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Destiny — capítulo 5

POV Hermione

Herbología. De dos a una, y en el castillo, junto a Harry, Ron y Neville… ¡Aquello era una bendición!

Me planté delante del cuarto invernadero veinte minutos antes de que empezase la clase y me reproché mentalmente ser tan puntual. Las brisas otoñales sacudían mi túnica, colándose entre los pliegues de la tela y provocándome escalofríos. Me pegué a la pared del invernadero para protegerme del frío.

Pasado un rato, comenzaron a llegar mis compañeros. Todos los que estaban al corriente de mi participación en el Programa Huxley me dirigieron miradas de ilusión, como si esperasen que les fuese a contar todos los secretos del proyecto. Esquivé sus ojos ansiosos y me concentré en aguardar a mis amigos. Cuando por fin localicé una cabellera pelirroja y otra morena coronando unas gafas de montura metálica, sonreí con alivio y corrí hacia ellos.

—¡Hermione! —exclamó Harry con una sonrisa, abrazándome—. Qué alegría ver que has sobrevivido a Malfoy —añadió en un susurro para que nadie más le oyese, y yo arrugué la nariz, molesta.

—Acabaré asesinándole… Por cierto, ¿cómo sabéis que mi compañero en el programa es Malfoy?

Harry se encogió de hombros.

—Secreto de confesión —rio, y yo no tardé en unirme a sus carcajadas. Entonces, me volví hacia Ron.

Di un paso hacia él con la intención de abrazarle como había hecho con Harry, mientras mi pelirrojo amigo hacía lo mismo. Sin embargo, nos detuvimos cuando estábamos a menos de diez centímetros, y retrocedimos, algo sonrojados.

—Hola, Ron —saludé con una sonrisa nerviosa, a la que él correspondió justo antes de apartar la mirada.

En ese momento, la señora Sprout llegó, haciendo aspavientos para que entrásemos en el invernadero, y Ron se escabulló velozmente entre los demás.

Suspiré, mordiéndome el labio inferior con nerviosismo. Desde aquel beso espontáneo que habíamos compartido en la Segunda Gran Batalla de Hogwarts, nuestra relación era tan borrosa e indefinida que a menudo me preguntaba a mí misma si éramos algo, todo o nada.

No estábamos saliendo, de eso no cabía duda, pero ya no nos tratábamos como simples compañeros. No había habido ninguna declaración de por medio, eso por supuesto, y yo personalmente me estaba consumiendo de pensar tanto en aquello que nos unía o que tal vez nos separaba. ¿Qué sentiría él por mí? Aún no había logrado reunir el valor necesario para preguntárselo.

Sacudí la cabeza y avancé para entrar yo también en el invernadero, pero justo entonces sentí un golpe en el hombro que casi me tira al suelo. Me volví a tiempo para ver cómo Malfoy me dirigía una mirada desdeñosa y hostil antes de desaparecer entre los demás alumnos.

Parpadeé, confusa, y le seguí.

La clase fue especialmente lenta y soporífera, y más de una vez estuve a punto de dormirme entre la densa humedad que llenaba el aire y el suave murmullo de la tierra al ser movida por los estudiantes de un lugar a otro.

En un momento dado, Harry se inclinó hacia mí y me susurró:

—Tú tampoco puedes comer hoy en el Gran Comedor, ¿verdad?

Negué con la cabeza, y él suspiró.

—¿Qué hora tienes libre por la tarde?

Hice memoria mientras enderezaba un pequeño brote de alihotsy especialmente rebelde.

—Tengo pociones de cuatro a seis y encantamientos de siete a ocho —respondí finalmente en voz baja.

Harry bufó, sacudiendo la cabeza.

—Pues yo tengo que estar con mi compañero de proyecto de tres a cuatro y de seis a siete… ¿Crees que podrás escapar de los dominios del hurón oxigenado después de cenar?

Sonreí, divertida y aliviada por la posibilidad de pasar un buen rato en compañía de mis amigos. Asentí silenciosamente, y Harry esbozó una expresión de serena felicidad.

Alcé la vista y observé a los demás, que correteaban nerviosamente de un lado a otro en busca de instrumentos con los que mantener a raya a sus plantas… y, entonces, vi a Malfoy. Apartado, en un extremo alejado de la mesa, solo.

Como siempre.

Desde que había terminado la guerra, los sangre limpia habían sido muy perseguidos, y más aún los que habían tenido algún tipo de relación con el Señor Tenebroso. La familia de Malfoy había sido de las más perjudicadas. A Lucius lo habían sometido al beso del dementor hacía ya dos meses, y por lo que se comentaba entre los estudiantes del colegio, su mujer, Narcisa, se hallaba sumida en una profunda depresión por la cual le era imposible salir de casa.

