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Historia 16969 — capítulo 5
No me atribuyo los derechos de autoría de ninguno de los personajes pertenecientes a los libros de J.K.Rowling, sinosólo de aquellos salidos de mi imaginación. La publicación de esta historia es sin fines de lucro.
CAPITULO 5
Encuentro en el Bosque Prohibido
Caminaba por los pasillos del castillo, todo estaba oscuro y afuera la tormenta arremetía con fuerza, iluminando de vez en cuando su camino con los relámpagos. Se arregló la capa, ajustándola más a su cuerpo y siguió su camino. Nada la detendría, absolutamente nada, tenía que llegar como fuera. Una sombra pasó a su lado y sintió frío, un frío como la hiel que le recorrió el cuerpo, pero no se detuvo, nada lo haría.
Salió a los jardines y comenzó a correr. Si no se apuraba no llegaría, tenía que correr lo más rápido posible o perdería la oportunidad para siempre. A lo lejos vislumbraba una casa de barrio, iluminada por fuera con un farol que apenas lanzaba un pequeño haz de luz. ¡Estaba cerca!, así que apresuró el paso todavía más. La casa se hacía cada vez más grande y su corazón latía, cada vez con mayor fuerza, ante el hecho de llegar. Estiró la mano esperando poder tocar el picaporte, pero entonces una sombra se interpuso. Se quedó paralizada en el lugar, como si de pronto sus músculos hubieran dejado de responderle. La sombra bajó la capucha que le cubría el rostro y unos ojos rojos la miraron, entonces reconoció de quién se trataba y gritó...
Abrió los ojos, Lily estaba a su lado mirándola asustada, todo estaba oscuro y tardó unos minutos en darse cuenta de que se encontraba en su habitación.
-Anne, ¿estás bien?- preguntó Lily a su amiga que la miraba pálida desde su cama.
-Una... una pesadilla- respondió Anne todavía conmocionada por el sueño.- Tú sabes lo que son mis sueños Lily.- Su amiga asintió.- Fue... fue horrible, él estaba ahí.- dijo Anne casi llorando.
-Tranquila linda- dijo la pelirroja sentándose junto a su amiga y acariciándole el pelo.- Cuéntame, ¿quién estaba allí?.
-Voldemort- respondió Anne en un susurro- Estaba frente a mi casa y no me dejaba entrar, ¿crees que signifique algo Lily?- preguntó asustada- Tal vez algo malo va a pasarle a mi familia.
-No te desesperes Anne, nada malo va a pasarles, pero para que te quedes más tranquila mañana les mandas una lechuza, ¿qué te parece?.- dijo Lily tratando de tranquilizar a su amiga que estaba temblando.
-Sí, tienes razón, no puedo ponerme así por un sueño, después de todo es la primera vez que lo tengo, así que no debo asustarme. Mañana les escribiré- respondió la castaña tapándose más con las sábanas. Lily se quedó hasta que Anne volvió a dormirse y después volvió a su cama. No quería decirle a su amiga, pero la había preocupado el sueño que había tenido, si aparecía Voldemort, no podía significar nada bueno.
Remus caminó rápidamente. Se sentía mareado y muy débil así que apuró el paso para llegar pronto a la enfermería. En un recodo se mareó y apoyó sus manos en la pared para no caer, dejando que sus libros se escaparan de sus manos. Se agachó a recogerlos y vio una melena roja frente a él.
-Toma- dijo Lily pasándole unos libros.- ¿Te sientes bien?- preguntó al ver que estaba muy pálido.
-Gracias. Si estoy bien, creo que es una gripe o algo así- respondió Lupin un poco nervioso.- Ahora me dirigía a la enfermería.
-Te acompaño- dijo Lily mirándolo de reojo. Remus asintió y comenzaron a caminar juntos.
-¿Tus amigos no vienen contigo?, eso es raro- dijo la pelirroja tratando de entablar una conversación. En verdad Remus siempre le había caído muy bien, era excelente estudiante y al parecer, muy buena persona, sólo tenía la desgracia de la mala compañía.
-No, no pudieron venir, pero de todas formas estoy bien, no es nada grave- respondió el licántropo. Seguía mareado, pero eso era normal, ya estaba acostumbrado.
-Nunca he entendido porqué te juntas con ellos- dijo Lily- No te pareces en nada a ninguno, ni a Potter y Black que van por ahí pavoneándose de lo grandiosos que son, ni a Petigrew que los persigue como un perrito a su amo.
