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Renaciendo a tu lado — capítulo 9

Hermione recogió su pelo en un moño y se miró al espejo: sus ojos adornados por un maquillaje oscuro y la pálida piel en contraste de estos le daban a la chica una mirada intensa y atemorizante. El vestido negro (por supuesto) que le había facilitado Narcissa se apegaba perfectamente a su cuerpo, de mangas largas y cuello redondo, terminaba en el piso con una pequeña cola que se arrastraba a su paso.

La verdad, es que estaba irreconocible; si ponía su mirada seria… imponía presencia.

  • "estupendo"- pensó y una sonrisa suficiente se asomó por su rostro. Se colocó la túnica por encima y se miró por última vez.

  • Una serpiente más- bromeó ante el espejo y con la fina tela serpenteado tras ella se dirigió al comedor.

- Mamá, no le puedes decir a nadie lo de Herms - Ginny agarró con ambas manos las de su madre, y con ojos suplicantes le pidió - promételo.

- ¡Oh Ginny! te lo prometo - Molly la miró comprensiva - pero tengan cuidado, y no te separes de Hermione, mira que el mundo muggle es distinto al nuestro - La mujer la miró amenazante.

- Si mamá, además estaremos en su departamento… conversando- Ginny asintió levemente con la cabeza.

- Bueno, mejor ándate antes de que tus hermanos te vean y comiencen a preguntar más de la cuenta - La mujer se levantó del banquillo y fue a revisar la comida. Ginny sonrió triunfal y se acercó a su madre, depositandole un beso en su mejilla .- Gracias- le susurró y salió de la madriguera con sigilo.

Se alejó un par de metros y miró hacia atrás. Definitivamente no debía haberle mentido a su madre; pero era la única forma de salir de su casa. Bajó la mirada y sus ojos se posaron en el reloj de su muñeca - "7:15" - leyó y soltó un pesado suspiro. Debía irse ya.

Avanzó unos pasos más y cuando ya estuvo a una distancia segura, desapareció.

Sacudió un poco la cabeza y miró la gran mansión que estaba frente a ella. La puerta comenzó a abrirse por sí sola, y Ginny avanzó arreglándose nerviosamente el pelo.

- "ya estoy aquí"- pensó, y tomando aire se adentró rauda en los jardines.

Hermione tomó el pomo de la puerta y respiró profundo; si entraba no había vuelto atrás. Rió por lo bajo ante su pensamiento y entró en la habitación. - "Jamás podría arrepentirme"

Severus y Theo jugaban ajedrez al lado de las llamas que atenuaban el frío de esa mañana. El sonido de la puerta provocó que Snape mirara fugazmente en esa dirección, pero la imagen que vió lo hipnotizó haciendo que girara su cabeza definitivamente hacia Hermione. El pálido cuello descubierto de la chica contrastaba fuertemente con el negro de sus atuendos; su mirada envuelta en sombras negras sedujo al profesor, que no pudo hacer más que levantarse lentamente de su asiento sin quitarle los ojos de encima.

- Buenos días Hermione - Theo hizo un gesto con la cabeza mientras la chica avanzaba hacia ellos.

- Te ves preciosa - Narcisa le dió un abrazo intentando sonar tranquila, al cual la castaña respondió lo suficientemente bajito para que solo ella escuchara. - tranquila Señora Malfoy… todo saldrá bien.- La mujer la tomó por los hombros, y le sonrió. La castaña giró la cabeza hasta encontrar sus ojos con los negros del profesor, que seguía estático en su posición. Esbozó una leve sonrisa y lo saludó- Buenos días, profesor- la melodiosa voz de la castaña dejó mudo a Snape. Él solo atinó a asentir con la cabeza en respuesta y se dirigieron a la mesa.

Un ¡Plop! interrumpió el silencioso desayuno - Señorita Granger, la busca la Señorita Weasley- Hermione se limpió con la servilleta mientras Snape se levantó para ayudarla con la silla

- Yo la acompaño Señorita Granger, debo darle instrucciones a Weasley- y avanzaron en encuentro de la pelirroja.

