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Historia 170095 — capítulo 3

Narra la escritora.

A medida que el sol se reflejaba en la superficie del lago, las habitaciones de los alumnos de Slytherin se iban iluminando y una chica de larga y rubia cabellera se desperezaba en una de las camas, con su cuerpo completamente desnudo entre las sábanas.

Sentía la boca seca como si llevara días caminando por el desierto de Sahara y la luz que entraba por las falsas ventanas no hacía más que aumentar su dolor de cabeza, la cual parecía estar a segundos de explotar.

— Maldición. — murmuró abriendo los ojos con algo de dificultad, para descubrir un fibroso brazo masculino rodeando su cuerpo y generándole un incipiente calor. — Maldición. — repitió, al localizar al dueño de dicho brazo.

Con todo el sigilo que su actual torpeza y punzante dolor de cabeza le permitían, se despegó del abrazo de Scorpius asegurándose de que la sábana cubriera las partes de su amigo y levantó su ropa interior del suelo, poniéndoselas rápidamente y casi tropezando en el proceso.

— ¿Huyendo de la escena del crimen?

Elizabeth soltó un respingo tal al girarse que su vestido y los altos tacones negros cayeron ruidosamente contra el mármol, amenazando con despertar a toda la habitación con el alboroto.

— ¡Diablos, Megan! ¿Es que quieres matarme? — chilló la chica, mirando alarmadamente a las demás camas, asegurándose que ninguno de sus compañeros se hubieran despertado producto del alboroto.

— Baja el tono, Lizzie. — le exigió ella, mirándola severamente. — ¿O acaso pretendes despertar a todos en las mazmorras?

La chica Dankworth rodó los ojos, demasiado agotada, sedienta y dolorida como para discutir con su mejor amiga sobre quién había comenzado y provocado todo el ruido.

La castaña llevaba puesto el vestido negro ajustado de la noche anterior y los tacones en mano, en la misma posición de huida que ella se encontraba, con una marca roja en el cuello completando la escena.

— Adivino, — susurró, intentando bajar el cierre de su vestido para poder ponérselo. — ¿Flint?

— ¿Qué puedo decir? — retrucó ella, mirando al castaño de torneado cuerpo que aún permanecía dormido en la cama más cercana al baño. — La carne es débil.

— ¡Y la tuya aún más! — le recriminó en voz baja, sintiendo la garganta tan seca que le dolía — Dijiste que no te volverías a acostar con él. Que ahora serían "estrictamente amigos".

— Lo sé, Liz, es que… ¿acaso lo has visto desnudo? No es tan fácil resistirse a algo así. — Megan la vio dirigirle una mala mirada, como si ese no fuera justificativo suficiente y decidió atacar por otro lado. — Además, ¡tú te acostaste con mi primo!

— ¡No es realmente tu primo! — replicó ella.

— ¡Es como si lo fuera! Crecí con él — soltó casi divertida, quitándole el vestido de las manos y bajando el cierre ella misma, ya que Elizabeth parecía incapaz de hacerlo en su estado actual. — ¿Y? ¿Qué tal es en la cama?

La rubia tomó el nevado vestido y se lo colocó con algo de dificultad a la hora de pasar la cabeza y los brazos. Soltando un largo suspiro, respondió, luego de elevar los hombros y mirar con una mueca de circunstancias al aún dormido Scorpius Malfoy:

— Fue un desliz. Un gran y satisfactorio desliz.


You want a hot body? You want a Bugatti?

You want a Maserati? You better work bitch.

You want a Lamborghini? Sippin' martinis?

Look hot in a bikini? You better work bitch.

La música house invadió los oídos de Vivian y Chloe en cuanto entraron a su habitación, encontrándose con su líder sobre una toalla, concentradamente haciendo abdominales al ritmo de la música de Britney Spears.

Tenía el cabello recogido en una coleta alta y gotas de sudor recorriéndole cuerpo y rostro sin ser consciente de que ya no estaba sola en la habitación hasta que Chloe Tribbiani cortó la música.

— ¿Qué crees que haces? — le espetó mirándola furiosa y frenando abruptamente el ejercicio.

— Te perdiste el almuerzo, nos preocupamos. — se apresuró en justificar Vivian, con un tono casi temeroso.

— ¿Qué creyeron, que alguien me había secuestrado? — preguntó con palpable sarcasmo, poniéndose de pie y bebiendo de su botella de agua.

Chloe rodó los ojos, prediciendo que la castaña se había levantado de mal humor, y le hizo un ademán a la rubia para que no se angustiara por el tono siempre brusco de Rebecca. La convivencia jamás era sencilla y a veces Vivian era demasiado sensible como para pertenecer a ese grupo de chicas en particular.

— De hecho nos extrañó, ya que la mitad de nuestros compañeros faltaban. — le respondió, agregando con cierta malicia disfrazada de falsa preocupación: — Incluyendo a tu novio.

Rebecca leyó las intenciones de Chloe de inmediato y le lanzó una mirada fulminante antes de dejar la botella de lado y entrar al baño para secarse el sudor y refrescarse.

Desde hacía un tiempo se había instalado una especie de guerra entre ambas. Chloe aún seguía al pie de la letra cada una de sus órdenes, pero Rebecca podía sentir cómo ésta se iba oponiendo, volviéndose cada vez más difícil de controlar.

Era un constante tire y afloje y eso jamás era bueno para una líder: la hacía ver débil frente a los demás.

— ¿Así que no bajó a almorzar? — soltó finalmente, sin voltearse a verlas.

— No. Ni él, ni la perra de Weasley, ni los mellizos McLaggen. — contestó tranquilamente. — Que gran coincidencia, ¿verdad?

Felton tuvo que agarrarse con fuerza del lavamanos para evitar tirar todos los productos en un ataque de rabia. Saber que Chloe la estaba provocando para su mera diversión y satisfacción no ayudaba ni un poquito a calmar la furia asesina que estaba sintiendo por ese aparentemente "inocente" comentario, que no buscaba otra cosa más que ponerle los pelos de punta.

— Tal vez se fue antes que nosotras y por eso no lo vimos. No debemos pensar que...

El intento de Vivian por mejorar la situación fue completamente ignorado por la castaña, que lanzó uno de los perfumes de su metamorfomaga compañera de cuarto al suelo y se giró aireada a las otras dos, que permanecían en la habitación.

— Mejor tú no pienses, Vivian, todos sabemos que eso jamás resulta bien. — se desquitó con crueldad, sintiendo que todo se estaba saliendo de control. — Encuéntrenlo y averigüen qué estaba haciendo anoche y con quien. — ordenó, inhalando profundamente en un intento de tranquilizarse. — Y que no se dé cuenta.

