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El Pocionista y la Cantante — capítulo 23
Este episodio está dedicado a mi amiga Rubí Galasanz y reitero también por este medio la inmensa alegría que me prodigó escuchar su voz y las lindas palabras que me dijo, por ser tan linda persona y por estar dispuesta a escuchar con paciencia incluso mis tribulaciones. Para ti mi querida amiga este episodio, espero lo disfrutes.
La mañana de navidad, Emily despertó muy animada, feliz y restablecida, la sensación de mareo y malestar estomacal había desaparecido por completo. Se puso una bata sobre el piyama, se lavó los dientes y cual si fuera una niña bajó corriendo las escaleras para dirigirse al árbol de navidad que ella y su esposo habían colocado en el vestíbulo de la casa (después de múltiples peticiones a Severus a quien nunca le entusiasmaba la idea de talar un árbol para adornarlo) Severus la observaba maravillado desde un sillón de orejas, le enternecía la actitud infantil que su esposa reflejaba a veces.
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¿Ya lo revisaste cariño? - Preguntó Emily - Aquí hay muchos regalos y algunos son para ti.
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Te estaba esperando querida - Respondió él levantándose del sillón para dirigirse al árbol sin poder evitar el recuerdo de cuando era niño y se acercaba al árbol de navidad donde había un único regalo, el de su madre.
Emily tomó los suyos y comenzó a destaparlos encontrando una caja de terciopelo en cuyo interior había un juego de collar y pulsera de oro puro y diamantes por parte de sus padres, un libro sobre música de parte de Dumbledore y lo que más le gustó fue el de Severus que consistió en todas las fotos de cuando fueron a Italia reveladas con una poción especial para darles movimiento, estaban enmarcadas y también estaba aquella que les tomaron cuando fueron a ese festival de rock en Nottingham.
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¡Gracias amor, están bellísimas!
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No tanto como tú - Respondió él.
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¡Mira! Aquí está el mío.
Severus tomó el regalo que Emily le ofrecía y descubrió un precioso reloj de oro (él tampoco pudo evitar recordar que cuando cumplió los diecisiete años, su madre le dijo muy apesadumbrada que no podía compararle un reloj de oro como era la tradición entre los magos, aunque él no se lo exigía y más bien la comprendía) este que Emily le obsequiaba era un reloj muy especial ya que tenía un chivatoscopio incorporado y de esta forma alertaba a su portador de posibles ataques.
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Es para que estés más seguro - Le dijo Emily - También le envié uno a mi abuelito, no sé por qué sale tanto de Hogwarts últimamente… no quiero que algo malo les suceda, mis padres se que están bien seguros porque casi no salen de casa, salvo papá que tiene que ir a trabajar al ministerio pero ustedes dos…
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Sólo son… diligencias de Hogwarts, además yo no salgo tanto como Albus
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Respondió Severus con voz ronca - Muchas gracias princesa ¡Ah! Mira este es de Minerva - Dijo después para desviar el tema.
La profesora MacGonagall le había regalado un monedero de piel con sensor antirrobo y Dumbledore un libro de autor muggle que al director solía gustarle mucho: "El Milagro Más Grande del Mundo"
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Parece interesante - Dijo Snape mirando la portada del libro donde el título imperaba en letras grandes.
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Desde luego que debe ser interesante, es de un autor muggle.
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En el mensaje que Albus me dejó en la contraportada dice que es su favorito - Añadió Snape.
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¡Wow! - Exclamó Emily maravillada - Y hablando de muggles, mira nada más lo que me envían Hermione y los señores Granger, un juego de plumas estilográficas muggles, ya sabes, de esas que ya tienen la tinta incorporada y son de varios colores.
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Genial pero yo aún prefiero las plumas reales y los tinteros.
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¡Ohhh cielo! Son unos pendientes por parte de Draco y mira esta pulsera por parte de Narcisa, espero que a ellos les guste lo que les obsequié.
