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El Pocionista y la Cantante — capítulo 21
El pensadero
Al fin habían llegado las ansiadas y merecidas vacaciones de navidad, sin embargo a Emily le partió el alma ver como Hermione suspiraba mirando a Ron, resguardado por el brazo de Lavender mientras abordaban los carruajes que los conducirían a Hogsmeade para abordar el tren escarlata. Hermione le había dicho a Emily que evidentemente en esta ocasión no iría a La madriguera sino que la pasaría con sus padres que además deseaban tenerla cerca debido a las circunstancias en las que estaba el país. Emily prometió ir a conocer su casa antes de que comenzaran de nuevo las clases y después que volviera de Italia para la boda de Giuliana, la hermana de Donatello. Hermione pareció un poco más animada y abordó uno de los carruajes en compañía de Ginny y Harry que aún intentaban convencerla de ir a la madriguera.
Draco Malfoy pasó junto a Crabbe y Goyle arrastrando su baúl. Emily lo tomó por un brazo y lo hizo detenerse.
- ¡Hey! ¿A dónde crees que vas sin antes darme un abrazo de despedida? - Le espetó.
Él sonrió escuetamente y les pidió a sus amigos que se adelantaran.
-
Discúlpame, no te había visto aunque si percibí tu perfume - Respondió él rodeando con los brazos a su amiga mientras sentía que perdía las fuerzas.
-
Oye Draco, prométeme que no cometerás ninguna tontería en el tren ¿De acuerdo?
-
¿A qué te refieres? ¿También tú me crees un delincuente? ¿También crees que yo hechicé a Katie Bell? - Contestó con indignación.
-
Ahora la que se pregunta a qué te refieres soy yo - Respondió Emily - Me refería a lo que le hiciste a Harry en el tren cuando llegaron el primero de septiembre… Sólo traté de pedirte que esta vez lo dejaras en paz… no sé de qué hablas, jamás mencioné a Katie Bell y mucho menos creí que hubieses sido tú quien le hizo daño, pero tú dijiste "también"… ¿Quién cree que lo hiciste? ¿Te refieres a Harry?
Draco guardó silencio unos segundos mientras contemplaba sus zapatos, había advertido que había hablado de más tras malinterpretar el consejo de su amiga pero como buen Slytherin tuvo la agilidad suficiente para formular una buena coartada tomando como base las propias palabras de Emily.
-
Si - Respondió sin subir la mirada - Él está convencido de que fui yo, ya sabes, me ve como el hijo de un mortífago.
-
Pues tú no tienes por qué pagar por los errores de Lucius, tú eres diferente a él y no debería importarte lo que Harry opine de ti así como a él tampoco debería importarle lo que opines tú. Si no pueden ser amigos sólo ignórense, ahora ve tranquilo ¿Si? ¡Ah! Salúdame a Narcisa.
-
Salúdala también de mi parte - Terció Severus llegando de repente.
Emily no pasó por alto el detalle de que Draco al ver a Snape frunció el entrecejo y pareció molesto.
-
Lo haré - Respondió el muchacho con sequedad antes de ponerse en marcha nuevamente.
-
Y no olvides practicar la escala dórica - Aconsejó Emily a última hora mientras el chico se giraba una vez más para hacerle una seña aprobatoria con la mano en señal de que había escuchado perfectamente su recomendación.
El último carruaje fue abordado por él, Crabbe, Goyle, Pansy y las hermanas Greengrass y se alejó de Hogwarts dejándolo casi vacío pues sólo algunos estudiantes se habían quedado a pasar las navidades, entre ellos Lavender Brown que ahora se pavoneaba orgullosa mientras apapachaba a su nueva mascota, uno de los cachorros de la Señora Norris que era idéntico a Panda. Por orden de Dumbledore, el señor Filch había regalado a los cachorros pese a que en un principio había pretendido subastarlos por ser estos hijos de la mascota de una celebridad (incluso al cachorro naranja que saltaba a la vista que era de Crookshanks)
-
¡Disfrútalo y cuídalo mucho linda! - Le sugirió Emily cariñosamente a Lavender pese a que le guardaba cierta antipatía por haberse interpuesto entre la relación de sus amigos Ron y Hermione, pero su posición como personaje público le impedía hacerle un desaire a la chica además de que no se sentía capaz de hacerlo ya que la muchacha era fan de su banda.
-
Así lo haré Emily, es tan lindo y tierno.
La chica se fue apapachando a su nueva mascota mientras subía la escalera de mármol.
-
No sé qué le ven a esos bichos que sólo traen enfermedades - Espetó Severus mirando a la chica perderse escaleras arriba.
-
Tú no lo entenderías porque no puedes ver a Pandita como lo veo yo.
-
No sé en que estuve pensando cuando te lo regalé - Espetó Severus haciendo reír a Emily.
-
Pues hiciste muy bien - Respondió ella - Y ahora no perdamos tiempo y vamos a Hogsmeade a comprar los trajes para la boda.
