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Poseída por Malfoy — capítulo 5
¡Viktor no es mi amante!
¿Por qué no me has… avisado de lo que iba a suceder? —preguntó Hermione con voz ronca, en cuanto estuvo segura de que nadie podía oírlos.
Sintió que Draco a su lado se encogía de hombros.
—¿Lo de que nos ataran las muñecas? Simplemente, no creía que fuera a pasar —respondió él quitándole importancia—. Es una costumbre muy antigua, ya apenas se usa. Pero no te preocupes, no tiene importancia…
Draco le dio la espalda mientras hablaba; no deseaba que ella viera que él también se había quedado afectado por la ceremonia. Al haber sido unidos de aquella forma, estaban atados el uno al otro de una forma profunda, según la tradición de su tribu.
Frunció el ceño, intentando ignorar la actitud posesiva masculina que lo estaba inundando. No podía permitirse ese sentimiento.
—Es una costumbre berebere, eso es todo. No le des demasiada importancia.
Veía perfectamente lo conmocionada y afligida que estaba ella, y él se sentía igual, pero no iba a permitir que ella lo supiera. Miró pensativo hacia la entrada. Quizá Nazir visitará esa noche a El Khalid, y él debía estar alerta.
—Te sugiero que te retires al dormitorio —le ordenó a Hermione.
Ella abrió los ojos como platos al escucharlo. Llevaban casados unos minutos y él ya se estaba comportando como si ella fuera a hacer todo lo que él ordenara. De pronto, una peligrosa conciencia sensual invadió su cuerpo. Aquélla era su noche de bodas, y si Draco decidía… reclamar sus derechos como esposo ella no podría detenerlo. Sus únicas armas eran las palabras.
—Este matrimonio no es real —le recordó ella—. No puedes decirme lo que debo hacer.
—No como marido —reconoció él con gravedad—. Pero parece que olvidas que también soy tu captor. Estás en mi poder y puedo hacer contigo lo que quiera. ¡Irás al dormitorio y te quedaras allí!
Se cruzó de brazos y esperó en silencio a que ella obedeciera.
¿Para qué?, se preguntó Hermione como loca, ¿para que él la usara como su concubina? Su imaginación estaba demostrando ser su peor enemiga, reconoció, cuando él se giró y se encaminó a la salida de la tienda. Pero ella no estaba preparada para que la conversación terminará.
Ella siempre quería pensar lo mejor de todo el mundo. Por eso, quería que Draco le probara que tenía su lado bueno. ¿Pero lo hacía por él o por ella misma, porque no lograba hacer desaparecer la atracción que sentía por él? No debía permitir que esa sensación creciera y además, una vez que estuviera libre y regresan a su propia vida, la atracción por él dejaría de existir.
—¿Por qué te has casado conmigo? ¿Por el dinero que piensas obtener del rescate o porque realmente querías protegerme, salvarme de Sulimán?
Él la miró a los ojos, y en su mirada había un destello oscuro. Hermione sintió como si la quemara, como si buscara todo lo que ella quería mantener en secreto. Para ser un hombre que se ganaba la vida de una forma tan deshonrosa, poseía una arrogancia que no correspondía a su condición, pero que en él encajaba perfectamente.
Era muy raro que alguien lo pillara desprevenido, pero Hermione acababa de hacerlo, reconoció Draco gravemente. Era casi como si estuviera buscando una razón para pensar mejor de él, concluyó con incredulidad.
Su rostro adoptó una expresión severa. ¿Había ella logrado ver quién era él realmente, más allá del disfraz que había tenido que adoptar? ¿Podía ella percibir su vulnerabilidad respecto a ella, su deseo por ella y la lucha interna que mantenía para resistirse a él?
¿Sentía su feroz ansia por estrecharla entre sus brazos y convertir en realidad los votos que acababan de intercambiar?
Mientras se preguntaba aquello, se había acercado a ella. Pero entonces se recordó a sí mismo la situación real: ella era una mujer joven y moderna acostumbrada sin duda a usar su sexualidad para obtener lo que quería.
—¿Qué esperas que diga? ¿Qué me he casado para salvarte? ¿Esperas saber que siento debilidad por ti, para usarlo en mi contra, quizás para seducirme para que te libere? —le provocó él.
El rostro de Hermione se encendió de ira.
—¡Debería haber sabido que ibas a pensar algo así! —le espetó amargamente—. ¡Pues para tu información, esperaba encontrar algo en ti que mereciera mi respeto! Algo que significara…
—Que podías manipularme a tu antojo —la cortó Draco secamente.
Ella estaba internándose en una zona de sus emociones que él no quería que nadie conociera, y menos aún ella. Sus palabras se acercaban demasiado a lo que él pensaba del amor y el matrimonio. Según le sabía medio hermano, su madre y su padre se habían amado profundamente. Tanto, que habían superado los límites impuestos por sus culturas para poder estar juntos. Él quería una unión tan fuerte como ésa. Pero su orgullo era poderoso. Él nunca podría amar a una mujer que no respetara. Y, por cómo le habían educado, no podía respetar a una mujer promiscua, sexual o emocionalmente.
