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amores y conflictos 3° generación — capítulo 5

-Bellatrix-

Ingresar en el gran comedor a mitad de la cena, fue una entrada llamativa y dramática, pero por alguna curiosa razón alguien se había equivocado al enviarle la información de la salida del tren de los profesores, por lo que tuvo que llegar por sus propios medios.

Malfoy se había encargado de conseguirle aquél puesto, los Malfoy aún pese a los años seguían siendo personas influyentes en el mundo mágico.  Avanzar a través del pasillo principal fue como  caminar entre un nido de abejas que murmuraban a su paso.  Sintió los ojos de todos clavados en ella. 

Cuando llegó por fin hasta la mesa vio dos caras que la observaban incrédulas. El profesor longbottom la miraba con los ojos abiertos como si tratase de encontrar  alguna explicación a lo que sus ojos veían. Tomó asiento entre los profesores de herbología y el entrenador de vuelo. Si el sr. Logbottom parecía haber visto un fantasma, el Sr Bell parecía a punto de desmallarse.

--buena noche—saludó ocupando el puesto vacío entre los asientos—lamento el retraso.

--descuide profesora, sea bienvenida.—respondió la directora cortésmente.

Al principio la mesa de profesores se mantuvo en silencio hasta hacerse las presentaciones pertinentes. Poco a poco las conversaciones comenzaron a alzarse y el cálido bullicio del primero de septiembre inundó el gran comedor.

El entrenador Bell, era casi tan joven como ella.  Era un hombre guapo, la mayor parte de sus alumnas suspiraban por los pasillos cuando pasaba. Llevaba el cabello oscuro sujeto en una coleta, la barba finamente recortada decoraba su mentón. Bella conocía aquellos ojos azules que hablaban sin necesidad de palabras. La acusaban y acariciaban su piel con el mismo fervor. 

--me debes siete hijos—murmuró la mujer de forma juguetona cortando distancia para que solo él la oyera. Se estiró en busca de una jarra que se encontraba al otro lado del hombre. Él se la alcanzó con un movimiento suave sin dejar de mirarla.

--tengo cuatro y una esposa que me espera todas las noches con la cena—masticó las palabras como si las odiara.

--y un beso en los labios, rie tus chistes y escucha como te ha ido en el día?—acabó la frase del hombre, él asintió.

El silencio se cernió sobre ellos, un silencio doloroso para ambos, lestrenge removió la comida en su plato, había perdido el apetito de pronto. un dolorosa sensación se le  instaló en el bajo vientre, como un espasmo. Todo parecía calmo a su alrededor, nadie más parecía consciente de la tensión entre los profesores.

--conseguiste lo que deseabas.—las palabras salieron estranguladas, solo un murmullo que se perdió entre el bullicio.

El sr. Bell tenía la mandíbula encajada, otra vez el silencio, agarró la mano de la mujer de forma brusca y la apretó dolorosamente. Ella  levanta la vista, hay tristeza en sus ojos, el hombre a diferencia la mira con odio—tú lo arruinaste todo—la acusa.

Lestrenge es incapaz de correr la mirada, se suelta del agarre con brusquedad—intentaste asesinarme—sisea. No había rencor en sus palabras

--¡tú me obligaste!—golpea de pronto con el puño la mesa. Los platos saltan, la copa de la mujer se vuelca. Todas las miradas de la mesa están sobre ellos.

--buena noche—la mujer apoya ambas manos sobre la mesa y se levanta. Intercambia unas palabras con la directora y se dirige a la que será su habitación-officina por el tiempo que dure en el puesto.

Las mazmorras la abrazan en la penumbra que por tantos años atrás había recorrido, lestrenge conoce Hogwarts mejor que la palma de su mano.

Se detiene y deja recaer su peso sobre la firme superficie de la pared, se siente agotada, los recuerdos vuelven a atormentarla. Sabe que ha sido un error volver pero no tiene marcha atrás. Recorre con los dedos la desigual superficie de la piedra y deja que sus pulmones se llenen con el frio aire nocturno del castillo.

Alguien la agarra por el brazo de forma brusca y la obliga a girarse, es él otra vez. Está furioso, sus ojos arden con un odio que solo pudo sembrarse con la misma cantidad de amor.

--¡¿vas a huir de nuevo?¿es todo lo que sabes hacer?!—está gritando.

--lo siento—se disculpa sin esforzarse en soltarse, le hace daño pero no le importa, siente que se lo merece—¿Qué quieres que te diga? Me siento culpable, esto me hace daño, por favor Matth…

--¡eres una jodida mierda! ¿te sientes mal? Tienes idea de cómo me sentí por años! La última vez que te ví estabas en un cajón rumbo al cementerio ¿Cómo mierda crees que me sentí?—Bell la agarró por los brazos y la sacudió con violencia. Nadie que lo conociera podría creer aquella escena. Un hombre que por lo general es alegre y amable con la mayoría de las personas. La mujer cerró los ojos, no era miedo lo que sentía sino dolor, una angustia que había estado latente por años, esperando el momento para resurgir.

—si lloras te mataré  y esta vez me encargaré de que mueras!—la amenaza.

El sr. Bell estaba completamente descontrolado, temblaba de furia conteniéndose por no golpearla. Lestrenge sabía que debería estar asustada pero en realidad sentía furia. -¡suéltame! No tienes derecho a reclamarme nada. ¡Nunca fui mas que tu puta!—las palabras salen como veneno de la boca de la mujer.

