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Renaciendo a tu lado — capítulo 8

Severus Snape no salió al siguiente dia… ni al siguiente. Narcissa había ido personalmente a buscarlo para que los acompañara en el comedor, pero él declinaba cada invitación argumentando sentirse descompuesto. Había ido muy temprano por la mañana, y muy tarde a ver a Draco, para curarlo, y seguir administrándole poción para dormir. La herida del chico había mejorado indudablemente y pensaba dejarlo despertar pronto, lo que le daba algo de esperanzas... pero no habían sido días fáciles, y su habitación no le facilitaba las cosas. Se había escabullido en la noche a la biblioteca para matar el tiempo, pero al volver a sus aposentos, miraba su cama... y pensaba en Hermione.

Cuatro veces había pasado por la puerta de la chica, y las cuatro se había detenido frente a ella, queriendo entrar entre las sombras a mirarla. Sabía que no sería descubierto, no en vano, había sido un gran mortífago; sin embargo, con tal de mantener su promesa en alto, se había reprendido mentalmente y obligado a dirigirse a su habitación, una vez más.

Hermione quería golpear su cabeza contra la muralla, llorar desconsoladamente, lanzarle un crucio a Ginny, tirarse de la ventana más alta de la mansión...y se quedaba corta. ¿¡Por que le hizo caso a Ginny!?.

- Señora Malfoy, puedo hablar con usted un momento?- Narcissa detuvo su ir y venir para mirar a la castaña.

- Claro Señorita Granger, acompañeme al despacho-. Caminaron unos minutos mientras la mujer repartía órdenes en todas direcciones a cada paso que daba, hasta cerrar la puerta de la habitación dejando afuera su última instrucción. Con un gesto señaló a Hermione un gran sillón y se sentaron.

- ¿Que querias decirme querida?- Narcissa la miró con una sonrisa, pero expectante. La chica se aclaró la garganta y comenzó.

- Quería agradecerle su hospitalidad estos días...y avisarle que dejó la mansión esta tarde.- Narcissa se removió en el sillón ganando tiempo para pensar muy bien sus movimientos. Hermione se sintió egoísta por hacerle esto a la mujer, y es que se le veía radiante con la remodelación, y con la casa llena...pero debía hacerlo.

- Señorita Granger, debo decir, que yo también estoy muy agradecida de lo que usted ha hecho por mi hijo, y mi hospitalidad es lo menos que debo brindarle - ambas se sonrieron - sin embargo, debe disculpar mi intromisión, pero quisiera saber, ¿donde irá? tengo entendido que la labor de búsqueda de sus padres estará estancada hasta que se confirme la captura de los mortifagos que quedan, por lo que usted sola no podrá averiguar nada de ellos, y si me permite, volver a su antigua casa es una estupidez - Narcissa puso su mano sobre la de la chica y se acercó más a ella - yo le puedo asegurar, que no estará más segura en ningún lugar que aquí. Theodore y usted, han de una u otra forma mantenido a mi hijo a salvo, por lo que jamás, jamás Hermione dudes que esta casa tiene las puertas abiertas para ti.

Hermione enfocó a Narcissa con dificultad por las lágrimas que comenzaban a llegar a sus ojos, y le sonrió. En términos concretos, la mujer tenía la razón, realmente no tenía donde ir. Pero seguir en esa casa con el desprecio de Severus era una tortura. La castaña bajó la vista triste al recordar el motivo de su fallida huida, y de pronto sintió unos cálidos brazos tomándola por sorpresa.

- Me vas a perdonar Hermione, pero creo que intuyo la razón por la que estás haciendo esto - Narcissa tomó a la chica de los hombros y la alejó lo suficiente para mirarla a los ojos. - y permíteme decirte, que la paciencia es una virtud con la cual se nace, o bien, se cultiva a lo largo de los años - tomó un mechón de la chica y se lo colocó detrás de la oreja a la castaña para luego poner su mano bajo su mentón, haciendo que la chica levantara la cabeza hacia ella- y creo, que con Severus vas a tener que tener muuucha paciencia.- Narcissa sonrió a la cara de sorpresa de Hermione y se levantó para abandonar la habitación.

