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El Pocionista y la Cantante — capítulo 22
Este episodio está dedicado a ButterHdss ¡Bienvenida de nuevo!
Emily continuó sollozando pero trató de ahogar su llanto con las colchas. Detestaba sentirse vulnerable y mucho más que la vieran llorar pero sobre todo estaba muy sorprendida y dolida, sabía que no debió haber fisgoneado pero ¿Por qué Severus había reaccionado de esa forma?
Él por su parte estaba plantado frente a la puerta de la habitación, rogándole que la abriera. Severus podía hacerlo por sí mismo, bastaba sólo con un flojo movimiento de su varita pero quiso respetar la voluntad de su esposa y darle la oportunidad a ella de recibirlo o no. Estaba asqueado de sí mismo, no podía creer que la hubiese tratado de esa forma pese a que estaba en su derecho de molestarse ya que no le gustaba sentirse expuesto, su pasado era algo que le gustaba mantener oculto a los ojos ajenos, no quería la lástima de nadie y mucho menos la de su esposa. También odiaba sentirse vulnerable y fue así como lo hizo sentir Tobías mientras fue pequeño pero ya había crecido, ya no era más ese niño pequeño y asustadizo, ahora era un hombre, fuerte, decidido y valiente.
No pudo evitar sentirse asqueado porque jamás en toda su vida se había percibido tan parecido al hombre de quien siempre quiso diferenciarse… su padre.
- ¡Emily! Querida, por favor perdóname.
Ella no contestó pero Severus la oyó caminar hacia la puerta y posteriormente el chasquido que emitió el picaporte al abrirse.
Emily tenía la cabeza gacha, ocultando el rostro con su cabello rubio. Severus la tomó por la barbilla con suma delicadeza, no pudo evitar relacionarla con su madre. El rostro de la muchacha estaba rojo al igual que sus ojos así que sin pensarlo dos veces, Severus la estrechó entre sus brazos con dulzura.
- De verdad lo lamento Emily.
Ella le correspondió el abrazo y no pudo reprimir un sollozo.
-
Yo no debí, tienes razón, tu pasado sólo te pertenece a ti y no tienes por qué compartirlo con nadie, ni siquiera conmigo.
-
Yo no debí reaccionar así - Respondió Severus también aliviado de que ella sólo hubiese visto su pasado durante su niñez y adolescencia y no su pasado más reciente que lo delataría como mortífago activo - Te amo Emily, no tienes idea de cuanto.
-
Yo también te amo cielo
-
Respondió ella apartándose un poco para mirarlo a los ojos - Y… aunque sé que no debí entrometerme - Ella esbozó una escueta sonrisa - No pude evitar notar que eras un bebé precioso.
Él sonrió también y volvió a estrecharla.
-
Creo que mantuve todos esos recuerdos guardados para recordarme a mí mismo de donde vengo y tal vez para alimentar mi reticencia a los muggles… no lo sé, más tarde recibí ese pensadero como regalo de navidad de Lucius y…
-
Lo utilizabas para auto castigarte pero ¿por qué?- Lo interrumpió Emily separándose de él esta vez para tomarle el rostro entre sus manos con delicadeza - Cariño, no todos los muggles son como Tobías, no todos son unos monstruos torturadores, ni inquisidores ni quemadores de brujas, allí tienes a los Granger y a los Richardson, los padres de Espina, todos ellos son seres maravillosos que se sienten orgullosos de sus hijas y las encomian a obtener éxito en sus vidas como brujas.
-
Lo sé Emily.
-
El señor Snape no fue más que un ser retrograda y pre juicioso, incapaz de ver más allá de las apariencias o de lo que siempre creyó entender… igual a muchos seres de nuestra comunidad mágica. Allí tienes a la abuela Gertrude por ejemplo, o a la vieja cara de sapo… o a los Malfoy ¿Y qué me dices de mis padres? Siguen siendo elitistas a pesar de que han cambiado muchísimo.
-
Si, lo sé querida… sólo quiero que me perdones, no debí…
-
Nada màs te perdonaré con una condición.