- ¡Ginny!- la pelirroja volteó y abrió los ojos desmesuradamente al ver a su amiga en esas fachas - ¿Hermione?... wow te ves... - y rió. Ambas se abrazaron hasta que Ginny fijó sus ojos por sobre el hombro de la castaña. La pelirroja se aclaró la garganta y se soltó de su amiga.

- Profesor Snape - lo saludó.

- Señorita Weasley- le respondió. Severus la miró y luego a Hermione. De nuevo su respiración se cortó al mirarla a los ojos. Y es que estaba realmente preciosa

- Profesor...- Ginny lo llamó al notar lo inmóvil que se había quedado. Los ojos negros de él pestañearon y recobraron la noción. - ¿Subimos?.- le preguntó, mientras una sonrisa de esas de Theo se posó en su cara. Severus asintió y las dirigió a la habitación de Draco.

El platinado dormía tranquilamente cuando todos entraron en su habitación.

Snape se colocó frente a la pelirroja y haciendo su mejor esfuerzo por sonar amable, le dijo - Señorita Weasley, la poción para dormir ya le fue administrada, y sus curaciones realizadas - Ginny asintió con la cabeza y continuó- si por alguna razón Malfoy despierta, déle esto - Snape le tendió un pequeño frasco que la pelirroja tomó. - Si, profesor.- Ella asintió nuevamente y el hombre se despidió con un gesto de cabeza. Se dirigió a la castaña, lo más controlado posible diciendo - La espero afuera Señorita Granger.-  y salió al pasillo.

Apenas el profesor cerró la puerta Ginny esbozó una sonrisa traviesa y miró a la castaña.- Creo… que tienes mucho que contarme.- Herms soltó una risita y se acordó de Theo "Estos dos son iguales… "- pensó. - Claro Ginny, te contaré todo a la vuelta. Si te aburres te puedo pasar un libro, o algo - Ginny rodó los ojos al pensar en "los entretenidos panoramas Granger" y le dijo- Tranquila Herms, tomé esto de nuestra habitación en Hogwarts - Ginny le mostró el Ipod rosado a la chica soltando una risita. Hermione sonrió y puso su mano sobre la chica - Esta bien, vigila a Draco.. y muchas gracias.- Ambas se abrazaron y Ginny le susurró al oído - Suerte Hermione.-

Se miraron expresivamente y Hermione sonrió de lado.- Será pan comido.-  Ambas rieron y con los ojos de su amiga en la espalda Hermione salió de la habitación.

Caminaron por los fríos pasillos de la mansión en silencio. Severus miraba cada tres segundos de reojo a la castaña, y es que no podía evitar hacerlo. Al llegar a la gran escalera, el profesor le tendió el brazo que la castaña aceptó gustosa y bajaron al primer piso, donde Theo y Narcissa ya los estaban esperando en la estancia.

- Bien, llegó el momento de partir.- Narcissa rompió el silencio del lugar y miró a Theodore. - Vamos- le ordenó al chico y él le ofreció su brazo. - Nos encontramos en unos segundos -.

- ¿Dónde estarán?- inquirió la castaña - Mira hacia dónde se dirigen todas las miradas… y ahí estaremos. - Theo sonrió mientras Herms se sonrojaba como una tonta.

- Veo que te lo tomas al chiste - le siseó Snape. - ¿Porqué? si es imposible dejar de mirar a esta belleza- Theo dijo esto último mirando a la Señora Malfoy que le respondió cómplice, mientras la castaña sonreía abiertamente. Narcissa tiró los polvos dentro de la chimenea y al tornar del rojo al verde las llamas vociferó - Ministerio de magia- ambos entraron a la chimenea y rápidamente fueron consumidos por las llamas para desaparecer.

Hermione apretó el brazo del profesor. Por mas que no quisiera pensarlo, el abanico también tiene colores que no nos gustan. Si todo salía bien, los cuatro estarían de vuelta en la mansión y reirían juntos tomando té; si todo salía mal...incluso ella terminaría en Azkaban. Snape tragó saliva y colocó su mano sobre la pequeña que abrasaba su brazo… él también pensaba en lo mal que podría terminar todo, y aferrarse a ella era lo que más quería en ese momento.

