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la hija de bellatrix, bajo la sombra — capítulo 7

6- NavidadNavidad llegó como un soplo de aire, Anette se marchó el 22 de diciembre por la mañana, con un abrazo y la promesa de escribirme, la extraño.

Hogwrts está casi vacío, Longbottom ha tomado nota de lo los chicos que se quedan para navidad, no somos más de 12.

Hogwart brinda una intimidad de ensueño, cruzarse con alguien en los pasillos resulta casi surrealista.  De los Slythering soy la única que he quedado, por lo que vagar por las mazmorras me ofrece completa intimidad.

 Al principio resulta fantástico, he saltado en las camas de mis compañeras, he revisado los otros cuartos, no en profundidad, el sólo hecho de abrir las habitaciones de los otros y mirar dentro hizo que mi corazón galopara de culpabilidad, suficiente emoción criminal para mí, no sirvo para eso del vandalismo, pronto comienzo a volverme paranoica y siento la necesidad de entregarme antes de que me descubran.

Han pasado cerca de ocho horas desde que Hogwarts está vacío completamente y se siente tan mustio como un jardín marchito.

Me estoy volviendo loca, ya he estudiado, leído y jugado al ajedrez conmigo misma tratando de matar el tiempo.

Me acuesto a dormir y entro en un estado duerme-vela. Me habré dormido en algún momento porque no soy del todo consciente, las sabanas se pegan a mi cuerpo por el sudor, la calefacción está demasiado fuerte.

Me siento demasiado sola, es como estar perdida en un mundo paralelo, me siento enloquecer, he hablado con mi lechuza, pero me detuve, oír mi propia voz llenando el aire me hace sentir peor.

Me quedo callada observándola como si ella pudiera leer mis pensamientos, hablar en voz alta o mentalmente es lo mismo, al fin de cuentas ella no va a responder.

Sus ojos ámbares me observan, penetrantes, por un momento quiero salir a correr. Me levanto quitándome el cabello pegado del rostro, no sé qué hora será pero necesito salir, necesito tomar aire.

En la sala común hace mucho frio, creo que me he salteado la cena. De todos modos no tengo hambre, vuelvo  a mi habitación y recojo un abrigo.

El sonido de mis pasos llena los pasillos como tambores de guerra, en estos momentos hasta charlar con un fantasma haría que me sienta mejor. Esto es lo más aburrido y desesperante que he vivido en mucho tiempo. El barón sanguinario aún no aparece, lleva meses perdidos, todo el mundo habla al respecto. Incluso los fantasmas, Mirthle la llorona me ha dicho que los oyó decir que corre el rumor de que haya pasado al otro lado.

Podría ir a hablar con Mirthle… de no ser porque naturalmente su voz me fastidia y me dan ganas de asesinarla, es una insoportable pero incluso estoy tan desesperada que me lo planteo con seriedad.

Sin darme cuanta estoy subiendo las escaleras del segundo piso, me estoy dirigiendo al baño de chicas,  a veces me pregunto si no soy masoquista. El pasillo está inundado como siempre, mis pasos resuenan húmedos en el silencio.

--¿hola?—llamo y entro.

 El espejo del lavado me devuelve la mirada, entre las manchas oscuras y la las vetas horizontales de mugre propia del espejo, puedo ver mi reflejo. Estoy tan pálida que podría ser un fantasma, mi cabello cae pesado por la humedad a los costados de mi rostro, llevo el jumper del orfanato, (por las vacaciones no hay que llevar túnica)  parezco salida de una película de terror, una sonrisa oscura se dibuja en mis labios de forma incontenible, mis pensamientos son tan turbios como mi reflejo, nunca presté atención a lo aterradora que puedo llegar a ser. Encuentro mi propia mirada en el espejo y me sorprendo al encontrar aquél sarcasmo burlón en mis ojos castaños, es extraño creo que entre las serpiente he desarrollado otro tipo de humor, uno más ácido, más agrio.

Oigo el sonido del agua salpicar y me giro en dirección a los retretes, Mirthle me ha estado observando, creo que no le agrado del todo.

--tu madre también venía por aquí cuando tenía tu edad, jiji, ji, jiji—Dice.

 Odio su risa me pone demente, pero ha captado mi atención, lo admito.

--nunca me los has dicho—trato de parecer firme sin ser desagradable.

--tampoco tú me lo has preguntado—sale volando del cubículo y con unas volteretas se pone a escasos centímetros de mí, sus ojos grandes me miran a través de sus fantasmales anteojos. Doy un paso hacia atrás por instinto—ella era más desagradable conmigo que tú. Siempre decía que los impuros no merecíamos ser fantasmas—su voz se agudiza y deja escapar un chillido seguido de unos sollozos falsos. Cambia de pronto su postura y me mira con sus ojos ardientes de emoción—pero yo descubrí su secreto sí, jijij,ji, jiji.

