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I'm sorry I lied, but I'm not Isabella Swan. I'm Isabella Holmes — capítulo 3

Capitulo 3  —¿Me extrañaste?—me flasheó una sonrisa. —Claro que te extrañé—dije con sarcasmo, dejando mi rabia sentirse en mis palabras—Adoro tenerte como enemigo y verte asesinar personas que conozco.  Jim Moriarty sonrió, una de esas sonrisas encantadoras que sí las ves no puedes llegar a imaginarte que en realidad él es un asesino y un psicópata.  —Me alegra tu también pienses así—dijo Moriarty—Empezaba a extrañarte, Isabella. Esta resultando realmente aburrido competir e intentar asesinar a Sherlock nada más. Es más excitante y divertido intentar asesinarlos a ambos...Ver la desesperación en el rostro de Sherlock cuando te toco, o la tuya cuando lo toco a él...Y la desesperación de John al verlos a ambos sufrir...Oh sí, realmente..- Moriarty no pudo continuar, porque perdí la paciencia y le disparé. La bala pasó rozando su brazo izquierdo, y antes que el franco-tirador pudiera dispararme, Moriarty levanto una mano deteniéndolos. Y la luz roja en mi pecho desapareció.  Yo lo miraba furiosa. Él había matado a Charlie, algo que me tenia molesta, ¿pero meterse con John y Sherlock también? Eso si que me puso furiosa.  —¿¡Qué quieres?!—pregunté cruzándome de brazos, intentando no volver a perder la paciencia y matarlo allí mismo. Quería que nuestro final fuera...digno de película, algo extravagante, algo digno de nosotros. —¿No lo sabes?—se rió Moriarty—¿No eres tan inteligente como para saberlo?  Me sentí rabiosa, pero no podía evitarlo, Moriarty tenia la habilidad de esconder muy bien sus sentimientos y pistas en su ropa y esas cosas. Él era el único al que no podía leer además de mi padre. —Ilumíname—dije secamente—¿Qué haces en Forks, Washington? —Tengo clientes—dijo con aire misterioso. Yo bufé. —Aunque....—él subió su tono de voz—Vine para verte. —Eso me halaga mucho—le dije—¿Pero tenias que matarlo?—Oh, lo siento, no pude resistirlo—sonrió. —Imbécil—le dije. —Oh vamos, Izzy—suspiró Moriarty—Sabes por lo que vine, no te hagas la tonta... Lo mire con odio.  —Mi oferta sigue en pie...—me dijo recordándome la ultima vez que nos habíamos visto. —Mi respuesta sigue siendo la misma—le dije secamente. —Oh, créeme, pronto cambiaras de opinión—me aseguró. —No lo has logrado aun—le recordé con actitud victoriosa, mi sonrisa socarrona apareciendo en mi rostro después de no haberla usado hace casi un año—No lo lograras nunca. —Ni siquiera estaba intentando—sonrió Moriarty—Conocerás al verdadero Jim Moriarty pronto, muy pronto.  Estuvimos unos minutos mirándonos a los ojos, simplemente mirándonos. De la nada, él sonrió, se dio la vuelta y empezó a salir de la casa. Antes de marcharse completamente se volteo a mirarme.  —Buen viaje, Srta. Holmes—dijo, haciendo una reverencia ante mi como si fuera un caballero, y me entregó un sobre. Al abrirlo noté que era un pasaje de avión a mi nombre. Lo miré alzando una ceja, mi pistola firmemente en mi mano—La espero en Londres.  Yo no deje de apuntalo con mi pistola ni un segundo. —Te atraparé luego—prometí.  Él ya había salido de la casa cuando escuché su grito. —¡No, no lo harás! Con un suspiró pesado me acuclille cerca de Charlie. —Lo siento—le dije—No creí que algo malo te pasara, todo esto es mi culpa...Yo volví a suspirar, el pobre Charlie Swan no merecía haber muerto por mi culpa.  "Las personas mueren" me recordó la pequeña voz en mi cabeza que se parecía tanto a Sherlock "Eso es lo que hacen, y por sentirnos mal por ello no lograremos que eso cambie".  Dándole una ultima mirada a Charlie salí corriendo, sin importarme en tomar mi equipaje, y corrí sin rumbo fijo. A medio camino me detuve y llamé a la policía. Les informe que había un cadáver y la dirección de la casa. Cuando me preguntaron mi nombre colgué. Con un suspiro pesado note que había corrido hasta casi llegar a la casa de Los Cullen's.  