Ambas chicas asintieron, una de ellas rebozando cinismo, y dejaron a su líder sola en la habitación de Gryffindor, con la molesta sensación de que algo estaba pasando justo debajo de sus narices en el colegio, pero sin poder descubrir qué era. Como si repentinamente, todos en Hogwarts estuvieran guardando un gran secreto y riéndose a sus espaldas.


Narra Rose Weasley.

El mundo se ha quedado sin caballeros.

Si, lamentablemente, esa es la realidad que atañe mis días. Una triste y gris realidad, en la cual los chicos pasan al lado tuyo viéndote cargada de cosas a más no poder y ni siquiera se les cruza por la mente el detenerse a ayudarte. O al menos a preguntar si necesitas ayuda.

¿Acaso todo rastro de romanticismo terminó junto con las grandes películas de los 80's? ¿Acaso ya no quedan más guapos chicos con campera de cuero que serían capaces de montar un número musical en medio del almuerzo con tal de conseguir la atención de esa chica?

Ni siquiera pido a alguien con el glamour de los 80's, ya sé que es imposible, pero siendo sincera, no me molestaría tener a un Troy Bolton que me persiga a la universidad para tener nuestra propia graduación o un Chuck Bass que recorra toda Europa comprando mi comida, perfumes y zapatos favoritos.

¿Estándares demasiado altos? Tal vez.

Pero la cruda verdad es que o bien esos príncipes azules no existen o bien yo no soy lachica de ninguno de esos galanes de telenovela y es por eso que llevo desde el cuarto piso dando tumbos, con todos los afiches y marcadores que logré conseguir en la biblioteca para hacer mis carteles.

Después de todo, una campaña no se hace de un día para otro. Y como yo voy a ganar ese puesto de Premio Anual gracias al voto de mis compañeros, tengo que poner todo de mí en ello.

— ¿Rosie-Posie?

En algún punto delante mío que no logro ver, escucho la voz de James llamándole. Y sé que es James, porque solo él y Roxanne insisten en usar ese estúpido apodo de mi niñez, y la voz de mi creativa prima está muy lejos de ser tan grave.

Hablando de creativa, tal vez debería pedirle ayuda para diseñar mi campaña. A ella o a Lucy.

Si, sin lugar a dudas debo hacerlo.

— ¡Aquí abajo! — contesto, intentando saludarlo con una mano y haciendo que todo se caiga en el proceso.

Miró los papeles desparramados con resignación y James suelta una carcajada ante mi innata torpeza, ayudándome a levantar las cosas y tomando parte de los afiches para llevarlos él mismo. ¿Recuerdan lo que dije momentos antes sobre que la caballerosidad se había perdido? Bien, eso jamás aplica a mi familia. Ellos siempre son la excepción a todo mal que acontece este mundo.

— Un día de estos te matarás, Rosie. — suelta aún conservando la expresión divertida. — ¿Al multiusos? — me pregunta, emprendiendo camino hacia el primer piso en el momento que asentí, acoplándome a su paso.

Al igual que prácticamente medio colegio, James tiene las ojeras marcadas y el olor a cigarrillo aún impregnado en su persona. Siempre es así luego de las fiestas de hermandad.

Yo, a diferencia de mis compañeros de casa, me había asegurado de no mezclar tragos y tomar suficiente agua durante toda la noche para evitarme una jaqueca, pero no todo el mundo es tan previsor.

¿Quieres evitar una futura resaca? Toma tantos vasos de agua como de alcohol y problema resuelto. Claro que nadie sabe o recuerda esas cosas en medio de una fiesta.

Nadie… excepto yo.

Bien, ahora entiendo porque la gente dice que en el fondo mamá y yo somos iguales.

— No puedo creer que vayas a presentarte a ese concurso.

— No es un concurso, James, son elecciones estudiantiles.

— Lo que sea. — le restó importancia con una mano. A diferencia mía, él no perdió el equilibrio con ese movimiento e incluso logró que se viera casual. — Ya tienes asegurado el puesto de Premio Anual con todas tus actividades y eso, no veo la necesidad de someterte a una "elección estudiantil".

Puedo comprender que James no lo entienda, lo mismo pasa con Albus y con Scorpius. A ellos todo parece salirles bien sin siquiera intentarlo, sin poner esfuerzo para destacar; ellos son naturales, razón por la cual la única que puede entenderme en este caso es Hollie, ya que ella conoce el sentimiento de querer auto-superarse, de lograr rebasar las expectativas tanto propias como ajenas.

Y es por eso que suelto con una mueca mitad divertida, mitad resignada:

— No lo entenderías — y me encojo de hombros.

No lo digo con mala intención y James lo sabe, pero de todas maneras me frunce el ceño.

En la Sala Multiusos ya está Hollie esperándome, sentada en uno de los sillones blancos con el libro *"Orgullo y prejuicio"*en manos. A pocos metros de ella, unos niños de segundo de Hufflepuff y Slytherin conversan ruidosamente, pero nadie es capaz de sacar a mi mejor amiga del mundo de fantasía en el cual se sumerge cada vez que lee una historia escrita por la gran Jane Austen.

— Volví, Ly. — aviso tocándole el hombro y recién entonces los ojos azules de ella abandonan las letras del libro y se clavan en mí, con una sonrisa.

— Hola, belleza. — la saluda James con una sonrisa, sentándose rápidamente a su lado y abrazándola fraternalmente. — ¿Orgullo y prejuicio otra vez?

— Sabes que es mi debilidad.

Poco escucho del reclamo de mi primo sobre "yo debería ser tu única debilidad" ya que hace tiempo dejé de sorprenderme del instinto sumamente celoso y protectivo de James hacía cualquier persona que forme parte de la familia. Y Hollie, pese a apellidarse Northman y no Weasley o Potter, hace tiempo que forma parte de nuestra familia.

— Bien, ¿cómo quieres que hagamos esto?

Dudo unos segundos, mirando la cantidad de cartulinas y marcadores que he conseguido. Necesito crear un cartel que sea artístico, que llame la atención pero que a la vez no sea demasiado largo o si no nadie lo leerá.

Tiene que ser algo que haga a los alumnos frenarse para ver que dice, pero no por eso crear una congestión en medio pasillo y retrasar a todo mundo.

Tiene que ser…

—...perfecto.

— ¿Lluvia de ideas?

— Lluvia de ideas.

