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El Pocionista y la Cantante — capítulo 17

En los días sucesivos, Emily se sintió como en un sueño, era inmensamente feliz con su marido y además se encontraba en un lugar que adoraba haciendo lo que más le gustaba, música. Tal como el año anterior, a sus clases se apuntó el alumnado completo del colegio, con una excepción que a la cantante le desconcertó.  Draco, él parecía huir de ella, de hecho ni siquiera se apuntó a sus clases de música, lo que la dejó supremamente desconcertada. Severus trató de tranquilizarla diciéndole que tal vez el chico aún se encontraba afectado por la actual situación de su familia sumida en el escarnio y su padre en la prisión para magos. Ella logró convencerse de eso pero aun así estaba esperando la oportunidad perfecta para hablar con él, un momento en el que el muchacho no pudiera eludirla y al fin ese momento llegó…

  • ¡Draco! - Lo llamó al verlo dirigirse a la sombra de un árbol del jardín - ¡Draco, detente!

El chico tuvo que obedecerle al ver que ella le apresó el brazo, de modo que resoplando se volvió a mirarla y ella entonces lo soltó.

  • Ya sé que es lo que vienes a decirme - Espetó el rubio.  

  • Y es por eso que has estado evitándome desde que llegaste hace pocos días ¿No es así?

Él asintió.

  • Ya sé que has estado estresado después de lo que pasó antes del verano, que todo esto no ha sido nada fácil para ti y para Narcisa pero creo que estás llevando esto demasiado lejos.

Él trató de hablar pero ella elevó un poco la voz para hacerse escuchar.

  • Creo que se te fue la mano con lo que le hiciste a Harry en el tren, fue un acto cobarde.

  • ¿Un acto cobarde? - Preguntó él sin poder contenerse ya - Claro, era de esperarse que te pusieras de parte de San Potter y la parranda de indeseables que lo acompaña.

  • Yo sólo estoy de parte de lo que es justo Draco, y creo que tú no lo fuiste ¡Mírame! - Dijo tomándolo por la barbilla mientras le subía el rostro - Yo no he dejado de quererte ni un poquito por lo que pasó pero, por favor, trata de llevar la fiesta en paz. No te pido que tú y Harry sean los mejores amigos pero al menos podrían intentar no molestarse el uno al otro.

  • Yo no puedo prometerte nada que tenga que ver con Potter Emily.

  • Está bien… pero al menos ¿Si puedes prometerme que volveré a tenerte de nuevo en mis clases?... ¡Vamos! No tienes por qué abandonar la música y tampoco… a mí.

El chico meditó aquellas palabras sintiendo un nudo en la garganta. Si ella supiera que la verdadera razón por la cual se alejaba, era una que le causaría gran dolor.

Él era el encargado de acabar con ese ser que ella tanto adoraba, pero Emily tenía razón, podría regresar a sus clases y disfrutar del divino placer que le prodigaba la música, disfrutaría tanto cuanto pudiera antes de convertirse en un repugnante asesino, antes de la difícil tarea de honrar la marca grabada a fuego en su antebrazo izquierdo y los ideales de ese oscuro ser que tan indiferente era a su dolor, porque así tenía que ser, porque no tenía alternativa y también porque el terror que lo invadía ante la posibilidad de perder a su familia le impedía rebelarse y actuar de otra forma.

  • Está bien - Musitó.

  • ¿De veras? - Preguntó Emily con entusiasmo - ¿Regresarás?

  • Si.

  • En ese caso, Musbick y yo te estaremos esperando mañana a las tres. Hemos estado preparando unas clases estupendas, se trata de unas técnicas para mantener una correcta afinación.

  • Genial, te veo en el salón de música entonces - Respondió él con una incipiente sonrisa que pretendía ser alegre.