En Malfoy`s Manor, Draco y Narcisa se preparaban para ir a Azkabán mientras Draco se colocaba alrededor del cuello el precioso relicario de oro que Emily le había dado por navidad. Al abrirlo encontró una preciosa fotografía de la artista y al otro lado una inscripción que decía:
Para mi hermanito
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Fueron bellos obsequios ¿No es así? - Inquirió Narcisa con una sonrisa triste mientras se ajustaba un bello collar de perlas que la cantante le había regalado - Vamos hijo, se hace tarde ¡ah! Pero debo advertirte que Azkabán es un lugar terrible, aun sin los dementores es un lugar lúgubre y espantoso.
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No hace falta que lo digas Ciccy - Añadió Bellatrix mientras tomaba una taza de café con el meñique alzado - No entiendo como te empeñas en ir allá por tu propia voluntad.
Narcisa la fulminó con la mira cargada de ira y dolor.
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Pues porque allá está mi marido y es mi deber como su esposa acompañarlo y hacerlo sentir contenido en la medida de lo posible - Escupió con rencor - En la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza en…
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Si, ya, ¡basta! O me vas a hacer llorar Ciccy ¡Que conmovedor!
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No le hables así a mi madre - Gritó Draco con los ojos húmedos.
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Y tú tampoco me hables así mocoso, no olvides que soy tu tía y me debes respeto - Respondió Bellatrix alzando la cabeza altivamente mientras lo apuntaba con el índice de su mano izquierda.
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¡Ya basta! Vámonos Draco.
Narcisa tomó a su hijo de la mano y en un abrir y cerrar de ojos desapareció.
En la madriguera, Harry también había despertado temprano pero a causa de un horrible lloriqueo y cuando abrió los ojos pudo atisbar una imagen que le pareció extraña. Kreacher estaba parado frente a él llorando y sorbiéndose la nariz mientras en la mano derecha sostenía un paquete pequeño y mohoso.
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¿Qué sucede? - Inquirió Ron frotándose los ojos - ¿Qué rayos está haciendo Kreacher aquí?
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No lo sé - Respondió Harry mirando al elfo con extrañeza más de pronto una terrible idea cruzó por su mente - ¡Sirius! Dijo casi en un grito ¿Le ha sucedido algo a Sirius Kreacher?
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Me temo que si - Respondió el elfo con voz grave.
Harry se tapó la boca con las manos.
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¿Qué? Dime ¿Qué pasó? ¡Vamos Kreacher, habla ya! - Exigió saber el niño que vivió.
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El ex amo Black ha debido volverse loco para hacer lo que hizo, eso sucedió, debe estar loco LOCOOOOOO - Respondió el elfo.
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Pero ¿Qué? ¿Qué demonios pasó? ¿Qué fue lo que hizo?
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Y ¿Por qué lo llamas ex amo? - Quiso saber Ron.
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El ex amo Black me envía como regalo de navidad al amo Harry Potter - Respondió con un suspiro lastimero mientras le hacía una reverencia.
Harry y Ron se miraron instintivamente.
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¡Wow! Eso es genial Harry - Dijo Ron con entusiasmo - Mamá siempre quiso un elfo que la ayudara.
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¿Por qué hizo eso Sirius? - Inquirió Harry con intriga.
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Kreacher insultó a su mujer sangre suciamientras servía hoy el desayuno para ella, pero sólo le decía que ella no era su ama legitima, que no se había casado con el ex amo y entonces el ex amo Black dijo que ahora Kreacher le pertenecería a Harry Potter y Kreacher no quiere, no quiere.
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Pues tendrás que obedecer, no te queda de otra - Soltó Ron tomando uno de los regalos que estaban sobre su cama.
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Pues si tú no quieres yo tampoco quiero - Respondió Harry con altivez.
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No hay de otra - Sollozó el elfo - El amo Potter tendrá que aceptar a Kreacher porque ahora Kreacher le pertenece pero Kreacher no quiere ser suyo, Kreacher le pertenece por derecho a la señorita Bellatrix o a la señorita Narcisa, Kreacher no quiere, no quiere.
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Y ¿Qué es eso que llevas ahí Kreacher? - Preguntó Ron señalando el paquetito mohoso que el elfo tenía en su mano.
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Un regalo para el amo, Kreacher ahora se ve en la necesidad de darle un regalo a su amo - Respondió Kreacher.
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¿Un regalo? - Repitió Harry con recelo - A ver.