--¿su secreto?—dejo escapar olvidándome de cuan molesta me resulta aquel espectro. 

--sí, sí su secreto ¿quieres que te lo cuente o no?—se impacienta.

Asiento concentrada y ella vuelve reír—te lo contaré si tú me dices como es besar a alguien, hace años llevo pensando en eso—dice de forma dramática.

 Me está extorsionando, en pocos segundos su rostro está apoyado contra el mío y siento el frio de sus fantasmales labios acariciar los míos. Aturdida doy un paso atrás, trastabillo y caigo sobre el suelo mojado, el frio sube por mis muslos, el agua está helada. Mis manos cargan con el peso de mi cuerpo a los costados, me las observo, están enrojecidas por el golpe, no hago amague de levantarme, aún estoy demasiado aturdida por todo esto.

Es lo más extraño que me pudo pasar en la vida, principalmente porque me acaba de besar un fantasma y segundo porque es "una" fantasma.

--¡nunca he besado  nadie!—me quejo molesta por el golpe y por el repentino susto que me ha dado.

--¿estás segura? Te he visto con ese chico rubio, tan guapo, seguro que tiene una lengua dulce—comenta descaradamente, mis mejillas arden.

--¡no! No lo he besado.-estoy furiosa, siento vergüenza y cólera en igual medida.

--qué pena, no te contaré nada entonces.-se encoje de hombros y vuelve volando a su cubículo. 

--no tengo la culpa ¿Qué quieres que haga, que salga a buscar a alguien a quien besar y vuelva para contártelo?—esto es frustrante.

 Estoy indignada.

--¿podrías?—pregunta, su cabeza asoma por arriba de los cubículos, su mirada guarda ilusión.

--¡NO!

--es una pena.-insiste volviendo a desaparecer tras el cubículo con su acostumbrado título de reina del drama.

¡Genial, estoy regateando con un fantasma chiflado!

--de acuerdo, tu ganas—le digo jugándome mi mejor carta, que no haya besado no significa que no pueda imaginarlo ¿o sí?—te lo contaré pero promete que luego tú me contarás el secreto de mi madre.

--¡claro! ¡Vamos!—dice escurriéndose de pronto por el agujero que queda entre el suelo y la puerta del cubículo.

En pocos segundos está frente a mi como un espectador emocionado, se sienta sobre el lavado y espera ansiosa moviendo sus piernas adelante y atrás como una niña-- ¿y bien?

-bueno, no sé cómo explicarlo.—comienzo para ganar tiempo. Mi mente vuela por todas las novelas y películas de besos que haya visto o leído, trato de recordar las charlas que he tenido con mis amigas…  a mi alrededor veo el agua empapando mis manos, ¡eso es!—es húmedo…

Me muerdo los labios, mi lengua cepilla mis dientes mientras mi cerebro se enrosca tratando de imaginarse un beso. Me sorprendo a mí misma al darme cuenta  que el destinatario de mi imaginario beso son los labios de cierto pelinegro que no me habla, destierro aquella imagen de mi mente y me concentro en las descripciones de los libros, no sé qué ha sido eso.

--me gustan las cosas húmedas—comenta el fantasma.--¿y qué más?

--suave, como la piel de un bebé, lo de las mariposas en el estómago, eso es cien por ciento cierto.—digo tratando de parecer convencida, busco su fantasmal rostro esperando que con ello tenga suficiente, pero no, no está para nada conforme.

--¿a qué sabe?

--a saliva—respondo de inmediato y de pronto la imagen deja de parecer tan agradable, incluso me parece asquerosa. Hago una mueca de asco, me prometo a mí misma que jamás besaré a nadie—es un intercambio de baba.

--eso suena asqueroso—me dice Mithle casi como una acusación.

Asiento solemnemente—te toca.

--de acuerdo.—dice poco conforme con el intercambio, creo que esperaba sacar más de todo esto.-- me encontré con tu madre por primera vez cuando vino a llorar aquí, por lo que sé ella estaba enamorada de un muchacho que no la correspondía. Siempre venía a llorar y hablar consigo misma, hasta que descubrió un día que la observaba. Creo que ese día si existiera una forma de asecinar a un fantasma lo hubiera hecho.—Mirthle se estremece, ahora sus ojos se aguzan y me observa con su completa atención.—aunque tu si has encontrado la forma ¿verdad?

--yo no le he hecho nada al barón—me defiendo.

Ella se encoje de hombros.--de todos modos nunca me ha caído bien, pero Peves está incontrolable.

--¿podrías no salirte del tema?—le recuerdo el trato. Ella me lanza una mirada cargada de molestia.