No tardamos mucho en darnos cuenta que la decoración no es lo nuestro.

Los logos que se nos ocurrían eran sosos, en palabras del propio James que no había aportado absolutamente nada, y las pocas frases pegadizas que nos salían quedaban asquerosas una vez que las plasmábamos al papel; nuestra letra se volvía irregular cuando intentábamos agrandarla, las "g" y las "s" eran imposibles de escribir y, al final, parecía que un niño de tres años había decorado las cartulinas.

— Yo podría ayudar. Ya sabes, caminar desnudo por los pasillos llevando un cartel que diga "Vote por Rosie-Posie" — comenta James luego de que descartamos la decimoquinta cartulina. — Las chicas lo amarían.

Con Hollie compartimos una mirada y ambas estallamos en carcajadas antes de poder agregar otra cosa, con la imagen de un James al mejor estilo playboy por los pasillos y a las profesoras Clearwater y Spunges persiguiéndolo para que se "comporte como es debido en una institución de tal prestigio como Hogwarts". Probablemente al tío Neville y a la profesora Patil les causaría gracia, pero fingirían seriedad porque si bien conocen a James desde que usaba pañales, ellos aquí son los profesores.

Pronto noto que James se une a mis carcajadas y que las de Hollie aumentan aún más, y sé que ellos ya no se están riendo de la imagen de las profesoras persiguiendo a mi primo, sino de la risa de chanchito que me ha salido sin que pueda hacer nada.

— Bastaa — pido entre medio de carcajadas mal controladas. — Ya, en serio, — hago un gran esfuerzo por parar de reir — ¡Ya basta!

— Rose, gra- — carcajada por parte de James — gracias — carcajada — por — carcajada — esa risa. — carcajada y puñetazo de mi parte, que ya me he calmado.

Hollie intenta resistirse, pero al final acaba también riéndose, agarrándose el estómago mientras mechones rubio se intentan meter en sus labios.

Les dirijo una fingida mala mirada a ambos, que lamentablemente no logra amedrentarlos. Es más, creo que ni siquiera lo notan, aunque el hecho de que esté mordiendo mis mejillas interiormente para no soltar yo también una carcajada, no ayuda demasiado a mi imagen de severidad.

— ¡Son malos! Papá me prometió que cuando creciera me cambiaría pero ya ven; sigo aquí, con dieciséis años y risa de cerdito.

— Con una mano en el corazón, Rosie-Posie, espero que jamás la cambies. Es de las mejores cosas que tiene nuestra familia.

Hollie asiente en total acuerdo, mientras James vuelve a envolverla con uno de sus brazos, y lo único que hago es rodar los ojos, un pequeño tic que se me ha pegado de Albus o de Scorpius. A decir verdad, no sé cuál de los dos se lo contagió a cual, pero tanto mi primo como Scor lo hacen todo el tiempo han logrado que se me pegue a mi también.

— Volviendo al tema original, tal vez la propuesta de James no sea tan mala idea. — comenta Hollie casi con timidez, porque sabe lo que vendrá a continuación.

— ¿Así que a ti no te molestaría verme desnudo por los pasillos, Northman?

Y James incluso le agrega la sonrisa lobuna mientras lo dice. Combo completo y rostro rojo para Ly a la orden. Sin embargo mi amiga es capaz de superar sus instintos de esconderse detrás de una risita tonta y le pone los ojos en blanco a James.

Todo un gran avance, teniendo en cuenta la inocencia y timidez que generalmente la invaden cuando de demasiada testosterona se trata.

— Podría pedirle a Dom que haga la contraparte femenina. — suelto a posta, para ver cómo la mandíbula de mi primo se tensiona automáticamente.

La entrada de Albus, demasiado deportivo para tratarse de un sábado, interrumpe mi intento de interrogar a mi primo y averiguar de una vez por todas qué diablos había sucedido para que él y Nique, quienes solían llevarse de maravillas, ahora apenas se dirigieran la mirada en las comidas.

Vi a James relajarse en su lugar ante la llegada de su hermano, sabiendo que se había salvado de una grande.

— Sabía que las encontraría aquí. ¿Otra vez Orgullo y prejuicio? — pregunta mirando a Hollie y ambas reímos luego de rodarle los ojos casi sincronizadamente. ¿Qué puedo decir? Son los años juntas. — De todas maneras, suelten todo y síganme al campo. Fred está organizando un mini-torneo de Quidditch.

No hizo falta más para que los tres nos levantáramos, dejando atrás las cartulinas e ideas de campaña, y siguiéramos a Albus.

Después de todo, ¿qué mejor que un poco de Quidditch en familia para no pensar en todo lo que debería ya estar haciendo?


Narra Escritora.

— ¿Tú crees que se lo ha creído?

Scarlet se llevó una de sus papas francesas a la boca y la saboreó antes de girarse para mirar a su amiga, quien le dirigía una mirada inquisidora.

Con el cabello recogido en un despreocupado rodete y la ropa más cómoda que había encontrado en su baúl, Lily Potter la observaba desde una de las esquinas de la cocina, con una porción de pastel de chocolate en manos y una cuchara apoyada tentadoramente sobre sus labios.

A su alrededor, los elfos pasaban de un lado a otro, preparando las mesas y las comidas para la merienda, casi sin prestarles atención.

— ¿Quién, Jake? — inquirió la rubia, ganándose un "dah" por parte de la otra. — Por supuesto que se lo ha creído. — chasqueó, tomando otra papa de la fuente— En su cabeza, que dos chicas "peleen por su amor", es lo más normal que podría haber pasado en este castillo. Su ego se encarga de eso.

Lily miró a su amiga con algo de duda, pero finalmente asintió.

Algunas veces que le ponía la piel de gallina lo fría y calculadora que Scarlet podía ser cuando se lo proponía. Y no es que ella fuese una santa, sabía ser tan o más manipuladora que cualquiera de los Slytherin de su casa, pero había algo en el rostro angelical de la Malfoy - muy opuesto a su actitud - que le hacía recordar constantemente jamás enemistarse con la rubia.

Como a ella misma le gustaba presumir: era una buena amiga, pero una enemiga aún mejor.

— Y a Dav y a Lucy, ¿qué les diremos? No podemos mentirles sobre esto también.

Scarlet hizo una leve mueca, como cada vez que algo le molestaba. Involucrar a demasiadas personas en su plan supondría un riesgo aún mayor del que ya corrían; las probabilidades de que a alguien se le soltase la lengua y arruinase todo aumentarían así como la posibilidad de ser descubiertas antes de tiempo, pero mentirles aún más a Lucy y Davina, las personas que más apreciaban en el mundo, no parecía ser una opción tampoco.

