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la hija de bellatrix, bajo la sombra — capítulo 8
Navidades fue espantosa, me sorprendí al descubrir un par de obsequios debajo del árbol. Uno es de Annette, el otro no tenía nombre.
El barón sanguinario apareció de pronto sobrevolando mi cabeza, casi me desmayo de la impresión, esta vez no me atacó, simplemente me observaba, abrió su boca y un sonido oxidado raspó su garganta.
--feliz navidad lady Bellatrix—por un momento tardé en comprender, su voz estaba demasiado fuera de uso, como si hiciese siglos que no hubiera dicho palabra alguna. Su ingles tenía un acento antiguo, supongo que acorde a la fecha de su muerte. No me he interesado demasiado en los fantasmas de Hogwats, menos en uno desaparecido.
--¿Por qué has desaparecido?—las palabras se escapan de mi boca, estoy un poco irritable. Debo admitir que siento una morbosa fascinación por los fantasmas. Me impresionan en el buen sentido, aquella aura plateada que les rodea es hipnotizaste, me dan ganas de tocarlos pero me abstengo. Ya he tenido suficiente la primera vez que lo he hecho—todos me han echado la culpa de su desaparición—me doy cuenta de que estoy siendo más ruda de lo necesario, estoy a punto de disculparme cuando el fantasma vuelve a interrumpirme.
--la tienes, mi señora.--¿señora yo? Genial, un fantasma demente. ¡Que no le he hecho nada!—usted me lo ha pedido.
--¡No lo he hecho!— ¡dios, que no lo hice! ¿Me cree idiota?
--ahora no lo entiende mi señora, pero más adelante lo comprenderá, márchese ahora que está a tiempo…
--¿Qué me vaya a dónde?
--fuera de Hogwarts, mi señora, a su hogar, ha cometido un error muy grave al venir, este no es su sitio.
--este es mi hogar, mis amigos están aquí…--murmuro pensativa, colegas amigables eso es más de lo que he tenido en "casa".
--¿en verdad le consideráis amigos?—sus ojos plateados parecen leer mis pensamientos, odio esto. Alzo el rostro dándome importancia y le enfrento, trago de forma audible pero el parece imperturbable ¿y bien que podría perturbar a un fantasma?
--no puedes saberlo.
--lo sé tan bien como usted misma mi querida Bellatrix, los pocos que le importan acabarán condenados por su causa. ¿Acaso a usted no le importa eso? Usted misma sufrirá si se queda, Hogwarts es maravilloso para todos los que posean sangre mágica, pero hay magos que jamás deberían explotar sus talentos, por el bien de todos.
--¿Cómo puedes saberlo?—pregunto manoseando mi varita bajo la túnica, de solo pensar en marcharme se me hace un nudo el estómago. No, no quiero, no puedo, prefiero morir a renunciar a esto.
--los fantasmas poseemos una sabiduría que los mortales no llegarán nunca a comprender, mi cuerpo mortal jamás hubiera podido soportar la sabiduría de más de 10 siglos de memorias… solo lo sé, y debería bastarte si fueras sensata.
Me muerdo el labio y comienzo a analizar sus palabras, suenan aterradoras, pero inverosímiles, no ha ocurrido nada que sugiera que soy un peligro, no he hecho nada, soy buena. ¿Por qué nadie confía en mí?
--no puedo irme—mi voz suena débil, suena a suplica. No, no suena a suplica, lo es. Estoy suplicando, no puedo irme, siento que voy a llorar todo es muy confuso.
--¿por qué?-es tan directo que duele. Simplemente no puedo ¿Por qué no le basta con eso?— ¿por el muchacho? El señorito Bell, jamás le corresponderá de la forma que usted espera, y vuestra amiga si le valoras de verdad deberías marcharte, puede que la señorita Cats sea vuestra "verdadera amiga" como la llaman ahora, pero no es buena influencia, juntas sois "geniales" pero a veces la genialidad viene de la mano de los problemas.
Genial suena demasiado alto para mí, Annette es genial, mi madre era genial por lo que sé, yo soy solo una sombra, una imitación mal hecha, no me siento tan genial como el resto pretende que soy. Estoy furiosa, odio sentirme así, la ira crece desde el fondo de mi estómago y explota en mi cerebro, mis sienes laten de forma furiosa, quiero causarle daño a algo. Es mi vida, pudo decidir qué hacer, o al menos puedo decidir cuándo acabar esta conversación.
Me doy la vuelta y salgo caminando en la dirección opuesta. El fantasma me sigue a corta distancia, no pienso hablarle. Él tampoco lo hace, permanece callado a mi lado, voy hasta la biblioteca.
En el camino veo al sr. Longbottom que me saluda y le devuelvo el saludo, se detiene y con casi temor saluda al fantasma que está detrás de mí dándole la bienvenida. El fantasma no le contesta, asiente y se desvía desapareciendo detrás de uno de los muros de piedra. Eso está mejor.