-
¿Ah sí? - Inquirió Snape alzando una ceja.
-
Si, que me beses.
-
Pues entonces cuente con ello señora Snape.
Severus tomó a su esposa entre sus brazos y la besó complacido de haber obtenido su perdón.
Después de la reconciliación, Emily ya calmada y contenta se fue a preparar el almuerzo como era su deseo. Quería resarcirse antes su esposo conquistando su estomago ya que él adoraba como ella cocinaba, así que se puso manos a la obra preparando unas milanesas de pollo bañadas en salsa bechamel, puré de papás y ensalada acompañado todo por un excelente Sauvignon CabernetMastrantonio desde luego. Mientras tanto, Severus se dedicó a retirar del estante todos los recuerdos que consideraba muy comprometedores.
Luego de disfrutar el delicioso almuerzo ambos decidieron relajarse en el sofá junto a Panda frente al aparato muggle que a Emily más le gustaba, la televisión.
-
Cariño, mira este programa de televisión - Dijo la mujer señalando la pantalla con emoción - ¿En serio no crees que los muggles sepan de la existencia de nuestro mundo?
-
Muchos no lo saben, únicamente los que tiene familiares magos o bruja, ya lo sabes.
-
Pero ¡Mira!, la protagonista de este programa es una bruja.
-
Quizá aún quedan algunos vestigios de cuando no existía el estatuto del secreto, quizá el conocimiento de nuestra existencia se haya pasado de generación en generación pero a la final la gente lo toma por un mito - Explicó Severus - Los muggles que no tienen ningún familiar mago o bruja son muy cerrados ante lo que no pueden explicar pero creo que en el fondo a muchos de ellos les gustaría creer que existimos, sólo que se hacen estúpidas ideas que no sé de donde las sacan ¡Mira nada más eso! - Espetó Snape señalando con desdén la pantalla - ¿A quién en su sano juicio se le ocurriría que una bruja pueda realizar encantamientos tan únicamente con mover su nariz?
-
No lo sé pero es divertidísimo - Respondió Emily riendo - Los muggles son tan ocurrentes.
De pronto los interrumpió el sonido de un golpeteo en una de las ventanas, Emily retiró el brazo de alrededor de Severus para que este pudiera ir a ver de qué se trataba descubriendo a una lechuza con un sobre en el pico. Abrió la ventana para dejarla pasar. Esta voló hasta posarse sobre el televisor…
-
Una carta ¿De quién será? - Inquirió Emily.
-
De Granger - Contestó Severus entregándole el sobre a su esposa después de echarle un vistazo al remitente.
-
Pero si ella no tiene lechuza… bueno, ha debido utilizar el correo mágico.
Ella despegó el lacre y comenzó a leer:
Querida Emily, sé que vas a pasar noche buena con los Weasley pues Harry me dijo que la señora Weasley te había invitado a la madriguera, pero me gustaría, si puedes desde luego, que tú pasaras navidad conmigo y mis padres y desde luego el profesor Snape también está invitado, aunque no creo que sea de su agrado venir, si no puedes no pasa nada, lo entenderé y te extenderé la invitación para cuando estés dispuesta, he estado muy triste y aunque mis padres traten de reconfortarme siempre hace bien escuchar a una amiga.
Att: Hermione Granger.
-
¡Pobrecita! - Exclamó Emily con aprensión - Ella ha sufrido mucho por lo de Ron.
-
Los adolescentes siempre se ahogan en un vaso de agua Emily, creen que la vida se les viene abajo por tonterías.
-
No son ningunas tonterías Severus, ella está profundamente enamorada de Ron, sufre mucho por su actitud y algo me dice que él también la ama sólo que no sé por qué está con Lavender.
-
Porque así son los mocosos, indecisos, absurdos… en fin, lo lamento por Granger pero creo que tendrás que decirle que no puedes asistir a su invitación.
-
¿Por qué?
-
Porque te recuerdo que tus padres nos esperan para la cena de navidad.