— Les diremos la verdad… a medias. — dispuso, luego de pensarlo por unos momentos. — Que anoche no estuvimos estudiando runas como les dijimos, sino que fuimos a Hogsmeade porque nos enteramos que Jacobo estaría ahí. Que planeamos una pequeña venganza, para poner su presumido trasero en su lugar de una vez por todas, y que no las involucramos ya que sabíamos que a Lucy le podía generar problemas con Lorcan y que se vería sospechoso que Dav interviniera, siendo mi mejor amiga.

— Detesto tener que mentirle a Lucy, de veras lo hago. — bufó Lily, haciendo un mohín con los labios.

Scarlet no se atrevía a decirlo en voz alta, pero muchas veces la pelirroja parecía un pequeño gatito enfurruñado cuando se enojaba y no una furiosa leona como ella debía creerse.

— Créeme, yo también lo odio, pero ya escuchaste a Megan. Las consecuencias no son nada agradables para los que hablan de más.

— Lo sé pero… ¡Argh! Quisiera poder compartir esto con mi prima.

Scarlet no necesitaba palabras para que Lily supiera que ella comprendía perfectamente lo que estaba sintiendo. Una cosa era mentirle a su madre sobre las calificaciones o a su padre cuando preguntaba si había salido con algún chico durante el año. Incluso podía tolerar tergiversar un poco la verdad para Scorpius, pero mentirle a Dav se sentía asquerosamente mal.

Es por eso que sacudió la cabeza levemente, no queriendo seguir pensando en eso, y soltó:

— Veámosle el lado positivo: las fiestas este año serán lo mejor de nuestra vida.

Lily aceptó el cambio de tema con felicidad y en seguida dejó de lado la torta de chocolate para tomar algo de zumo.

— Lo sé, ¿has visto la cantidad de alcohol que había anoche?

No era de extrañar que ambas se mostraran super emocionadas acerca de la fiesta, después de todo, ambas compartían el estigma de ser las más pequeñas de sus familias y, por lo tanto, las más protegidas. El hecho de ser ambas mujeres con hermanos mayores super celosos, no ayudaba demasiado, y tenía como resultado que a las Fiestas Anuales de fin de año en la Mansión Malfoy, fueran a las únicas que habían asistido hasta la noche anterior.  

En ese sentido, todo era nuevo para ambas, e incluso habiendo tenido a Scorpius incordiándolas en un principio, todo aquello había acabado cuando el rubio, Elizabeth y el alcohol se habían encontrado. Tal vez e incluso deberían agradecerle a su compañera de casa por esa ayuda extra.

— Y Megan me ha contado que la fase final de la iniciación será dentro de unas semanas y todos los miembros de las cuatro hermandades estarán presentes.

—Bien, eso no es del todo bueno, porque significa que mis hermanos estarán allí. — se bajó de un salto de la mesa donde estaba sentada y sacudió de su ropa los restos de chocolate.

— Si, es verdad, suena el tipo de cosa de la cual tus hermanos serían parte — asintió Scarlet. — Pero posiblemente también esté Hugo. ¿Y quién sabe quién más?

La rubia dejó la fuente que antes contenía papas a cargo de uno de los elfos, que rápidamente siguió con sus tareas luego de dirigirle a ambas una reverencia.

— Cierto, aunque desearía que no esté Alice. — salieron por el retrato de la cuenca de frutas y comenzaron el camino hacia su sala común. — Sería agradable poder tener un tiempo a solas con él, sin ninguna novia dando vueltas.

— Aún no sabes si Alice estará.

— Por favor. — bufó Lily. — Ella tiene toda esa… simpatía y bondad Hufflepuff. — dijo moviendo las manos con una mueca, como si le causara rechazo de solo pensarlo. — Es la candidata perfecta.

Scarlet soltó una carcajada y ambas giraron hacia la derecha al final del pasillo.

Lily y Alice solían ser amigas de pequeñas, realmente cercanas gracias a todas las veces que sus papás se reunían en la casa de los Potter y los niños jugaban en la antigua casita del árbol, pero eso había ido cambiando a medida que habían crecido y tomado diferentes caminos.

Alice había crecido para convertirse en la viva imagen de su madre: honesta, bondadosa y angelical;novia de Hugo, quien la idolatraba y mejor amiga de Poppy Finch-Fetchley, su compañera de cuarto y con quien había crecido. Lily, por su parte, tenía el encanto y el salvajismo de su madre, la impulsividad de su padre y una gran habilidad de manipular y mentir si la situación lo requería.

Hufflepuff y Slytherin, no totalmente opuestas, pero claramente diferentes.

No es que ahora se odiaran, Alice era imposible de odiar a alguien y Lily solo estaba molesta, muy molesta, ya que compartir la atención de los demás no era algo que ella comprendiera o aceptara sin hacer un berrinche, menos aún si se trataba de Hugo.

— A ustedes las estaba buscando.

Por el pasillo que llevaba a la Sala Común de Slytherin, Scorpius Malfoy apuró su paso sin llegar a ver como su hermana y la pelirroja intercambiaban una mirada de casi pánico.

<< ¿Alguna me puede explicar qué diablos les pasaba anoche?

Lily vio a la rubia dudar una fracción de segundo, antes de componer su mejor expresión de dolida y girarse a su hermano, con los ojos increíblemente brillosos para tratarse de una chica que hasta hacía unos segundos estaba riendo.

— ¿Por qué no le preguntas a ella?

La voz de Scarlet desprendió tanto desprecio en sus palabras y en la mirada que le dirigió antes de marcharse, que la pelirroja casi se lo cree. Casi, si no fuera porque ella sabía que era solo actuación y su amiga era malditamente buena en ello.

— ¿Lily? — insistió el chico, realmente confundido al ver a su hermana desaparecer por el pasillo. — ¿Me podrías explicar qué está sucediendo?

— No te pongas pesado, Scorpius. — le espetó la pelirroja, cruzando los brazos sobre su pecho — Ya bastante tengo con dos hermanos, no necesito un tercero.

Giró sobre su propio eje y se fue con paso firme, sin volver la mirada y dejando a un totalmente desconcertado Scorpius Malfoy atrás, quién no entendía qué estaba pasando aquel día con las mujeres de Hogwarts.


Narra Dominique Weasley.

Hay ciertos hombres que necesitan un curso acelerado sobre cómo hablarle a una chica, empezando por distinguir la delgada e importantísima línea que separa a los muchachos con una confianza atractiva y a los presumidos insufribles.