Emily dejó al fin a Draco. Por una parte estaba satisfecha porque consiguió que él aceptara regresar a sus clases de música, pero otra parte de ella le dijo que había algo más, algo que quizá él le ocultaba. Lo notaba triste, ausente y pensativo.

De camino al castillo se encontró con el señor Filch que estaba acariciando a su gata, ciñéndola contra su pecho cariñosamente.

  • ¡Oye Filch! no te he preguntado una cosa ¿Para cuándo nacen mis posibles nietos?

Él la fulminó con la mirada.

  • ¿Cómo que posibles? Ya te dije que esos cachorros son de tu bestia… deben faltar al menos quince días.

  • Bien, estaré pendiente.

Ella siguió con su camino.

  • ¿Qué sucede con Filch Emily? - Inquirió Hermione que se la encontró en el camino.

  • Nada, únicamente quería saber para cuando nacen los cachorros de la señora Norris - Respondió ella divertida - Ya sabes que él acusa a Panda de su embarazo, pero no toma en cuenta que aquí hay decenas de gatos, hasta el tuyo podría ser el responsable.

  • ¿Crookshanks?... no lo sé - Respondió Hermione risueña - Me gustaría.

Emily se despidió de su amiga que se dirigió al estadio de quiddich para apoyar a Ron. Él se presentaría a las pruebas  que Harry convocó. Ella continuó avanzando para dirigirse a  la sala de los profesores la cual encontró casi vacía, sólo Charity Borbage y Slughorn se encontraban allí charlando y tomando una taza de té.

  • ¡Vaya! ¡Vaya! Mira nada más quien llegó querida Charity, mi querida Emily, pasa adelante mi niña ¿Quieres un poco de té?

  • Si, por favor, con un poco de limón y tres de azúcar.

  • Extraña manera de tomar el té - Respondió Slughorn.

  • Es la única manera en que me gusta tomarlo, no soy asidua al té.

  • Eres la excepción de la idiosincrasia inglesa muchacha - Dijo el profesor.

Emily rió con ganas.

  • Severus dice lo mismo - Respondió - Y también lo dice por mi tendencia a la impuntualidad.    

Charity y Slughorn rieron también.

  • Tú siempre fuiste una caja de sorpresas - Dijo el profesor ofreciéndole una taza humeante a Emily con una rodaja de limón en el borde - Aún recuerdo las travesuras que tú y tus amigas hacían, hasta que llegó Severus, ocupó mi lugar y yo me libré - Emily rió al igual que Charity - El señor Filch era otro que sufría con tus travesuras aunque en ese entonces ni tú ni yo conocíamos a su famosa , la cual llegó mucho después - Dijo  Slughorn volviendo a reír - Por cierto… Filch está furioso contigo.

 - Si, porque dice que su gata está embarazada de Panda pero ¡Por Dios santo! ¿Cómo puede saberlo? ¡Ja! Él dice que lo sabe porque se comunica con ella pero… ¿Realmente creen que Filch se comunique con su gata?... digo, después de todo él es un squib ¿No? - Inquirió Emily dándole un primer sorbo a su taza.

  • Bueno, he leído mucho sobre squibs y según los estudios se ha descubierto que ellos, aunque tienen mucha dificultad para desarrollar su magia, siguen siendo magos y que por lo tanto muchos de ellos pueden desarrollar habilidades especiales aunque sólo sea una en especifico - Contestó Slughorn.

  • Como los Savants - Musitó Charity.

  • ¿Los qué? - Preguntaron Emily y Slughorn a la vez.

  • Los Savants - Repitió Charity colocando su tasa vacía sobre la mesa - Etimológicamente la palabra significa sabio idiota, y es el nombre que utilizan algunos muggles llamados "científicos" para referirse a algunas personas, también muggles por supuesto, las cuales tiene alguna o varias discapacidades graves, pero en medio de ellas poseen una habilidad extrema para realizar una actividad que muy pocos o casi nadie puede realizar. Sin embrago, son buenos nada más en esa habilidad. Por ejemplo, hay personas que son incapaces de atarse los zapatos por sí mismos y no pueden hacer casi nada, sin embargo son grandiosos para memorizar todo lo que perciben, o pueden tocar el piano de manera extraordinaria sin haber recibido instrucción o pintar de manera grandiosa y autodidacta pero sólo poseen una sola habilidad, quizá sucede algo parecido también en el mundo de la magia.