Ninguno hizo algún movimiento para tomar los polvos; solo sus respiraciones y la mirada perdida en alguna seductora llama de la chimenea inundaban sus mentes. Severus soltó un pesado suspiro, y mirando el suelo dijo:

- Señorita Granger… esta es la última oportunidad que tiene de arrepentirse…- Hermione giró lentamente su vista hacia él y se topó con la cortina negra que cubría la cara de él. Sacó su brazo con cuidado y se movió lentamente. Snape arrugó el entrecejo; si bien sabía que estaba haciendo lo correcto al alejarla lo más posible del asunto… y de él, sólo había un sabor amargo al hacerlo. Una pequeña mano apartó el pelo de su cara e hizo que Severus abriera los ojos, y se encontrará con los color miel que lo miraban fijamente.

- Jamás me arrepentiría… Severus.- Una pizca de miedo se recostó sobre el corazón de la Gryffindor al llamarlo por su nombre… pero él sentía un revoloteo en su interior que removió cada una de sus entrañas. El hielo comenzó a derretirse y él, por primera vez, hizo lo que sentía sin pedirle permiso a su mente. Los brazos del profesor pegaron a la castaña a su cuerpo y hundió su cara en su cuello. Hermione respondió al abrazo y se aferró a él con todas sus fuerzas, mientras él inhalaba aquel perfume como si fuese su droga personal; un calmante propio, para él y sólo para él.

Ella no quería soltarlo, quería quedarse eternamente amarrada a él... pero ya era tiempo de irse. Pausadamente se alejó de él sin soltarlo y lo miró a los ojos, con una sonrisa traviesa. - Solucionemos este asunto de una vez por todas.- Snape sonrió de medio lado y se acomodaron frente a la chimenea, con un valor renovado en ambos.

- Por cierto Señorita Granger… se ve como toda una Slytherin.- Hermione miró de reojo la sonrisa del profesor hacerse más grande, y le respondió. - Veamos entonces qué tan Slytherin puedo ser .- La sonrisa de la chica se tornó ligeramente malvada mientras el profesor tomó un puñado de polvos y lo lanzó al fuego. Entraron a la chimenea y Hermione se puso la gran capucha que le cubría hasta la nariz. - "Si, toda una Slytherin" -pensó él, mientras que decidido vociferó. - Ministerio de magia.

La planta estaba atestada de magos que iban y venían en todas las direcciones. Snape dio una rápida mirada al lugar y localizó a los otros. - Detrás de mi- le ordenó a la chica y caminó raudo hacia Theo y Narcissa.

- Se demoraron bastante…- Theo susurró bajito a su lado para que solo escuchara el profesor. Snape le devolvió una mirada asesina y avanzaron, seguidos inmediatamente por Narcissa y unos metros más atrás, Hermione iba intentando pasar desapercibida.

Tomaron el ascensor que los llevó hacia el departamento de misterios, donde un guardia los estaba esperando. - Siganme- les ordenó y avanzaron por los silenciosos pasillos, hasta llegar frente a la estrecha escalera que daba a la vieja sala del tribunal. El guardia se hizo a un lado para permitirles el paso a Narcissa, Theo y Snape. Una vez que entraron, el vigilante entró tras de ellos y Hermione, tras escuchar el más fino silencio se escabulló entre las sombras. La castaña se acomodó en un rincón oscuro y vio como la sala había sido acomodada para tres prisioneros: cada uno había sido amarrado a su correspondiente silla, ubicadas frente a cuatro jueces que los miraban con expectación.

Una mujer mayor, con su pelo blanquecino perfectamente recogido colocó entre sus manos un pergamino, y mirando a los acusados por sobre las pequeñas gafas que descansaban en su nariz tomó la palabra.

- Comencemos con la sesión.- los otros jueces miraron al frente y continuó - Este consejo extraordinario procederá a aclarar las acusaciones que pesan en contra de Severus Snape, Narcissa Malfoy y Theodore Nott, debido a los rumores de lealtad a la organización conocida como "Orden del Fenix" y por consiguiente, su traición a Voldemort.- La mujer levantó la vista del pergamino para dirigirse al trío.- Identifiquense.-

- Narcissa Malfoy.-

- Theodore Nott.-

- Severus Snape.- el profesor le siseó con desprecio a la mujer. Hermione rió para sus adentros, y es que en ese mismo instante ella estaba deseando borrar de la faz de la tierra a ese cuarteto y salir ya de aquella fría sala.