Emily y Severus se habían quedado en Hogwarts porque al día siguiente irían al ministerio de magia para partir de allí directamente a Génova para la boda de Giuliana y su prometido Vittorio Bernulli. Él asintió pero durante la incursión a la tienda de túnicas y vestidos de gala de Hogsmeade, Emily notó a Severus pensativo y hasta un poco ausente y la verdad era que él no había dejado de pensar en la conversación que sostuvo con Draco la noche anterior después de la abrupta irrupción del chico a la fiesta de Slughorn.
¿Qué estaría tramando el chico? ¿Por qué intentaba ocultarle sus pensamientos? Ni siquiera la legeremancia había podido ayudarlo a descubrirlo pues él había sido muy bien preparado por su tía Bellatrix, necesitaba saber qué se traía entre manos, nada le sacaba de la cabeza que en efecto había sido él quien había hechizado a Katie Bell en un intento desesperado por acabar con Dumbledore sin verse involucrado.
-
¿Qué tienes cielo? - Le preguntó Emily a su esposo mientras sostenía frente a ella un precioso vestido negro de escote en "V" con un llamativo broche en la cintura donde se hacía más ceñido - ¿Te pregunté si te gustaba este?
-
¡Ah!... ¡Discúlpame querida! No es nada… ¡Eh!... déjame vértelo puesto.
Emily sonrió y se metió tras la cortina del probador para salir unos segundos más tarde usando la pieza. Severus, como era de esperarse quedó maravillado, aunque definitivamente su esposa se hubiese visto preciosa con cualquier cosa, incluso si hubiese usado harapos la verdad era que lucía excelsa con aquel elegante vestido muggle de noche. Él por su parte optó por una túnica, desde luego negra, pero con apliques plateados en el cuello que también le daban un toque elegante.
- Con esto te verás tan apuesto como siempre - Le dijo Emily.
Al salir de Hogsmeade y volver a Hogwarts ella volvió a notar la expresión ausente de su marido y decidió preguntarle a qué se debía.
-
No es nada preciosa… tal vez sólo estoy un poco cansado
-
¿Acaso tiene que ver con Draco? - Inquirió ella entrecerrando los ojos mientras él abría mucho los suyos despegándolos del paisaje que admiraba por la ventanilla de su carruaje para mirarla ahora a ella. Dumbledore tenía razón, las mujeres eran las reinas de la astucia y de la intuición y en eso no las superaba ni siquiera Salazar Slytherin - He notado que parecían molestos el uno con el otro, ¿Tú lo castigaste por haberse metido sin permiso en la fiesta de anoche?
-
Sólo conversamos - Respondió él lacónicamente.
-
¿Fuiste demasiado duro con él? te recuerdo que su padre fue encarcelado y que eso lo ha afectado mucho, por eso…
-
Y yo te recuerdo querida mía, sin ánimos de ofenderte, que soy yo quien debe decidir cómo tratar a Draco ya que soy el jefe de su casa además de su padrino.
-
Pues sí, lo sé - Respondió ella un poco molesta mientras atisbaba a lo lejos las verjas del castillo - No quise ser entrometida, nada más me preocupo por el bienestar de Draco.
-
Ya te dije que no quise ofenderte - Respondió Severus acercándola a él para tratar de contentarla - Es sólo que sé cómo manejarlo.
Al día siguiente Emily y Severus se despidieron de todos sus colegas, especialmente de Dumbledore a quien Emily apapachó un poco más, prometiéndole regalarle la reserva especial de Merlot más antigua que tuviesen los Mastrantonio. El anciano director sonrió dándole las gracias, ella luego se marchó junto a su marido al ministerio de magia para ir a Génova.
La fiesta era tal y como ambos habían previsto, magos y brujas encopetados por doquier. Toda la hacienda había sido decorada con flores y pequeñas vides. Los elfos trasladaban decenas de fuentes con los más excelsos y exquisitos manjares de la gastronomía italiana que a Severus tanto le agradaban.
La ceremonia se llevó a cabo en un salón especial de la casona y a Emily le conmovió que Donatello fuese el encargado de entregar, tras la marcha nupcial, a su única hermana a su futuro esposo Vittorio. Desde luego Emily tuvo que traducirle a su esposo lo que se decía en la ceremonia.
La recepción estuvo mucho más animada y con menos gente pues, para la sorpresa de Emily y Severus, se llevó a cabo en los jardines de la casona pero fue amenizada y organizada por los alegres y alborotados colonos. La señora Mastrantonio pareció maravillada aunque era evidente que prefería no participar de sus bailes agitados y sus cantos, lo mismo que algunos familiares del novio.
Giuliana y Vittorio eran gente humilde y libre de prejuicios pese a provenir de las familias mágicas más prestigiosas y acaudaladas de Génova y quizá de Italia entera. Amaban la naturaleza y en especial las uvas.
