← Cuando los lobos descienden · de
Cuando los lobos descienden — capítulo 20
Capítulo 20:
La tarde era bastante acogedora, el sol caía y sus últimos rayos iluminaban el pequeño río frente a ellos.
-¿Entonces, quieres que sea la próxima semana?-preguntó Hermione, apoyando su cabeza sobre el hombro de Draco.
Adoraba esos momentos, cuando podían estar juntos, sin tener que fingir, sin tener que aparentar.
-Sí…-respondió él.- Habré cumplido los dieciocho para cuando llegue ese momento, y podré protegerte sin temor a fallar...
-¿Es por eso que aún no quieres dejar la aldea?-inquirió observándole de reojo.
Él, se quedó en silencio por unos segundos, pero sabía que era verdad.
-Cuando tenga la mayoría de edad, seré más fuerte que Nott, y las probabilidades de que algo te pase, serán relativamente pocas…
-Creo que no deberías preocuparte por algo así.-le dijo ella.-Has logrado protegerme, sin importar la edad que tengas…
Draco, la observó.
-No te pude proteger de Weasley.-respondió recordando lo ocurrido la noche anterior.
-Prometimos no volver a hablar sobre eso…-insistió Hermione, mientras miraba el paisaje.-Esta oscureciendo… Deberíamos volver.-sugirió poniéndose de pie, pero Draco se lo impidió.
-¿Deberíamos?-inquirió él.-No, aún no quiero irme.
-Pero…
-Los momentos que paso contigo, son muy breves…-le interrumpió.-Déjame, estar a tu lado sólo un poco más.
Era imposible negarse ante aquella petición.
¿Por qué siempre se salía con la suya?
-Lo dices como si fuera la última vez, Draco…-murmuró acariciando su cabello.-Sé que habrán muchos momentos más…
Él, esperaba que sus palabras se cumplirían.
-En mi vida, he aprendido a apreciar los buenos momentos, porque estos son prácticamente inexistentes…-le confesó perdiéndose en aquellos ojos chocolate que tanto le gustaban y que lo tenían completamente cautivado.
Hermione, sabía a lo que se refería. La vida de Draco, se había visto plagada por recuerdos que él prefería olvidar, y estar junto a ella, eran los momentos más preciados que tenía. No podía arrebatarle eso.
-Tienes razón…-respondió.-Es muy poco tiempo… No es lo suficiente.
-Nunca es suficiente.-le corrigió él.-Además… ¿Podría hacer esto si no estuviéramos solos?
De pronto, y sin darle tiempo de reaccionar, Draco besó los dulces labios de Hermione, haciendo que ella cayera hacia atrás en la hierba, perdiéndose en su aroma y sus caricias.
La chica, se dejó llevar por las emociones y le correspondió como siempre lo hacía.
Poco a poco, los labios del rubio se fueron desplazando hasta llegar al cuello de su novia, donde besó con pasión.
Hermione, se estremeció un poco, al reconocer aquella sensación de calor en su vientre.
Él también sentía lo mismo, más aún cuando no pudo controlar sus impulsos, y una de sus manos terminó subiendo por el abdomen de la castaña hasta llegar a uno de sus senos, y tocar más allá de lo acostumbrado.
Ella se tensó un poco, por el inesperado contacto. Nunca habían llegado tan lejos. Pensó que sólo se estaban dando un apasionado beso como las otras veces, pero parecía que él iba en serio. Y aunque, tampoco quería detenerlo, sabía que era muy arriesgado seguir con eso.
-Espera, Draco…-murmuró, mientras él se detenía.
-Lo sé.-comenzó a decir, mientras acortaba la distancia para darle un último beso.-Perdóname…
Sabía que dentro de muy poco, no sería necesario pedir disculpas por sus impulsos.
-No te preocupes...-respondió ella aceptando su beso.-Pronto, esto acabará...
Él, no dijo nada, y sólo se quedó observándole.
Ya casi había anochecido, y lo mejor, era regresar.
De inmediato, se puso de pie y extendió su mano a Hermione.
Los mejores momentos, duraban poco, y este se acabó, cuando estuvieron lo suficientemente cerca de la aldea.
Finalmente, llegaron a la casa y la castaña, se llevó una pequeña sorpresa.
-¿Dónde han estado?-preguntó la señora Granger desde afuera.-El sacerdote está adentro… Quiere hablar con todos nosotros sobre lo ocurrido la noche del festival…-les informó sin darles tiempo de responder.-Dense prisa.
Aquello, la tomó desprevenida.
*¿Qué hacía ese hombre en su casa?,*pensó.
Draco, le dirigió una breve mirada para que se calmara. Ella, no tenía que preocuparse por nada, él tenía todo bajo control.