- Bien - Esta vez habló un anciano de pelo platinado y aspecto cansino al lado de la mujer.- Severus Snape, se te acusa de ser la mano derecha del derrocado Voldemort, pero a la vez, de ser el más fiel de los seguidores de Dumbledore… ¿Qué tiene que decir al respecto?. - Los ojos de los jueces se posaron en los negros del profesor, que comenzó a hablar.

- Es correcto decir que fuí la mano derecha de Voldemort. Yo estaba al tanto de todas las misiones que encomendaba a otros mortifagos y yo mismo dirigí muchas de ellas; sin embargo, todo lo que sabía: planes, detalles, ataques.. todo, era informado a Albus. Desde el día del ataque a los Potter, fuí completamente leal a Albus y me mantuve bajo sus órdenes todos estos años, incluso después de su muerte.

- ¿Y cual es su excusa al asesinato cometido contra Albus Dumbledore?.- La pregunta en tono irónico vino de la magistrada sentada al otro lado del cansado juez. Sus rulos perfectamente ordenados y sus ojos mostraban solo una cosa: no creía ni una sola palabra de Snape.

- Un dia Albus me citó en su despacho. Había vuelto de encontrar el anillo de Slytherin… que resultó ser un horrocrux. Este tenía una maldición que provocó que su mano comenzara a morir. Le apliqué un hechizo para detenerlo, pero la maldición era eterna, y avanzaría por todo su cuerpo en menos de un año. Por mis labores de espía, Albus sabía que a Draco se le había encargado la misión de asesinarlo, por lo que él me pidió que cuando llegara el momento, no permitiera que Draco ensuciara su alma… que fue lo que finalmente hice.

- Diganos Snape, ¿Cual fue la participación del señor Draco y Malfoy y Theodore Nott, aquí presente?.- El magistrado, que a juzgar por el distintivo que colgaba de su túnica, era el jefe de la comisión, miró al profesor a los ojos.

- Malfoy y Nott actuaron siempre bajo mis órdenes.- respondió escueto. La jueza lo miró por sobre sus lentes y luego miró su reloj. Llevaban 27 minutos de interrogatorio… y definitivamente estaría mucho tiempo sentada allí.

Ginny tarareaba una canción de  "Maroon 5" que le había fascinado; y es que el Ipod de la castaña estaba lleno de música de aquel grupo. Miró su reloj de muñeca - " nueve y veinte … ya deberían haber vuelto…".- comenzó jugar nerviosamente con sus dedos y decidió levantarse del sillón en el que estaba recostada; dió una mirada a Malfoy, que dormía plácidamente y comenzó a dar vueltas por la habitación.

Pasó su mano por el oscuro escritorio que estaba frente a la cama del blondo; levantó la vista y se encontró con los jardines de la mansión perfectamente pintados de verde, sin ningun color que ensuciara su perfección. "Tan Slytherin..".- pensó, y  avanzó hasta el librero que se encontraba en el fondo de la habitación. Los lomos de los libros rezaban en dorado y plateado sus oscuros títulos y Ginny soltó un bufido. Malfoy no tenía ningún libro que no tuviera relación con las Artes oscuras. Dio una repasada rápida a los libros y encontró uno sin título, casi oculto en un rincón. La curiosidad llegó rápidamente y Ginny tomó el pequeño libro azul oscuro para abrirlo.

- El principito...- leyó en voz baja y lo hojeó. Sin duda el libro era muggle, pero era sumamente extraño que Malfoy tuviera libros muggles entre su colección personal.

Avanzó de vuelta al sillón donde estaba recostada no sin antes pasar al lado de Draco. Miró el libro en sus manos y dirigió su vista al blondo nuevamente. - "Se ve tan angelical con la boca cerrada". - pensó soltando una risita, y recordó una de las frases favorita de su amiga: "No hay que juzgar a un libro por su portada"- la pelirroja pestañeo un par de veces y se dió cuenta de que Herms estaba arriesgando todo por ellos...y si hacía eso, es porque había algo en Draco, Theo y Severus que ella había sido incapaz de ver.