Solté un suspiro pesado y pase una mano por mi cabello, haciendo que se volviera aun más rizo. La casa se veía vacía, sin vida. Con dolor recordé que me habían dejado, y que tal vez no los volvería a ver nunca más en mi vida... Entré con pesar a la casa, pasee por todo el lugar, deteniéndome junto al piano de Edward. Con un suspiro pesado me senté y pase mi dedo con delicadeza por las teclas.  Memorias buenas (y malas) pasaron por mi mente al estar allí... Me forcé a mi misma a salir de allí. Antes de salir por completo de la Mansión que tantos recuerdos me traían, me dirigí al garaje, con la esperanza de encontrar allí algún auto que pudiera usar para ir al aeropuerto.  Al entrar tuve que encender las luces para poder ver, y cuando lo hice note que no quedaban autos, solo había uno, tapado por un manto gris. Me acerque con detención y levanté el manto. Era el Mercedes de Carlisle, y en la puerta del auto había una nota pegada. Tomé la nota y la leí con tristeza.  *No puedo ver más tu futuro,**pero confiare en que tienes un buen motivo para hacer lo que estas haciendo.**Con amor,*Alice.

Muchas, muchas, muchas horas después mis pies tocaron suelo británico. Mi animo había mejorado considerablemente, me sentía muy contenta de haber regresado. Observe por todo el lugar en busca de mi padre o de mis amigos, pero no los vi. Como no tenia equipaje salí del aeropuerto sin tener que esperar por mis maletas. Al salir lo primero que vi fue un auto negro esperándome.  Con un suspiro pesado entre a este. Allí estaba la asistente de mi padre, Anthea, o cualquiera que fuera su verdadero nombre. Ella no se molesto en levantar su vista de su teléfono. Ella era....no estaba segura de que palabras usar para describirla. Ella era muy buena en su trabajo-o eso decía mi padre-pero tenia una seria obsesión con su teléfono. Por más que yo la estudiara y estudiara por todos estos años no encontraba nada sobrenatural en ella. Cejas finamente depiladas, uñas perfectamente pintadas, ropas a la moda...no había fuera de lo normal con ella.  —Hola—saludé solo por molestarla. La escuché suspirar. —Srta. Holmes. —¿A donde vamos?—pregunté con una ceja alzada. —Tu casa—dijo sin molestarse en ocultar su aburrimiento. —No—dije rápidamente—Llévame a Baker Street. —El Sr. Holmes dio estrictas ordenes de llevarla a usted a la mansión. —No me interesa eso—la interrumpí—Quiero ir a Baker Street...—Pelea con tu padre, no conmigo—me interrumpió Anthea sin siquiera molestarse en mirarme.  Yo bufé y me eche para atrás en el asiento, con mis brazos y piernas cruzadas.  Pase los minutos que tardamos en llegar a la casa de mi padre observando a Anthea, luego le envíe un texto a John, pero este no me contestó. Por lo que me rendí y tuve que pasar los minutos restantes mirando por la ventana... Al llegar a casa no me moleste en buscar por mi padre, sabia que era probable que a esta hora estuviera en una reunión importante o atendiendo asuntos "Confidenciales". Entre directo a mi antigua habitación, y me sorprendí de notar que mi padre lo había dejado justo como yo lo había dejado cuando me mudé con Sherlock y John.  No estaba orgullosa de ello, pero mi antigua habitación estaba muy desordenada, con libros en cada esquina, experimentos a medio terminar...Pero también tenia lo suyo, con un balcón con vista panorámica hermosa, con antiguos pósters de algunas de mis bandas favoritas de cuando yo era adolescente...Aun tenia ropa allí, note mientras paseaba por la habitación.  Sentí una presencia en la puerta, pero no me voltee, estaba ocupada revisando mis antiguas pertenecías.  —Lo deje todo como estaba—escuché a mi padre—No sabia que podía explotar si lo tocaba. Yo medio reí y me voltee hacia él. —Hola—saludé tranquilamente, sin saber si lo abrazaba o dejaba nuestro encuentro así.  Nuestra relación nunca había sido la mejor que digamos...Me parecía demasiado a Sherlock para el gusto de mi padre. No se confundan, mi padre quiere a Sherlock, y me quiere a mi, e incluso mi padre resulta ser aun más inteligente que Sherlock, pero no lo demuestra mucho. Mi padre tiene la habilidad de esconder su "rareza" al contrario de Sherlock y yo, ambos no sabemos ni queremos esconderlo, somos así, nos gustaba que se notara, y mi padre me regañaba por eso constantemente. Eso había causado un poco de problemas. Sin mencionar que yo no fui exactamente planeada por mi padre, sino mi madre se embarazó apropósito para sacarle dinero a mi padre...lo que por cierto no funcionó... —¿Tuviste un buen viaje?—me preguntó mi padre. —Ah...ya sabes, lo común—dije sin darle importancia. —¿Como va tu dieta?—me burlé. —Bien—me dijo con tono cortante, y yo sonreí socarronamente.  Hubo un silencio y me voltee a mirar a mi padre. Él había conocido a Charlie Swan, había sido su amigo de hecho... —Charlie esta muerto—le dije—Moriarty lo mató.  Antes de que mi padre pudiera decir algo su celular sonó indicando que tenia un nuevo mensaje, y él auspiró irritadamente.  —Hablaremos luego—me dijo—Por ahora preparaté, organice una fiesta por tu llegada. Yo me quejé, estaba cansada por las horas que pasé en el avión. —Eso es aburrido—dije. Mi padre rodó los ojos, dándome una mirada irritada. —Quiero que te comportes, estarán personas muy importantes, la prensa...—Oh genial—me quejé interrumpiéndolo—Tontos fotógrafos que quieren tomarme una foto por ser tu hija y la mejor detective de la ciudad... Mi padre rodó los ojos ante mi arrogancia, pero había una sonrisa en su rostro. —Prepárate—me repitió—Los invitados comenzaran a llegar en unas horas. Con eso salió de mi antigua habitación cerrando la puerta.  Con un suspiro pesado me dirigí hacia el baño de mi habitación y me di una larga y lenta ducha. Las horas que pase sentada en aquel avión me habían matado la espalda. Cuando salí de la ducha me enrollé en mi toalla y me dispuse a buscar algún traje descente que utilizar para la fiesta. Ese era un trabajo muy fácil, considerando que había dejado muy poca ropa cuando me había mudado.  Al final escogí un vestido negro con delgadas magas, con una banda violeta oscura bajo el busto. Me coloque mi chaqueta larga de color negra y mi cabello lo peine en una trenza que caía sobre mi hombro izquierdo. Tenia mis tacones negros colocados, con mis pendientes favoritos y un poco de labial y estuve lista para bajar.  Mire por mi balcón, y note que ya habían llegado muchas personas. Y justo en ese momento mi padre entró a mi habitación para apurarme. Al verme me miro de arriba a abajo.  —¡Ni siquiera te cambiaste de ropa!—me acusó. —¡Claro que sí!—sonreí—Quise ponerle un poco de color, ¿no ves? Banda violeta. Mi padre suspiró y negó con la cabeza. —¿No puedes quitarte por un día, unas hora, esa chaqueta?—suspiró. —Nop—dije con mi mejor sonrisa insolente. Papá suspiró una vez más y me indico que bajara. —Voy en un segundo—le aseguré.  Mi padre salió de mi antigua habitación, y yo me observe un segundo más en el espejo antes de bajar tras mi padre.  Lo primero que vi fue la casa llena de personas importantes y paparazzis. Fui cegada momentáneamente por el flash de las cámaras, y luego pude caminar tranquilamente hacia donde estaba mi padre. Él hablaba con unos socios, y al verme acercarme a él me sonrió.  