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Poseída por Malfoy — capítulo 4

La Boda

Hermione frunció el ceño de concentración mientras hacía un esbozo de la planta que estaba estudiando.

Había decidido que, ya que no podía abandonar el oasis, aprovecharía el tiempo. Draco, aunque al principio no le había gustado su petición de papel y accesorios para escribir, se lo había dado, además de un taburete para sentarse mientras trabajaba.

Habían pasado tres días desde su secuestro, y casi tres noches desde… Hermione intentó concentrarse de nuevo en la planta pero, aunque era fascinante, no lo era tanto como Draco.

Un movimiento llamó su atención y, al levantar la vista, vio a Sulimán observándola. Un escalofrío de terror le recorrió la espalda, pero decidió ignorar su presencia y no mostrarle lo nerviosa y vulnerable que le estaba haciendo sentir.

No era la primera vez que lo sorprendía mirándola fijamente, concentrado en ella.

Hermione deseaba tener la protección de las túnicas y los velos negros tradicionales, como los que llevaban las mujeres del campamento, en lugar de su camiseta y sus vaqueros.

Intentó continuar el esbozo, pero le fue imposible. Cada segundo que pasaba estaba más nerviosa, y al final tuvo que admitir que sus esfuerzos por ignorarlo no funcionaban. Se sentía demasiado incómoda para seguir allí.

Dándole la espalda, comenzó a recoger sus cosas tan rápido como pudo, mientras el sol comenzaba a ponerse en el horizonte.

Al poco, mientras se dirigía hacia la tienda de Draco, Sulimán desapareció entre las sombras. Hermione había percibido la tensión creciente que cada día más iba apoderándose del campamento, una combinación de expectación junto con algo más oscuro y más peligroso. Se estremeció. Estaba viviendo entre criminales, se recordó, hombres que habían sido apartados de la sociedad por lo que habían hecho. Y Draco era uno de ellos, no debía olvidarlo.

Sintió una mano sobre su hombro y ahogó un grito. Sulimán estaba junto a ella, comiéndosela con los ojos de la manera más lasciva y desagradable.

Hermione se apartó de él y comenzó a caminar tan rápido como pudo hacia la tienda de Draco, hasta que el miedo la hizo correr.

—¡Hermione!

Se detuvo en seco al ver a Draco delante de ella, mirándola con el ceño fruncido. No estaba solo: El Khalid y otros hombres estaban con él.

—Tuareg. La mujer. ¿Cuánto quieres por ella? —oyó que preguntaba Sulimán.

La conmoción y el miedo le paralizaron la sangre en las venas a Hermione. ¿Sulimán estaba diciéndole a Draco que quería comprársela? Aquello no podía estar sucediendo, pensó horrorizada. Pero era real.

Draco no parecía tener prisa por responder. ¿Acaso estaba sopesando cuánto podía obtener por ella? A lo mejor le salía más rentable vendérsela a Sulimán en aquel momento que mantenerla hasta que pidiera cobrar el rescate al regresar a la capital.

Hermione sintió que la observaba. Sus ojos se encontraron, y ella dejó a un lado su orgullo y le rogó con 1a mirada que no la vendiera a aquel hombre.

—Ella no está en venta.

Aquellas palabras, dichas en un tono plano, llenaron los ojos de ella de lágrimas. Sin esperar a que él le hiciera ninguna señal, corrió a su lado, aliviada.

Pero en seguida descubrió que su alivio había sido prematuro

—La quiero —afirmó Sulimán enfadado—. Te daré el doble de lo que pides como rescate, Tuareg. ¿No es ésa una oferta justa, El Khalid?

El Khalid miraba alternativamente a Sulimán y a Draco.

—La oferta es justa, Tuareg. No quiero que mis hombres estén enfrentados. Es mi deseo que dejes que Sulimán se la quede.

Hermione creyó que iba a enfermar allí mismo, de angustia y miedo.

Sulimán estaba caminando hacia ellos, y Hermione se escondió detrás de Draco, emitiendo un sonido de angustia.