--como quieras, ¿en que estaba? A sí. Bueno, por las veces que la oí llorar descubrí su secreto, sí, sí.—dice relamiéndose como si besara la gloría de una gran hazaña—no sé qué le molestó más: que la hubiera visto llorar o que la hubiera encontrado sufriendo por un muchacho.

--¿un muchacho? ¿Mi padre?—pregunto automáticamente interrumpiéndola. La idea de mi madre llorando ya es extraña, no se parece en lo absoluto a la imagen imaginaria que me he hecho de ella con la información que pude recolectar. Pero mi padre, nunca había pensado hasta el momento en él. Nadie nunca dice gran cosa.

--¡no!—me grita escandalizada como si hubiera dicho una tontería imperdonable.—tu madre nunca amó a Lestrange, ni siquiera lo soportaba. Por lo que sé sus padres los comprometieron y como se había entregado a el muchacho Riddle, necesitaban casarla antes de que se supiera ¡era un escándalo!

--¿Qué se entregara? No lo entiendo ¿a qué te refieres?—no entiendo nada en lo absoluto, no sé quién es Riddle, tampoco me agrada saber que mis padres no se amaban, no sé qué esperaba pero me molesta.

--tampoco yo—se encoje de hombros.—pero era gravísimo, ¡un escándalo! Oí a su hermana decir que era una deshonra porque estaba comprometida, tenían que casarla cuanto antes. Ella no quería, la oí decir que huiría pero al final en su último año la crucé con el anillo de bodas en el dedo, la habían casado antes de que terminar su último curso, durante las vacaciones.

--¿y mi padre?—pregunto pensando en un pobre hombre casado con una mujer que no lo amaba. Siento pena por él, no era así como terminaban las historias que me gustan leer, cuando era pequeña soñaba con que mis padres se habían amado y habían muerto en algún trágico accidente de camino a casa… claro que jamás creí que eran  magos, o asesinos, ese fue un anexo  a la imagen histórica que creé cuando era niña, mas niña que ahora, claro.

 Una vez Annette me dijo que destilaba inocencia por los poros, tal vez tenga razón, lana dijo que eso no era bueno, y sabe dios que me esfuerzo por cambiarlo, pero no sé cuándo estoy siendo inocente y cuando no, creo que en parte eso es la inocencia ¿no? Me gustaría ser más mayor, dejar de pensar como niña aunque no sé por dónde comenzar. Quisiera ser un poco más como Annette.

--no sé nada de tu padre, no salgo a menudo del aseo de niñas—se encoje de hombros.—deberías preguntárselo a otro fantasma, el barón sanguinario podría ser perfecto, aunque desde que lo hiciste desaparecer nadie sabe nada de él.

-¡que no le hice nada!—me quejo pero ella no me escucha, ya me he cansado de repetir los mismo, llevo meses haciéndolo.

--dama gris es cercana al barón, aunque es demasiado reservada, Cedric no existía aún, así que no puede contarte nada, fraile gordo es decimado ruidoso, tal vez pueda ayudarte ¡hey!¿ya te marchas?

Sí, me estoy marchando, me disculpo y salgo a hurtadillas por el pasillo, ya me he cansado de escucharla, de todos modos ya estoy cansada como para buscar algún otro fantasma, tengo que procesar todo esto, luego puede que busque al fraile o sir Nicholas, no lo había descartado de la lista, no al menos cuando me fui, tal vez pueda hablar con los cuadros.

 Fuera del aseo la oscuridad es absoluta, nadie se ha molestado en encender las lámparas de pared. Apunto mi varita en la oscuridad y la luz azulada alcanza para mantener la oscuridad a rayas.

A la vuelta del pasillo veo un relampagueo azul que se apaga tan de pronto como apago mi varita. De momento estoy en completa oscuridad.  Sé que había alguien, me pareció vislumbrar una silueta recortándose contra la luz azulada, pero no debe ser muy mayor.

 No me atrevo a avanzar, pese a que seguro no era un profesor no quiero delatarme,  espero  que se marche  pronto, trato de aguzar mi oído, pero no logro oír nada, ni siquiera mi propia respiración. Otra vez me estoy olvidando de respirar, suelto el aire con suavidad, hasta el pequeño silbido de mis pulmones parece amplificado.

Dejo pasar el tiempo y otra vez prendo la luz.

Frente a mi está él, puedo reconocerlo, sus ojos están oscurecidos tratando de ver entre la negrura.

--¿Kendra?—pregunta sorprendido, una sonrisa cruza su rostro, la tención desaparece de sus hombros. Claro signo de quien respira luego de sentirse en peligro.--¿qué haces aquí?—suena casi acusador y su tono no es más que un susurro.