-
¡Por Merlín! Lo había olvidado, está bien pero le diré que asistiré luego, el día después de navidad ¿Irás conmigo?
-
Lo lamento querida pero la amiga de Granger eres tú no yo, mucho haré acompañándote a esa estúpida cena en casa de los Weasley donde no soy bien recibido.
-
No seas injusto, ellos te han invitado porque siempre te han apreciado como miembro de la orden.
-
¡Ja! Me han invitado porque soy tu marido no porque me aprecien, para ellos sólo soy un ex servidor del señor tenebroso - Respondió pronunciando las últimas palabras con voz débil.
-
No cielo, ya verás que la pasaremos muy bien en casa de los Weasley.
Ella tomó pergamino, un tintero y una pluma y se dispuso a redactar la respuesta:
Querida Hermione, lamentablemente no podré asistir para navidad a tu invitación ya que para ese día Severus y yo estaremos en casa de mis padres pero por fortuna, el día veintiséis podré ir y de hecho me encuentro muy emocionada por conocer tu casa, ya que sabes que adoro todo lo que tenga que ver con muggles. Estoy sumamente agradecida con tus padres y contigo por esta gentileza y de antemano te digo que puedes contar conmigo para lo que necesites. No te aflijas más que en poco tiempo estaré contigo dándote ese abrazo que tanto necesitas.
Tu amiga que tanto te quiere.
Emily Snape.
La cantante dobló el pergamino, lo metió dentro de un sobre y se lo colocó a la lechuza en el pico dándole instrucciones de que lo llevara de vuelta. El ave salió aleteando por la ventana y Severus fue tras ella para cerrarla nuevamente dándose cuenta casi con espanto que su entrometida vecina, la señora Polkiss, estaba asomada también a su ventana con un montón de tubos para rizar en el cabello y un expresión de sorpresa.
-
¡Severus! Un ave acaba de salir de tu casa ¿Qué clase de ave era esa? ¿Una lechuza?
-
No lo sé señora Polkiss
-
Respondió él tratando de armarse de paciencia - Sólo la vi y decidí sacarla.
Severus volvió junto al sofá y Emily se desternilló de risa cuando él le contó lo sucedido y además porque el programa de televisión que estaba viendo en ese momento ya le había provocado un acceso de carcajadas.
-
¡Cariño! Este programa creo que es más divertido que el de la bruja muggle que estábamos viendo - Dijo entre risas señalando al hombre de la televisión que en ese momento luchaba contra el miedo para darse un clavado en una piscina - Se llama Mr Bean jajaja, es muy gracioso.
-
¿Gracioso? - Inquirió el pocionista con incredulidad, alzando las cejas mientras la miraba reírse - ¿Qué tiene de gracioso un muggle haciendo estupideces y que además no habla?
Cuando llegó la hora de la cena, Emily prefirió ir a dormir sin comer ya que se sentía indispuesta y se lo atribuyó al almuerzo, pensó que tal vez le había caído mal.
Había llegado el día de noche buena y Emily en la cocina le daba los últimos toques a la polenta que la señora Leonora (la jornalera delos viñedos Mastrantonio) le había indicado en la receta.
-
Un poco de cilantro y listo - Dijo Emily arrojando un puñado de las hiervas picadas mientras apagaba la estufa.
-
Serías buena para preparar pociones si te dedicaras tanto como lo haces en la cocina - Comentó Severus abrazándola por la cintura.
-
Eso jamás, con todo respeto señor pocionista pero eso de mezclar cosas repulsivas siempre me ha asqueado y ni qué decir de beberlas.
Severus sonrió al evocar un recuerdo que hasta entonces había permanecido oculto en algún resquicio de su mente.
Emily, de unos dieciséis años de edad había sido castigada por haber agregado un ingrediente de más a su pócima de filtro de muertos en vida con lo cual, el contenido de su caldero se volvió lodoso y hediondo como huevos podridos.