El elfo colocó el paquete sobre la cama y cuando Harry lo abrió descubrió que había varios gusanos en su interior. Harry saltó de la cama con una expresión de asco mientras en el antes compungido rostro de Kreacher se dibujaba una escueta sonrisa.
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¡Vaya regalito! - Musitó Ron entre risas.
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¿Qué rayos? ¡Saca eso de ahí! - Soltó Harry inconscientemente mientras el elfo hacía aparecer de la nada un recogedor y una escoba de mano para quitar los gusanos de la cama.
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Te está obedeciendo, eso quiere decir que es verdad, es tuyo Harry. Sirius te lo ha conferido legalmente, ha debido expresar su voluntad de obsequiártelo en voz alta y con convicción y ahora… ¿Qué harás con él Harry? ¿Lo conservarás?
Harry meditó por unos segundos mientras el elfo arrojó los gusanos por la ventana de la buhardilla.
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Ya te dije que yo tampoco lo quiero - Respondió al fin.
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¿Y entonces que harás? ¿Le darás la libertad?
El elfo pareció aterrado por unos segundos.
- Sabe demasiado Harry, Kreacher sabe mucho sobre la orden.
Harry volvió a meditarlo.
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Lo enviaré a Hogwarts - Decidió al fin - Trabajarás con los otros elfos en las cocinas Kreacher, es lo que creo correcto.
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¡Hmmm! bien decidido - Dijo Ron.
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Ahora márchate a Hogwarts y dile al profesor Dumbledore lo que acabo de decidir.
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De acuerdo amo Potter pero déjeme informarle lo que el ex amo Black mandó decir a Kreacher antes de echarlo como una vil basura.
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Dime - soltó Harry suspirando con paciencia.
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El amo vendrá esta noche a visitarlo.
Tras decir esto el elfo dio un chasquido con sus huesudos dedos y se esfumó.
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Así que Sirius no soportó más que Kreacher continuara incordiando a Espina así que decidió regalártelo como castigo a él… ¡Vaya! sin proponérselo también te castigó a ti, es decir, ¿no era mejor darte otro regalo?
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Y sí que me envió otro regalo Ron - Dijo Harry extrayendo de uno de los paquetes que estaban sobre su cama un casco protector de quidditch con su nombre y una snitch grabados - Está genial.
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Si que lo está.
- ¿Y eso? - Preguntó Harry mientras Ron sacaba una cadena de oro con unas enormes y gruesas letras colgando a modo de dije que decían:
Amor mío
- Me lo envía Lavender - Dijo Ron mirando el dije con aprensión.
Harry prorrumpió en carcajadas mientras Ron fruncía el entrecejo.
Draco tenía el corazón oprimido por la tristeza y el miedo mientras franqueaba con su madre una enorme puerta de hierro forjado con dos aurores a cada lado. Los dementores habían abandonado la prisión pero detrás de si habían dejado un dejo de tristeza y soledad muy profundo. Ambos se dirigieron entonces hasta un puesto que al parecer era la recepción, allí estaba un mago castaño, gordo de bigote poblado que si Harry hubiese visto lo habría asociado enseguida con su tío Vernon. El mago parecía estar en alerta permanente, miraba a todos lados y no soltaba la varita.
- ¡Buenos días y feliz navidad! - Saludó el hombre a los recién llegados
- Señora Malfoy supongo que el muchacho ha de ser su hijo ¿No es así?
Narcisa enarcó una ceja al escuchar ese saludo y decidió no corresponderlo sino más bien ir al grano.
-
Si, lo es, necesita ver a su padre.
-
Por favor firme aquí señora Malfoy, ¡Ah! Y demás está decirles que deben dejar sus varitas aquí sobre mi escritorio - Indicó el auror mientras le hacía señas con la mano a un colega suyo - ¡Hey! Harold, ven aquí, conduce a la señora Malfoy y a su hijo a la celda 537 en la sección especial para mortífagos.
Esta última frase la dijo con cierto aire de regocijo que Draco odió. El auror que el encargado había llamado se acercó a ellos y comenzó a deslizar una barra de metal sobre Narcisa.
-
¡No toques a mi madre! - Sentenció Draco de inmediato.
-
Es un sensor de ocultamiento y es un procedimiento de rutina - Respondió el hombre - Ven aquí.