  • ¡Wow! Eso es interesantísimo Charity - Dijo Emily admirada - Me encantaría conversar más a menudo contigo - Sabes tanto sobre muggles.

  • Bueno, únicamente me dedico a estudiarlos un poco, ellos siempre me han fascinado.     

  • Y a mi - Añadió Emily supremamente admirada.

  • Eso sí que es grandioso

  • Admitió Slughorn - A veces creo que nosotros subestimamos demasiado a los muggles.

  • Yo lo creo todo el tiempo - Respondió Emily después de tomar nuevamente de su taza.

Después de mucho conversar, Emily fijó su mirada sobre el reloj de pared que estaba junto al armario donde los profesores guardaban sus túnicas.

  • ¡Cielos! Se me hace tarde, debo ir a la entrevista.

  • ¿La entrevista en "La Hora de las Brujas"? - Inquirió Charity - No me la perderé.

  • Si, esta tarde, debo irme ya si no quiero que Sirius y las chicas me asesinen.

Emily salió corriendo de la sala de los profesores para dirigirse al gran comedor que era donde estaban las chimeneas más cercanas ya que la del salón de profesores estaba averiada. Al llegar al vestíbulo se encontró con Harry, Ron y Hermione que regresaban del estadio de quiddich.

  • ¿A dónde vas tan apresurada Emily? ¿Sucedió algo malo? - Inquirió Harry nervioso al verla con tanta prisa.

  • No, es que tengo una entrevista en…

  • Cm los Cuarenta Magistrales - Completó Harry cambiando su nerviosismo por entusiasmo - Lo había olvidado ¡Suerte!

  • Gracias… ¡ah! por cierto Ron ¿Cómo te fue en la prueba?

  • No sé como lo hice pero logré parar los goles, lo hice y ahora…

  • Está de nuevo en el equipo - Respondió Harry mientras a Hermione le aparecían unas manchitas rosas en las mejillas.

  • ¡Wow! Felicidades Ron - Le dijo Emily pero reparó en el rubor de Hermione y al parecer Harry también.

Días después, todos los alumnos se levantaron entusiasmados ya que había llegado el día de la primera excursión a Hogsmeade. Como Harry se había levantado muy temprano decidió pasarse el rato leyendo su ejemplar de pociones avanzadas del príncipe mestizo y sin más se dedicó a probar irresponsablemente uno de ellos, simplemente agitó su varita y dijo:

  • ¡Levicorpus!

Ron se elevó en el aire colgando de uno de sus tobillos, Harry estaba entre aterrado y fascinado de que el hechizo hubiese funcionado.

  • Espera un momento Ron, ahora te bajo, lo siento.

  • Está bien, pero date prisa - Gimoteó Ron mientras Neville, Dean y Seamus reían a carcajadas.

El muchacho buscó en su libro y al cabo de unos segundos apuntó a Ron con su varita y expresó:

  • ¡Liberacorpus!

Una hora más tarde estaban comentando el hecho en el gran comedor y Hermione parecía furiosa.

  • ¿Qué sucedió? - Inquirió Emily que iba pasando junto a Severus por la mesa de Gryffindor - Sigue cariño, luego te alcanzo (Severus asintió con su cabeza, fulminó con la mirada a los chicos y continuó avanzando) 

  • Es Harry - Dijo Hermione - Es un inconsciente.

  • Por lo general el inconsciente es Ron ¿No es así? - Inquirió Emily acariciándole el rojo cabello mientras el chico sentía que se desmayaba y sonreía tontamente.