-
¿Lo hiciste a propósito no Smith? - Pregutó Severus en ese entonces fulminándola con la mirada mientras hacía desaparecer el contenido del caldero con su varita - Tienes cero y para colmo tendrás que empezar de nuevo.
-
Pero ¿Por qué? - Inquirió ella con ironía tratando de ahogar la risa. Sus amigas Gloria, Sasha y Espina rieron por lo bajo.
-
¿Por qué?- Repitió el profesor acercándose, tomándola del brazo en forma amenazadora - ¡Veinte puntos menos para Gryffindor! ¿Acaso esa porquería te parecía una poción?
-
Pues sí, de eso se trata ¿no? De mezclar porquerías malolientes dentro de un caldero.
Severus estaba indignado ¿Cómo rayos se atrevía esa mocosa malcriada a hablar así de sus amados brebajes? Ella que sólo servía para perder el tiempo, invirtiéndolo en el salón de música todo el día junto con las otras inútiles de sus amigas o haciendo travesuras como los despreciables merodeadores aunque ellas jamás se metieran con nadie directamente.
¿Como podía hablar con tanto desdén así como él lo hacía con tanta fascinación sobre las pociones?
-
¡Estás castigada! - Gruñó.
-
¿Qué sucede? De pronto te quedaste pensativo - Preguntó Emily sacándolo de sus cavilaciones.
-
Nada - Respondió negando con la cabeza mientras esbozaba una escueta sonrisa - ¿En qué puedo ayudarte?
-
Toma esa fuente de allí y sostenla por favor, voy a verter allí la polenta ¿Crees que les guste?
-
Les encantará - Respondió él con sinceridad poniéndose manos a la obra.
En la madriguera todos estaban reunidos en la sala entorno a la radio mágica mientras escuchaban un programa navideño amenizado por la gran Celestina Warbeck, pero Fleur parecía al borde de un colapso nervioso y Espina, Sasha, Gloria y Nymphadora reían divertidas al ver su expresión de fastidio. Harry aprovechó la oportunidad de que todos estaban muy concentrados conversando y se acercó al señor Weasley para comentarle lo último que había oído antes de marcharse de Hogwarts por vacaciones.
-
Snape parecía dispuesto a ayudar a Malfoy señor Weasley, recuerde lo que le dije en el andén antes de marcharme a Hogwarts en septiembre - Comentó Harry en voz muy baja.
-
Harry, tal vez Snape no haya querido ayudar a Draco.
-
Sabía que usted diría eso pero hay que estar preparados ¿Cómo saber si realmente es fiel a la orden?
-
No nos corresponde a nosotros averiguarlo Harry - Le respondió Lupin sorprendiéndolo, había estado cerca y escuchó la conversación - Eso es asunto de Dumbledore y te repito lo que te he dicho antes Harry, Dumbledore confía ciegamente en Severus.
-
Pero Dumbledore puede equivocarse y no me diga que ahora el profesor Snape ha empezado a caerle bien.
-
No me cae ni bien ni mal Harry - Contestó Lupin - Solo estoy tratando de ser objetivo y justo, Dumbledore confía en él y por algo ha de ser, además aun y cuando jamás lleguemos a ser íntimos amigos no puedo olvidar que él me ha estado preparando la poción matalobos mientras estoy en Hogwarts, él podría adulterar la poción y no lo hace.
-
Porque Dumbledore siempre está cerca - Pugno Harry.
-
No siempre lo está, recuerda que últimamente se ha ausentado bastante - Repuso Lupin - Sin embargo veo que estás decidido a odiarlo… no dudes en contarle a Dumbledore lo que nos has dicho a Arthur y a mí pero no esperes siquiera que se sorprenda porque es muy posible que Severus haya interrogado a Draco por orden suya.
-
Remus tiene razón Harry
-
Añadió el señor Weasley y en ese momento el sonido de una leve explosión se escuchó en el exterior de la casa seguida por el golpeteo de la puerta, todos se pusieron alerta.
-
¡Debe ser Emily! - Exclamó Ginny con emoción.
-
¡No! - Exclamó Harry - ¡No abras Ginny! podría ser peligroso.