Esbozó una sonrisa y susurro para si misma:

- Supongo que tendré que leer el contenido…- y diciendo esto, se dirigió al sillón para comenzar su nueva lectura.

- ¿Es todo lo que tiene para decir? - la mujer miró a Severus por sobre sus gafas.

- Si.

- Bien- Otro juez tomó la palabra y miró a Snape fijamente.- se han convocado testigos para vuestro caso, pero ningún miembro de la orden del fénix ha decidido acudir, por lo que...-

- yo seré su testigo- la voz de la castaña resonó en la oscura sala mientras poco a poco salía de las sombras, situándose detrás de las 3 sillas.

- Señorita Granger -El juez de aspecto pasivo la reconoció, levantándose. La castaña contestó con un leve movimiento de cabeza ( y es que ya se estaba creyendo eso de ser de la casa de Salazar ) y avanzó rodeando a Theo para enfrentar a los jueces.

- Identifíquese Señorita-

- Hermione Jean Granger-

- Proceda - el juez que la había recibido volvió a tomar asiento y con un simple ademán de su mano, la invitó a hablar. Hermione fijó su vista en Snape; la sola imagen de verlo amarrado como el criminal más peligroso de la historia avivó su interior, haciendo que las llamas llegaran a sus ojos. La castaña repasó a los magistrados y posó su vista en la mujer de aquellos rizos y ademán irónico que hacían perder la paciencia a Hermione. Sin dejarse intimidar, sonrió de medio lado y comenzó.

- No la culpo, señora magistrada, por dudar de Snape y compañia...yo también lo habría hecho hace unos meses atrás.- mintió. - Sin embargo, hoy no le confiaría mi vida a otra persona que no fuese cualquiera de los cuatro. Avanzó desafiante sin quitar sus ojos de la mujer, colocándose delante de Narcissa que estaba flanqueada por los dos hombres, dándole la espalda y continuó. - Hace un par de meses... - volvió a mentir - Draco recurrió a mí por ayuda. Nott, Snape y él estaban luchando solos contra Voldemort y necesitaban a alguien que los ayudara en caso de que algo saliera mal. Yo me mostré reticente en un principio, pero él, como muestra de su confianza en mí… me mostró la marca en su brazo izquierdo. Él me dijo que era libre de ir, y revelar su identidad, o bien quedarme… y ayudarlos...qué fue lo que claramente hice. Me contó toda la historia relatada por Snape, y desde ese momento, nos encontramos diariamente en el baño de prefectos donde me enseñó, junto a Theodore, magia que yo desconocía para curar graves heridas, junto con métodos de defensa. Como miembro de la orden del fénix, puedo declarar que cada información otorgada por Severus Snape fue verídica, y que colaboró completamente con la misión contra el señor tenebroso: planeó la huida de Harry de la casa de sus tíos, nos reveló como destruir los horrocruxes, y nos ayudó innumerables veces desde las sombras. -

- No dudo de su declaración señorita Granger.- La interrumpió aquel tranquilo juez.- sin embargo, no podemos negar los malos actos de los acusados.- Hermione lo miró y respiró profundo, pensando muy bien sus palabras. - Creo que lo que usted considera como malos actos, para mi son los actos más profundos de amor y valentía. Usted no está considerando los motivos de aquellos actos, que debiese destacar como el más importante, seguir a toda costa siendo la mano derecha de Voldemort sin levantar la más mínima sospecha y así, poder seguir contando con tan valiosa informacion. Está usted olvidando que todo acto era aprobado por el mismísimo Albus Dumbledore.-

- ¡Usted es la que está olvidando que se tratan de tres mortífagos! - le espetó la amarga mujer- ¡Y yo soy su mayor encubridora junto con Albus Dumbledore!.- le gritó de vuelta y todos los ojos se dirigieron a ella.- ¡No me venga a decir que estamos hablando de mortifagos de la talla de Lestrange si yo, la sangre sucia más conocida de todo Hogwarts sigo viva!.- Hermione tomó su varita y se la extendió a la mujer.- Tenga- le espetó- esta varita esta manchada con magia oscura, muestra de que mis encuentros con Draco son verdad.- El reflexivo jefe se levantó y tomó la varita. Tras tocarla unos segundos, se la extendió de vuelta a Hermione y se sentó en la misma posición que antes.