Extrañamente me siento culpable, culpable de que me haya atrapado. ¿Atrapado en qué? Me estoy volviendo paranoica. Él no puede saber que pensaba en él. Tampoco puede averiguar lo que le dije a Mirthle, y si lo hace ¿Qué más da? No lo besaré. Y él tampoco debería husmear en la noche, está prohibido. Por ser Gryffindor no está exento de las reglas.

--tampoco tu deberías estar aquí—lo acuso cruzándome de brazos, el también enciende su varita y el halo de luz aumenta su tamaño, ahora ambos estamos bañados por la luz azulada, la oscuridad nos rodea por fuera del circulo protector de nuestras varitas.

--digamos que ninguno debería estar aquí, así que… estamos en la misma, podríamos acusarnos pero nos delataríamos y ambos acabaríamos castigados… o podríamos no decir nada y que sea nuestro secreto.—hay una sonrisa en su rostro.

--es un trato—el me tiende la mano, me lo pienso un momento y se la estrecho, mis manos están heladas y las de él son cálidas al tacto.

--estás fría. —comenta atrapando mi mano entre las suyas, me esfuerzo por quitarla de su agarre y le miro ceñuda.

--me caí en el baño de niñas, siempre está mojado…

--lo siento…-comenta buscando mi mirada.

--¿lo sientes?

No entiendo porque debería sentirlo, no puedo evitar que la incredulidad se traspase a mi rostro. Él se encoje de hombros.

--no sé qué decir…

--¡cállate entonces!—le espeto de malos modos.

--¡hey! Trato de ser amable—se queja.

--¿Por qué deberías serlo?

-- ¿no es lo que hacen los amigos?

--¿somos amigos?—replico con fastidio.

--quedamos en eso ¿o no?

--tal vez me equivoque pero los amigos se hablan.

--estamos hablando —tiene una mueca en los labios, está conteniendo una sonrisa, se cree tan especial. Pongo los ojos en blanco. Lo odio, nunca creí que odiaría a alguien pero lo odio ¡es un idiota!

Confirmado: Matthew, Bell no me gusta

Me giro y me voy, no tengo ganas de pelear, no hoy, no con él. Él me agarra por el brazo y me obliga a volverme.

--ya entendí la indirecta. No soy idiota.

--lo eres Bell y un cobarde, ¿porque no te vas con tus amigos? Si tratas de hacerte el simpático para que no te delate, tranquilo, vete y no diré nada. mi palabra, a diferencia de la tuya, vale.

--¡mi palabra vale!—se defiende ofendido.—no miento, ni soy cobarde, tu no me conoces…

--como digas, no quiero que me hables, no quiero ser tu amiga, no quiero conocerte, no voy a ser tu repuesto cuando tus amigos no están. Sólo… no me busques.—las palabras salen de mi boca sin que me dé cuenta, no me había dado cuenta del rencor que sentía hasta este momento. Aquello era verdad, me había cambiado solo porque a sus amigos no les agradaba, ni siquiera se había tomado la molestia de conocerme. Lo odio, siento que voy a llorar.  Apago mi varita y salgo corriendo en la oscuridad, solo se oye el chapoteo de mis pies contra el agua cuando paso frente a la puerta del baño de niñas. Puedo oír que me llama en la oscuridad pero no me sigue.

No debería estar tan molesta, pero lo estoy. Odio ser la rara, odio que todos me rechacen y no saber por qué, no les hice nada, odio a todos los sangre sucia por despreciarme, ¿qué les hice? no soy ella, ¿no lo pueden ver?  Lo odio a él por no ser valiente. Si hubiese sido al revés, yo no lo hubiera dejado, estoy segura, aunque nunca tuve un gran grupo de amigos.  Ahora tengo muchos amigos, no lo necesito, tengo a Annette, que es mi mejor amiga. También tengo a Willa, diana y lana, luck también es mi amigo, y creo que jenna y mi lechuza. No lo necesito.

No sé qué me ocurre pero estoy llorando, odio llorar, froto bruscamente, mis ojos odiándome a mí misma por ser débil, otra vez aquella molestia en el estómago, creo que me he vuelto a saltear gran parte de las comidas, abrazo mi almohada y hundo mi cabeza en ella, necesito morderla para contener un sollozo que acaba por traicionarme y se escapa. Es el primero de una avalancha, mi cuerpo convulsiona en espasmos silenciosos tratando de disipar una angustia que ni siquiera yo sabía que llevaba dentro.

¡Amiga/o!

Gracias por leer, espero que estés disfrutando, si lo haces házmelo saber, si no lo haces, busca otra historia que te de placer, en la vida sólo busca el placer, que es aquello que al final nos queda, busca aquello que te de felicidad amigo/a lector/a. 

déjame tu comentario, y hazme  feliz, regala felicidad y recibe buenos deseos, ¡que tengas un maravilloso día!

M