-
Harry tiene razón Ginny
-
Añadió Sirius yendo hacia la puerta mientras la señora Weasley le bajaba el volumen a la radio mágica - Primero debemos estar seguros ¿Quién es? - Preguntó frente a la puerta asiendo con fuerza la varita y con la otra mano en el picaporte.
-
¡Ten cuidado Sirius! - Lo advirtió Gloria también con la varita en la mano.
-
Somos Emily y Severus - Respondió la cantante.
-
¡Vino con Snape! - Susurró Sirius dirigiéndose a los demás - Emily ¿Cuál es la pregunta que me dijiste que no le contestarías a Glenda Chittock en la entrevista de su programa radial "La hora de las Brujas"?
-
A donde fuimos Severus y yo en nuestra luna de miel - Respondió Emily risueña - ¿Ahora si podemos pasar?
-
Tu respuesta fue correcta pero que hay del supuesto Snape ¿Eh? Oye tú, Snape ¿Cómo solíamos llamarte James y yo en el colegio?
-
Deja de decir estupideces Black - Bramó Snape perdiendo la paciencia - Te lo dije Emily.
-
Ya cariño, sólo fue una broma tonta y pesada, ¡ya déjanos pasar Sirius!
-
No seas payaso y abre la puerta Sirius - Demandó Sasha aunque no pudo evitar reírse.
-
Si, sin dudas eres tú quejicus - Bromeó Sirius risueño mientras abría la puerta y le sonreía a Sasha.
-
Pasen, es peligroso que estén allá afuera - Dijo la señora Weasley.
Harry fulminó a Snape con la mirada apenas entró, no podía olvidar la conversación que este sostuvo con Malfoy. Él a su vez le devolvió la mirada detectando que había algo nuevo en ella, un poco más de rencor.
-
¡Emily! - Exclamaron los gemelos.
-
¡Hola chicos, Bill! ¡Qué sorpresa!
-
Pasemos al comedor por favor - Pidió la señora Weasley.
-
¡Ohhh! Molly, he traído una polenta que preparé especialmente para la ocasión, la receta me la dio una señora en Italia.
-
¡Hmmm! Huele delicioso, muchas gracias querida pero no has debido molestarte.
Todos pasaron al comedor y degustaron la deliciosa cena elogiando a la señora Weasley y a Emily por su talento culinario, posteriormente la señora Weasley los invitó a pasar al vestíbulo para conversar un poco mientras tomaban una copita de vino de elfo y el señor Weasley junto a Ginny se llevó a Emily al cobertizo junto a la casa donde tenía su preciada colección de objetos muggles, entre ellos los enchufes que tanto le gustaban. Emily paseó su mirada llena de ilusión por sobre todos ellos.
-
Yo tengo un lugar parecido a este en la casa que tengo en Londres, donde vivía cuando era soltera.
-
Si, recuerdo que lo vi
-
Rememoró Ginny - Cuando fuimos antes del baile de navidad del año pasado, tienes muchos objetos allí.
-
Pero ninguno funciona o quizá sí, lo que sucede es que en esa casa no hay electricidad - Explicó Emily
-
Es la típica casa de una bruja, no conozco a ningún mago con suficientes conocimientos en objetos muggles como para instalar electricidad.
-
Aquí tampoco hay electricidad pese a que yo si conozco a gente capaz de hacer la instalación, tengo amigos que son expertos en muggles - Dijo el señor Weasley haciendo girar las aspas de un ventilador con el dedo índice - Pero no sabes las veces que he intentado convencer a Molly de que instalemos electricidad pero a duras penas permitió la instalación del felétono.
-
Teléfono - Lo corrigió Ginny riendo.
-
En casa, es decir, la que ahora comparto con Severus es al revés de lo que sucede aquí pues si tiene electricidad pero no hay teléfono, a él no le gusta y la electricidad tampoco, en realidad nada que tenga que ver con muggles lo entusiasma, la casa está llena de elementos como esos porque antiguamente era de sus padres y uno de ellos era muggle… su padre.