Y es que Sam No-recuerdo-su-apellidolleva más de diez minutos hablándome sobre sus fantásticas e híper costosas vacaciones en China y lo único que puedo preguntarme es: ¿Qué diablos lo llevó a pensar que a mí me interesaría saber sobre sus estúpidas vacaciones con los ojos rajados? Porque dudo alguna vez haber mostrado el mínimo interés en su vida y sin embargo él no para de hablar sobre ésta.

— Dominique, ¿me estás escuchando?

¡Por supuesto que no te estoy escuchando, idiota! ¿Acaso no notas que tu historia lleva aburriéndome desde el momento en que abriste la boca? ¿Realmente eres tan estúpido o tan solo estás compitiendo con Binns para el puesto de la persona más malditamente aburrida en este maldito colegio?

¡Y para colmo pones esa cara de retrasado mental, como si tú estuvieras indignado por mifalta de atención! Cuando la única que tiene derecho a indignarse aquí soy yo, que debo soportar a neandertales como tú con una sonrisa en el rostro para que luego no me tachen de "histérica".

ARGH, HOMBRES TENÍAN QUE SER. Tan idiotas y tan necesarios para la vida.

— No, disculpa, acabo de recordar que tengo algo muy importante que hacer... muy lejos de aquí. — contesto con una sonrisa de lo más falsa, que de todas maneras él no tarda en devolver.

Sé que mamá y papá me enseñaron a ser una niña educada y mantener mi temperamento bajo control, pero cuando este chico - si es que se lo puede llamar así - que me ha aburrido durante diez-malditos-minutos, me suelta como quien no quiere la cosa que deberíamos "mantenernos en contacto", como si ambos hubiéramos pasado un rato increíble charlando, yo realmente creo que está buscando que lo hechice y ponga de cabeza, a ver si las dos neuronas que tiene hacen contacto y sacan UNA idea coherente.

Pero vuelvo a sonreír y me retiro sin decirle nada, porque lo último que necesito es que algún infradotado vaya corriendo con algún periodista amarillista para contarle que disfruto hechizando a pobres chicos indefensos durante mi tiempo libre.

JA, la prensa se haría un festín con un dato así.

Pese a que ayer fue la noche de iniciación, los pasillos no están tan vacíos como luego de una fiesta de celebración en temporada de Quidditch, principalmente porque de los más de mil alumnos que tiene Hogwarts, solo ochenta participan en las hermandades.

Y si bien muchos están en el campo de Quidditch, alistándose para el mini-torneo que Freddy está organizando, hay muchos que siguen adentro. Como yo, que luego de deshacerme del pesado number one, estoy buscando a mis amigos sin resultado alguno.

¿Se dan una idea de lo difícil que es encontrar a una persona en un castillo con miles de pasadizos secretos, escaleras que cambian de lugar, puertas que en realidad son paredes y paredes que en realidad son puertas?

Repentinamente, la idea de poner un GPS en el cuello de cada uno de mis amigos no suena tan descabellado como cuando papá lo propuso para tenernos vigiladas durante los veranos en Francia, sobre todo teniendo en cuenta que realmente necesito descargar mi recientemente acumulado odio hacia los hombres con alguien y llevo quince minutos recorriendo los lugares que Seta, Sebas y Tanner suelen frecuentar, sin encontrarlos.

— Ey, Nique.

— Ey... tú.

Intento responder con el mismo entusiasmo de la gente que pasa a mi lado y me saluda, para ocultar el hecho de que no recuerdo absolutamente a ninguno de ellos, pero igualmente sigue siendo obvia mi falta de memoria.

La verdad es que no es mi culpa que el nombre de mi familia salga al menos una vez al mes en los diarios y revistas del mundo mágico pero de todas maneras me hace sentir algo mal, sobre todo porque el resto se desilusiona al saber que no los reconozco. Yo, a diferencia de Rose, no poseo el don de recordar el nombre, apellido e incluso año de cada persona en el castillo.

Sinceramente, la memoria de esa chica es cosa de otro mundo.

<< Por casualidad no habrás visto a Zia McLaggen, ¿verdad? — pregunto finalmente a una castaña Hufflepuff, la sexta persona que me saluda en menos de cinco metros, de quien debería recordar el nombre porque sé que compartí transformaciones con ella todo el año pasado.

— Oh, em... me parece haberla visto... — mientras ella se toma unos segundos para recordar, yo intento hacer memoria. Creo que su nombre empieza con S. ¿Serena? ¿Selena? — Sí, estoy casi segura de haberla visto en el tercer piso, hablando con un chico.

— Muchas gracias, S. — suelto con una sonrisa, rogando no haberme equivocado de letra.

— ¡De nada, Nique!

Bueno, considerando su sonrisa deslumbrante,  puedo afirmar que me acordé bien su inicial. Es un gran comienzo aunque maman* tenga razón, mi memoria es equivalente a la de un mosquito.

De acuerdo, tercer piso. ¿Qué diablos hay en el tercer piso? Seta jamás anda por el tercer piso, a menos que deba visitar la enfermería o asistir a clase de encantamientos, cosa que no es el caso teniendo en cuenta que hoy es sábado.

Aunque la pregunta que realmente importa en este momento, más allá de qué esté o no esté haciendo mi amiga, es ¿qué diablos hacen Joke y Tribbiani pegadas a la puerta del aula C de Encantamientos, como si el mismísimo JamieDornan estuviera realizando un baile erótico dentro? Nunca ocurren cosas buenas cuando ambas están en posición de "descubramos los trapos sucios de los demás".

— ¿Acaso buscan sus neuronas?

Chloe tiene una mirada mucho más desafiante que Vivian cuando ambas se enderezan, pero siempre he creído que la rubia es más un perrito faldero que otra cosa. Ella realmente no opina ni hace demasiado en ese grupo más que brindar apoyo con su presencia, aunque sí es la única responsable de que Felton y Tribbiani no hayan repetido cada examen en estos seis años.

— ¿Qué haces aquí, Weasley?

— Lo mismo podría preguntarles a ustedes. ¿Acaso las mandaron a hacer el trabajo sucio, otra vez?

— No sé qué insinúas, pero-

— No insinuó nada, Tribbiani, te lo estoy afirmando: tan solo son dos imbéciles sin un gramo de personalidad, haciendo lo que Felton no tiene ganas de hacer. ¿Acaso no se aburren de ser sus minions siempre?

Está bien, lo admitiré: amo actuar como una perra, lo cual no significa que lo sea.