- Hermione - la chica miró a la mujer que ya tomaba el pomo de la puerta, saliendo de su estado de shock - dicen que la paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces. - y con un gesto de cabeza, dejó sola a la castaña sumida en sus pensamientos.

No por nada era una Slytherin.

En todo el dia, solo había visto cientos de trabajadores empeñados en dejar la mansión como nueva mientras ella vagaba por el castillo, esperando encontrar "por casualidad" a Snape. Se dirigió nuevamente a la biblioteca para leer (en realidad, hojear por horas y horas cientos de libros), pero al llegar vió la puerta entreabierta. - "Será...Severus?" - se preguntó mientras empujaba lentamente la puerta con su mano. La chimenea estaba encendida y una cabellera negra desordenada estaba sentada en un sillón cerca de ella

- Aaahm… Hola Theo - dijo decepcionada mientras entraba y tomaba asiento frente a él

- Si, lamento decepcionarte, pero solo yo, solo Theo- le dijo con un fingido tono celoso, intentando animar a la castaña sin éxito. Nott soltó un largo suspiro y apoyando sus codos en las rodillas se inclinó hacia Hermione

- Herms…- La chica levantó sus ojerosos ojos, encontrándose con los azules de él - Se que te he insistido mucho que me cuentes que pasó, pero… - Pasó que soy una tonta. - Hermione soltó de una vez. Debía contárselo a Theo, y es que no podía seguir guardando lo que la tenía tan angustiada. El chico iba a replicar cuando la castaña continuó, con cada vez mayor dificultad para contener sus lágrimas. - Ginny… me... aconsejó que fuera a curar a Severus… y fuí.- Theo abrió los ojos y se incorporó rápidamente, esbozando una sonrisa - ¿En serio te atreviste?- le preguntó sin salir de su asombro

- Sí - soltó un suspiro y continuó - fui a su habitación… y curé su herida -

Theo arrugó el entrecejo ante la confesión de la chica - Me vas a disculpar Herms… pero no creo que eso haya provocado el claustro de Snape - Levantó una ceja y la miró perspicaz. Hermione abrió la boca, pero la cerró inmediatamente. Sus mejillas comenzaron a colorearse mientras tomando valor dijo - Ginny me dijo que yo no le era indiferente… ydecidiponerloaprueba- rogó con la vista a Theo para no continuar, pero el chico alzó más aún la ceja en señal de una nueva pregunta. Hermione entendió el cuestionamiento y resopló. - yo… - la chica dijo, sonrojandose a más no poder - lo...acaricie con la mano, y él…- pero no pudo continuar. Intentó explicarse con las manos, pero la desesperación fue más y se paró abruptamente -¡Y ahora por mi imprudencia Severus se encerró porque debe creer que soy una loca!- Hermione estaba exasperada, pero Theo seguía en el sofá, en la misma posición. La mente del chico trabajaba a mil por hora, para sacar una sola conclusión: Severus Snape era un idiota.

Se paró serio y avanzó hasta Hermione. la agarró por los hombros y la abrazó. La chica comenzó a llorar en silencio mientras él trazaba líneas en su mente, uniendo todas las pistas. Luego de unos minutos el llanto cesó y Theo casi en un susurro le dijo - pronto todo esto se aclarará. Te lo prometo

- Mañana…- repitió esa palabra por enésima vez en la noche. El lago estaba tranquilo, y la noche estaba sutilmente helada. Mañana debía ir al ministerio a testificar para aclarar los rumores y que el ministerio estableciese los cargos correctos sobre él. Severus soltó un largo suspiro y pensó - "Estoy perdido" -... y es que los únicos que podían decir lo de su verdadera lealtad eran Draco, y Theodore. Otros dos mortifagos. -"Genial"-.