-Aunque no parezca- respondió Remus sonriendo- Son excelentes amigos, cuando los conocí no pensé nunca que pudieran ser tan buenos. Pero a lo largo de estos años se han vuelto en los mejores amigos que cualquiera pudiera pedir, créeme, son increíbles. Así como los ves, son capaces de hacer cualquier cosa por un amigo.
-No sé- dijo Lily dudando- Parece que realmente te han demostrado su amistad, sino no hablarías así de ellos.
-Realmente lo han hecho, lo han demostrado una y otra vez, y no podría estarles más agradecidos- dijo Lupin.- Si te dieras la oportunidad de conocerlos, verías que tengo razón- agregó mirando a la muchacha pelirroja.- Gracias por acompañarme Lily, por aquí puedes volver a la Sala Común, no hace falta que te desvíes a la enfermería, puedo continuar solo.
-De nada Remus- respondió Evans despidiéndose del licántropo y bajando por las escaleras.
Lupin sonrió, si sus palabras habían llegado a Lily, le había dado la oportunidad que tanto había estado esperando James durante todos esos años; sólo esperaba que su amigo la supiera aprovechar. De pronto salió de su ensimismamiento y apuró el paso hacia la enfermería; la noche empezaba a caer y tenía que estar en la Casa de los Gritos antes de que la luna llena hiciera su aparición.
-¡No es justo!- protestó Sirius- Mientras ustedes se divierten por ahí, yo tengo que limpiar las mazmorras con la histérica de Sheldden.
-Vamos Canuto, no seas quejón, es sólo unas horas, después podrás unirte a nosotros- le dijo James que estaba jugando ajedrez mágico con Peter, por lo que iba ganando ampliamente.
-¡Pero sigue siendo injusto!, aguantarme a esa insoportable- agregó Black sentándose frente a la chimenea.- ¿Por dónde van a andar hoy?- preguntó al cabo de unos minutos.
-Por el Bosque Prohibido, no podemos pasearnos por Hogsmeade porque el ministerio de la magia ha puesto guardianes por todos lados, para prevenir cualquier ataque de los mortífagos- respondió James mientras gritaba triunfante Jaque al desesperado de Peter.
-Bueno entonces nos veremos allí más tarde- dijo Sirius levantándose y, despidiéndose de sus amigos, salió de la Sala Común. Caminó sin ganas todo el trayecto hasta el despacho de la profesora McGonnagall, y al entrar, se encontró con que Anne ya estaba allí.
-Dejen sus varitas aquí- dijo la profesora a ambos alumnos- Y suban a las mazmorras, Filch los está esperando para decirles cuál va a ser su tarea. Mañana pueden recoger sus varitas antes de clases.
Sirius y Anne se dirigieron a las mazmorras en silencio. El mal humor que ambos tenían se hacía evidente y pasó más de una hora antes de que Sirius abriera la boca para quejarse.
-¡Ya no aguanto más!- dijo dejando el trapo a un costado.- Y mira la hora, debería haberme ido ya.
-¿Acaso tienes algo que hacer?- preguntó Anne mirándolo fastidiada.
-Pues sí- respondió Sirius apoyándose en la pared y mirando a la muchacha.
-¿Se puede saber qué es tan importante?- preguntó la chica tratando de restarle importancia a la cuestión.
-Cualquier cosa es más importante que estar aquí fregando paredes y pisos- respondió Black- Pero no puedo decirte que es lo que tengo que hacer.
-Imagino que será alguna cita a escondidas con alguna de tus seguidoras- dijo Anne sarcásticamente.
-Ojalá fuera eso- respondió Sirius esbozando una pícara sonrisa- Pero no, es otra cosa.
Anne lo miró intrigada, era sabido que los merodeadores hacían lo que querían y conocían salidas secretas del castillo. ¿A dónde tenía que ir Black?.
-Linda, no me mires así- dijo Canuto acercándose a la castaña que de pronto se puso nerviosa. Había notado su mirada y pensó que era el momento justo para atacar- Si pudiera decirte, te prometo que te lo diría, pero no puedo. De todas formas si quieres venir algún día conmigo a...
-Espera un minuto Black, si crees que iría contigo a algún lado, estás muy equivocado- dijo Anne cortándole la frase a Sirius- No soy la clase de chicas a la que tú estás acostumbrado.