Emily, sentada con Severus al lado de la estatua del Dios griego Baco (El dios del vino) simplemente adoró ver danzar a los novios y a los colonos una alegre tarantela. Aplaudía y reía mientras Severus degustaba un exquisito borgoña.
- Profesor Snape ¿Puedo robarme a su mujer? La necesito para esta tarantela.
Severus alzó la mirada y casi se atraganta con su vino al reconocer aquella voz tan feminizada y exagerada pese a provenir de un hombre.
-
¡Boris! - Exclamó Emily con emoción al verlo ofreciéndole su mano para invitarla a danzar - No te vi en la ceremonia.
-
Es que estaba arreglándome querida - Respondió Boris acomodándose unos mechones de cabello - ¿Cómo estás Snape?
-
Bien, gracias señor Costner - Contestó Severus lacónicamente.
Emily y Boris se fueron a bailar en medio del gentío y ella se divirtió de lo lindo no sólo por la danza sino también por los comentarios de su amigo el estilista.
-
¿Ya viste lo hermoso que es el novio? ¡Ay niña! Es todo un bombón, claro aunque no tanto como su cuñado, es decir, mi Donatello.
-
Si, la verdad es que es muy apuesto… oye y por cierto ¡Felicidades! Donatello ya me dijo hace un rato lo que han decidido - Expresó la muchacha, aunque la verdad, pese a ser de mente abierta y aceptar a sus amigos tal y como eran, no podía negar que lo que Donatello le dijo la había descolocado un poco.
-
Si ¿Puedes creerlo? Ahora viviremos juntos ya que bueno… ya sabes, la ley mágica no nos permite casarnos - Respondió el hombre haciendo girar a Emily en medio de la danza - Pero él quiere vivir en Inglaterra mientras yo preferiría que fuese aquí, ya sabes por qué ¿No? Allá las cosas están un poco revueltas últimamente.
-
Bueno, de todos modos no creo que ustedes pasen demasiado tiempo en el país ya que Donatello siempre está organizando pasarelas alrededor del mundo o diseñando colecciones de túnicas, vestidos o lencería en su taller y a ti siempre te llaman de todas partes del planeta para arreglar a las celebridades. Nada menos me enteré por Donatello que la señora Cecilia Galasanz te envió una lechuza desde Argentina para que arreglaras a sus hijas para la portada de su próximo disco.
-
Si, eso es cierto, estoy feliz amiga, me muero, me muero me muero - Expresó luego soltando una de las manos de Emily para llevarla hasta su pecho en un gesto teatral - La que no está para nada contenta es mi suegra… la señora Mastrantonio, cuando se enteró de que su hijo y yo nos iríamos a vivir juntos, dicho con sus propias palabras fue algo así como: ¡Madonna mía! questo é una follia (madre mía esto es un locura)
Emily rió con la exagerada imitación de Boris de la señora Mastrantonio aunque en el fondo ella comprendía a la señora, no debía ser nada fácil para ella asimilar esa noticia pese a que ya sabía de la condición de su hijo mayor.
-
¡Aja! Estás imitando a la mía mama ¿Eh? - Soltó Donatello con su voz grave y varonil llegando en ese momento justo cuando terminaba la tarantela, dejando algo exhausta a Emily y a Boris los cuales no estaban acostumbrados a ese baile aunque los divertía.
-
¡Ay sí! pero era sólo porque le contaba a Emily lo que nos dijo, lo bueno es que aunque ella no esté de acuerdo con cómo eres te ama igual y de todas formas no te repudiará.
-
¡Ecco! (Eso) - Respondió Donatello con pesar - Ella no haría lo que hizo il mío papa que durante mi niñez destrozaba mis bosquejos de moda diciéndome que esas eran tonterías y que más bien debía aprender de vinos.
Emily escuchó absorta y al mismo tiempo conmovida. Nunca había mirado a sus amigos desde ese punto de vista, los quería tal y como eran pese a no compartir sus ideas pero nunca se imaginó por todo lo que ellos habían tenido que pasar y que aún continuaban padeciendo.
- Mis padres en cambio siempre me dijeron que contaba con su apoyo incondicional - Recalcó Boris colocándole una mano en el hombro a Emily - Mi padre era un hombre muy varonil y mi madre una perfecta ama de casa, ninguno estaba de acuerdo con mi condición pero me amaban y me dijeron que no por eso dejaba de llevar su sangre, que nunca olvidarían que por encima de mi condición yo era su hijo, lástima que…
Emily notó por primera vez en su vida la parte más humana de su amigo Boris cuando este, después de darle el último sorbo a la copa de Merlot cosecha del año sesenta que había tomado de la charola de uno de los elfos domésticos, con la voz quebrada y los ojos vidriosos, narró la parte más dura de su vida.
-
¿Qué les sucedió Boris?
-
Inquirió la muchacha.