  • Si, pero ¿Recuerdas ese libro que te dije que Harry encontró en clases de pociones?

  • Si, ese con el cual te va tan bien ¿No Harry? Ojalá yo hubiese encontrado ese libro con instrucciones en mi época de estudiante - Respondió Emily riendo - De seguro yo también habría resultado grandiosa en Pociones, mira que Slughorn no hace más que hablar de tu asombrosa habilidad en la sala de profesores.

  • Bueno, pero tampoco es para tanto - Terció Harry - El chiste está en seguir bien las instrucciones.

  • Si, pero en tu caso no sigues las del libro sino las de alguien que ni siquiera conoces - Pugnó Hermione - Podría ser peligroso y lo sabes.

  • Ya basta Hermi - Soltó Ron rodeándola con un brazo - ¿Acaso estás celosa porque Harry te supera en Pociones? Él también tiene derecho a un momentito de gloria en esa asignatura.

  • No es eso Ronald, el caso es que no sólo hay instrucciones para elaborar pociones allí.

  • ¿Ah no? - Inquirió Emily con interés.

  • No, también hay hechizos.

  • ¿Hechizos? - Repitió Emily.

  • Ella está ahogándose en un vaso de agua por lo que ocurrió hace poco - Respondió Harry y le contó de manera resumida lo que sucedió con el nuevo hechizo que aprendió.

  • Bueno si, puede resultar gracioso chicos, pero Hermione no deja de tener razón - Dijo Emily después de reír con los muchachos - ¿No puedes simplemente averiguar de dónde salieron esos hechizos? 

  • Los inventó ese tal príncipe mestizo - Respondió Harry - Todo indica que fue él.

  • ¿Pero quién es ese chico? - Inquirió Emily.

  • O chica - Terció Hermione - Pese al pseudónimo podría ser una chica.

  • Si, tal vez- Respondió Emily.

¡Oye Emily… - Tanteó Harry.

¿Si?

  • Te pido que por favor… bueno… No le comentes nada de esto a Snape - Pidió Harry - Ya sabes, opinaría igual que Hermione aunque él no lo pensaría dos veces para castigarme, bueno… otra vez.

  • Descuida Harry, no le diré nada, puedes estar tranquilo pero, por favor ya no experimentes con ninguno de esos hechizos ¿Si?

Al concluir el desayuno, Emily quiso saber si Snape iría con ella a Hogsmeade pero él se negó alegando que tenía mucho qué hacer preparando las clases de los días siguientes.

  • Es una pena cielo, pero si quieres puedo acompañarte.

  • No Emily, no es necesario, ve y diviértete pero eso si… ten mucho cuidado.

En realidad Severus quería quedarse para vigilar a Draco el cual tampoco asistiría a Hogsmeade por cumplir un castigo con la profesora MacGonagall.

 Emily se despidió de su esposo y se unió a Ron, Hermione, Ginny y Harry para marcharse al pueblo vecino, pero tuvo que esperar mientras Filch, armado con un detector de tenebrismo, revisaba a los chicos.

  • ¿No crees que exageras Filch? - Inquirió Emily ceñuda mientras lo miraba.

  • Pues pregúntaselo a tu querido abuelito - Respondió el otro con inquina - Fue él quien mandó a utilizar todos estos dispositivos de seguridad.

Después de pasar por el registro de Filch, se encaminaron al pueblo sin más retraso aunque el clima no pintaba bien. Todavía flotaba en el aire aquella extraña niebla y el mismo aire frío. El pueblo lucía igual que Diagon. Muchas tiendas estaban cerradas y sus ventanas habían cegadas con tablones, por doquier habían desperdigado replicas de los folletos que suministró el ministerio de magia para mantenerse a salvo de los mortífagos.