-Vamos Anne, no te hagas la difícil, acepta una invitación mía- dijo Canuto acercándose más a ella, que comenzó a hacerse hacia atrás hasta que chocó con la pared. Sirius se acercó peligrosamente, apoyando las manos a su costado.- Y ¿qué dices, salimos alguna vez?- preguntó mirándola fijamente. Anne volteó la cara y trató de escapar por debajo de su brazo, pero en ese momento pisó un jabón que había en el piso y resbaló, empujando a Sirius con ella, y cayendo encima de él.
Se quedó muda, sobre él, y al verlo a la cara, su respiración se cortó. Los penetrantes ojos grises se posaron en los azules de ella y sintió que nada más existía. Trató de moverse, pero no pudo, podía sentir los fuertes brazos de Sirius a su alrededor y su cuerpo bien formado debajo de ella.
Canuto casi ni se dio cuenta cuando Anne cayó sobre él, y al abrir los ojos se encontró con un mar azul mirándolo muy de cerca; los bucles castaños le rozaron la mejilla y sintió ganas de besar aquellos labios que tan cerca estaban de los suyos. Inspiró el aroma de su piel, de su cabello y sintió una oleada de fuego en su interior.
-Linda, no es que me moleste tenerte sobre mí- dijo Sirius sonriendo- pero si no vamos a hacer nada, te pediría que te salieras- agregó- a no ser que quieras....- dijo acercando su rostro aún más al de ella. Anne reaccionó a tiempo y en un segundo apartó a Sirius de una bofetada y se salió de encima de él.
-¡Eres un depravado Black!- gritó poniéndose de pie. La magia había dudado sólo unos segundos, para dar paso al desprecio que siempre sentía por aquel muchacho que tenían enfrente.
-¡No te puedo creer!- dijo Sirius levantándose- ¡Otra cachetada!, tú sí que eres una loca histérica. ¡Eres increíble!.
-¡Prefiero ser una loca histérica y no un depravado sexual!- dijo Anne poniéndose roja.
-¡Já!, no te ilusiones, no me arriesgaría a tener algo contigo ni un millón de años- dijo Sirius volteándose y tomando un trapo. Anne abrió la boca para decir algo pero nada salió; en ese momento hubiera matado a Black con sus propias manos, pero simplemente tomó otro trapo y siguió con su tarea. A la media hora ambos habían terminado y se marcharon sin dirigirse la palabra. Sin embargo a los pocos minutos, cuando Sirius dobló en una esquina, Anne sintió una curiosidad enorme por averiguar hacia dónde se dirigía el merodeador, así que esperó a que los pasos se alejaran y se escabulló entre las sombras detrás de él. Lo seguiría hasta donde fuera, y luego le diría a McGonnagal. No le importaba que a ella pudieran castigarla también, sólo quería que él tuviera problemas.
Caminó por los pasillos, escondiéndose en los recovecos, caminado despacio para no hacer ruido. Al llegar a una de las puertas laterales del castillo Black la abrió y salió por ella a los jardines. Anne lo siguió, pero cuando estaba saliendo sintió pasos, así que tuvo que esconderse unos minutos detrás de la armadura que tenía a un costado, esperando que quien fuera, pasara. Cuando por fin pudo salir al jardín buscó con la mirada a Black por todos lados, pero no lo encontró. Sin embargo lo había visto dirigirse hacia el Bosque Prohibido, así que se encaminó hacia allí.
Al llegar no encontró a nadie, y frustrada intentó visualizar cualquier movimiento entre los árboles. Fue entonces cuando lo vio, la criatura más hermosa que había visto en su vida, un enorme ciervo blanco. El animal la miró de lejos, con sus cornamentas coronándole la cabeza, erguido como un rey, observando todo desde donde se encontraba. Como hipnotizada comenzó a caminar hacia el ciervo, sin poder apartar la vista de él, se adentró en el bosque.
El ciervo, al ver que se acercaba, escapó entre los árboles y ella comenzó a correr para alcanzarlo. Pero no pudo, al cabo de unos minutos el animal había desaparecido, y ella se encontraba en medio de fantasmagóricas ramas que se erguían sobre su cabeza. Asustada se volteó y emprendió el camino de regreso, tratando de mantener la calma.
-Tranquila Anne, tranquila- se repetía en voz baja- No has caminado mucho, en cualquier momento vas a encontrar la salida.- Pero entonces un sonido le llegó a los oídos, un sonido que la paralizó unos segundos; el aullido de un lobo. Aterrorizada comenzó a correr, sintiendo que las ramas le golpeaban el rostro, que las piedras bajo sus pies le entorpecían el camino, pero no se detuvo. Hasta que el animal se interpuso delante de ella.