El hombre parece sorprendido, por un momento se muestra aturdido y vuelve al ataque.

--¡te amaba! Lo hubiera dejado todo por ti, pero tú siempre piensas en ti, decidiste hacer lo que más te convenía no?—sus manos como agarras presionan con mayor fuerza consiguiendo un grito de dolor de parte de la mujer.

Lestrenge quería decirle, que no. Que ella no había elegido, nunca había elegido, todo simplemente sucedió pero él no la escucharía. Bell era de los hombres que no se detienen a dialogar cuando se molestan. Y simplemente no estaba molesto, estaba furioso. El quejido hizo que aflojara su agarre, lestrenge cerró los ojos conteniendo las lágrimas. Las palabras del hombre le habían dañado más que un cruciatus.  Está llorando, lo siente en sus mejillas humedecidas, él la suelta.

De pronto siente sus labios aplastados por los del hombre, la sorpresa hace que abra los ojos, apenas puede distinguir su figura en la penumbra, su beso es dolorosamente placentero. Hace que el mundo a su alrededor gire de forma descontrolada como no había sentido desde que era una cría. La mujer gime contra su boca, él la tiene prisionera entre la fría pared rocosa y el calor de su cuerpo.

--para.—intenta hablar pero el vuelve a buscar su boca con desesperación. Su lengua ingresa por la fuerza a  la boca de la mujer y la calla. Al fin consigue soltarse cuando él se aparta para tomar aire.— ya no somos críos, para, no podemos hacer esto…

El hombre no la escucha presiona sus labios contra el cuello de la mujer, y sus manos comienzan a inspeccionar su cuerpo. Lestrenge tiene las manos apoyadas en los hombros del hombre tratando de quitárselos de encima. ni las ganas ni las fuerzas le resultan suficientes. Se siente como una victima rendida ante la superior fuerza de su atacante, el hombre traza patrones desde su garganta hasta el escote de su túnica, consigue desprender el botón que la mantiene en su sitio arrancándolo de su sitio.

--por favor.-- toma el rostro del hombre y lo obliga a mirarla en un último intento por mantener la cordura—vendrán los niños, no podemos hacer esto aquí, somos profesores…

Sus palabras hicieron eco en el hombre y la soltó de mala gana.  Llegaron hasta la oficina de la mujer mitad arrastrándose por la pared, mitad besándose con fervor.  Bella se sentía como una adolescente hormonalmente desequilibrada, siente la espalda arañada por la irregular superficie de la roca contra la que el hombre la ha aplastado la mayor parte del trayecto.

Apenas entraron en la oficina de la mujer, el hombre la estampó con fuerza contra la pared y comenzó  a besarla y sus manos se deslizan debajo de la ropa de la mujer de forma invasiva. Ella corrió la cara, necesitaba tiempo para reorganizar su mente. Estaba aturdida, el hombre en cambio tenía muy en claro lo que quería, eso era obvio.

--para, dame un minuto—pidió la mujer. el hombre recorrió la garganta de la mujer de forma seductora hasta llegar a la boca de la mujer y la besó de  nuevo, se detiene y busca su mirada.

--vamos, ¿no quieres estrenar tu cama conmigo?—sus ojos azules la derritieron en un instante como cuando era niña. Solo con una mirada conseguía que se estremeciera, su corazón galopaba en su pecho--¿quieres que me vaya?

 la mujer se mordió los labios, no, no quería. Negó con suavidad y el hombre sonrió,  aquella sonrisa llena de óyelos y picardía que había tenido de niño. Tomó el rostro del hombre entre sus manos y besó sus labios con suavidad.—espérame… yo ya voy. Solo un momento.

él asintió y se dirigió a la habitación, todas las habitaciones de profesores eran más o menos iguales así que no le costó demasiado encontrar el camino.

 Bellatrix se quedó sola en el su oficina.  Caminó hasta el escritorio y apoyó sus manos recargando el peso de su cuerpo, le dolía la cabeza. Aquello era increíble, demasiado rápido casi imposible.

<> pensó tratando de reordenar sus ideas. Lo que planeaban hacer estaba mal en todos los aspectos que podía esperarse: eran colegas, trabajarían juntos el resto del año, había intentado asesinarla y ¡estaba casado!! Aquello era lo peor. Y kurt, el fiel kurt seguramente la estaría esperando en casa. <> sentía aquella sensación inconfundible en la parte baja de su abdomen una especie de espasmo que resultaba demasiado tentadora para dejar de lado. ¿Porque debía ser tan jodidamente  sexy y porque tenía que tener aquel poder sobre ella? <> estaba segura de eso, pero sus fuerzas flanqueaban a cada minuto que pasaba.

--¿vienes?—Bella levantó la vista. Se había quitado la mayor parte de su ropa, solo llevaba los pantalones, conservaba el vientre plano y trabajado como todo deportista. Bella se estremeció, estaba apoyado en el marco de la puerta de forma relajada su cabello revuelto le caía sobre el rostro de forma desigual.

Quería decirle que no, que aquello era un error pero no consiguió responder. fueron sus pies los que la arrastraron en su dirección y luego simplemente su mente se perdió en un abismo.