Draco no tuvo más remedio que exponerse a una revisión también, lo mismo que sucedía en Hogwarts cada vez que salían del colegio, por cuestiones de seguridad.
-
Esto es una vergüenza ¿Acaso creen que somos unos delincuentes? Siempre que vengo aquí es lo mismo - Se quejaba Narcisa mientras seguían al auror.
-
En Azkaban creemos que todo puede ser posible señora, la prueba salta a la vista, la sección a la que nos dirigimos está repleta de magos y brujas "respetables" que no rompían un plato pero que a la final resultó que habían roto la vajilla entera, su esposo también es un ejemplo de ello.
-
No te atrevas a mencionar a mi padre maldito auror - Espetó Draco que al no tener varita tomó al hombre por el cuello con una mano mientras que con la otra amenazó con darle un puñetazo.
-
¡Draco no! - Exclamó su madre nerviosa.
El hombre lo apuntó con su varita.
-
¡Suéltame! o me veré en la obligación de arrojarte un maleficio.
-
¡YA BASTA! ¡Draco suéltalo! Y tú ya deja de apuntar a mi hijo, no le harás daño.
-
Pues que se comporte entonces - Soltó el hombre - Sino tendré que expulsarlo de aquí.
Draco decidió que sería mejor tratar de guardar la compostura o de lo contrario no vería a su padre y tenía muchas ganas de verlo. Caminaron un rato más hasta que llegaron a una zona de celdas aunque aún les faltaba para llegar a la sección que buscaban.
- Aún faltan dos tramos de escaleras - Le explicó Narcisa a su hijo mientras se encaminaban entre las celdas con dirección a la escalera del fondo
- Esta es la sección de delitos menores.
Draco asintió pero al poco rato comenzó a sentir de nuevo aquella ira brotar de su interior cuando escuchó a uno de esos malvivientes referirse a su madre de forma atrevida.
-
¡Vaya! ¡Vaya! Mira que mamacita más hermosa nos ha llegado hoy ¡Ven a mi celda cariño! - Dijo un hombre vestido con túnica de rayas desde una de las celdas mientras los otros prisioneros reían.
-
¡MALDITO BSTARDO! - Gritó Draco con furia mientras se acercaba como toro en embestida a las rejas, dejando al hombre perplejo aunque más tarde rió al ver como el muchacho con expresión de impotencia trataba sin éxito de agarrarlo - NO TE ATREVAS A REFERIRTE A MI MADRE DE ESA FORMA.
-
No sabía que era tu madre pero de todos modos, si… está muy buena - Respondió el delincuente mirando a la señora Malfoy de arriba abajo mientras esta le lanzaba una mirada de asco ruborizándose.
-
Draco ¡ya basta! ven aquí hijo.
-
¡Atrás Jack! - Ordenó el auror con ímpetu mientras lo apuntaba con la varita - Y tú aléjate de las rejas muchacho, yo sabré contenerlo.
-
¡Sácame de esta mierda maldito auror! - Dijo el hombre señalándolo con un dedo.
-
Es el viejo Jack manos de seda, está aquí por cuarta vez acusado de robo en Diagon y Hogsmeade ¡Ah! Y también por tráfico y consumo de pociones ilegales y estupefacientes.
-
Esas acusaciones son infundadas - Respondió el hombre vestido con túnica de rayas desde dentro de su celda, jamás hice eso, Mundungus si, él si es un delincuente.
-
Aunque no tengo dudas de tus acusaciones para con Fletcher debo añadir que jamás lo hemos conseguido infraganti como a ti… en fin, ya cállate y quédate quieto que tengo trabajo que hacer.
-
¡SOY INOCENTE! - Gritó el hombre desde su celda mientras el auror y Narcisa se dirigían a las escaleras con Draco caminando detrás.
-
Ahora te crees muy gallito porque no hay dementores ¿No es así? Pues te puedo desmostar que los aurores hemos sido entrenados para imponer respeto y…- Dijo el auror deteniéndose.
-
Le agradecería que continuáramos por favor - Solicitó Narcisa mirando al hombre con repulsión.
De nuevo se pusieron en marcha hasta que llegaron a la sección especial para mortífagos. Draco divisó varios rostros conocidos que se asomaban anhelantes entre los barrotes queriendo tomar su mano. Rookwood, Musilver y Nott entre otros. Una sensación de desasosiego invadió al joven al verlos allí y una pregunta surgió de la nada ¿También él terminaría allí algún día?