Un enorme lobo de pelaje gris la miró con los ojos inyectados en sangre, listo para atacar. Ella se hizo lentamente hacia atrás hasta que tropezó con una raíz y cayó sobre un tronco. Vio como el lobo se acercaba más a ella y se agazapaba, mostrando sus colmillos y preparándose para saltar sobre su presa. Quiso gritar, pero ningún sonido salió de su boca, ni ningún músculo de su cuerpo se movió. Cerró los ojos, esperando en cualquier momento la arremetida del animal.
Pasaron los segundos y sintió un choque frente a ella. Al abrir los ojos vio a un enorme perro negro que se había interpuesto entre ella y el lobo, y ahora luchaba encarnizadamente con éste. Horrorizada observó cómo los animales se mordía, se rasguñaban y se desgarraban, sin soltar ninguno a su presa. A pesar de que el perro era más grande que cualquiera que había visto, el lobo casi lo doblaba en tamaño, por lo que era inevitable que en cualquier momento la pelea terminara desfavorablemente para el can. Y así fue, el lobo trabó sus mandíbulas en el cuello del animal y luego lo arrojó varios metros. Anne lloraba apoyaba en el tronco del árbol, esperando que el lobo se fuera dejando a su presa inconsciente.
Pero entonces apareció el ciervo blanco, que minutos antes la había inducido a seguirlo, y asombrosamente se paró frente al lobo y comenzó a empujarlo con sus enormes cornamentas. El animal herido forcejeó unos segundos, pero luego pareció decidir que no estaba preparado para otra lucha y se escapó, seguido del ciervo. Anne se quedó tirada, con los brazos alrededor de sus rodillas, con miedo a moverse, esperando inmóvil que los animales se alejaran. No supo cuántos minutos pasaron hasta que pudo moverse y se levantó acercándose hacia el perro, que yacía tirado sobre la hierva. Se arrodilló a su lado y comenzó a acariciarlo.
-Perrito- dijo con lágrimas en sus ojos- Me salvaste la vida- agregó mientras pasaba sus manos sobre el suave pelaje, ahora manchado de sangre. Se quedó su lado, sin saber que hacer, buscando con la mirada que alguien apareciera en aquel oscuro lugar. Entonces sintió pisadas detrás de ella y, al voltearse, vio a James Potter que se acercaba corriendo.
-¡James!... un lobo... el perro- dijo entre sollozos. James se arrodilló junto al perro que en esos momentos había abierto los ojos y gemía.
-Amigo- dijo Cornamenta preocupado.
-¿Es... es tu perro?- preguntó Anne ante las palabras de James.
-Eh.. no.. digo... si.-balbuceó él- Necesito tu ayuda, tenemos que sacarlo de aquí- agregó mirando a la muchacha.
-Llevémoslo con la señora Pomfrey- dijo la muchacha- Ella seguro lo va curar.
-¡No!- respondió James inmediatamente- No podemos, hay que llevarlo a nuestra habitación.
-¿A la habitación?, no, llevémoslo a la enfermería, ella seguro va a ...
-No podemos Anne- la cortó Cornamenta- No puedo explicártelo ahora, pero no podemos llevarlo a la enfermería, tenemos que llevarlo a la habitación. ¿Vas a ayudarme?. Sin preguntas- Anne lo miró intrigada, pero estaba dispuesta a ayudar al animal que la había salvado, por más que tuviera que hacer cosas que, para ella, no tenían sentido.
-Esta bien- dijo- Te ayudo. Sin preguntas.- James asintió y se puso de pie, inmediatamente sacó su varita e hizo que el animal se elevara en el aire, y comenzó a caminar hacia el castillo. Anne iba junto al animal, sin sacar su mano sobre el lomo, acariciándolo. No pudo dejar de notar cómo los enormes ojos grises la miraban; esos ojos que resaltaban increíblemente en medio de todo el pelaje negro.
Caminaron con cuidado por los pasillos del castillo. Anne se adelantó y cuidó que no hubiera nadie por ninguno de los lugares que anduvieron. Así llegaron por fin a la Sala Común y se dirigieron a la habitación de los chicos. Una vez dentro James depositó al perro sobre una de las camas.