Ver como ambas enrojecen de la vergüenza me produce una gran satisfacción personal, no voy a negarlo. He estado durante seis largos años en guerra con ellas y no es algo que planee escribir en mis metas de año nuevo para poder cambiar. Fue así desde el primer día y será así hasta el último.

—  Tal vez en lugar de preocuparte por nosotras, deberías pensar cómo harás para salvar a tu amiguita una vez que Rebecca se entere de lo que vimos.

El rostro de Tribbiani giró sobre su hombro, mirando de reflejo a Zia que acaba de salir del aula donde previamente ellas espiaban.

Vi la mueca de Seta mientras Chloe y Vivian, quien no había abierto la boca para variar, se alejaban con la cabeza en alto y paso confiado, como si ellas realmente hubieran ganadoesta batalla.

— Dime por favor que quien se escabulló con un pésimo hechizo desilusionador no era el mismísimo Aaron Wilds o estaremos en grandes problemas.

Mi mejor amiga se llevó ambas manos a la cabeza y las pasó por su, en este momento, castaño cabello mientras se mordía el labio inferior. Eso, sumado a que sus uñas habían pasado del color rojo al turquesa, eran los tres claros signos de que estaba nerviosa o atrapada. O nerviosa yatrapada.

— Me encargaré de esto. — aseguró en voz baja, mirando el punto donde nuestras dos compañeras de cuarto habían desaparecido. — Mi hermano no puede enterarse de esto. ¡Tan solo fue un desliz! Nadie debía enterarse.

— ¿Ni siquiera yo? — pregunto con una sonrisita, llevándome las manos a las jarras como si estuviera ofendida.

— Sabes que no puedo ocultarte nada a tí, D. — me responde con otra sonrisa, acercándose. —Merlín, esto no debía repetirse. Fue algo de la fiesta y ya. ¿Qué es lo que hago besándome a escondidas en un aula, como si fuera una preadolescente con las hormonas alteradas? ¿Qué tengo, trece años?

— En verdad no te culpo, Wilds está como quiere, — paso un brazo por sus hombros y empezamos a caminar con el simple objetivo de alejarnos de la escena del crimen lo más rápido posible — pero si alguien llega a enterarse, será el final: no solo Felton te destrozará por meterse con su novio sino que es muy probable que Jordan quiera meterte en un convento así que… ¿Cómo planeas evitar que Tweedledum y Tweedledee* esparzan el chisme por todo Hogwarts?

Seta suelta un suspiro, pero puedo ver la determinación en su mirada y no dudo en que lo que sea que esté planeando, saldrá exactamente igual a como lo está imaginando en su cabeza.

— Como he resuelto todo en mi vida: siendo una perra.

Sonrío ante su sinceridad. Sin lugar a dudas, por algo somos como hermanas.

— Y si eso no funciona, se mas perra aún, amiga. — le aconsejo, despegándome del abrazo para poder mirarla de frente cuando llegamos a las escaleras — ¿Seguro que no quieres mi ayuda en esto?

— Gracias, Dom, pero no te preocupes. Yo me metí en esto y yo solita lo resolveré.


Narra escritora.

El campo de Quidditch estaba mucho más lleno de lo que Fred Weasley hubiera esperado durante el almuerzo, cuando le había propuesto a Oliver Wood organizar un pequeño torneo de Quidditch con todas las casas. El ex jugador de los Puddlemere United le había encargado al moreno la plena organización, a modo de preparación de lo que podía ser organizar un equipo de Quidditch de las grandes ligas y el rumor se había corrido en los pasillos con la rapidez esperable tratándose de un colegio como Hogwarts.

Molly, en sus jeans de entrecasa y su remera de tiritas aprovechando el buen tiempo, ya estaba anotando los equipos que se habían formado y los acomodaba en el fixture que James les había armado especialmente para esa ocasión, mientras unos cien alumnos en ropa deportiva conversaban emocionados por lo que sería el primer partido del año y, más importante aún, el primero en el cual cualquiera, sin importar casa, edad o talento, podría jugar.

Cerca de las gradas, una chica de séptimo año y un chico de sexto discutían cada vez más acaloradamente en medio de todo el júbilo que el Quidditch provocaba.

— ¡Por favor, las Arpías destrozarán al Puddlemere durante la liga!

— No seas ridículo, Potter, las Arpías no son nada desde que Jones se lesionó. No hay manera de que nos superen este año.

— ¿Bromeas? El Puddlemere no tiene un guardián decente desde que Oliver se retiró y mejor ni me hagas hablar sobre su buscadora: no podría atrapar la snitch ni aunque bailase frente a sus ojos; nosotros los haremos añicos este año.

— ¡Eso no es-!

— Ten cuidado, Al, o Gracie te arrancará la cabeza.

Roxanne se posicionó al lado de su amiga y pasó un brazo por sus hombros, cortando con la pelea que la cobriza y el mediano de los Potter mantenían desde hacía más de quince minutos.

Entre ellos dos era así desde pequeños: Albus era un gran seguidor de las Arpías de Holyhead, como digno hijo de Ginny Potter, y Grace había aprendido el lema de los Puddlemere United antes de saber decir mamá correctamente. No era de extrañar que, siendo ambos equipos enemigos históricos, ellos tuvieran grandes discusiones cada vez que el tema Quidditch salía a flote.

— ¿Saben? La novelita se vuelve aburrida si en el quinto capítulo no se acuestan. — comentó James rodeando los hombros de ambos con cada brazo y ganándose un codazo de parte de Monroe y los ojos en blanco de su hermano que no lograron amedrentarlo. — Lo digo en serio: necesitan descargar toda esa tensión sexual, ya hasta es incómodo estar cerca de ustedes.

— Ja-ja-ja — ironizó la cobriza, liberándose del agarre, aunque incluso su mejor amiga estuviese sonriendo en complicidad con su primo. — Y tú, Jay-Jay, deberías conseguirte una vida.

— Como odio ese apodo. — dijo por lo bajo, aunque rápidamente recuperó su usual entusiasmo. — ¿Jugarás en mi equipo, hermano? Es lo mínimo que puedes hacer ya que sigues rechazando unirte al equipo de Gryffindor.

Albus no tuvo tiempo de responderle a su hermano mayor cuando Grace ya había hablado por él, sonriendo burlona mientras lo hacía.

— Lo que pasa es que Albie tiene miedo de que Hufflepuff patee su trasero como lo hará el Puddlemere en la liga irlandesa este año.