- ¡Vaya! - Exclamó el señor Weasley - ¿Crees que si yo viviera entre cosas muggles que funcionan no las aprovecharía?
Emily decidió guardar silencio, no iba a revelar que la reticencia de su marido para todo lo que tenía que ver con muggles se debía a que le recordaban al violento e irascible de su padre.
-
¡Wow! ¿Qué es esto? -Inquirió ella para desviar el tema de Severus que ella misma había tocado y también porque lo que vio la entusiasmó de verdad.
-
Es una batería de auto
-
Respondió el señor Weasley y luego añadió en tono más bajo - No se lo digas a Molly pero con ella he logrado hacer funcionar algunos objetos.
-
¿Se puede hacer eso? - Inquirió Emily con curiosidad.
-
Hmmm si que se puede ¡Mira!
-
Ten cuidado papá que la última vez que hiciste eso hubo una explosión, suerte que mamá no estaba en casa - Advirtió Ginny echándose para atrás. Emily también retrocedió por instinto y el señor Weasley acercó a la batería el ventilador que había estado examinando anteriormente.
-
Sólo es cuestión de unos cuantos ajustes, Sirius me mostró como hacerlo - Dijo el señor Weasley tomando el cable sin enchufe del cual sobresalían unos helechos de cobre y los conectó a los bornes de la batería - A él también le gustan los objetos muggles, ¡Miren esto! ¿No es una maravilla?
Emily y Ginny contemplaron maravilladas como las aspas del ventilador comenzaron a moverse, al principio lentamente y luego con mucha velocidad, haciendo que se les arremolinaran los cabellos y además que les diera frío ya que en el exterior del cobertizo nevaba mucho.
-
A los muggles se les ha negado el don de la magia pero en compensación se les ha concedido el don de la inteligencia y la astucia para crear todas estas cosas grandiosas ¡Dios los bendiga! - Concedió el señor Weasley con una sonrisa bonachona.
-
Siempre he creído que los muggles son fascinantes, de eso no tengo duda alguna - Añadió Emily que comenzaba a sentirse un poco enferma.
-
¿Te sucede algo Emily? Estas pálida - Dijo Ginny un tanto preocupada.
-
Creo que la polenta me cayó un poco pesada o tal vez fue el vino - Respondió la muchacha tambaleándose un poco mientras el señor Weasley la tomaba por un brazo con preocupación - No se me da nada bien eso de beber licor.
-
Entonces creo que debemos regresar a casa - Propuso el señor Weasley - Ya en otra ocasión seguiremos hablando de esos benditos seres que son los muggles.
Dentro de la casa, Severus sin duda se sentía incómodo, nadie le decía nada pero era evidente que su presencia no era grata en aquel círculo de amistades. Todos allí reunidos, risueños, conversando animadamente, él siempre aislado en un rincón como en ese momento, contemplando el fuego crepitante de la chimenea mientras escuchaba las estupideces que decían hasta que la conversación comenzó a ir hacia otro lado lo cual lo hizo sentir aun más incómodo.
- He notado que a veces tú también te ausentas del castillo como Dumbledore - Escuchó Severus que Potter le decía a Lupin quizá creyendo que él no podía oírlos pero su oído de espía se había vuelto muy agudo con los años - ¿Acaso salen juntos? ¿Cuál es esa misión? Sé que puedo parecer entrometido pero quisiera saber si tiene que ver conmigo.
Lupin pareció pensarse la respuesta.
-
A donde voy, voy solo Harry - Respondió el licántropo finalmente - He estado tratando de convencer a mis semejantes de que se unan a nuestra causa - Esto último lo dijo en un tono casi inaudible y por lo tanto Snape tuvo que hacer un poco más de esfuerzo sin girar el rostro de la chimenea - Me refiero a los hombres lobo, pero alguien ya se me adelantó.
-
¿Quién? - Quiso saber Potter.
-
Greyback, él ha estado convenciendo a los hombres lobo de que si ayudan a Voldemort a ascender al poder, no tendrán que vivir más como marginados.