-Prométeme que lo que veas aquí esta noche, no se lo vas a decir a nadie- dijo volteándose hacia la muchacha que asintió sin entender.-Escúchame amigo- le dijo al animal- Necesito que hagas un esfuerzo y te transformes, sabes que no puedo curarte así.- Anne se quedó detrás de James, intrigada ante sus palabras. Entonces algo increíble ocurrió, el perro comenzó a deformarse hasta que en unos segundos en su lugar se encontraba Sirius. Anne ahogó un grito y se tapó la boca con las manos.
-Si..Sirius- dijo impresionada.
-Si, es Sirius, pero no puedo explicarte ahora- respondió James ante la mirada inquisitiva de ella.- Sólo quédate aquí mientras voy a la enfermería a buscar unas cosas.- Y dicho esto salió apresurado. Anne fue a su habitación y buscó en silencio unas vendas; luego volvió y, acercándose al muchacho que yacía sobre la cama, comenzó a limpiarle las heridas. Sirius abrió sus ojos y la miró. Sin embargo ninguno de los dos habló mientras ella limpiaba cada rasguño, mordida y desgarro; y él juntaba fuerzas para no quejarse.
-Me salvaste la vida- dijo cuando terminó. El volteó la cabeza hacia donde ella estaba y la miró.- Nunca voy a poder terminar de agradecerte lo que hiciste- agregó acariciándole el cabello.
-No... no fue nada- dijo Sirius con esfuerzo buscando esos ojos azules que lo miraban asustados.
Entonces apareció James con varios frascos, y se dio a la tarea de curar las heridas de su amigo. Al cabo de unos quince minutos las heridas de Sirius ya no sangraban y comenzaban a cerrarse; también había recuperado sus colores y ya no respiraba con dificultad, así que se sentó en la cama.
-¡Si que me asustaste!- dijo Cornamenta a su amigo- Esa pelea fue de las peores.
-La peor- respondió Black con una sonrisa.- ¿Y Lunático?.
-Encerrado en la Casa de los Gritos, estaba bastante malherido también, pero ya volveremos cuando salga el sol a ayudarlo.
Sirius asintió y luego se percató de la presencia de Anne en el fondo.
-¿Qué hacías en el Bosque Prohibido?- dijo levantándose y acercándose a ella.
-Eh... yo... es que te vi salir y....- balbuceó Anne.
-¿Me seguiste?, acaso no sabes que es peligroso adentrarse en ese bosque- dijo él subiendo el tono de voz.- ¿Sabes lo que te hubiera pasado si no hubiera llegado?.
-Si... yo...
-¡Eres una inconsciente!, no puedo creer que me hayas seguido y te hayas expuesto de esa forma- rugió Black de pronto- ¿No te dije que era una loca?- preguntó volteándose hacia su amigo.
-Yo... lo lamento... yo...- dijo Anne cuyos ojos comenzaban a llenarse de lágrimas.
-¡Claro ahora lo lamentas!, pero en el momento no pensaste que podías salir lastimada, ¿verdad?.
La muchacha miró a Sirius sin saber que decir. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas y se las secó con furia.
-¡No tenías que salvarme!- le gritó volteándose y dirigiéndose a la puerta.-¡No tenías que hacerlo!-agregó sollozando- Y no te hagas problema James, prometí no decir nada ni hacer preguntas, y voy a cumplir- dijo antes de salir corriendo de la habitación.
-Creo que fuiste muy duro con ella amigo- dijo James cuando Anne desapareció.
-¿Duro?, ¿duro?, es una inconsciente, ¿entiendes lo que hubiera pasado si no hubiéramos estado allí?- dijo Sirius todavía enojado.- Y todo por un capricho, porque no le dije adónde iba y ella lo tenía que saber a toda costa.
-Pero no era para que la trataras así, ¿no crees que ya se debe haber sentido suficientemente culpable al verte todo herido?.
-Pues me alegro que se sienta culpable- dijo Canuto volviendo a la cama y acostándose- Después de todo por su culpa Lunántico casi me mata ¿no?.
James se dirigió a su cama sin decir una palabra y se acostó. Sabía el motivo por el que Sirius estaba tan enojado, y no era precisamente por las heridas que le habían causado.
Acá está el capítulo 5!!!!!... se hizo un poco largo, pero creo que valió la pena ¿verdad?... es un capítulo que me gusta mucho y disfruté mucho escribiéndolo. Espero que les guste y me dejen sus reviews!!!!! Saludos a todas y gracias por tomarse el tiempo de leer mi Fic... Jully.