Observé detenidamente a Malfoy, pensando en lo mucho que debía de estar sufriendo al verse de pronto solo, siendo el principal blanco de venganzas, reproches, rumores y vejaciones, recién convertido en el portador número uno de un apellido manchado de sangre y traiciones que tardaría décadas en limpiarse.

Por un segundo, incluso sentí pena por aquel joven que de un día para otro lo había perdido todo. Absolutamente todo.

Pero entonces él levantó la mirada, haciendo que sus ojos tormentosos chocasen contra los míos, y mientras alzaba una ceja burlonamente articuló en silencio aquel insulto que tanto me dolía: "sangre-sucia". Apreté con fuerza los puños, dedicándole de nuevo toda mi atención a la planta que tenía delante y sintiendo cómo me hervía la sangre.

"Maldito imbécil".

—¿Estás bien, Herms? —me preguntó Harry, algo asustado al ver cómo aplastaba entre mis dedos un bulbo de ligústico sin prestar atención a lo que hacía.

—¿Eh? Ah, sí, sí, tranquilo, estoy bien —respondí con un gruñido, limpiándome la mano en la túnica.

Ese hurón oxigenado iba a volverme loca.

Al terminar la clase, hice ademán de entrar en el castillo, pero en el último segundo recordé que ya no dormía allí, así que con un resoplido me dirigí hacia mi nueva residencia.

Cuando llegué, no vi a Malfoy por ninguna parte, y me pregunté si estaría aún en los jardines. Encogiéndome de hombros, fui a mi cuarto a dejar mi mochila. Al salir de nuevo con intención de prepararme la comida, descubrí que el Slytherin ya estaba allí, inclinado sobre la nevera (que sorprendentemente había conseguido abrir él solito).

—¿Qué estás haciendo?

Claramente le pillé por sorpresa, porque dio un pequeño respingo antes de girarse hacia mí y lanzarme una mirada asesina.

—¿Acaso alguien te ha dado permiso para dirigirme la palabra, asquerosa sangre-sucia?

Fruncí el ceño, cerré los ojos y respiré hondo. "Tranquilízate, Hermione. No te conviene discutir con este idiota". Haciendo un esfuerzo sobrehumano para ignorarle, pasé a su lado hasta llegar a la alacena, donde cogí una barra de pan, una tarrina de mantequilla y un tarro de mermelada de melocotón.

Sentí la mirada de Malfoy sobre mí todo el rato mientras cortaba el pan en rebanadas y lo untaba con la mantequilla y la mermelada. De alguna forma incomprensible, me las apañé para evitar cualquier tipo de contacto visual con aquel imbécil sideral.

Una vez que mi comida estuvo preparada (realmente no tenía estómago para comer nada más) me aproximé a la nevera frente a la que Malfoy aún se hallaba inclinado.

Le aparté de un empujón, cogí una botella de agua mineral y cerré la puerta del frigorífico con fuerza.

—¿Qué te crees que estás haciendo? Yo también estoy buscando algo para comer —protestó Malfoy, volviendo a abrir la nevera.

Bufé, tratando de controlar mi mal genio.

—No se puede dejar tanto tiempo abierta, Malfoy. Los alimentos pueden estropearse —le expliqué con toda la paciencia que fui capaz de reunir.

—Estos aparatos mugglesson una estupidez y una pérdida de tiempo —gruñó él. Volvió a cerrarla y se dirigió a la alacena, furibundo.

Resoplé y me senté en la encimera de la cocina, comenzando a comer. Vi cómo él cogía una tableta de chocolate y la desenvolvía con prisas. No pude evitar sonreír, y él alzó la vista a la velocidad de un lince al escuchar mi risa casi silenciosa.

—¿Qué te hace tanta gracia? —preguntó con un tono que destilaba el hedor de las amenazas.

Pero yo no tenía la menor intención de dejarme amedrantar por él otra vez.

—Nada. Simplemente me estaba preguntando si tienes intención de subsistir todo un curso a base de chocolate.

—Lo que yo haga o deje de hacer no es asunto tuyo, rata de biblioteca.

Tras esa respuesta disparada contra mí con rabia y desprecio, Malfoy corrió hasta la puerta de su cuarto y desapareció cerrando con un fuerte golpe.

Suspiré y me froté la cara con cansancio.

Ya estaba totalmente agotada de mi convivencia con Malfoy, y eso que esta no había hecho más que empezar.