Draco era consciente de que no podía permitir que Sulimán se la llevara y que tenía que hacer algo para protegerla. Pero sólo se le ocurría una cosa para salvarla.

—Te pido mil disculpas, El Khalid, pero no puedo hacer lo que me pides —se apresuró a protestar.

—¿Cómo dices?

El Khalid estaba furioso. Sus dos guardaespaldas se llevaron la mano a las dagas sujetas en su cinturón.

Hermione no se sintió capaz de mirar a Draco. Sabía que él tendría que entregarla.

—He decidido que esta mujer sea mi esposa —anunció entonces Draco con calma.

Se produjo un breve silencio. Hermione temblaba violentamente. Sabía que Draco no lo decía en serio, sólo lo hacía para protegerla en aquel momento. Una mujer prometida a un hombre, automáticamente quedaba fuera del alcance de los demás. Pero aun así…

—Está mintiendo. ¡No lo escuches! —gritó iracundo Sulimán.

Hermione vio que El Khalid miraba el rostro desencajado de Sulimán y luego el de Draco, frío e implacable.

—Quiero que esto termine. Tenemos asuntos importantes que atender, y no quiero discordia entre mis hombres. Tuareg, has dicho que quieres a esa mujer como tu esposa, y así será. Los dos os presentaréis ante mí esta noche. Y a ti, Sulimán, no tengo que recordarte el castigo por acercarte a la mujer de otro hombre, ¿verdad?

Mientras se daba la vuelta para marcharse, El Khalid miró a Draco y añadió:

—Tenéis dos horas para prepararos para vuestra boda.

Hermione y Draco se quedaron solos entre las sombras de las tiendas. La noche se cernía sobre ellos, pero Hermione podía ver el rostro de él a la luz de las estrellas.

—¿A qué… a qué se refiere El Khalid con lo de la boda? —preguntó Hermione, abrumada por las emociones.

—Se refiere exactamente a lo que ha dicho —le explicó él fríamente—. Que tenemos dos horas para prepararnos para nuestra boda.

La conmoción y la incredulidad la paralizaron. Aquello no podía estar sucediendo.

—Creí que en Zurán los preparativos de una boda llevaban semanas —se escuchó a sí misma protestar la boda… creí que duraba varios días, y…

—Normalmente es así, pero existe una versión mucho más rápida, creada para circunstancias como ésta. Sólo se requieren dos cosas, una de ellas es que nos presentemos ante EJ Khalid y declaremos que queremos casarnos. La otra…

—¿Pero cómo vamos a casarnos? —preguntó ella como atontada.

—Muy fácil. Por tradición, como líder de sus hombres, El Khahid tiene autoridad para celebrar la ceremonia. Claro que, si prefieres que te entregue a Sulimán.

—¡No! —se apresuró a exclamar ella—. Pero no puedes querer casarte conmigo.

—Y no quiero —reconoció él—. Pero incluso los ladrones tenemos nuestro honor, y he oído cosas de Sulimán que no me dejarían dormir tranquilo si permito que él te compre.

—¡Que me compre! Soy un ser humano, ¡no una posesión! —protestó ella furiosa.

Él la agarró por el brazo y lo agitó ligeramente como advertencia.

—Bonitas palabras, pero aquí no significan nada. Esto no es Europa, ni siquiera Zurán… El desierto es un duro maestro, y aquéllos que habitan en él viven según su dura ley… o mueren.

Hubo algo en las palabras que él escogió, en la forma en que la miraba, que le provocó un escalofrío de terror. De pronto, los temores y las sospechas que había intentado ignorar la abrumaron.

—¿Qué diablos estáis haciendo aquí? ¿Qué estáis tramando? —preguntó, presa del pánico—. Planeáis algo, lo sé, y debe de ser algo atroz.

—¡Silencio!

La feroz orden, acompañada de una sacudida aún más feroz, le hicieron temblar de la cabeza a los pies, pero de ira, no de miedo, y Hermione lo miró furiosa.

—¡Si en algo valoras tu vida, no repetirás esas palabras! —le advirtió él con gravedad.