-
¿Greyback? Repitió Harry intentando hacer memoria para ver si recordaba donde había oído ese nombre.
-
¿No lo has escuchado nombrar siquiera? - Inquirió Remus
Harry chasqueó los dedos.
-
Si, en el callejón Diagon, hay cientos de carteles con su rostro… también es… un hombre lobo.
-
Así es, Fenrir Greyback es el más salvaje y sanguinario hombre lobo que conozco, su especialidad es atacar a los niños porque cree que infectándolos desde pequeños y criándolos lejos de sus padres se les puede enseñar a odiar al resto de los magos y brujas sanos. Su misión es crear un ejército para Voldemort a su completa disposición, él a cambio le ha prometido presas.
Harry se estremeció de horror y Severus no pudo evitar recordar una de las reuniones con Voldemort donde el mago tenebroso le había hecho esa horrible petición al hombre lobo.
-
Eso es terrible - Musitó Harry.
-
Si, a mí me mordió el propio Greyback.
-
¡Dios mío! - Se sorprendió Harry.
-
Cuando era pequeño - Continuó Lupin - Tenía sólo cuatro años.
Severus sintió un dejo de culpa por el tratamiento que le había dado a Lupin, por primera vez en su vida imaginó el infierno que este debió haber sentido, el licántropo seguía sin caerle bien pero al menos lo compadecía. Harry por su parte recordó de pronto una pregunta que quería hacerle a Lupin, quizá él sabía o había escuchado tal vez nombrar al tal "Príncipe mestizo"
-
No quiero ni imaginar lo terrible que ha debido ser para ti y tus padres - Dijo el chico - ¡Ehhh!... permíteme cambiar el tema… no quiero hacerte sentir mal.
-
¡Descuida Harry! De eso ya hace muchos años.
-
Tengo una duda.
-
Si está a mi alcance aclararla con gusto lo haré - Concedió Lupin - ¡Dime! ¿De qué se trata?
-
Me preguntaba si has escuchado algo acerca de…
-
¿Quieren un poco de ponche de huevo? - Inquirió Nymphadora - Interrumpiendo a Harry.
Ambos aceptaron.
-
Snape ¿Quieres un poco de?...
-
No, gracias Tonks - Respondió Snape negando con la cabeza - Creo que es un poco tarde ya, Emily, creo que debemos irnos.
En ese momento, Emily, Ginny y el señor Weasley entraron de nuevo a la casa. La cantante no tenía buen semblante.
-
¿Por qué no se quedan?
-
Propuso la señora Weasley.
-
Si, sería una gran idea Emily - Añadió Ginny esperanzada.
Snape resopló con impaciencia, lo que le faltaba, mucho había hecho él con aceptar ir allí sólo por acompañar a su esposa pero quizá Emily comenzaría a insistir en quedarse y él de ninguna manera lo haría, tendría que dejarla.
-
Muchas gracias Molly pero me temo que no podré aceptar - Respondió la cantante sorprendiendo a Severus y antes de que los Weasley pensaran que ella prefería marcharse por menospreciar la humilde propiedad se apresuró a añadir - Es que no me siento bien.
-
¿Qué tienes? - Preguntó Gloria mirándola con fijeza.
-
Me siento un poco mareada - Respondió la chica mientras la señora Weasley le lanzaba una mirada escrutadora sin que esta se diera cuenta - Quizá fue el vino, el ponche de huevo o tal vez la polenta que preparé, estaba un poco pesada.
-
En realidad estaba deliciosa - Comentó Bill.
-
Yo no sé pgepagag polenta pego te asegugo que puedo pgepagagte una bouillabaisse como Dios manda caguiño
-
Aseguró Fleur Delacour aferrándose al cuello de su prometido.
-
Pero así no puedes aparecerte entonces - Le dijo Espina a Emily - Lo mejor será que se queden, de verdad te noto un poco pálida.
-
Muchas gracias pero prefiero regresar a casa - Respondió Emily tomando la mano de Severus que parecía preocupado.