James, en su rol de fan de las Holyhead, estaba a punto de replicarle a la cobriza cuando Ivonne Brown se acercó a ellos acompañada por Joanne, impidiendo el comienzo de una pelea hermanos Potter vs Grace Monroe justo a tiempo.

Ambas rubias iban con el cabello atado en una coleta alta y las miradas de varios chicos pegadas en sus espaldas, o más abajo para ser exactos. Pese a llevar siete años en el colegio, había quienes aún no perdían las esperanzas de algún día poder conquistar a la chica Longbottom pero ella tenía muy claro que buscaba y eso era una V donde todos los hombres portaban una P*.

— ¿Quién diría que tantas personas se inscribirían? Ya van más de diez equipos.

— Tiene sentido — comentó Ivonne, con una mueca desinteresada — Sin internet, salida a Hogsmeade o Quidditch, ¿Qué se supone que haríamos en la escuela?

— ¿Estudiar, tal vez?

La rubia giró su rostro para encontrarse cara a cara con los celestes ojos de Rose Weasley, que la observaba con una fina y perfecta ceja elevada, mientras Hollie jugueteaba incómodamente con un mechón de cabello, deseando evitar un conflicto.

La rivalidad entre ambas chicas era algo estúpido a opinión de sus amigos y había empezado el día en que Rose le había contado a sus amigos de la loca novia que su padre había tenido en su sexto año, quien le había regalado un ridículamente cursi collar y lo había separado de su mamá por unas cuantas semanas.

Para mala suerte de la pelirroja, quien pasaba por su lado mientras relataba aquello había sido nada más ni nada menos que la hija de la loca novia de su padre, a quien por supuesto no le había caído para nada bien los comentarios de la Weasley y se había apresurado en defender a su madre.

Desde aquel día, y si bien tanto Ivonne como Rose hacía lo posible por ignorarse mutuamente, la tensión había persistido cada vez que ellas dos estaban cerca, casi como si las pocas simpatías que tenían sus madres en su sexto año de colegio, se hubieran trasladado genéticamente a sus hijas.

— Guarden las garras para el Quidditch, chicas. — bromeó Scorpius, cortando el mini segundo de tensión que se había formado mientras ambas se sostenían la mirada y logrando que la atención de todos volviese a dispersarse. — Sexto contra séptimo, ¿qué les parece?

James sonrió con confianza, la adrenalina que el desafío le generaba brillando en sus orbes marrones, mientras estrechaba la mano de la serpiente en acuerdo y la ronda se dividía, para así organizar cada equipo.

Rose, Scorpius y Dominique, quien había aceptado unirse ni bien le habían dicho que sería sexto vs séptimo, serían los cazadores del equipo del Potter mediano, quien ocuparía el puesto de buscador, mientras Ivonne, Alex y Roxanne lo serían del equipo de James, quien le había cedido el puesto de buscadora a Grace y llenaría el vacío puesto de guardián.

Zia, Aaron, Niall y Joanne serían los correspondientes golpeadores mientras que Jordan sería el guardián, tal como lo era en el equipo de Gryffindor.

— ¿Todos pueden escucharme? Bien. — Fred, parado en el centro del campo y con su voz mágicamente amplificada, captó la atención de todos los alumnos. — Mi prima Molly, aquí presente, anunciará contra quién jugará cada equipo y debido a que se han anotado más personas de las que esperábamos, cada partido concluirá a la hora aunque no se haya atrapado la snitch, para permitir a todos participar.

<< Mañana luego del almuerzo, todos los equipos que hayan pasado esta ronda volverán al campo a jugar y uno de ustedes se consolidará como el ganador de este mini torneo. ¿Me han entendido?

Se escuchó un asentimiento general y Molly, con un anotador en mano y su actitud de "todo saldrá perfecto y no habrá problemas" llamó a los primeros dos equipos de primero para que se prepararan mientras el resto se posicionaba en las gradas, esperando su turno.

— Que extraño que Nott no esté por aquí, fichando posibles nuevos jugadores. — comentó Albus, sentándose junto a Hollie quien si bien jamás había sido capaz de subirse a una escoba, era tan fanática del Quidditch como cualquiera que estuviera sentado en esas gradas y nunca se perdía un partido.

— Está con una gran resaca… o al menos eso mencionó Ely cuando la crucé.

Rose, sentada a su lado, lo miró con suspicacia, sus cabellos pelirrojos brillando bajo el sol. Generalmente una mirada de ella o de Hollie bastaban para que el rubio confesara cualquier cosa que estuviera molestándolo, pero Scorpius se había asegurado de mantener sus ojos grises lejos de los celestes de Rose.

— Ya, suéltalo.

— No sé de qué estás hablando, Ro-Ro.

— Tienes esa mirada en los ojos… la de "algo está pasando, pero no sé qué ni si quiero averiguarlo" — acotó Hollie, respaldada por una sonrisa divertida de parte de Albus. El tipo de sonrisa que decía "te han atrapado, compañero".

Scorpius rodó los ojos al tiempo que se cruzaba de brazos y Molly, en su papel de árbitro/organizadora/ayudante de Fred, daba comienzo al primer partido de esa tarde de sábado liberando la snitch dorada.

— Creo que… anoche me acosté con Lizzie.

— ¿Con Lizzie? — preguntó sorprendida Rose y Scor se encogió de hombros.

— ¿Y no lo recuerdas? — agregó Hollie.

— Recuerdo haberla besado durante la fiesta y… eso es todo. Lo siguiente que hay en mi memoria es de este mediodía, cuando desperté desnudo y solo en la cama.

— Tal vez estabas tan mal que no todo funcionó como debía y por eso amaneciste solo — lo molestó Albus, con una sonrisa burlona muy parecida a la de James dibujada en su rostro.

Scorpius respondió con una mala mirada y un puñetazo, mientras uno de los niños de primero casi caía de su escoba y era rescatado por otro de sus compañeros.

— ¿Qué tan mal debes estar para literalmente no recordar si dormiste con una persona? — preguntó Hollie, con el ceño fruncido.

— Muy mal. — respondieron sus tres amigos a la vez, para que Scorpius agregase: — Pero si tuvieras una hermana como la mía, entenderías mis razones para estarlo.

Varias gradas más abajo, Roxanne garabateaba distraídamente en su cuaderno lleno de diseños, mientras Grace y Joanne se dedicaban a observar a los pequeños de primer año, buscando un posible diamante en bruto que pulir durante ese año para convertir en un excelente jugador y decepcionándose al no encontrarlo, al menos no entre los de Hufflepuff de primero.

