Estoy listo/ Ted Lupin — capítulo 25
Ted tragó saliva al ver esta fotografía. Él de verdad no quería volver a sentir compasión por su padre, pero esa imagen... Su abuela tenía razón. Había tanto amor en aquella imagen. No. No se permitiría sentir eso de nuevo. Su padre quiso abandonarlo y esa era la verdad.
- Veo que ahora lo entiendes - Andromeda sonreía.- ¿Qué? No, no... - Ted levantó la mirada hacia su abuela.- Tus ojos dicen otras cosa, mi niño.- ¿Qué? ¿A qué... - Ted no lo había notado. Sus ojos estaban llenos de lágrimas. Se negó a dejarlas caer, así que pasó sus manos por sus ojos y se esforzó por que no aparecieran más lágrimas.- ¿Por qué insistes en ser tan cruel con tu padre? - preguntó Harry.- Alguien tiene que hacerlo - dijo Ted poniendo la foto en una mesita, pero sin dejar de mirarla en realidad - Lo siento, no puedo ser tan comprensivo como ustedes. Harry y Andromeda intercambiaron miradas.
- Ted, él volvió...- Para volver tuvo que haberse ido... - Es gracioso que odias lo que hizo, pero eres igual que él - sonrió Harry.- ¡Yo nunca aband....- No escuchas razón. No importa que te digamos, nada te hará cambiar de opinión. Crees que debes tener la razón.- Es diferente. No lo entiendes.- Hasta usas sus mismas excusas. Ted sintió enojo. No podía ser así. Él no podía parecerse a Remus. Harry no sabía lo que decía. Él no lo entendía.
- En fin, Ted, sé que no quieres oírlo, pero debemos terminar lo que iniciamos así que te contaré lo siguiente que sé: el día de tu nacimiento.- No, Harry - lo interrumpió Andromeda - Sé que fuiste tú a quien Remus fue a ver ese día, pero yo estuve ahí. Yo hablaré primero. Harry sonrió e hizo un gesto con la mano, indicándole que siguiera.
- Bueno, despu...- Pero Harry tiene razón - intervino Ted - Yo no quiero escuchar el resto. - No importa, Ted - dijo Andromeda - Ya lo iniciamos... - Además, recuerda que fue tu decisión - siguió Ted - Querías saberlo todo. Asume las consecuencias.- Pero es que yo no...- Después de que tu abuelo tuvo que huir - Andromeda comenzó a hablar sin importar lo que su nieto dijera - yo me quede sola. Remus y Dora vinieron a vivir conmigo. Los 3 intentábamos averiguar información sobre tu abuelo. Dora en el Ministerio, Remus viajaba a varios bosques y hablaba con otras criaturas mágicas, y yo con otros contactos muggles. Fue inútil. Remus y Dora sostenían reuniones con Kingsley y Arthur de vez en cuando. Y... bueno, a Remus lo invitaron un par de veces a... era un programa radial secreto... no recuerdo su nombre...- Pottervigilancia - dijo Harry - De hecho, la única vez que tuve la posibilidad de escucharlo, Remus estuvo allí.- Si, so, Pottervigilancia... Bueno, en ese programa fue donde recibieron el informe de Kingsley. Tu abuelo había muerto - la voz de Andromeda se había debilitado. Había lágrimas rodando por sus mejillas de nuevo. Ted la había escuchado hablar cientos de veces sobre su abuelo, pero nunca habló de su muerte - Lo mataron. Esos cobardes... - Andromeda dio un largo suspiro, se secó las lágrimas y siguió - Fue muy difícil afrontar la muerte de tu abuelo, pero tu llegada se acercaba y no podíamos dejarnos caer. Con la ayuda de Bill Weasley, Remus sacó todos sus ahorros de Gringotts; era muy poco, pero le alcanzó para comprar una hermosa cuna y tu primera muda de ropa. Claro, ya Dora y yo te habíamos comprado bastante, pero esa era especial, así que decidimos que sería la primera.
