Estoy listo/ Ted Lupin — capítulo 29
- Yo... estoy cansado - dijo Ted. Quería estar solo y pensar todo lo que había oído - Gracias. Gracias por insistir - Ted se levantó, cogió los álbumes que su abuela había llevado y se dirigía hacía la escalera... - Y tienes razón, Harry. Me hiciste arrepentirme de todo lo malo que pude pensar sobre mis padres. Fueron unos héroes - Ambos sonrieron - Buenas noches, Harry. Buenas noches, abuela.
Ted se apresuró a subir antes de que su padrino o su abuela hablaran. Quería estar solo. Entró a su habitación, puso los álbumes en la cama y se sentó junto a ellos. Detalló cada foto. Eran fotos de la boda de sus padres, de su madre en embarazo y de sus primeros 17 días de vida. Por cada foto, salían unas diez lágrimas más. No podía creer que sus primeros días de vida hubieran sido los mejores días de su vida, y que ni siquiera pudiera recordarlos. Se quedó dormido mientras a su mente legaban esos recuerdos que jamás iba a tener. Incrédulos recuerdos de una vida junto a sus padres. Pero no durmió mucho. Lo supo porque cuando abrió los ojos seguía oscuro afuera; aún así ya no tenía sueño. Recordó los álbumes, y se dispuso a sacar todas las fotos. Eligió sus favoritas y las puso justo en la parte de arriba de su cama. De pronto, del fondo del último álbum, salió una foto que estaba suelta y en la que no se había fijado. Era un hombre de cabello café canoso, tenía cicatrices en la cara, reía mientras evitaba mirar a la cámara alejándola con la mano. Al fondo se veía un espejo, y en el reflejo, una mujer de cabello rosa, de unos 6 meses de embarazo que carcajeaba mientras sujetaba la cámara. >> Lo siento, papá. Me comporté como un... bueno, como tú, como un idiota. Y aún peor. No debí pensar tan mal de ti. Yo no puedo entenderte, no tengo derecho a juzgarte.... Y, ya... ya no pensaré en que te fuiste, pensaré en que volviste y en que me quisiste tanto como para dar tu vida solo por mi bienestar. Llevaré en alto el apellido Lupin, te lo juro. Y haré lo que sea para que desde donde sea que Harry o mi abuela dicen que estás, te sientas orgulloso de mi, papá. Yo sí cumpliré mi juramento << Un par de lágrimas cayeron de los ojos de Teddy a la fotografía, mientras él sonreía orgulloso. Después de varios minutos mirando la fotografía, la pegó arriba de su cama justo en el medio de las que ya había elegido. Teddy no entendía en que momento había pasado. No supo en que momento pasó de sentir un terrible odio y rencor por su padre a amarlo como a nadie. No entendió como pasó de sentirlo su peor enemigo a ser su mayor orgullo y modelo a seguir.
- ¡Oh, Teddy! ¡Estás despierto!- ¿A... abuela? - Ted no lo había notado pero ya había amanecido.- Creí que dormirías hasta tarde como... ¿Qué hiciste con esas fotografías? - Lo...lo siento mucho. Es solo... bueno, no creí que te molestaría... Tomé las que más me gustaron. Es para... bueno, para sentirlos cerca. - Ay, mi niño... Esas fotografías son tuyas - Andromeda se fijó en las fotografías, y la sorprendió especialmente la de Remus - Pero, eso significa... ¿ya todo esta bien respecto a tu padre? - Si. Ustedes tenían razón. Creo... creo que yo me apresuré a las cosas. - Me alegra que así sea. - Pero, ¿sabes? Lo he pensado bien y creo que tú también debes escuchar y perdonar. - ¿Qué dices?- Me gustaría que hablaras con Narcisa, tu hermana. - ¿Qué? ¿Pero, qué... ? No, Ted. No. Tú no sabes... - Andromeda no daba crédito a lo que oía.- Si, si lo sé. - Entonces, ¿por qué quieres que hable con ella? No la necesito en mi vida.- Porque yo escuché la verdad aún cuando no quería. Yo mismo me sorprendí. Remus se arrepintió y volvió. - Narcisa...- Te escuché llorar el día que ella vino. Ella dijo que se arrepintió y Harry dice que ella y su hijo lo ayudaron...- ¡Pero para su propio beneficio!- Pero lo ayudaron. Abuela, me hiciste escuchar; ahora es tu turno. - Ay, Teddy...- Vamos, abuela. Yo te acompañaré - dijo Ted sujetándole la mano y sonriendo.- No lo sé, hijo...- Por mi, abuela. - ¿De verdad es tan importante para ti? - Más de lo que imaginas. Yo también quiero hablar con ella.- ... Esta bien. Por ti, iré a hablar con ella - le sonrió Andromeda.- Hoy.- ¿Qué? ¿Hoy? Pero... - El rostro de Andromeda volvió a cambiar. - Hoy - dijo Ted decidido. Ted y Andromeda bajaron y desayunaron sin mediar palabra. Ambos estaban ansiosos por lo que pasaría. Ted sabía que para por fin cerrar la historia de sus padres necesitaba hablar con Narcisa. ¿Por qué? En realidad no sabía. Ni siquiera sabía por qué necesitaba tanto hablar con ella, solo sabía que tenía que hacerlo. Ted volvió a subir a su habitación. Buscó unos vaqueros negros, una camiseta y una chaqueta liviana. Puso su cabello negro y bajó a la sala a esperar a su abuela. Casi media hora después su abuela bajó. Iba bien arreglada con un lindo traje blanco y el cabello recogido.
- ¡Por fin, abuela! ¿Lista para irnos?- Si, si... eso creo. Andromeda se veía nerviosa, pero Ted estaba decidido. Y así salieron de casa, listos para hablar con quien los había alejado de su vida hacía más de 30 años...