui hasta él y le abracé con fuerza.
Él me devolvió el abrazo con algo de torpeza, y yo le susurré:
—Tranquilo, Guille. No es tu culpa si Rafa es un poco idiota. En el mundo hay muchísimos chicos estupendos que estarían encantados de salir con alguien tan genial como tú… No te preocupes. No pasa nada. Encontrarás a otra persona que sí sabrá apreciarte y hacerte feliz…
No sé durante cuánto tiempo estuvimos así, él sentado con la cabeza apoyada en mi hombro y yo ofreciéndole palabras de aliento como si de una mantra se tratasen. Pero, pasados unos minutos, alcé la vista y me encontré con Miguel, que nos observaba muy quieto desde la puerta. Le dirigió a Guillermo una mirada de pesadumbre, y después, clavando sus ojos pardos en los míos, articuló sin provocar sonido alguno un mudo "Gracias" que lo dijo todo.
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¡Hola de nuevo! ¿Qué tal? Espero que os haya gustado… Sí, lo sé, no ha sido muy largo, pero os compensaré la semana siguiente. No sé si será un POV Marta o una ronda corta de "La Hora de los Chicos", o incluso puede que sea un sencillo POV narradora… Bueno, ya se verá.
Nada más que añadir por hoy… Si mañana tengo Internet (y ojalá así sea), responderé todos los comentarios que tengo pendientes.
Muchas gracias por vuestra paciencia.
MA.A