Al fin llegaron a la celda de su padre y Draco sintió como el corazón poco a poco se le fue encogiendo de dolor al verlo allí, sentado en un catre de mantas raídas y grises, en actitud pensativa con los brazos descansando sobre sus muslos, la cabeza baja mientras sus cabellos rubios caían en desorden, revueltos y sucios. Vestía el uniforme a rayas de los prisioneros y sus manos entrelazadas se mostraban ásperas y sucias. Era la primera vez que Draco veía a su padre en mucho tiempo ya que por estar en Hogwarts no lo había visto el día que lo prendieron en el ministerio ¡Cuánto le dolió verlo así!
- ¡Lucius! - Lo llamó Narcisa con voz trémula que denotaba la enorme tristeza que ella también sentía al ver a su marido en esas condiciones - Traje a Draco.
Lucius se volvió con presteza y su mirada gris pareció iluminarse ante la visión de su familia.
- ¡Narcisa! - Musitó - ¡Draco!
Se levantó raudamente y se acercó a la reja estirando los brazos, estaba un poco más delgado aunque no tanto, su rostro estaba más pálido que de costumbre y una incipiente barba comenzaba a invadir sus mejillas y su mentón. Junto a la cama había un pequeño cartel con su nombre y su número de prisionero, "537" seguido de algunas runas.
-
¡Vinieron! - Exclamó con júbilo pese al tono apagado de su voz.
-
¡Papá! - Musitó Draco con tristeza.
-
Una hora - Sentenció el auror de custodia mientras abría la reja con su varita para que Narcisa y Draco entraran en la celda - Tienen una hora, estaré afuera, en los pasillos - Dijo antes de volver a cerrar la reja.
Ellos asintieron y Lucius se dedicó a abrazar a su familia mientras Narcisa se deshacía en llanto.
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¡Mira cómo estás amor! - Dijo sollozando la mujer - Te extraño tanto.
-
Pronto estaré afuera cariño, recuerda que tú misma me dijiste que el señor afirmó que me sacaría de aquí.
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Pero eso sólo si…
-
Si el trabajo se cumple - Completó Draco interrumpiendo a su madre mientras secaba sus lágrimas.
-
¡Ohh! Lucius, lo que pretende el señor es… una venganza, estoy segura
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Respondió Narcisa separándose de él - Ni siquiera él ha podido vencer a Dumbledore y ahora quiere que nuestro hijo…
Lucius permaneció callado por unos segundos pero luego añadió:
- Nos tiene en sus manos, al menos tendrás que intentarlo Draco.
El muchacho se encogió de hombros con resignación.
-
No tengo otra opción - Dijo - Es eso o… ustedes… no quiero perderlos, mi vida se vino abajo, ya no podré cumplir mis propios sueños, sólo perseguir un objetivo que no es el mío sino el de él.
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Lo sabíamos desde un principio Draco - Le dijo su padre - Nunca fuimos ni seremos libres, los Malfoy nacimos para servirle.
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¿Y de qué nos sirve? Sólo mírate padre.
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Estoy aquí por culpa de Potter, de ese maldito mocoso.
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Es lo único que me motiva de todo esto, que el señor tenebroso acabe con él, sólo que Emily…- Dijo Draco.
-
¿Cómo está ella?
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Bien, feliz - Respondió el muchacho - Ni siquiera sospecha que el profesor Snape también es uno de nosotros.
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Yo nunca quise que ella me odiara, es una rebelde y una… traidora a la sangre, pero es mí ahijada - Respondió Lucius con una sonrisa triste.
-
Ella me odiará a mí también cuando…
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Pero tienes que hacerlo hijo - Lo interrumpió su padre tomándolo de los hombros mientras lo miraba a los ojos - Tienes que lograrlo para sacarme de aquí y para que restablezcas nuestra honra ante el señor, no lo dudes Draco, sólo hazlo.