Compartimos una pequeña plática con el profesor. Según entiendo hay una plaga de Giloyas entre las plantas del invernadero 3, (sea lo que sea que sean las Giloyas) trato de parecer preocupada e interesada por el problema del sr. Longbottom, es de todos mi profesor favorito, creo que los profesores también sienten la soledad en Hogwarts, porque se detiene y charlamos largo rato, parece encanado de tener alguien con quien compartir sus pensamientos. También le estoy agradecida, cerca de media hora después, nos despedimos. Me recomienda que me mantenga alejada del invernadero tres, por un tiempo va a estar suspendida la clase de herbologia. Lo dice con sincera pena, y no puedo evitar sentir empatía, asiento con el rostro grabe y le aseguro que siento mucho la perdida de sus Brikellias (los Giloyas las han exterminado) tardamos cerca de un cuarto de hora más despidiéndonos en lo que me cuenta más sobre el resto de sus plantas, no es que me moleste. Verdaderamente me interesan. Parece que está criando un sauce boxeador, en verdad quisiera verlo.
Para cerca del mediodía estoy en la biblioteca acariciando los lomos de cuero.
--esta no es sección para alumnos—reconozco el tono suntuoso y oxidado del barón sanguinario.
--tampoco es muy aceptable que los fantasmas acosen a los alumnos—detengo mi mano sobre uno al azar y lo tomo.
Abro el libro sin girarme y unos gritos espantosos afloran de él. Me sobresalto, dejo escapar una maldición y se me cae de las manos, apresuradamente lo vuelvo a tomar y lo cierro con furia.
--le dije que no era sitio para niños y tampoco es lectura para una muchachita—me señala lo obvio con aquél tono que uno utiliza para decir "te lo dije"
--márchate—le pido con seguridad y para mi asombro se marcha.
Me dejo caer en el suelo y comienzo a investigar el libro con el candil a mi lado y las piernas cruzadas, no me atrevo a abrirlo de nuevo. Recorro con los dedos el cuero duro de la tapa, se siente su potencial mágico, es un tesoro. Encuentro un grabado que llama mi atención. Es una s, en forma de serpiente, lo doy vuelta y encuentro lo que buscaba, una pequeña escritura casi imperceptible en letra distinguida reza "colección personal Salazar slythering"
Colección, eso significa que hay más, levanto el candil para iluminar los tomo, efectivamente. deben ser cerca de 12 ejemplares con las misma eses serpentaria en sus lomos. Me siento como un niño pequeño al que se le da una caja llena de dulces, quiere comérselos todos a la vez.
Esto es un paraíso, uno tétrico y excitante, como todo lo Slythering, naturalmente me atrae.
Al principio creía que el sombrero se había equivocado, pero es cierto que mi color es el verde y plata, nadie lo dudaría ni un momento.
Tomo el libro y lo oculto bajo mi túnica, lo necesito, se trata de una necesidad más allá de la simple curiosidad. Aquí no tendré la suficiente privacidad para estudiarlo, necesito encontrar el sitio adecuado.
En la parte prohibida de la biblioteca siempre parece que fuera de noche, eso en cierto modo es un beneficio cuando uno trata pasar desapercibido pero se transforma en un problema a la hora de estudiar un libro.
Me arrebujo en mi capa y me dirijo hasta la puerta, la bibliotecaria: la sra Prince, me mira sobre sus gafas triangulares como un viejo buitre. Le sonrío mostrándole mis manos limpias de libros (a la vista ) me entran unas tremendas ganas de sonreír mientras me estudia unos momentos de arriba hacia abajo, creo que sospecha de mí.
--solo vine por algo de lectura rápida para matar el tiempo. ¡Feliz navidad sra. Prince! Trato de enmascarar mi sonrisa de ladronzuela con una navideña. La mujer frunce más el ceño, si aquello es posible, y con un desagradable cumplido me contesta lo que pretende ser un saludo navideño.
Debería sentirme alagado por ello, una felicitación por navidad de la sra. Prince, es tan increíble como que Hitler salude a un judío, le limpie las medias, y le haga las uñas. Algo así, solo traten de imaginarlo.
Antes de que la mujer cambie de parecer me escabullo hasta mi sala común con mi tesoro bajo la capa, dispongo de absoluta privacidad, al menos hasta mañana que llegan mis compañeros de las vacaciones de navidad.
Dejo pasar un rato observándolo y vuelvo a abrirlo, otra vez los gritos ensordecedores me aturden, tiene que haber una forma, lo cierro casi con furria haciendo que el sonido de las tapas sea incluso más fuerte que el de los gritos de las caras de tinta. Daría lo que sea porque Annette estuviera aquí, ella sabría cómo solucionarlo.
bien amigo/a aquí termina este capitulo navideño, espero que hayas tenido una bonita navidad con tu familia. ¡felices fiestas! regálame un comentario si es que te ha gustado.
pd: no importa si eres nuevo lector, comenta el capitulo que más te guste, no necesariamente el último
PD2: si eres nuevo lector házmelo saber, me hace muy feliz :)