Hermione se mordió el labio inferior para detener el temblor de su boca.

—Si acepto llevar a cabo este… matrimonio, ¡quiero que me asegures que no será una boda real!

—¿A qué te refieres con una boda «real»? A los ojos de El Khalid y del resto de los hombres, desde luego que será una boda auténtica. ¿O me estás preguntando si tengo intención de acostarme contigo, como marca la tradición que sucede la noche de las bodas? Aunque lo hiciera, no sería capaz de demostrar que has llegado a mí con tu virtud intacta, mostrando una sábana manchada de sangre para que la inspeccionara la tribu, ¿a qué no?

—¡No me refería a eso! —exclamó Hermione, agradecida de que las sombras ocultaran sus mejillas ardiendo.

—Desde luego no será una boda legal ante la ley europea ni la internacional —comentó él.

Era la respuesta que ella quería escuchar, y respiró aliviada mientras se estremecía. No le gustaba verse obligada a casarse con él, pero sabía que era mucho mejor eso que ser vendida a Sulimán. Pero, ¿cómo se sentía con aquella situación? Desde el primer momento en que había visto a Draco, su reacción hacia él había sido ilógica y demasiado intensa para sentirse cómoda con ella. Lo que iba conociendo de él debería acabar con su deseo, pero eso no había sucedido cuando lo miraba, veía un hombre peligrosamente sensual cuya presencia la afectaba más que la de ningún otro hombre que había conocido, en lugar de ver un mentiroso y un ladrón, desprovisto de todo lo que pudiera despertar su respeto hacia él, ¡o su amor!

Una Punzada de dolor la sorprendió ¡Ella no 1o amaba! «Pero lo deseas», le dijo una vocecita interior «Sueñas con él…»

¡No! No pensaba reconocer ese sentimiento, a darle más importancia No iba a pensar en cómo sería la intimidad al ser la esposa de Draco, en el silencio aterciopelado de las noches del desierto, y las manos de él sobre su cuerpo ansioso… Tampoco iba a pensar en aquella piel aterciopelada ni en el placer que le produciría acariciarla, aspirar su fragancia, colocar sus labios sobre su pecho firme… Se estremeció, enfadada consigo misma. ¡No iba a pensar en esas cosas porque ninguna de ellas iba a suceder!

No podía permitirse el sentir de aquella manera hacia un hombre como Draco. ¿Cómo iba a respetarse a sí misma si lo hacía? ¡No podía existir auténtico amor sin respeto!

Draco, a la entrada de su tienda, miró gravemente sin ver, hacia la oscuridad que tenía delante. Estaba esperando a Hermione para presentarse ante El Khalid y celebrar la boda.

Le había hecho creer que el matrimonio no sería legalmente vinculante pero era consciente de que en Zurán aquella forma tradicional de casarse era perfectamente aceptable e irrevocable. En su caso, el matrimonio debería ser formal y legalmente disuelto cuando él terminara sus asuntos allí. Como miembro de la familia del soberano, necesitaba la aprobación de su medio hermano para poder casarse, y estaba convencido de que el soberano desearía que la unión se disolviera lo antes posible. Comprendería que él no había tenido otra opción para salvar a Hermione de un hombre de la calaña de Sulimán.

Pero no podía contarle nada de eso a Hermione.

Escuchó un leve sonido detrás de él y se giró. Ella lo miraba dubitativa entre las sombras del salón de la tienda. Draco tensó la boca. ¡Ella suponía una complicación que él no necesitaba!

—Sólo una advertencia —dijo gravemente, entrando en la tienda—. Una vez que estemos casados, no podrás hacer nada que atraiga la atención de los otros hombres.

Hermione lo miró furiosa. Había pasado la última media hora preguntándose cómo iba a enfrentarse a lo que tenía por delante, e intentando luchar contra la desesperación y la soledad que sentía. ¡Así no era como ella se había imaginado su matrimonio! Echaba de menos la protección de sus padres, de alguien en quien poder refugiarse. Pero no tenía a nadie. Estaba completamente sola. Sola y prisionera, obligada a fingir un matrimonio que nada tenía que ver con el amor.