No es que a la morena le disgustara el Quidditch, de hecho su familia organizaba torneos durante las vacaciones y ella solía jugar siempre, pero no era un as en el campo como sí lo eran James, Rose o su hermano, quien si bien era más bueno entrenando que jugando, era excelente también en eso último. Ella, en cambio, siempre se había mostrado más interesada en diseñar los uniformes de los equipos que en ser parte de él.

— Wow, Roux, es bellísimo.

La chica levantó la cabeza y miró a Grace, que observaba su bosquejo con la fascinación brillando en sus ojos oscuros.

— Solo es… — intentó explicar que en realidad estaba dibujando garabatos en su hoja, sin prestarle verdadera atención, pero Joanne la interrumpió.

— Es precioso. — expresó también mirando el cuaderno con atención — Deberías presentar tus trabajos en algún lado, Roxie, son realmente magníficos. — aseveró, apartando la vista justo a tiempo para ver el final del primer partido.

Poco sabía Joanne que había avivado no solo el fuego creativo en Roxanne, sino también despertado su lado más ambicioso y soñador con ese simple comentario.


Fred se paró entre medio de los dos equipos, mayormente formados por miembros de su familia, todos con sus escobas listas para despegar al toque de silbato, y los miró con toda la seriedad que él podía reunir ante esa situación.

No quería apostar nada antes de comenzar ya que conocía la capacidad de su primo para dar vuelta un resultado, pero Albus tenía todas las de ganar con Rose y Dominique en su equipo, además de que James no estaba en su elemento jugando de guardián mientras que Wilds sí.

— Quiero juego limpio, chicos. — avisó y vio de reojo como su hermana menor sonreía. — Ya casi es de noche, así que tengan los ojos bien abiertos y que gane el mejor.

Sin perder la cortesía típica del juego, todos los jugadores estrecharon sus manos bajo la atenta mirada de Molly, quien ya se imaginaba el lugar convertido en un campo de batalla a los veinte minutos de empezado el partido.

— Por favor no se maten.

James le despeinó el cabello antes de montar su escoba, divertido, y quince personas se elevaron al sonido del silbato con rapidez.

Una vez liberadas las bludgers, la quaffle y la snitch, Molly guardó la caja en uno de los vestuarios y se aproximó a las gradas donde Lily, su hermana y las amigas de ésta ya esperaban emocionadas, alentando a sus respectivos primos y hermanos.

— Pensé que tú y Scarlet estaban peleadas. — comentó por lo bajo la mayor, sin despegar los ojos del campo. Debía estar atenta ya que a ella sería a quién recurrirían cuando algún equipo reclamara falta y la palabra de Fred no los satisficiera porque, conociendo como conocía a cada uno de sus primos, estaba segura que tanto un equipo como el otro alegaría falta de imparcialidad en el caso de que lo dicho por el moreno no los beneficiara.

Lily mitigó su sonrisa al girarse a verla y una pequeña arruga se formó en su ceño, al tiempo que Rose anotaba los primeros diez puntos del partido.

— ¿Quién te dijo eso?

— Esto es Hogwarts, Lils. Puede que yo no sea un gran fan de los chismes, pero debes saber que lo que pasa en las fiestas de iniciación, jamásqueda en las fiestas de iniciación.

Por unos segundos, la Slytherin se mostró sorprendida de que su prima mencionara la fiesta. Se imaginaba que sus hermanos estaban al tanto de ésta y que muy posiblemente sus primas Roxanne y Dominique también, pero le era difícil conectar algo tan genial como lo de la noche anterior con la chica de anteojos cuadrados que la miraba dándose aires de madre experimentada.

— Lo sé. — contestó cruzándose de brazos y volviendo la vista al frente. — Y de todos modos, esto es algo entre Scarlet y yo.

Esta vez fue Molly quien frunció el ceño, no conforme con la respuesta de su primita menor y dispuesta a descubrir qué había sucedido para así poder ayudarla a resolverlo.

— ¿No quieres hablar de ello? Tal vez yo...

— Molly, deja de actuar como si fuéramos confidentes, — interrumpió bruscamente, clavando sus ojos casi ámbar en ella y dejándola muda. — yo no soy James. Si quisiera un consejo, se lo pediría a alguna de mis amigas. Y si tuviera que recurrir a mis primas, hablaría con Roxanne o Dominique… pero tú serías mi última opción.

La Ravenclaw se mordió la parte interior de la mejilla, para evitar que su mandíbula cayera abierta a causa de la impresión, y asintió solemnemente antes de devolver su vista al campo de juego, totalmente shockeada con esa nueva rebeldía en Lily.

Sabía que jamás había sido su favorita, ella no era tan divertida como Roxanne o extravagante como Dominique, ni compartía con ella todo lo que Lucy compartía, pero nunca hubiera esperado que un miembro de su familia la despreciara de esa manera. Y si bien sabía que lo de la pelirroja era solo una faceta típica de la adolescencia, no pudo evitar que la pregunta de "¿Seré yo el problema?" se colara en su cabeza y se mezclara con otros temas que poco tenían que ver con Lily y sus arrebatos de sincericidio.

Tal vez ella era demasiado agobiante, y por eso su ex novio había decidido revolcarse con otra cuando aún ellos salían.

Tal vez era demasiado fastidiosa, y por eso Dominique rodaba los ojos cada vez que le recordaba ponerse medias finas debajo de la túnica en invierno.

Tal vez era demasiado exigente, y por eso Ivy debía arrastrarla a alguna fiesta en lugar de hacerlo ella misma por el mero placer de divertirse.

Tal vez…

— ¡MOLLY!

El grito de Albus interrumpió el hilo de sus pensamientos y la pelirroja no hizo más que enfocar su vista cuando vio a James Potter caer de su escoba a velocidad vertiginosa.

*Maman: mamá en francés.

*Tweedledum y Tweedledee: Personajes del cuento Alicia a través del espejo y de una canción de cuna inglesa. Ambos se caracterizan por ser muy parecidos y, en mi humilde opinión, bastante idiotas.

  • Por si no había quedado claro, la alusión a las V de las mujeres y las P de los hombres hace referencia a la forma que tienen sus respectivos aparatos reproductores. Una manera elegante de referirme a ellos, ¿verdad?

Espero hayan disfrutado el capítulo lo suficiente para no odiarme por tomarme taaanto tiempo entre actualización y actualización.

Realmente espero que en las vacaciones eso cambie y pueda actualizar más seguido.

Por lo pronto, espero sus comentarios, críticas y abucheos con ansias.

Besitos,

Ginny.