Comenzó a llover y pronto tuvieron que refugiarse en el cálido y almizclado aire de Honeydukes donde Emily compró varios pasteles de chocolate en forma de caldero que a Severus tanto le gustaban. Harry trató de esconderse detrás de ella para huir del profesor Slughorn que seguía insistiendo en invitarlo a una de sus reuniones en el club de las eminencias pero el profesor ya lo había visto y volvió a invitarlo.

  • Vayamos a Las Tres Escobas

  • Propuso Ron y los demás lo secundaron de modo que salieron corriendo para tratar de mojarse lo menos posible con la lluvia.   

  • ¡Oh, miren allí está Dora! - Dijo Emily contenta de ver allí a su amiga que empapada estaba recostada de la pared de la entrada de Las Tres Escobas para refugiarse debajo del pedazo de techo que sobresalía del pub.

  • ¡Dora! - La llamó - ¡Entren chicos! yo me quedaré  aquí con Dora - Propuso Emily mientras Harry, Ron y Hermione le obedecían - ¿Qué estás haciendo aquí? Pensé que tú y Remus habían sido asignados a Hogwarts.

  • Así es pero de vez en cuando debemos vigilar Hogsmeade, sobre todo cuando hay excursión - Respondió la metamorfomaga abrazándose a sí misma a causa del frío - Ya sabes cómo ha estado todo últimamente. Remus está por la otra calle aunque me dijo que quizá vigile los caminos de acceso al pueblo. 

  • Y ¿has visto algo extraño? - Inquirió Emily.

  • No todavía, pero la gente está muy paranoica y no los culpo desde luego.

  • ¿Quieres una cerveza de mantequilla caliente para reconfortarte? - Le propuso Emily amablemente a su amiga - Me encantaría que entraras y descansaras un poco, a ustedes los aurores les ha tocado muy fuerte en estos días.

Nymphadora se encogió de hombros mientras sonreía.

  • Así es esto Emily, fuimos entrenados para la batalla pero ¿Sabes qué? Creo que no me caería nada mal tu oferta ya que es muy tentadora.

  • Pues ya regreso entonces - Dijo Emily sonriendo.

La cantante empujó la puerta del pub, estornudó y trató de exprimirse el exceso de agua de su largo y rubio cabello.

  • ¿A quién miras? - Le preguntó Harry a Ron risueño mientras este se atragantaba con su cerveza de mantequilla, se ruborizaba y desviaba la mirada de la barra del pub detrás de la cual la señora Rosmerta solía siempre permanecer a la espera de sus clientes. 

  • Nada, no miro nada Harry - Contestó nervioso mientras Hermione lo fulminaba con la mirada.

  • Pues creo que NADA debe estar en el fondo del pub - Contestó la chica frunciendo el entrecejo.

Emily rió al ver la escena y siguió su camino. Al llegar a la barra, no vio a la señora Rosmerta, de modo que llamó un par de veces a la campanilla y al momento emergió la mujer. Emily notó que tenía algo extraño en la mirada, parecía que había llorado o tal vez estaba enferma pues su rostro estaba laxo y muy pálido.

  • ¿Cómo estás? - La saludó Emily - ¿Te encuentras bien querida Rosmerta?

  • Si… estoy bien - Respondió la mujer sacudiendo la cabeza y parpadeando fuertemente como si acabase de recibir un balde de agua fría - ¿Deseas algo Emily?

  • Un par de cervezas de mantequilla calientes con vainilla por favor - Respondió la mujer - Gracias.

La señora Rosmerta se apresuró a cumplir el pedido y al poco rato Emily salió del pub con las cervezas.

  • Aquí tienes Dora.

  • Muchas gracias Emi - Respondió la muchacha suspirando de alivio al tomar el tarro caliente - Esto me sentará muy bien.