El hecho de que Hermione lo acusara de que no merecía su respeto lo enfurecía. Debía ser castigada por ese insulto.
—Yo no soy tu estúpido, débil y fácil de seducir como tu amante inglés —dijo desdeñosamente—. Puede que él quedara deslumbrado por el brillo falso de las cualidades que tienes en venta, y no viera que no tienes palabra. Pero a mí no se me engaña tan fácilmente.
Hermione sintió la boca seca. Todo su cuerpo estaba registrando el insulto que acababa de recibir y la insinuación respecto a su moral sexual.
—No tienes ningún derecho a hablarme así —fue lo único que logró articular.
Él sabía cómo hacer daño. Pero ella no tenía por qué aguantar que le hablaran en ese tono.
—Y, por si lo has olvidado, ¡Viktor no es mi amante! —añadió ferozmente.
Draco se encogió de hombros.
—No tengo ningún interés en saber quién ha compartido tu cama y tus favores.
Estaba mintiendo y él lo sabía, pero tenía que acabar con la conversación y averiguar si Nazir había llegado, por el bien de su medio hermano.
—Tengo que salir —anunció---. Y no me esperes levantada para intentar convencerme de nuevo. Te aconsejo que no pierdas el tiempo.
Le dirigió una mirada que la desnudó de todo orgullo y la dejó expuesta sin piedad.
Hermione quiso gritarle muchas cosas, pero era demasiado tarde. Él había salido de la tienda, dejándola sola para que se enfrentara a la realidad de sus sentimientos tras aquella discusión.
Intentó ignorarla con todas sus fuerzas, pero la palabra «seducir» no se le iba de la cabeza. Él no estaba en lo cierto sobre que ella quisiera seducirlo, pero esa palabra pronunciada por sus labios le había puesto un nudo en el estómago, había hecho que le temblaran las rodillas y que el corazón latiera al ritmo de su deseo.
No, ella no deseaba seducirlo, pero reconoció que quería que él la sedujera. ¿Qué demonios le estaba pasando? Él era un criminal cruel, arrogante y deshonesto. Y ella era una tonta por intentar encontrar algo en él que mereciera su respeto, una excusa para poder justificar sus sentimientos hacia él.
Todo su cuerpo ardió de indignación al recordar la forma despectiva en la que él le había hablado. ¡No sólo era un hombre sin principios en el que no se podía confiar, además era un intolerante! Le hubiera encantado hacer que se tragara sus palabras al decirle que ella nunca había tenido un amante, por mucho que él creyera que era promiscua. Pero eso era algo que no podía ni quería hacer. Seguir virgen era una elección de estilo de vida basado en sus profundas creencias, y no algo que iba a rebajarse a reivindicar delante de alguien como Draco.
Él no era digno de los sentimientos que tan estúpidamente sentía hacia él, y por su propio bien debía desterrarlos de su corazón inmediatamente. «Ojalá fuera tan sencillo», pensó con un escalofrío. Había algo oscuro y peligroso en él, algo salvaje a lo que su parte femenina respondía automáticamente aunque ella no quisiera, y no podía evitarlo, admitió desesperada.
Mientras recorría silenciosamente el campamento, Draco se burló de sí mismo por la feroz ansiedad que sentía hacia Hermione. Su mente se preguntaba cómo podía desear a esa mujer, pero su cuerpo se preguntaba con más fuerza cómo podía resistirse a ella.
Ella lo afectaba como ninguna otra mujer lo había hecho, de mil formas diferentes, y todas no deseadas. No había espacio en su vida para una situación como aquélla, ni lugar en su orgullo para el tipo de necesidad que ella despertaba en él.
Mientras se acercaba a la tienda de El Khalid, se obligó a sacar a Hermione de su mente y a centrarse en su medio primo Nazir y la razón por la que él estaba allí. Se había estado planteando si no habría cometido un error en su juicio. Los agentes especiales que también estaban infiltrados en el campamento dudaban de que Nazir estuviera relacionado con El Khalid. Pero Nazir planeaba derrocar al soberano, de eso Draco estaba convencido. Sólo se trataba de averiguar cómo y cuándo tenía previsto hacerlo.
Entonces escuchó el sonido de un vehículo en movimiento y se ocultó entre las sombras. El todoterreno se detuvo delante de la tienda del líder de los rebeldes. Draco no podía creer en su suerte cuando vio que del coche salían dos hombres fuertemente armados y detrás los seguía su medio primo.
El Khalid emergió de su tienda y se acercó a saludar a Nazir, haciéndole una profunda reverencia antes de invitarlo a entrar.
¡Así que él estaba en lo cierto!, se dijo Draco. ¡Tenía que informar a los otros agentes enseguida! En silencio, se dirigió hacia sus tiendas.
Continuará...
Hola =)Muchas gracias por sus comentarios y por los 47 usuarios que pusieron mi historia a sus favoritos, besos y abrazos