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amores y conflictos 3° generación — capítulo 2

James.

Oyó los gritos de su madre llamando a Albus.  El alba estaba despuntando cuando se incorporó. Miró a través de la ventana y observó las calles del Grimaulad place.  Un mastín negro orinaba despreocupado contra un árbol. James bostezó, con cansancio, era primero de septiembre.

Los gritos de su madre volvieron a resonar. Por el tono de voz, se estaba sorteando un cachetazo y Albus se estaba ganado todos los tiques.

 Se levantó, y atravesó la puerta que daba al baño que compartía con la habitación de su hermano menor.  James era el hijo ejemplar, el hermano ejemplar, el orgullos de sus padres, prefecto, premio anual y capitán del equipo de Quidditch y se esforzaba al máximo por lograrlo.

 Aquello de ser el mayor tenía sus ventajas y desventajas, él era el favorito a sabiendas de todos. Aunque  Albus podía comportarse como un cretino y nadie se quejaría, en la pequeña serpiente era lo esperado. En cambio en él james, potter, el primogénito de Harry Potter hasta el más mínimo error podía causar que chorrearan cataratas por los ojos de su madre.

Atravesó el aseo en dirección a la habitación de su hermano. La habitación del slythering era un caos. Ropas tiradas por doquier, el baúl aún no estaba preparado  y su lechuza revoloteaba por la habitación con una rata muerta en el pico. Una mezcla de olor acre, sudor y ropa sucia lo abofeteó con fuerza.

Frunció el ceño y con unos cuantos movimientos de varita* puso todo en orden, abrió las ventanas enjauló la lechuza (la cual le picó, el animal estaba más endemoniado que su dueño) y echó un poco de perfume en el ambiente. El resultado no fue de lo más halagüeño, pero ni el tiempo, ni las ganas le daban para más.

-Albus-

El ojiverde había bajado a desayunar como siempre. Había olvidado que día era, lo recordó al sentarse a la mesa cuando su madre le preguntó si había preparado el baúl.

Prima lucy y Lily, estaban a su lado. La primera iba al mismo curso que Lily  y eran grandes amigas. Percy y Audrey habían Viajado a Portugal por asuntos del ministerio, por lo que su hija menor había ido a pasar las vacaciones con los Potter.

-Albus, te he preguntado algo.-se quejó Giny.

Albus levantó la mirada y se mordió la mejilla tratando de disimular la pícara sonrisa llena de hoyuelos que se le formaba cada vez que mentía a su madre.

-te pregunté si ya ordenaste tu baúl, tenemos mucho que hacer, papá vendrá a recogernos a las 9, sabes cómo es el transito muggle, tenemos cerca de hora y media de viaje.

-claro mami.-mintió el muchachito con descaro.-solo me falta un par de cositas.

Giny, lo observó atentamente evaluando a su hijo, sabía que le estaba mintiendo.  Albus no soportó mucho tiempo la presión y su expresión lo traicionó estampándole una sonrisa idiota en el rostro.

 Giny se molestó y  se encaminó a la habitación de su hijo menor. Albus la siguió a las zagas con la desvergüenza de insistir en que decía la verdad, intentó interponerse en el camino de su madre, alegándole de que jamás creía en él. Le hizo una escena de reproche, chillo, pidió y suplicó hasta que al final no tuvo más remedio que aceptarlo. Habían llegado al primer piso y su madre abrió su habitación.

Albus se mantuvo a prudente distancia y cerró los ojos esperando los gritos de su madre. Estos nunca llegaron. Se asomó y la incredulidad relampagueó en su rostro por un instante. Jamás en su vida había tenido tan ordenada su habitación, no era que se viese pulcra y desinfectada pero al menos no corría riesgo de que un calcetín lo mordiera (literalmente).

-te lo dije. ¿Ves que jamás confías en mí?-reprochó el muchacho adoptando una postura ofendida.  Su madre se giró incrédula y observó a su hijo menor.-me debes una disculpa, has herido mis sentimientos, sé que no soy perfecto como james, pero hago todo lo que puedo porque me quieras-el muchacho estranguló la voz y se obligó a soltar una lagrimita escurridiza. Era el rey del drama.

-te amo tesoro.-le dijo su madre abrazándolo de forma protectora. Con aquella desesperación que solo tienen las madres cuando creen que han lastimado a sus propios hijos. -no tienes que ser igual a james para que te quiera, eres mi pequeñín especial.