Yo intentaba no sentirme tan incomoda, pero no podía evitarlo, todos me observan y los escuchaba cuchichear entre ellos, hablaban sobre la hija prodigia del hombre más importante de toda Inglaterra. Pero no solo comentaban sobre mi lindo atuendo hoy, o sobre mi regreso, sino que hablaban sobre la famosa detective consultora Isabella Holmes, sobre mi reacción con Sherlock y John, y sobre quien sabe que chismes y tonterías se inventaban ellos.  Le di una sonrisa cortes a los invitados de mi padre, y me dirigí a él. —Padre—dije suavemente—¿Está Sherlock aquí? —Supongo—dijo sin prestarme mucha atención mi padre—Creo que lo vi hace poco por algún lugar...no lo se. —Gracias—bufé mientras me daba una vuelta y me alejaba.  Busque a Sherlock por todos lados, pero no lo vi. Con un suspiro pesado me senté en el borde del balcón y observe la vista con un suspiro pesado. En estos momentos mi mente regreso a los Cullen's y me costo mucho trabajo dejar de pensar en ellos. Por eso quería ver a Sherlock, él era el único que lograba distraerme de las cosas.  —Srta. Holmes—escuché una voz llamar tímidamente detrás de mi. Me voltee y vi a Molly, Lestrade y Anderson. —¡Hola!—sonreí de oreja a oreja—Qué gusto verlos...a ti no Anderson. Lestrade estrecho mi mano, Molly beso tímidamente mi mejilla y Aderson se rió sarcásticamente. —Nos alegra de sobremanera que estés aquí—me dijo Lestrade—Sherlock a estado más rudo que nunca. Anderson bufó.—Como si ella fuera mejor que él...—se quejó. —Al menos ella lo calma un poco—señaló Molly. —Vamos chicos, Sherlock no puede ser tan malo sin mi—rodé los ojos—Yo no he estado toda mi vida con él, recuerden que soy menor que él. —Sí, pero has pasado años con él—me señalo Lestrade—Al menos contigo él era un poco más....—Controlado—ofreció Anderson. —Vamos chicos, John lo acompaña siempre y nos controla a ambos—rodé los ojos.  Los cuatro nos fuimos a sentar a una de las mesas para hablar mejor y unos meseros nos ofrecieron unas bebidas. Nos pusimos a hablar un rato sobre Sherlock y los casos.  —Sherlock es dos personas distintas, es una diferente cuando esta contigo, y otra muy diferente cuando tú no estas—me dijo Molly con un suspiro triste. Yo medio sonreí, Molly tenia un serio enamoramiento de Sherlock. —¿En serio?—alcé una ceja, yo nunca lo había notado diferente, pero bueno...—Sí—rodó los ojos Anderson—Contigo es más arrogante, se nota que quiere impresionarte. Yo alcé una ceja. —Vamos chicos, Sherlock no tiene porque querer impresionarme—dije confundida—Yo se lo inteligente que él es, y él sabe lo inteligente que yo soy, no necesita impresionarme.  No seguimos hablando porque hubo un escándalo en la prensa, y al voltearme supe inmediatamente porque era. Sherlock Holmes y John Watson acababan de entrar a la casa por la puerta que daba al jardín, donde estaban uno que otro invitado. John medio sonreía divertido ante la prensa y la reacción de Sherlock. Sherlock intentaba pasar sin que le tomaran una foto. Palabra clave: intentaba.  Mi corazón se acelero y mi sonrisa se ensancho al verlos.—¡Sherlock!—llamé—¡John!  Ambos dirigieron su vista hacia mi, y sonrieron de oreja a oreja, intentando hacerse paso entre los fotógrafos. Yo me levanté y les dije con tono demandante que se apartaran. Los fotógrafos me hicieron caso, después de todo yo era la hija de uno de las personas más importantes de todo Londres, sino el más importante.  En menos de un segundo los tres quedamos frente a frente por fin.  —Hola Doctor Watson—sonreí con mi mejor sonrisa traviesa—¿Me extrañaste? —Por supuesto, Srta. Holmes—un brillo en los ojos de John me dejo en claro que era cierto, y luego me encontré envuelta en los brazos de John. Yo le devolví el abrazo con una sonrisa enorme, había extrañado a mi mejor amigo. —Y tú, Sherlock...—no pude continuar porque Sherlock me había envuelto en un enorme abrazo. Yo sonreí de oreja a oreja, Sherlock no era un tipo de abrazar mucho, pero cuando lo hacia te hacia sentir muy bien.