Con la orden no contaba, y es que ellos jamás le creyeron… el único que podía decir algo a su favor, estaba muerto por su propia varita.

Puso su varita entre sus manos y la observó detenidamente. Recordó la primera vez que la usó, todas las veces que la quiso alzar contra potter, todo lo que le había enseñado a Draco… toda su vida marcada por Hogwarts… y es que haber sido alumno, profesor y director, había marcado su vida. Pensó que probablemente, no volvería a ver el colegio… que quizás terminaría en Azkaban. Definitivamente, todo mal.

Estaba todo perfectamente hecho para que él hubiese muerto de una vez por todas -"Y vino Granger a salvarme" - pensó amargo y la voz llorosa de la castaña intentando despertarlo vino a su mente. El efecto de ella sobre él no demoró en aparecer. Severus se apoyó mejor en el árbol y se dió cuenta que… no, no podía ser. No podía...extrañarla.

Su presencia, su sonrojar, la forma en la que mordía su labio, sus respuestas, y la forma en la que lo desafiaba con ellas… lo que nunca hizo algún otro alumno.

Se incorporó dispuesto a distraerse - expecto patronum - un pequeño haz de luz emanó de su varita, haciéndose cada vez más grande; pero en vez de aparecer la cierva que debía jugar sobre el agua, se formó una pequeña esfera rodeada de hilos que ondeaban con el aire, mientras avanzaba traviesa hacia el cielo. Severus se quedó mirando el camino de su patronus con los ojos desorbitados

- ¡¡ expecto patronum!! - vociferó nuevamente, pero la misma forma salió de su varita. Severus la tomó con fuerza y con rabia en la voz gritó - ¡¡ expecto patronum!!- pero esta vez el la incipiente luz que salía de la varita se apagó. Snape cayó de rodillas al húmedo suelo soltando su varita y se tapó la cara con las manos. El negro pelo del profesor las cubrió junto a la solitaria lágrima que rodó por su mejilla.

Ahora, cuando finalmente podía empezar… todo terminaría.

- Llévale esta carta a Ginny, por favor - la lechuza emprendió vuelo y la chica se apoyó en la ventana para verla marchar, pero una luz proveniente de los jardines llamó su atención - "¿Que es eso?… ¿un patronus?" - ¡¡Un patronus!! - dijo exaltada y tomó la varita que estaba sobre el escritorio; corrió hasta su cama y tomó la gran capa negra del profesor, colocandosela, y salió rauda de la habitación hacia los jardines.

Lentamente y sin hacer ruido caminó avanzando hacia el lago. Una suave luz de luna se colaba entre las copas de los árboles iluminando sutilmente el lugar. Su mano derecha sostenía su varita en alto, mientras con la otra se apoyaba en los fríos troncos, agudizó el oído y esperó: Nada. Caminó un poco más rápido hasta que vio algo moverse entre las sombras. Frenó en seco; casi no respiraba expectante a algún movimiento. Tragó saliva y avanzó unos pasos. -Crack !  El sonido de una ramita quebrandose la hizo girar abruptamente, tomando aire sonoramente. Pero lejos de ser un atacante... era él.

- Profesor...-

- ¿Qué hace aquí señorita Granger?- le espetó secamente. La odiaba, la odiaba mil veces. Lo que ella provocaba en él solo con aparecerse frente a él y usando su capa le hacía sentirse débil...a su merced. Si ella hubiese pedido una locura, él hubiese acudido como hechizado por una veela a cumplir cualquier cosa... y ese no es sentimiento para Severus Snape.

- yo...- la cara de Hermione comenzó a teñirse de rojo, mientras mordía su labio de nerviosismo. El profesor no pudo pasar por alto el gesto... y la odió más aún. ¿Por qué diablos venía a torturarlo así? - vi un patronus y creí que estaba en peligro pero no...-.- Bueno- la interrumpió - ya sabe que no lo estoy. Retírese- y se fué a sentar nuevamente a la orilla del lago. Hermione empezó a jugar con su varita nerviosa, sin moverse, pero sin saber qué hacer. Necesitaba hablarle, mirarlo a los ojos; y es que estos días sin verlo habían sido demasiado para ella después de tocarlo… que fue adictivo para ella. Ahora que lo veía nuevamente se daba cuenta lo mucho que lo necesitaba.