-
¿Te sientes muy mal Emily? - Le preguntó este.
-
No cariño, descuida - Le respondió ella para no preocuparlo.
-
Entonces ¿Nos vamos por aparición o por red flu? - Inquirió Snape.
-
Por aparición - Respondió ella después de respirar profundo - Es igual de desagradable pero al menos no hay cenizas.
Los Snape se despidieron de todos entonces mientras la señora Weasley miraba a Emily con suspicacia al tiempo que se llevaba una mano a la barbilla.
Tras un sonido de explosión, Emily y Severus aparecieron en el vestíbulo de la casa de la Hilandera. La sensación tras la aparición empeoró el malestar de la cantante que corrió al baño más cercano para vomitar todo lo que había cenado, Severus corrió tras ella para acariciarle la espalda mientras ella hacía arcadas inclinada sobre el retrete.
-
¡Por Merlín Emily! - Exclamó Severus pasándole un pañuelo cuando ella hubo terminado - ¿Te encuentras bien?
-
Si amor… ya pasó el malestar - Respondió ella después de asear su boca con la varita - Tal vez mi estomago no esté en las mejores condiciones hoy.
-
Iré por una poción para contrarrestar los vómitos - Propuso Snape.
-
No cielo - Respondió Emily en el acto - Ya sabes que odio las pociones, huelen y saben feo y tomando en cuenta que precisamente no ando bien del estomago.
-
Precisamente - Puntualizó Severus haciendo mucho énfasis en la palabra - La poción que te propongo es para aliviar los vómitos, no los empeorará, por muy repugnantes que te parezcan, las pociones son bastante útiles y a veces indispensables - Añadió luego con aire ofendido.
-
Está bien - Respondió Emily resignada.
Severus notó que ella estaba bastante pálida y no pudo evitar preocuparse, de modo que la tomó en brazos para trasladarla hasta la habitación, después él bajó hasta su despensa en busca de la poción ya que siempre mantenía consigo una reserva de los brebajes más útiles para aliviar todo tipo de molestias.
-
Ten - Le dijo más tarde con la taza frente a Emily mientras ella hacía muecas con su hermoso rostro - ¡No seas payasa! - Añadió después tratando de no reírse - Sólo tapate la nariz y haz un esfuerzo, además no sabe mal.
-
Eso es porque eres un pocionista y por ende nunca encontrarás desagradable ningún brebaje - Respondió Emily tomando con resignación la taza que su marido le ofrecía - ¡iuk! ¿Qué rayos le pusiste? huele horrible ¡No! mejor no me digas.
-
Sí, estoy de acuerdo, es preferible que no conozcas los ingredientes - Respondió Snape mirándola con una ceja alzada.
Ella abrió mucho los ojos al escuchar aquello mientras sentía que su garganta se cerraba amenazando con un nuevo acceso de arcadas. Afortunadamente al final pudo ingerir la poción y poco a poco comenzó a sentirse mejor mientras se refugiaba entre los protectores brazos de su esposo.
-
Gracias por cuidarme amor.
-
No tienes por qué agradecerme Emily, es mi deber y lo hago con gusto.
Nota de autora:
Hola una vez más hago mi aparición para promocionar con los nuevos lectores mis historias favoritas
"Severus en Gryffindor" es una propuesta muy original y maravillosa cargada de aventuras en la que podremos ver a Severus desde otro punto de vista
"¿Cómo puedo ser una Potter y no saberlo?" desborda originalidad y promete mucha Acción
Y finalmente pero no menos importante
"Siete años en Hogwarts" y su secuela "Siete años en Hogwarts… el momento de las revelaciones" una bellísima historia cargada de emociones y sentimientos a flor piel donde te sientes parte de la historia y haces tuyas las vivencias y emociones de los personajes.
Todas ellas escritas por Rubí Galasanz y podrán encontrarlas entre mis favoritos
P.D: Lo del Sauvignon Cabernet es otro guiño para ti Cecy ya que sé que es tu vino favorito