-
Trabajaban en el Departamento de Misterios del Ministerio de magia… eran Inefables - Continuó el estilista secándose los ojos con un pañuelo que Donatello le ofreció - Yo había regresado a Inglaterra luego de terminar mi último curso en Beauxbatons donde ellos me habían enviado por temor a… ya sabes quién, pero cuando llegué a casa vi esa horrible marca flotando sobre el techo y me preparé para lo peor… pero no pude soportar verlos allí… tirados en el suelo… estaban…
-
¡Boris! - Susurró Emily mientras sendas lágrimas brotaron de sus ojos - No imaginé que… ven aquí, ya no recordemos cosas terribles, estamos aquí para festejar.
-
Ecco!- La secundó Donatello dándole unas palmaditas reconfortantes en la espalda al estilista - In questa vita tutose paga, tú no te preocupes que seremos molto felices y algún día los culpables de la morte de tus padres, es decir, esos maledetos mangiamortis(esos malditos mortífagos) pagarán por lo que hicieron.
-
Así es amigo, ¡Vamos! ¡Oh! Giuliana va a arrojar el ramo, ¡Vamos a ver! - Propuso Emily para cambiar de tema, no soportó ver a Boris tan triste al recordar la tragedia de sus padres.
Ella quería distraerlo pero la verdad era que ella misma había quedado bastante afectada con ese relato que había escuchado y así se lo hizo saber a Severus más tarde, después de la fiesta, en la habitación que les habían asignado en la casona, quedando Severus pasmado al recordar que efectivamente muchos años atrás; Yaxley y Dolohov habían sido asignados por el señor tenebroso para buscar la forma de traer esa profecía hasta él y en vista de que el matrimonio de Inefables que visitaron se negó a dar información los mataron salvajemente arrojando horribles encantamientos que provocaron la disolución de sus órganos vitales.
Cuántas muertes hubo por su culpa, por haber hablado de esa maldita profecía, Emily notó su incomodidad, como se pasaba las manos por la cabeza una y otra vez y su respiración agitada pero lo tomó como una señal de conmoción por lo que había oído.
-
A mí también me afectó mucho cielo… - De pronto ella cayó en la cuenta de algo - ¡Por cierto!… eso fue más o menos en la época en que tú…
-
Si Emily… eso fue en la época en que fui un asqueroso mortífago y algo escuché de eso pero no participé en esas muertes, jamás… hice…
-
Lo sé mi cielo, por favor perdóname - Le suplicó Emily cayendo en la cuenta de que había metido la pata - Yo sé que tú jamás asesinaste ni torturaste a nadie, perdóname cariño no quise…
-
Descuida Emily, mejor vamos a dormir, mañana debemos regresar a Inglaterra - Respondió él antes de meterse en las sabanas luego de soplar la vela que estaba sobre su cómoda.
-
No… no fue mi intención, te juro que no fue mi intención - Susurró Emily con voz llorosa mientras soplaba también la vela sobre su cómoda para meterse resignada entre las sábanas girándose al costado contrario de su marido.
Él se conmovió, la había hecho sentir mal, ella no había querido recordarle lo que había hecho en el pasado, sólo estaba conmovida y horrorizada por el relato de Boris y no tenía la culpa de la estupidez que él, Severus, había cometido al darle a conocer a Voldemort la existencia de esa profecía; de modo que se giró sobre el otro costado y rodeó a su esposa con un brazo que en ese momento se secaba discretamente una lágrima.
-
Perdóname tú mi princesa… es sólo que no me gusta recordar esa etapa de mi vida, fui un bruto no supe…
-
Ya pasó cielo, es que… no sé, me puse muy sensible cuando me hablaste así, tal vez fue el vino aunque te confieso que esta vez solo bebí un par de copas, nada más
Severus la besó en los labios como muestra de reconciliación y se quedó dormido con ella recostada en su pecho.
A la mañana siguiente la pareja ya estaba lista para regresar a su país y allí frente a la chimenea de la casona despidieron a los anfitriones deseándoles lo mejor para su relación y que tuvieran una feliz luna de miel en Alemania. Uno de los elfos domésticos trajo el encargo de Emily, dos botellas de vino Merlot cosecha del año 46, las más antiguas y valiosas que poseía la familia y que sólo vendían a coleccionistas o amigos muy cercanos. Una era para su padre y la otra para su abuelito Dumbledore.
Se despidieron de la familia y se adentraron en la chimenea para emerger luego en el Ministerio de Magia Romano y de allí emprender su viaje definitivo hasta su tierra a través de una lata vacía de refrescos que utilizarían como traslador.
-
¿Y no te has puesto a pensar que tal vez Snape estaba tratando de seguirle la corriente a Malfoy para ganarse su confianza? - Inquirió Ron frente a Harry en la cocina de su casa mientras pelaban unas coles de Bruselas.
-
Snape dijo algo de… acerca de… era algo extraño, algo que jamás había escuchado nombrar.
Ron colocó el cuchillo sobre el fregadero y miró con curiosidad a su amigo.