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Estoy tan asustada - Soltó Narcisa sin dejar de sollozar - Él se defenderá... si tan sólo pudiéramos mandar al diablo al señor…
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¡Shhhh! La hizo callar su marido colocando con presteza la mano sobre sus labios -No digas eso Narcisa, si alguien te escuchara - Con la mirada señaló las celdas del frente donde Nott y Rookwood conversaban echándole miradas de vez en vez a la familia - Podrían decírselo al señor tenebroso y estaríamos perdidos.
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Únicamente quiero que volvamos a estar juntos Lucius, que volvamos a ser la familia que éramos.
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Y lo lograremos si el señor triunfa - Respondió Lucius.
Draco se quedó pensativo, no creía que aquella afirmación hecha por su padre tuviera algo de verdad pero sentía que no tenía más opción que ayudar a Voldemort a subir al poder, pues si bien no garantizaba la libertad de su familia ya que tendrían que vivir subyugados a él, al menos garantizaría su vida y a su vez lograría frustrar los planes de Potter a quien odiaba con todo su ser, lo único que lamentaba era que Emily estuviera de por medio.
Emily y Severus llegaron por la tarde a casa de los señores Smith la cual estaba regiamente ataviada con adornos de navidad y un enorme abeto que perfumaba el vestíbulo.
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¡Feliz navidad! - Exclamó Emily saludando a sus padres mientras le entregaba a su madre una cajita de terciopelo que contenía una gargantilla y una botella de un Cabernet Mastrantonio de los más antiguos a su padre.
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Gracias hija ¡Que honor recibirlos! - Respondió su padre besándola en la mejilla.
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¡Bienvenidos! - Exclamó la señora Smith mientras Severus le besaba la mano para saludarla - ¿Cómo están las cosas por Hogwarts?
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Bien - Respondió Emily - Allá estamos protegidos ¿Y en el ministerio? ¿Qué tal van las cosas por allá?
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Un revuelo - Respondió el señor Smith - Es lamentable admitir que mi querido amigo Cornelius lo dejó todo hecho un desastre en cuanto a la seguridad. Scrimgeour está haciendo grandes esfuerzos por llenar los huecos que dejó la antigua gestión.
Los esfuerzos que el ministerio de magia estaba haciendo para hacer parecer que lo tenían todo bajo control habían llevado al propio Scrimgeour a la Madriguera a hablar con Harry para ofrecerle que visitara de vez en vez el ministerio para que la gente pensara que estaban trabajando en conjunto y se sintiera segura ante su fama de ser el Elegido.
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La semana pasada arrestaron a otro mortífago - Añadió la señora Smith y a Snape le entró curiosidad ¿De quién se trataría? - Un tal Stan Shunpike.
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¿El mismo del autobús noctambulo, el cobrador? - Inquirió Emily - Sólo lo he visto como un par de veces pero no creo que ese chico sea un mortífago.
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En realidad nadie lo cree pero Scrimgeour tal vez sólo quiere hacer creer… en fin, mejor pasemos al comedor ¿Si? - Solicitó el señor Smith amablemente.
Tanto Emily como Severus estaban agradecidos de que la cena se llevara a cabo sin la molesta compañía de Gertrude Smith quien, según los señores Smith, se encontraba visitando a unas amigas suyas en Gales.
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¡Hmmm! Delicioso aroma el de este Cabernet querida ¡Gracias! - Dijo el señor Smith olfateando el corcho que recién le había quitado a la botella que su hija le regaló.
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Y ni que decir de su sabor - Añadió Severus - Es de una de las cosechas más antiguas, aquellos viñedos son una maravilla.
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Si, se nota - Dijo el señor Smith - Y… ¿Qué tal ustedes dos? ¿Cómo les va en su vida de casados?
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De maravilla papá - Contestó Emily recostando su cabeza en el hombro de su esposo - Severus me hace muy feliz.
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Así que has cumplido con la promesa que me hiciste ¿Eh Snape? - Respondió el señor Smith llenando su copa con el vino.
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Así es señor Smith - Yo siempre cumplo lo que prometo.
Esta última aseveración Severus la dijo con un poco de amargura ya que no podía dejar de pensar en la promesa hecha a su gran amigo y mentor, aquella que a su vez refutaría la que le hizo al hombre que tenía frente a sí ofreciéndole una copa de vino, porque al momento de cumplir con su palabra sumiría a Emily en el dolor más profundo que jamás en su vida había experimentado.