-te quiero mami.-le dijo limpiándose las lágrimas de cocodrilo por la blusa de su madre.  Aguantó sus besos, la promesa de una doble mesada, y le pidió que lo dejara solo un momento para acerase. La oyó bajar por las escaleras y se dirigió al aseo.

James estaba sentado sobre el retrete cruzado de piernas como un emperador.  Albus sabía que esperaba que lo adoraran, se creía perfecto, el chico perfecto, y lo era. Aquello ponía furioso a Albus, sus padres siempre parecían más emocionados cuando James hacía algo.

Cuando james fue a Hogwarts su madre lloró en el andén, cuando albus y Lily se marcharon, no. Cuando james entró en la primaria, lo mismo, el primer año de james, la primera vez que se cayó de la escoba, todo lo que pasaba a james parecía afectarlos más. Albus lo odiaba por ello, pero muy en el fondo lo quería  de veras, era un hermano increíble.

Una vez había oído en un dibujito muggle una ocasión que decía "mi hermano el exquisito, el hijo favorito, enterrarlo necesito en montañas de popoooo…." Siempre que la escuchaba le recordaba a la relación que tenía con su hermano, lo adoraba y lo odiaba en igual medida. Albus hubiera dado todo por ser igual a james, pero su naturaleza se lo impedía.

-gracias.-le sonrió con su sonrisa llena de hoyuelos.

-eres una sabandija.-le replicó su hermano con cariño.

-para perfecto prefecto  ya estás tú " El hijo del gran Harry potter".-sus palabras tenían un tono cálido aunque se podía percibir un atisbo de amargura en ella. 

-y tú que ¿eres el hijo de lucifer?-preguntó james.

-¿insinúas que mamá engañó a papá?

-eres terrible-lo despidió el mayor de los Potter.-lárgate.

-lily-

Lily estaba en las escaleras con su prima y mejor amiga Lucy. Habían acabado de desayunar y se dirigían a la habitación. En el camino se cruzaron con Albus.

-¿salvado por la campana?-preguntó la Gryffindor a su hermano.

-salvado por la campana-James.---replicó el ojiverde.

-james no debería ser tan bueno contigo.-se quejó la pelirroja.

-es que nadie se resiste a mis ojos.-le dijo en broma.  Lily odiaba que el fuera el único de los tres con los ojos de su padre.

-que tengas ojos verdes no te hace el más guapo.-le espetó la pelirroja.

-no, pero si más que tú.-sonrió con maldad.-al menos no tengo que soportar ese tonto cabello rojo.

-¡mi cabello no es tonto!-se quejó la niña al borde de las lágrimas.

La cosa iba por mal camino hasta que james llegó e intervino en la conversación.

-las pelirrojas son las más bonitas.-james ya era casi un hombre, y se veía mayor como su padre, Lily lo quería tanto como a su madre o a su padre, era su ídolo. -no le prestes atención Lulu. Lo dice solo para molestarte.

El mayor de los hermanos solía llamarla de distintos modos, desde Lulu, Lu, Lil, Lily, luna luly. A Lily le encantaba, era difícil de explicar como un juego intimo entre hermanos, algo que hacía sentirla que era la favorita de sus dos hermanos. Lo que era obvio, ¿Quién tendría de favorito a Albus?

James, bajó por las escaleras sin darle más vueltas al asunto. Albus le hizo burla desde las escaleras y sin siquiera girarse, james le mostró el dedo medio por sobre los hombros. Lily y Lucy se rieron con sus estúpidas risitas de niñas y albus volvió a su habitación dando un portazo.

Las niñas volvieron a la habitación de Lily y se recostaron en la cama de la pelirroja a pintarse las uñas.

Luego de un rato Lucy habló, era una niña tímida y de pocas palabras, con el cabello pelirrojo de los Weasley y los ojos azules de su madre.

-¿crees que james lo haya dicho enserio?-preguntó cómo confidencia a su mejor amiga, su voz no fue más que un hilo de voz.-lo de las pelirrojas.

Lily la miró con cierta lastima. En cierta ocasión la muchachita le había confesado sus sentimientos hacia james, aquello era una pérdida de tiempo como bien ella siempre se lo recordaba. James era un chico mayor que jamás la miraría como algo más que una hermanita menor, y por otro lado eran primos. A james, jamás se le ocurriría tocarle un pelo. De Albus tal vez, sí se lo esperaran, pero del perfecto james… aquello era una locura.

-lo siento lu…

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·       *  A los niños potter, no se le permite usar la varita en casa, pero como no pueden controlarlos constantemente y confían ciegamente en james, se le permite conservar su varita.