-
¿Algo como qué? - Le preguntó.
-
Mencionó un… ¡Ah! Si, un juramento inquebrantable, dijo que había hecho ese juramento.
-
¡Por la barba de Merlín! ¿Un juramento inquebrantable? - Se asombró Ron.
-
¿Y eso qué es? Es decir, ¿Qué tiene de especial ese juramento? - Preguntó Harry con curiosidad.
-
Si lo rompes, te mueres
-
Respondió Ron volviendo a tomar el cuchillo para continuar trabajando - Los gemelos intentaron hacer que yo prestara uno cuando éramos pequeños, ya yo le había dado la mano a Fred cuando papá entró a la habitación, Fred asegura que su nalga izquierda no ha vuelto a ser la misma de antes, papá se puso furioso, tanto como mamá ¿Puedes creerlo?
En ese momento entraron los gemelos que fueron de visita a la casa de sus padres y comenzaron a reírse al ver a los chicos trabajando como muggles.
-
Dentro de poco cumpliré los diecisiete años y podré hacerlo con la varita - Protestó Ron señalando a Fred con el cuchillo.
-
¿Ah sí? ¡Vaya! Y mientras ¿por qué no vas echándole una ojeada a los libros de cocina de Lockhart que solía leer mamá para ver si te dan algunos consejitos? - Continuó burlándose George.
-
¡Estúpidos! LARGO DE AQUÍ - Gritó Ron completamente harto.
-
Si, nos iremos al pueblo mientras tú trabajas y ¿Sabes qué? - Preguntó Fred - Allá hay una linda chica que dice que nuestros trucos de magia parecen reales pero no creo que te de envidia ya que al parecer alguien también te admira ¿No es así?
-
¿Qué?
-
No nos mires así Ronnie
-
Espetó Fred - ¿Es cierto lo que nos contó Ginny? ¿Ahora sales con una tal Lavender Brown? ¡Pobre Hermione! No sabía que fueras tan patán hermanito.
-
Eso no es asunto de ustedes ¡LARGUENSE DE MI VISTA HORA!
Harry no sabía qué decir, los gemelos disfrutaban martirizando a Ron pero la verdad era que tenían razón en lo que decían.
-
Pero no comprendo cómo pasó - añadió Fred - ¿Acaso le das Amortentia a las chicas? Tal vez en el caso de Hermione, pero esa tal Lavender quizá sufrió un accidente donde se lastimó la cabeza o algo así porque no debe estar bien para salir contigo.
-
¡RON! - Gritó la señora Weasley al ver como él, en un arrebato de ira, le arrojó a Fred el cuchillo que el muchacho con un flojo movimiento de varita covirtió en un avión de papel - ¡Santo cielo, que insensatez! ¿Cómo fuiste capaz? Pudiste lastimar gravemente a tu hermano, que sea la primera y la última vez que te veo haciendo esto.
En la casita de la calle de la Hilandera, en Cokeworth Emily recibió una lechuza de parte de la señora Weasley que los invitaba a ella y a Severus a pasar noche buena con su familia en la madriguera. El profesor no había querido ir en un principio pero como siempre ella había terminado por convencerlo de asistir de modo que quedaron en ir a cenar con los Weasley en noche buena y con los padres de Emily en navidad.
Ese día Severus había decidido ir a Diagon en busca de unos ingredientes para sus amados brebajes los cuales no había dejado pese a ser ahora profesor de DCAO, y aunque no había querido revelárselo a su esposa la verdad era que dichos ingredientes eran para elaborar una poción que le proporcionaba vitalidad a Dumbledore, el cual a veces se sentía débil a causa de la maldición que lo aquejaba. Emily se había quedado sola en casa revisando un pedazo de pergamino donde la señora Leonora (una de los miembros de la colonia en los viñedos Mastrantonio) le había anotado paso por paso la receta para preparar la polenta que tanto le gustaba y que pretendía llevar tanto a la cena de los Weasley como a la de sus padres y por ende había encargado a su marido que además de los ingredientes para sus pociones le trajera los que ella necesitaba para la receta.
Se sentía feliz de ser una ama de casa, pronto pasaría su primera navidad como la esposa de Severus y eso la llenaba de satisfacción, se levantó de la silla en el comedor donde había estado revisando la receta y se dirigió con pasos lentos por toda la casa agitando la varita cada vez que notaba un poco de polvo o una tela de araña. De pronto, hizo aparecer de la nada un plumero que por sí solo comenzó a quitar el polvo de los libros que estaban en una estantería, Emily notó entonces un detalle, empujó un poco la estantería y notó que esta se echó para atrás como una puerta, ella avanzó más y sonrió al descubrir un despacho… al parecer era allí donde a su marido le encantaba meditar durante los días de asueto que pasaba en su casa.