Tu padre estaba muy nervioso. No por que le preocupase que fueras a ser hombre lobo... o bueno, quizá si. Pero ahora lo que le preocupa era ser padre - Andromeda empezó a sonreír - Remus no hacía sino preguntarme como debía cargarte o cambiarte el pañal. Dora reía a carcajadas cuando lo veía pasearse por la casa alzando una almohada y cantándole canciones de cuna, practicando para tu llegada. También pasaba noches enteras tendiendo y destendiendo tu cuna. Quería asegurarse de que fuera perfecta. Era muy tierno. Y bueno... pocos días después el día llegó... Era un jueves. Lo recuerdo bien. Tu madre estaba en la sala leyendo un libro y yo estaba con Remus en la cocina enseñándole a hacer un tetero cuando oímos un grito. Era tu madre. Remus salió corriendo con su varita en alto... *"No me vas a matar antes de que tenga al niño ¿eh?... ¡Creo que llegó la hora!".*Remus palideció. No podíamos llevarla a San Mungo porque para ese momento, los mortífagos ya se habían tomado hasta el Hospital y nos asustaba que Bellatrix llegara, y... bueno... Tu padre ya había hecho contacto con un médico muggle que vivía cerca. Salió corriendo por él y unos 15 minutos después volvió con el doctor. Fue gracioso porque Remus estaba más nervioso que Dora y resultamos calmándolo entre las dos. Estábamos en... en tu habitación... ahí solían dormir ellos. Al cabo de un par de horas, por fin naciste. Remus fue el primero de nosotros en sujetarte. Lo hizo con tanta delicadeza que nunca adivinarías que debajo de él había un lobo que salía en luna llena. Te sujetó, te abrazó y llorando te dijo *"Lo siento. Fui un tonto. Nunca más volveré a dejarte. Te lo prometo".*Tu padre aún se arrepentía de haberse ido tiempo atrás. Te repitió eso por varios minutos. Dora empezó a llorar. El doctor tenía que verificar que estuvieras bien así que se tuvo que quedar un rato más. Remus tuvo que hacerle un encantamiento desmemorizador luego pues el muggle te había visto cambiar tu cabello de negro a rojo cando tenías apenas una hora de nacido. ¡Justo igual que tu madre cuando nació! Cuando el muggle se hubo ido, tu madre te alzó. Apenas te vio le dijo a Remus *"Es igual a ti"*Tu padre se sentó junto a ella y la abrazó. Era una escena encantadora. De hecho, fue justo así... ¡no me resistí a tomar la foto! >> Andromeda sacó otra fotografía del mismo álbum del que había sacado la anterior. Ted levantó la mirada sin mucho ánimo y la vio; otra hermosa imagen: Una mujer recostada en una cama, de cabello negro, sudaba y se veía cansada, aún así tenía una sonrisa gigante y lágrimas caían por sus mejillas. Junto a ella, un hombre la abrazaba. Se veía mayor; tenía cabello café, pero muchas canas. Las lágrimas casi que ocultaban unas cicatrices en su cara. Tenía una sonrisa hermosa y una mirada llena de orgullo. Uno de sus dedos era sujetado por una pequeñita mano blanca. Era la de un bebé de cabello rojo. Dormía tranquilamente. A Ted esta vez no le importó dejar caer cientos de lágrimas. En ese momento se le pasaron cientos de pensamientos por su cabeza... ¿qué habría pasado si aquellas dos personas no hubieran muerto? Se los imaginó en cada uno de sus cumpleaños, jugando en casa junto a él, acompañándolo a comprar su varita y su bata en el Callejón Diagon, llevándolo de la mano a la Plataforma 9 3/4 por primera vez, recibiendo cartas suyas en Hogwarts, esperándolo para Navidad... ¡su vida habría sido tan diferente! ¿Por qué tuvieron que irse? Su lugar en el mundo era al lado suyo. Ted no notó en que momento pasó, pero sintió un profundo amor por sus padres en ese momento. Si, por ambos. Aunque, sin sentido, también lo enojaba que no estuvieran allí. ¿Por qué? ¿Por qué justo él tuvo que perder a sus padres?