  • Ni que lo digas - Respondió Emily recostándose de la pared  para ponerse cómoda - Toda esta niebla y esta lluvia en esta época del año…es muy raro ¿No es así? No es algo bueno, sospecho que tiene mucho que ver con… 

  • Exactamente - Concedió Nymphadora  después de soplar un poco sobre su tarro para al fin darle un sorbo al contenido - Tiene mucho que ver con quien - tú - sabes. Remus dice que esta niebla no es otra cosa más que un indicio de que los dementores se están reproduciendo.

  • ¡Por Merlín! - Expresó Emily atragantándose - Eso… es… terrible.

  • Así es amiga, por eso debemos estar alertas.

Un hombre y una mujer que salían de Honeydukes llamaron la atención de Emily y Nymphadora.

Era una hermosa estampa, la mujer estaba en avanzado estado de embarazo y el hombre, que al parecer era su marido, la tapaba con un paraguas para protegerla de la lluvia.

  • Que lindo ¿no? - Comentó Emily mirándolos hasta perderlos de vista al cruzar una calle, y percibió dentro de sí una extraña sensación que nunca antes había tenido - Hay personas que no pierden las esperanzas y deciden ampliar su familia pese a la dificultad de los tiempos en que vivimos.

  • Si - Respondió Nymphadora con un tono de voz etéreo - A mí no me importaría embarazarme, porque tengo la esperanza de que todo esto acabe y que podamos respirar aire de paz ya que aunque él no ha dicho nada al respeto yo sí creo que Harry es el elegido.

  • Yo también - Respondió Emily a quien Dumbledore si le había revelado ese detalle el año anterior - Y sospecho que mi abuelito está haciendo algo al respecto, ya ves que sale mucho del castillo últimamente…oye Dora ¿De veras te gustaría ser mamá? ¿Lo has pensado ya?

  • Aja - Respondió la mujer pero Emily notó que su mirada se entristeció un poco - No es que haya soñado con eso toda la vida pero… últimamente he estado pensando que… no lo sé, me encantaría dejar descendencia, tal vez… todo lo que ha pasado me ha vuelto un poco más sensible.

  • ¿Lo has hablado con Remus? - Indagó Emily dándole un último sorbo a su cerveza de mantequilla.

  • Si pero… él dice que eso sería imposible.

  • ¿Por qué? ¿Acaso tiene problemas de fertilidad?

  • Peor que eso, su problema está en que se niega a ser padre.

  • Bueno Dora, no todo el mundo nace para ser padre o madre, tal vez has debido plantearle eso antes de casarte…

  • Es que él se niega por la misma estúpida razón por la cual se negaba a aceptar mi amor - Soltó la mujer de pronto - Dice que él está maldito y que podría transmitirle su mal a nuestros posibles hijos pero ¿y si no es así? Tal vez yo soy una irresponsable y una inmadura pero creo que la vida se trata de asumir riesgos.

  • Podrías tener razón - Concedió Emily sintiéndose mal por su amiga - Pero deja que el tiempo pase y tal vez él cambie de opinión, ustedes están recién casados.

  • Lo sé… oye Emily ¿Tú no has sentido lo mismo?

  • ¿Yo?

De pronto Emily se sintió acorralada por la pregunta.  Jamás en toda su vida se había visto como madre, no creía tener vocación para ello y mucho menos después de lo frustrada que se había sentido en su infancia y sobre todo en su adolescencia pero ahora que Dora lo mencionaba, después de haber visto a esa mujer embarazada conducida por su atento marido, pudo tener una imagen mental de sí misma en la misma situación de la mujer. Se vio a si misma encinta mientras Severus la escoltaba y volvió a tener esa extraña pero agradable sensación de cuando contempló a la pareja

  • La verdad es que no - Respondió al fin - No me lo había planteado hasta ahora que lo mencionaste, Severus y yo también estamos recién casados.  

  • ¿Y bien? ¿Qué opinas entonces? - Inquirió Nymphadora y luego no pudo evitar reír - No puedo imaginar a Snape siendo padre ¡Por Merlín! Pobres niños.   