Había más libros en el interior de ese despacho, un escritorio con plumas, tintero y pergamino, un sillón de orejas de piel de dragón galés verde un poco raído por el tiempo, un sofá del mismo material, lámparas de aceite en vez de luz eléctrica en las paredes y una araña colgando del techo con múltiples velas, pero lo que más llamó la atención de Emily fue un panel al fondo de la habitación que al parecer ocultaba algo más interesante…
La cantante caminó hasta allí y descorrió el panel de madera revelando así un magnifico pensadero que ella ignoraba que había sido un regalo de Lucius Malfoy en una navidad para su marido, y detrás de este había un estante de cristal con múltiples tubos de ensayo etiquetados con una sustancia blanquecina y etérea que no era ni liquida ni gaseosa.
- Son… recuerdos - Susurró Emily avanzando hasta la estantería con curiosidad - Sus recuerdos.
Ella leyó las etiquetas de arriba las cuales estaban marcadas con la caligrafía apretada y grácil de su esposo.
Eileen Snape.
- Eileen Snape - Susurró Emily - Es la madre de Severus, mi suegra.
Tomó uno al azar y sin pensarlo dos veces, motivada por la curiosidad y al mismo tiempo por el deseo de conocer un poco más acerca del pasado de su esposo y sus raíces vertió el contenido del frasquito dentro del pensadero, a continuación sumergió su cabeza sintiendo que se perdía en las profundidades de los recuerdos de su suegra.
De pronto todo a su alrededor cambió. Se encontraba en la sala de aquella misma casa, sólo que se veía un poco diferente, con hermosas cortinas pendiendo de las ventanas y era evidente que aquella habitación secreta no existía. Vio a una mujer que evidentemente no debía ser otra más que su suegra. Alta, no muy agraciada, de cabello y ojos negros igual a su hijo. Estaba vestida al estilo muggle, con una ropa muy popular de los años sesenta, bastate sicodélica y de fondo escuchaba en la radio muggle una canción muy popular que Emily reconoció de inmediato *"Yellow submarine"*de Los Beatles. La mujer agitó su cabeza al compás de la música mientras se acariciaba el vientre con ternura.
- No puedo creer que esté embarazada - Decía - Tobías estará feliz, ya lo verás bebé, tu papá va a cambiar cuando sepa de tu existencia.
Emily se llevó una mano a los labios llenándose de emoción. Ese era el día en que Eileen, la madre de Severus, se acababa de enterar de que estaba en estado. De pronto la puerta de la calle se abrió y un hombre al que Emily, al igual que la madre de Severus, sólo había visto en una fotografía que estaba sobre la chimenea del vestíbulo, entró en la sala. Era un hombre alto, parecido a su Severus sólo que tenía los ojos castaños pero tenía la misma nariz grande y aguileña, la misma piel cetrina y el mismo cabello largo y grasoso.
-
¡Tobías! - Se alegró la mujer al verlo mientras se acercaba para besarlo. Emily notó que la mujer se echó un poco hacia atrás al acercarse por completo - Otra vez estuviste bebiendo
-
Dijo con tono de decepción.
-
No comiences a molestarme - Dijo con voz autoritaria el muggle, cerrando la puerta detrás de sí - No es asunto tuyo lo que yo ande haciendo. El trabajo de la mujer no es criticar a su marido sino entenderlo y atenderlo ¿Dónde están mis pantuflas?
-
Ya te las traigo querido pero primero debo darte una noticia que te hará muy feliz… de verdad - Dijo Eileen con la misma emoción con que lo había recibido.
Emily frunció el entrecejo, detestó la manera tan machista en que el señor Snape trataba a su esposa y sobre todo le desagradó el hecho de que ella le obedecía como si fuese una esclava.
- ¿Ah sí? No me digas, déjame adivinar… ¿Ya dejaste de ser una bruja? Ahora eres normal.
Ella suspiró con paciencia y se preparó para hablar nuevamente.
- No Tobías, vamos a ser padres, vengo de San Mung… del hospital donde me hice un análisis, estoy embarazada.
El señor Snape que se había sentado en el sofá de la sala a esperar sus pantuflas, de pronto se levantó de golpe y a Emily le pareció que también de súbito se le había pasado la beodez. Notó sus pupilas dilatadas y como poco a poco, a medida que el hombre asimilaba la noticia fruncía el entrecejo.
-
¿Qué has dicho Eileen?
-
Estoy embarazada ¿Recuerdas que cuando éramos novios decías que querías ser padre? - Trataba de recordarle la mujer poniéndose nerviosa al ver como su marido se dirigía hacia ella con una actitud amenazante.
-
Eso fue antes de saber de tu anormalidad, cuándo me tenías engañado
-
Espetó el hombre - ¿Cómo demonios se te ocurrió embarazarte? Traerás al mundo a otro ser anormal como tú.
-
Pero Tobías - Trató de rebatir la mujer mientras las lágrimas corrían por sus mejillas - Creí que te pondrías feliz, tendremos un bebé.