Sin demorarse ni un solo minuto más, ambos ingresaron a la sala, y se encontraron con el pequeño grupo de hombres ahí. Hermione, se preocupó un poco, cuando vio que Víctor Krum también estaba con ellos.
De inmediato, Draco, se presentó ante el sacerdote, y cuando le mencionó su apellido, Moody, no sospechó nada, sin embargo, tan pronto como la conversación surgió, el sacerdote notó ciertas actitudes que parecían hacerlo diferente al resto, como si el muchacho no fuera un simple aldeano.
Rápidamente, el hombre, comenzó a interrogar a los otros miembros de la familia, y nuevamente, se sintió decepcionado cuando no halló nada extraño o sospechoso en lo que le decían. Prosiguió a dejarles muy en claro, lo peligrosas que eran esas criaturas, lo malditos que estaban esos lobos, y lo condenados que estarían ellos, si llegaban a hacer contacto con esos demonios.
Draco, observaba la situación en silencio. Al parecer, este sacerdote, si los conocía bastante bien y sabía mucho sobre la maldición que cargaba encima, pero aun así, era un tonto, si creía que podría acabar con la manada entera.
Dejó sus pensamientos de lado, cuando notó que aquel desconocido que había venido con Moody, miraba a Hermione de una forma que no le agrado en lo absoluto.
¿Quién demonios era?, pensó el rubio.
Sería mejor que no siguiera haciéndolo, o sería el siguiente, después de Weasley.
-En dos días, los esperó a todos en la iglesia...
-Por supuesto, padre.-insistió la señora Granger.-Estaremos ahí…
-Antes de irme…-murmuró el hombre mirando a todos.-Les dejaré este crucifijo como protección… Todos deben tener uno en su hogar.
De inmediato, sacó el objeto de su bolso y se lo extendió al padre de Hermione.
-¿Es de plata?-preguntó Harry al ver como brillaba.
-Por supuesto que lo es, muchacho. La plata, es símbolo de protección contra esas criaturas…-le explicó.
-Gracias, padre. Lo tendremos en cuenta.-sentenció la señora Granger, abriendo la puerta.
-Es mejor que lo ponga aquí.-sugirió el padre de Hermione, colocando el crucifijo encima de la chimenea.
-Los veré el domingo.-anunció el sacerdote antes de irse con su sobrino.-A todos… A usted también, señor Black.
Draco, asintió en silencio, mientras comenzaba a sentir la influencia de la plata sobre él.
Con el pasar de los años, había aprendido a disimular su incomodidad frente a ello, y nadie pareció darse cuenta de su padecimiento, a excepción de Hermione, ella sí sabía lo que estaba sintiendo.
Recordaba, perfectamente, lo que él le había dicho aquella vez durante el ataque.
La castaña, esperó porque la cena terminara y que toda su familia se dirigiera a sus aposentos, antes de poder infiltrarse en la habitación del rubio.
-Pensé que habías dicho que aún era muy temprano para vernos.-exclamó Draco sorprendido de verla ahí.
-No importa eso. ¿Estás bien…?-le preguntó.
-No te preocupes por algo así…-respondió al saber a lo que se refería.- Estoy perfectamente bien.
Ella, asintió en silencio, pero ese no era el único motivo por el que estaba ahí.
-Él, lo sabe…-sentenció Hermione, en referencia al sacerdote.-Sé que sabe algo…
-Debo admitir, que me sorprendió lo mucho que sabe sobre la maldición que cargo y lo que soy, pero no es necesario alarmarse por algo así.
-Pero…
-Si por algún motivo, llega a saberlo, será muy tarde… Ni tú, ni yo, estaremos para verlo.
Hermione, sonrió de lado.
Mucho mejor, pensó Draco al ver que había logrado tranquilizarla.
-Por cierto… ¿quién era el otro hombre que vino con él?-inquirió de pronto.
-Su sobrino.-le respondió Hermione.
-Te estuvo observando por un largo rato.
La castaña, no se sorprendió por sus palabras.
-Sí, lo vi.-dijo despreocupada.-Pero no le di importancia.
-Será mejor que no vuelva a hacerlo.
-¿Matarás a todos los hombres que me miren de esa forma?-cuestionó Hermione en tono de broma.
-Sí.-respondió como si fuera lo más natural.-Eres mía. Solo mía. No lo olvides.
Ella, asintió resignada. Sabía que sería imposible cambiar aquella actitud posesiva de él, pero no se quejaba, le encantaba como era, y no tenía planeado hacer algo así.
-Lo sé...-respondió uniendo sus labios a los de Draco.
Hola!
Eso es todo por hoy, lamento que haya sido corto, pero no he tenido mucho tiempo de escribir, aún así espero que les haya gustado.
Saludos y gracias por leer! :-)
Rosalie...
PS: Prometo que habrá actualizaciones seguidas, la semana que viene! :)