De pronto la puerta del pub se abrió y dos chicas que Emily conocía por estar en su clase de música, salieron al exterior.

Eran  Katie Bell y su amiga Leanne, las dos parecían enfrascadas en una discusión mientras Katie intentaba resguardar de la lluvia un paquete marrón que llevaba en las manos, casi enseguida salieron también Harry, Ron y Hermione.

  • Emily, estuvimos pensando que lo mejor será volver a Hogwarts - Dijo Hermione entrecerrando los ojos a causa del viento.

  • Tienes razón pero antes déjame llevar esto adentro - Respondió Emily señalando su tarro y el que acaba de quitarle a Nymphadora.

Al poco rato salió, se despidió de Nymphadora y se dispuso a marcharse junto al trío de oro pero casi inmediatamente la metamorfomaga les hizo una mejor oferta…

  • ¿Qué tal si los acompaño al menos hasta la mitad del camino? No me gustaría que regresaran solos al castillo ya que regresan antes de tiempo.

Todos asintieron y se pusieron en marcha, cuando ya iban a la mitad del camino se encontraron con Remus pero casi inmediatamente un agudo grito de terror los hizo detenerse enseguida, al mismo tiempo que desenfundaban las varitas mágicas…

  • ¿Qué rayos fue eso? - Inquirió Emily.

  • Parece que viene de allá - Dijo Remus señalando una esquina - Será mejor que esperen aquí, iré a revisar.

  • Yo iré contigo cariño - Propuso Nymphadora poniéndose en marcha también.

  • Yo también voy - Dijo Emily.

Harry, Ron y Hermione no quisieron quedarse atrás así que, pese a las protestas de los adultos, también se pusieron en marcha.

Al llegar vieron una escena que les heló la sangre, Katie Bell estaba levitando en el aire con los brazos extendidos a cada lado como si estuviese crucificada mientras profería gritos de angustia y terror, su amiga Leanne lloraba desesperada.

  • Le dije que no lo tocara pero no me hizo caso - Dijo entre sollozos.

  • ¿De qué hablas? - Inquirió Nymphadora acariciándola para tratar de reconfortarla pero sus ojos no se apartaron de Katie - ¿Que le sucedió?

  • Fue ese paquete - Gimoteó la muchacha - Le dije que no lo tocara, entonces forcejeamos porque quise quitárselo, el paquete se abrió y ella… ¡Por Merlín!

  • ¡Dios mío! Debemos hacer algo - Dijo Emily.

Harry y Ron tomaron a Katie por los pies y la muchacha se les vino encima gritando y dando puñetazos y patadas.

  • Ayúdame a sujetarla Ron

  • Pidió Harry mientras forcejeaba para tratar de inmovilizarla - Podría hacerse daño.

  • Esto podría ser una maldición muy fuerte - Analizó Remus mirando el collar - ¡No lo toques Emily! Podría ser muy peligroso.

  • Sólo iba a tocar la envoltura.

  • Allá viene Hagrid - Dijo Hermione que mantenía abrazada a Leanne para tratar de calmarla.

Todos le explicaron la situación al semigigante y él, tomando en brazos a la muchacha, dijo que la regresaría al castillo. Remus se dispuso a acompañarlos y le dijo a Nymphadora que regresara a Hogsmeade para notificarle lo sucedido a Ojoloco. Harry se quitó la bufanda y tomó el collar para llevarlo al castillo.

  • Yo enviaré un Patronus para avisar al castillo antes de que lleguemos - Dijo Emily agitando su varita y al instante un hermoso león emergió de ella agitando la melena plateada- Busca a la profesora MacGonagall o a Albus Dumbledore si está y dile que hemos hallado a Katie Bell de camino a la escuela con una extraña maldición, vamos en camino.

Tras escuchar la orden, el león se elevó sobre sus cuartos traseros y después de rugir se marchó corriendo hasta perderse de vista.