- ¡MALDITA SEA! - Gritó el hombre furioso lanzando al suelo una figura de porcelana, haciendo sobresaltar a la señora Snape - Eres una maldita bruja, por eso me hechizaste para que me casara contigo y ahora pretendes traer al mundo a otro adefesio.
- No hables así de él o de ella ¡Basta Tobías! ¡Suéltame!
Emily trató de intervenir antes de recordar que estaba en un simple recuerdo. El señor Snape tenía a la mujer sujeta del brazo fuertemente y de pronto, sin más, la abofeteó. La cantante miró con horror e incredulidad como la pobre mujer se limpió la sangre del labio y el hombre la tomó por los cabellos para obligarla a levantarse.
- ¡No! por favor Tobías, podrías lastimar al bebé, no me golpees, te lo ruego.
- Quiero que te saques al hereje ese que llevas en tu vientre maldita bruja.
- Es tu hijo.
- ¡Cállate!
- ¡Dios mío, basta! - Dijo Emily con desesperación mirando con horror y asco aquella escena.
El recuerdo cambió. Eileen cargaba a su hijo de un año de edad. Pese a la conmoción del anterior recuerdo, Emily se enterneció al ver a Severus de esa edad. Era gordito y tenía una mata de pelo negro que se le iba hacia arriba, su madre jugaba con él lanzándolo al aire para luego atraparlo, mientras él reía a carcajadas, lo que llenó de ternura a la cantante que de hecho, a duras penas, había visto sonreír a su marido pero jamás reír de aquella manera. De pronto, Tobías irrumpió en la habitación del bebé mirándolo con fijeza. Eileen, automáticamente apretó a Severus contra su pecho echándose para atrás, intentando protegerlo.
- ¡Dámelo!- Ordenó el padre del bebé.
Ella negó con la cabeza.
-
No le hagas daño.
-
¡Dámelo! - Volvió a ordenar el hombre - Es mío ¿No? Puedo cargarlo si quiero.
Ella obedeció aunque cautelosa depositando al bebé en los brazos de su marido. Severus que había estado riendo con su madre, de pronto se quedó serio, mirando a su padre con una expresión casi adulta que sorprendió a Emily, simplemente dejó de sonreír.
-
Hasta ahora no ha mostrado señales de anormalidad- Espetó el señor Snape - Creo que valió la pena dejarlo vivir.
-
¡Dame a mi hijo! - Soltó la mujer arrebatándoselo - Eres un monstruo.
-
Tú eres el monstruo, debería haberte quemado viva como hacían en la edad media - Dijo Tobías abandonando la habitación.
El recuerdo cambió nuevamente, ahora Severus era un niño de cinco años. Al entrar al sótano donde su madre trabajaba frente a un caldero que, al parecer permanecía oculto bajo unas sábanas mientras el señor Snape estaba en casa, pese a que nunca visitaba el sótano, el niño pareció aterrado e intentó huir y pareció más asustado cuando su madre trató de tomarlo de la manita para ver qué le pasaba.
- ¿Qué sucede hijo? ¿Qué te pasa Severus?
- ¡No mami, no lo hagas!
- ¿De qué hablas Severus?
- ¿Me arrojarás a ese caldero y me comerás?
- ¿Qué?...
- Papá me lo dijo, dijo que eras una bruja malvada y que te comes a los niños. Mami no me comas ¡Buahhh!
Él empezó a llorar perdiendo el control mientras Eileen sentía un nudo en la garganta. Era el colmo de la maldad de Tobías ¿Cómo se le había ocurrido tratar de poner al niño en su contra? ¿Cómo pudo tratar de meterle miedo con la magia?
-
No mi cielo, eso no es cierto. Verás, mami si es una bruja - Explicó la madre mientras Severus abría mucho sus ojitos en señal de sorpresa y miedo
-
Pero las brujas no comemos niños, eso no es cierto, son inventos de algunos muggles.
-
¿Muggles?- Repitió el niño.
-
Personas sin magia como tu padre - Explicó Eileen - Ven aquí, te llevaré a un lugar especial que te encantará.
Con un flojo movimiento de su varita la mujer hizo desaparecer el contenido del caldero y volvió a cubrirlo con la manta, posteriormente tomó de nuevo a su hijo de la manita y desapareció junto con él sólo para aparecer segundos después en aquella hermosa rivera donde Severus le había pedido matrimonio a Emily. Él quedó impactado.
- ¿Co… cómo hiciste eso mami?
- Con magia - Simplificó la mujer encogiéndose de hombros.
Fue allí, en aquella preciosa bahía rodeada de pelicanos donde sus padres solían llevarla de niña a pasar el verano, donde ella comenzó a hablarle a su hijo de su verdadero origen, de Hogwarts y de todo lo demás que un niño mago debía saber, además le dijo que eso explicaba el por qué de las cosas "extrañas" que le sucedían.
Emily ahora contemplaba otro recuerdo. Severus, ahora de unos once años de edad irrumpió en su casa mientras su padre golpeaba salvajemente a su madre en medio de una de sus borracheras.