Tomó una decisión y se acercó donde estaba el profesor, sentándose a un metro de él. No lo suficientemente cerca para ella, pero era una distancia prudente considerando lo irritable que estaba esa noche.

- ¿Esta asi por lo de mañana? - se atrevió a preguntar

- ¿Y usted cómo sabe eso?- preguntó neutral. Severus seguía mirando apacible el lago pero dentro de si era todo emociones: ella estaba cerca, lo suficiente como para que el viento danzara entre sus cabellos e inundara sus sentidos con su aroma a vainilla, mezclado con su perfume que afloraba de su capa: la amalgama era perfecta. Y la imaginación de Severus comenzó a correr.

- La señora Malfoy lo comentó en la cena - Hermione se vio alentada por el silencio del profesor. Y es que sabía lo que estaba pensando… - Quiero ir a atestiguar mañana.- dictó.

Snape salió de sus pensamientos girando lentamente su cabeza hacia ella, mirándola desconcertado. - ¿Qué está dic…- pero no pudo terminar. La chica se levantó abruptamente y lo miró, determinada. - Yo sé perfectamente quién es usted, y quién es Draco Malfoy. Como, estoy segura, usted sospecha, tuve encuentros con Draco durante unas semanas antes de la batalla, en los cuales me enseñó lo suficiente como para poder curar graves heridas, y defenderme de casi todo… sabiendo que ustedes, incluido Theo, eran Mortifagos - Severus abrió los ojos y se levantó lentamente, pero Hermione no se sintió intimidada: si ya había empezado a hablar, iba a terminar - y no me importa. Yo no tengo ninguna duda de su lealtad, ni de las intenciones de Draco y Theo de ayudarlo a eliminar a Voldemort. Así que si va a ir mañana a declarar, yo iré de testigo.-  Los ojos negros de él se encontraron con el desafío de ella.

Atónito.

-"Severus Snape eres una bestia".- se dijo a sí mismo. La chica que estaba frente a él estaba haciéndole frente a la situación como él no podría hacerlo. Estaba poniendo en riesgo su nombre y su futuro al ponerse de su parte, y aun así, no había titubeado ni un segundo al decirlo todo. Bajó la guardia, y con un tono cansado le dijo: - No lo haga, Señorita Granger… no vale la pena - y enfocó su vista en el lago.

- ¡Que no vale la pena!- le gritó, Snape se sobresaltó y volvió sus ojos a ella- ¿¡ Hizo todo lo que hizo para cumplir su cometido y avanzar voluntariamente a la horca!?¿¡ Piensa en abandonar a Draco y a Theo así como si nada!? - El enojo no tardó en llegar a Severus y en un tono más alto y duro de lo normal le espetó - A ellos no los involucre en esto Señorita -.- ¿¡Que no los involucre!?- Los puños de la castaña se estaban poniendo blancos de lo apretados que los mantenía - ¡Theodore y Draco siguieron cada una de sus órdenes como si fueran ley y usted cree que no están involucrados!¡ Usted es como un padre para ellos y piensa dejarlos solos! - ¡YA BASTA!- Severus había avanzado tanto para gritarle en la cara que se callara que había quedado solo a un par de centímetros de ella. Ambas respiraciones agitadas cortaban el silencio del lugar, mientras los ojos negros y miel se fundían en fuego. Nadie, nunca se había atrevido a hablarle así...y con tanta razón. "Insufrible sabelotodo" "Cerdo Egoísta" "Terca, Gritona" "Maldito Mártir" - sus ojos hablaban por ellos, pero finalmente la castaña cortó la batalla y miró al lago. Cerró los ojos y caminó acercándose a la orilla. Severus siguió con la vista a la castaña y sopesó lo que había escuchado. No podía dejar a ese par a la deriva. Por primera vez, se dió cuenta que dos personas realmente necesitaban de él, y no podía… ni debía abandonarlos.