- Bien, Hay que deliberar la decisión correcta.- y dicho esto, se levantó de su asiento y caminó, por lo que parecía, un pasillo detrás de las cuatro sillas de los jueces.

Hermione vio como se perdían las moradas capas, y sintió miedo.

Ya estaba todo dicho.

Cerró fuertemente los ojos intentando controlar las lágrimas que querían saltar al abordaje de sus mejillas, en un intento por mantener la compostura. Necesitaba un abrazo, pero no cualquiera: quería el abrazo maternal de Narcissa; el abrazo consolador de Theo que le diría que todo estaría bien; quería abrazar a Draco mientras él le dijera alguno de sus comentarios ególatras como " sin derretirse Hermione "; y quería de sobremanera hundir su cara en el pecho de su profesor, de Severus, sentir su perfume, su fuerza, su calor, su frío,  su corazón palpitar a ritmo con el suyo… y se dió cuenta que ese conjunto se habían vuelto su universo en muy poco tiempo. Si los mandaban a juicio (lo que claramente iba a significar azkaban) ella se quedaría sola. Y es que la ausencia de la orden aquí para ella significaba una sola cosa.- "traidores", pensó y una lágrima que ganó la batalla cayó, junto a su varita.

- Hermione…- Theo la llamó al ver que la chica no se movía. La castaña intentó voltearse pero su cuerpo no respondía.

- Hermione, hija responde - Narcissa la llamó tranquila, pero ella no pudo voltearse. Sus costillas luchaban contra sus pulmones y sus manos temblaban convulsivamente. Abrió los ojos desahogándolos y rasgó sus labios para poder tomar aire, pero este no entró. La visión nublada por las lágrimas pasó al hormigueo y al negro rápidamente. Y como un edificio en demolición, primero la sangre cayó a sus pies y su cuerpo la siguió.

- " diez treinta y cinco " - La pelirroja ya estaba tomándose las manos nerviosamente. ¿Por que no llegan?

- ¡HERMIONE! - Severus gritó mientras intentaba con todas sus fuerzas zafarse de las amarras mágicas que lo aprisionaban a la silla. Theo intentaba lo mismo mientras hacía tambalear su asiento y Narcissa gritaba desesperada por ayuda.

- Herm… - ¿Me están llamando?- la chica luchaba por abrir los ojos, pero no respondía. Muchos susurros llegaban a sus oídos mientras ella intentaba aislar su mente para entenderlos - her…-. ¿Severus?- ¿la estaba llamando a ella?, pero su mente comenzó a dormirse lentamente en un viaje que la alejaba de la realidad. Escucho los últimos susurros para finalmente, caer en la oscuridad.

Ginny se levantó del sillón dejando el libro a un lado y caminó hacia la ventana. miró hacia los jardines, pero solo vio a los ajetreados trabajadores que renovaban la mansión. Agudizó el oído como un radar de la voz de su amiga, de Narcissa, Theo o Snape.

Nada.

- ¡Emissus! - el juez mayor apuntó a Snape, quien se lanzó sobre Hermione al instante. Con sumo cuidado tomó a la chica entre sus brazos y la acurrucó. Theo y Narcissa, que también habían sido liberados, se colocaron a su lado he intentaron despertarla. Los otros jueces al ver la imagen se retiraron sin decir nada, aunque cierta jueza, que dejaba bastante que desear, lo hacía con una mueca de disgusto en la cara.- "nido de víboras"- pensó.

- Señor Nott- Theo levantó la vista y se encontró con esos ojos que le recordaban… ¿A Dumbledore?. - Tenga - El ojiazul agarró el pañuelo que le fue lanzado - se va en 3 minutos y medio. En vista de las circunstancias, les haré llegar la resolución en detalle. - Theo lo interrogó con los ojos y el magistrado sonrió - No lo tome a mal, pero espero no verlo de nuevo por aquí.- y guiñandole un ojo se retiró por el mismo camino que sus colegas.

Theo sonrió y les dijo a los otros. - Sostengan una esquina - Severus sostuvo con firmeza a la castaña y con su mano izquierda sostuvo el pañuelo. Narcissa miró a Theo y él lo dijo todo en cuatro palabras: - Nos vamos a casa.