-
¡Ya basta papá! ¡Déjala! ¡MAMI!
-
¡Tú cállate mocoso! - Espetó su padre empujándolo, con lo cual cayó al suelo igual que su madre - Esta maldita bruja animal quemó mi cena.
- No fue con intención Tobías… lo… siento- Dijo la mujer tratando de incorporarse - ¡Tranquilo hijo! No pasa nada Severus, no llores.
- Mami, vámonos de aquí, te llevaré a Hogwarts.
- No puedes hacer eso mi cielo, mami no puede ir allí contigo.
- ¡Eso! lárgate tú mocoso, lárgate de una vez de mi vista, sabía que tú habías heredado su mala semilla, que eras igual a ella, sabía que eras igual de extraño y lo confirmé cuando vi a esa lechuza dentro de mi casa.
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Es una lechuza mensajera - Replicó Severus - Traía mi carta de Hogwarts, la escuela de magia ¡Auch! ¡Suéltame!
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No, no Tobías deja al niño ¡SUÉLTALO!
El señor Snape tomó a Severus de los cabellos para obligarlo a levantarse mientras él lloraba.
-¡ENGENDRO DEL MAL! ESO ERES.
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¡Suelta a mi niño Tobías! - Espetó Eileen furiosa con una voz vehemente que ni Severus ni el señor Snape le habían oído jamás. Su respiración era entrecortada y su semblante siniestro - Suéltalo o te juro… te juro Tobías que hora si me convierto en el ser que tanto detestaste, ahora si seré una maldita bruja malvada y te haré pagar por todo lo que me has hecho.
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¿Ah sí?- La desafió el hombre soltando abruptamente a Severus sólo para acercarse a ella de forma amenazadora - ¿Y como? Se te olvida que rompí tu artefacto… esa cosa con la que hacías tus hechizos.
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Se llama varita papá.
- ¡cállate! - Lo interrumpió su padre.
En ese momento una ráfaga repentina de aire brotó de la señora Snape, provocando que Tobías cayera hacia atrás, pero se levantó de inmediato corrindo hacia la puerta aterrado, si regresaba, ninguno de los dos tenía dudas de que jamás volvería a maltratarlos.
En ese momento Emily sintió que una mano fuerte y determinante la tomó del brazo, sacándola del pensadero mientras todas las imágenes desaparecieron a su alrededor.
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¿Qué rayos estabas haciendo ahí? - Inquirió Severus con la misma furia de su padre reflejada en los ojos, o al menos fue así como Emily lo percibió, pero la verdad era que Severus estaba más aterrado que molesto, no dejó de mirar los frascos etiquetados con su nombre que al parecer no habían sido removidos del estante pero aun así parecía temeroso de lo que Emily hubiese visto - ¿Qué hacías aquí Emily? ¿Qué viste?
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¡Suéltame! - Espetó ella aterrada después de todo lo que había visto y también porque le sorprendía ver la expresión de su esposo.
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No tenías ningún derecho de venir a fisgonear aquí.
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Yo sólo estaba limpiando la casa y me encontré con este lugar por error.
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¿QUÉ VISTE? - Le gritó Severus aterrado, haciéndola sobresaltar sin soltarla.
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¡NADA! - Respondió ella de la misma forma tratando de zafarse todavía.
Ella entonces recordó cuando Harry le contó que Severus se había vuelto violento y furioso cuando lo descubrió husmeando sobre sus recuerdos.
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No debiste…
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Yo no soy como ella, no soy como tu madre Severus ¡Suéltame! - Espetó la muchacha en medio del llanto mientras se zafaba de un jalón.
Severus comprendió entonces con alivio que ella sólo había visto los recuerdos de su madre que, aunque incómodos no revelaban nada comprometedor con respecto a su misión como doble espía, pero se sintió mal. Era la primera pelea fuerte que tenía con su esposa y faltando apenas dos días para navidad. Reconoció entonces que había sido muy duro con ella así que sintiéndose un ser despreciable salió de ese lugar en busca de su esposa.
- ¡Emily! ¡EMILY!... Lo lamento.
Ella no quería verlo, se había encerrado en la habitación hecha un mar de llanto, como siempre no quería que la vieran llorar y mucho menos el causante de su llanto.
Nota de autora: ¡Hola! quiero dar la bienvenida formalmente a mi nueva lectora fortheloveofprince, muchas gracias por leerte mi historia completa hasta ahora y dejar tu opinión, es un bello gesto, ¿Tienes familia en Venezuela? Me gustaría saber en qué parte, también tengo una amiga chilena a quien quiero muchísimo y que de hecho es ahora la única que me comenta esta historia, ella fue la que inspiró a la simpática señora Galasanz madre y manager de "Las Melódicas" También te envío saludos a ti mi querida Ceci y desde ya te anticipo que el próximo capítulo te va a gustar más