—¿Cómo te atreves a decirme eso? —protestó emotivamente—. Yo no tengo la culpa si Sulimán…

—¿Ah, no? —se mofó él, mirándola con los ojos entornados.

—Si deseara acostarme con él, no estaría aquí, ¿no crees? —le desafió ella ferozmente.

—Yo no he dicho que quisieras acostarte con él. Pero a lo mejor le diste motivos… A lo mejor echabas de menos las atenciones de tu amante…

Hermione cerró los puños con tanta fuerza que se clavó las uñas.

—No le he dado ningún motivo, y ¡Viktor no era mi amante!

No pensaba demostrarle que estaba equivocado. Ella no había tenido ningún amante aún, ¡pero no pensaba decírselo a él!

Cuando ella se comprometiera con un hombre, lo haría por amor y sería para siempre, y su relación contendría muchas más cosas que la pura intimidad física. Ella tenía sus sueños, aunque para otras personas fueran demasiado idealistas.

—Ya es la hora de irnos —anunció Draco sujetando la cortina para que Hermione saliera.

Él llevaba la cabeza cubierta como los tuareg, pero ella sabía que su boca dibujaba una medio sonrisa de desdén e irritación. Era un hombre con un aura poderosa de autoridad.

Y aquella noche más que nunca.

Iba vestido con una túnica profusamente engalanada que debía de haberle robado a algún hombre muy rico. Aunque ella sabía que no lo era, Draco parecía un hombre criado entre la nobleza, el poder y la tradición, alguien tan imponente como el propio desierto. Era un hombre al que otros hombres respetarían instintivamente, y al que otras mujeres desearían inmediatamente.

¿Igual que lo deseaba ella, con tanta fuerza que le asustaba admitirlo?

Hermione se irguió lo más que pudo y se dio la vuelta hacia él.

—Si esperas que camine varios pasos detrás de ti… —comenzó.

—¿No habías dicho que habías estudiado a las tribus del desierto? —le cortó él—. Deberías saber que los tuareg somos una sociedad matriarcal.

—Pero tú no eres un auténtico tuareg, ¿verdad? —logró contestar ella, mientras se colocaba junto a él a regañadientes.

Comenzaron a andar y un niño apareció corriendo y se puso junto a Draco. Para asombro de Hermione, Draco le sonrió y le acarició la cabeza, con un gesto casi tierno, antes de decirle algo en un dialecto que ella no comprendió.

—Es huérfano —explicó él cuando el chico se hubo marchado—. Le pago para que cuide de mi yegua. Así el animal tiene compañía, y el chico una cama y comida.

Hermione no quería sentir aquel nudo en su garganta. A pesar de lo duro que él parecía, tenía un lado compasivo y bondadoso.

Cuando llegaron frente a El Khalid, les esperaba una pequeña multitud que quería presenciar la boda. Algunos hombres tocaban música y algunas mujeres cantaban.

—Habrán oído que iba a haber una boda y han venido a verla, es tradición. La música es una canción de boda tradicional. No tienes por qué asustarte —le dijo Draco en voz baja.

¿Estaba intentando tranquilizarla? De nuevo, Hermione tuvo que tragar saliva para contener la emoción.

El Khalid estaba sentado en su diván, rodeado de sus hombres de confianza y con las mujeres de su familia y los músicos a sus pies.

Hermione se quedó helada. No podía hacerlo. El pánico se había apoderado de ella, y miró alrededor sin poder dejar de temblar

—Recuerda que no es un matrimonio de verdad ¡No significa nada!

Aquellas palabras tranquilizadoras fueron como un bálsamo para sus nervios a flor de piel.

Draco la tomó de la mano suavemente, como si quisiera consolarla y calmarla. Hermione levantó la vista hacia él.

La música dejó de sonar. El Khalid les indicó que se acercaran a él. Draco entrelazó sus dedos con los de ella. Hermione comenzó a caminar a su lado, no detrás.