- ¿Por qué hace esto Señorita Granger? - preguntó, intentando sonar tranquilo

- "Porque te amo" - pensó. Se abrazó a sí misma y bajó la cabeza. Snape avanzó hasta ella analizando qué hacer y qué decir. Los ojos vidriosos de la castaña se levantaron y encontraron con los de él.

- Disculpeme Señorita Granger… me he comportado como un idiota con usted - Hermione esbozó una ligera sonrisa y le contestó - No hay problema profesor. Mañana iré con usted al ministerio -

Severus soltó un suspiro. "Realmente es terca como ella sola"- pensó y midió sus palabras para contestar. -No quiero que su reputación se vea manchada por nosotros - Hermione alzó una ceja y repondió segura - Encubrí a tres mortifagos, entre ellos, la mano derecha de Voldemort. Si usted va a Azkaban, yo voy detrás-.

Un escalofrío que no pudo ocultar recorrió la espalda de Severus. Y es que nunca nadie había ofrecido tanto por él; un calor comenzó a crecer dentro de él al repetir mentalmente las palabras de la chica "yo voy detrás".

La castaña se reprendió mentalmente, ¡Había dejado a Severus todos estos días sin su capa!. Rápidamente se llevó las manos a sus hombros para quitársela pero unas manos sobre las suyas se lo impidieron.

- ¿Que hace Granger?.. hace frío aquí- le preguntó mirándola a los ojos. Las manos de Hermione ardieron ante el frío contacto de las de él; aquel pálido rostro estaba muy cerca del suyo y su corazón comenzó a latir desbocado.

Severus tenía tenso todo el cuerpo mientras el calor del contacto con las manos de ella avanzaba por su él. Ella… ella estaba prohibida. Estaba pisando terrenos desconocidos que sin duda eran peligrosos. Siguió con su rostro la dirección que quería tomar y se acercó más aún a ella. Hermione respiraba cada vez más rápido y entrecortado ¿Sus ojos la engañaban o el profesor se acercaba? un temblor comenzó a recorrer su cuerpo mientras se movió hacia él. Severus sintió como la castaña temblaba y volvió a la realidad. Se alejó lentamente sin separar sus ojos a los de ella, y la envolvió entre sus brazos. - Está temblando- le susurró cerca de su oído haciendo que la castaña se moviera aún más - Afirmese, nos apareceremos en mi habitación- Hermione tomó por los hombros al profesor y sintió una fuerte tirón, y de nuevo el piso en sus pies… pero no quiso soltarse de su brazos. Y es que el momento era perfecto; sentir el corazón del profesor latir mientras las manos de él estaban sobre su espalda hacian hipnótico cada segundo.

Severus se separó de ella sin soltarla y se miraron. Hermione bajó la vista y comprendió que su suerte había sido demasiada por hoy, liberándose tortuosamente de su agarre.

- Lo veo mañana en el desayuno profesor- y diciendo esto, se sacó la capa y se la tendió. - gracias por la capa-  él la tomó  y respondió - De nada Señorita Granger… gracias a usted...por todo- y le regaló una sutil sonrisa de medio lado, haciendo que la chica se derritiera por completo. Ella le devolvió la sonrisa y se encaminó hacia la puerta de salida. Salió sin mirar atrás (y es que si no, no podría marcharse) y una vez cerrada la puerta, dio unos saltitos de felicidad.

- Vaya… creo que tienes mucho que contarme - Theo la miró divertido y ella se le tiró encima, abrazandolo con fuerza. - ¡Hey!- rió, respondiendole el gesto -Bueno Herms, aplica restricción a lo que me contaras, no quiero saber el tamaño del p..¡AUCH!- ¡Shh! - le dijo ella - Theo se sobó el lugar donde la chica lo había pellizcado y con un mohín le dijo - ven, vamos a la biblioteca.