Llegaron frente al líder rebelde. Draco soltó la mano de Hermione, y ella echó de menos al momento el consuelo de su contacto

Todo lo que le estaba sucediendo era tan extraño para ella… de alguna forma, él se había convertido en lo único que hacía soportable aquella pesadilla. Sin él hubiera tenido que soportar las exigencias de Sulimán sin él…

Instintivamente, se pegó más a él, sintiéndose mejor con sólo percibir el calor de su cuerpo, como si creara… un círculo mágico que la envolviera y protegiera. ¿Y no hacía lo mismo el amor?

Apartó sus pensamientos de ese camino peligroso y se concentró en El Khalid.

—Dame tu mano —ordenó el líder a Hermione.

Ella lo hizo a regañadientes.

—Y ahora la tuya —continuó El Khalid mirando a Draco.

Hermione se estremeció cuando Draco colocó su mano sobre la suya, y El Khalid sostuvo ambas.

¿Es vuestro deseo casaros?

Hermione sabía que aquella ceremonia no tenía validez y que sólo era un medio para estar a salvo, pero descubrió que le estaba afectando, lo cual era ridículo. El Khalid no era más que un ladrón, y aquello era una charada, nada más.

—Sí, es nuestro deseo —escuchó que contestaba Draco.

El Khalid la estaba mirando. Inclinando la cabeza, Hermione susurró temblorosa:

—Sí.

—¡Muy bien, entonces! Según nuestra tradición, tengo el poder de concederte esta mujer en matrimonio, Tuareg.

Hermione abrió los ojos atemorizada. El Khalid hablaba con gran solemnidad.

—Toma la mano de la mujer, Tuareg —ordenó el líder rebelde.

Hermione tenía la garganta seca y el corazón desbocado. Draco entrelazó sus dedos con los de ella. La intimidad de aquel gesto la dejó sin aliento. De pronto, fue consciente del significado emocional y sexual de aquella unión: palma con palma, cuerpo con cuerpo… Se estremeció y la cabeza se le llenó de terribles pensamientos.

El Khalid pronunció una orden y una mujer, completamente tapada y con sólo los ojos al descubierto, se acercó a él con una tela de seda tan fina que casi se la llevaba la brisa.

El Khalid asió la tela y comenzó a enrollarla alrededor de sus muñecas, murmurando unas palabras en zuranés mientras lo hacía. Nerviosa, Hermione se atrevió a mirar el rostro de Draco, pero deseó no haberlo hecho al ver la gravedad de su expresión.

Sintió que el corazón le latía más lentamente. Era como si la sangre de Draco corriera por sus propias venas, como sí sus corazones latieran al mismo tiempo. El simbolismo de lo que estaba sucediendo era demasiado intenso e íntimo para ella, admitió, mientras las lágrimas le inundaban los ojos.

Draco había dicho que su matrimonio no significaría nada, y tal vez fuera así para él, ¡pero para ella, 1o que estaba sucediendo significaba mucho!

El Khalid pronunció algunas palabras más sobre sus manos unidas, y luego se dirigió a Draco:

—Has tomado a esta mujer como tu esposa, Tuareg de ahora en adelante, adonde tú vayas, ella te seguirá ¡Recibid la bendición de un matrimonio largo y dichoso con muchos hijos!

La mujer retiró la tela. Lentamente Draco soltó la manó de Hermione y ella no pudo evitar mirarlo a los ojos. Lejos de que la ceremonia no tuviera sentido, como ella esperaba, le había hecho sentir que se unían de una forma primitiva y eterna. ¡Se sentía como si hubieran compartido una intimidad tan profunda como si él la hubiera poseído físicamente! No importaba lo lejos que estuvieran el uno del otro en el futuro, nada podría borrar lo que había sucedido. ¿Cómo podía Draco estar tan calmado ante algo que ella vivía como irreversible?

La música comenzó a sonar y la multitud les abrió un pasillo para que lo atravesaran.

Como atontada, Hermione se dejó llevar por Draco mientras los hombres cantaban y vitoreaban

—Si vas a desmayarte, espera al menos a que lleguemos a la tienda —escuchó que le decía él.

Continuará...