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El Pocionista y la Cantante — capítulo 55
En la paradisíaca residencia de Boris Coster y Donatello Mastrantonio en Verona, Italia, la familia Richarson degustaban el tradicional té inglés mientras comían pastelillos de moca, la idea había sido de Boris que sentía nostalgia de su tierra y suponía que la familia Richardson también. Ellos lo tomaron a bien e incluso lograron pasarse a gusto aquella tertulia.
Sin embrago, Espina con los ojos vidriosos no dejaba de revisar la sección "Internazionale" del diario Il Messaggero. Revisaba cada artículo con el corazón oprimido dentro del pecho y se sobresaltaba cada vez que leía las palabras: Che non deve essere nominato (El que no debe ser nombrado) o Mangiamorte (mortífagos) porque temía leer acerca de los estragos que de seguro estos cometían a diario en su país. Sentía pánico por Emily y los chicos que la acompañaban pero también por Sirius y su carácter impetuoso, se sentía impotente.
La muchacha dejó al fin el periódico para dedicarse a contemplar el cielo con aire taciturno desde la ventana del vestíbulo, intentando reprimir las lágrimas. Sus padres la contemplaron con comprensión y tristeza a lo lejos.
-
Me duele tanto verla así - Comentó el señor Richardson.
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Está sufriendo mucho - Contestó su esposa - Sólo espero que Sirius sepa cumplir su promesa y no se exponga de forma innecesaria.
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¿Pero y si lo es?... me refiero a ¿Si es necesario que se exponga y entonces?...
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¡Ay Por Dios! Ya deja de decir tonterías Steven - Se quejó la señora Richardson.
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Es sólo que me dolería ver a Brithaney devastada Lucy - Objetó su esposo - Y además, yo lo lamentaría también por Sirius a quien le tenemos gran aprecio.
-
Yo pensé que ella se distraería aquí - Añadió Boris - Pero se nota que la angustia la está matando.
- Ieri (Ayer) cuando estuvimos en los vigneti**de la mía familia (los viñedos de mi familia) parecía animada - Añadió Donatello mirando a la muchacha mientras se terminaba su taza de té.
-
Y lo estaba - Respondió la señora Richardson - Pero a ratos se acordaba de la situación, es que es algo duro, no sólo para ella, también para nosotros.
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Nos sentimos exiliados - Agregó Steven Richardson
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Fugitivos, tenemos que escondernos aunque no hayamos cometido ningún delito.
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No, no se preocupen - Terció Boris muy comprensivo colocando una mano reconfortante sobre el hombro de la señora Richardson - Sé que es algo duro pero aquí no tienen por qué sentirse "exiliados" o "extraños" esta es su casa y Donatello y yo los hemos recibido con mucho gusto, son nuestros invitados de honor y se han de quedar aquí hasta que toda esta pesadilla termine.
-
Lo sé y no saben cuanto lo agradecemos mi esposa, mi hija y yo - Respondió el señor Richardson que para esas alturas ya se había acostumbrado a la idea de que ese par de caballeros compartieran la vivienda como si de un matrimonio se tratase.
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No es nada, sólo lamento que el señor Tonks haya rechazado la oferta - Dijo Boris colocando su taza vacía sobre la mesita del té.
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Según entendí, el padre de Nymphadora es bastante obstinado - Añadió Donatello - No aceptaría tener que huir así como así.
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Pero corre mucho peligro allá afuera, las últimas noticias que obtuve de Tonks fue que su padre al final tuvo que huir, afortunadamente antes de que los agentes del ministerio registraran la casa en su búsqueda - Dijo Boris.
-
No quiero ni imaginar qué hubiese pasado si Brithaney hubiese estado allí - Comentó Lucy Richardson con horror - Sólo por ser nuestra hija la pobre ha tenido tantos problemas.
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No se acongoje por eso Signora Richardson, todo va volver a la normalidad - Trató de consolarla Donatello.
Boris se levantó de su asiento y se dirigió hacia Espina para ofrecerle una taza de té caliente junto con un pastelito de moca y se conmovió al ver que la muchacha secaba en ese momento el rastro que habían dejado un par de lágrimas de dolor e impotencia.
-
Ten, dicen que el azúcar ayuda a levantar los ánimos.
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Gracias - Respondió Espina aceptando la oferta con resignación, no deseaba hacerle un desaire a su amigo.
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Por favor Espina, a todos nos duele verte así, tan marchita, ni pareces tú.
-
Estoy muerta de miedo Boris ¿Cómo quieres que reaccione? Y Tonks también está angustiadísima por su padre, Emily y los chicos por ahí quien sabe donde, buscando quien sabe qué, a merced del peligro al igual que los demás miembros de la Orden, las chicas de la banda, Jeremy y Kevin también… Todos, absolutamente TODOS están haciendo algo por cambiar la situación mientras yo estoy aquí tomando té con pastelillos Boris…
-
Sé que es difícil pero es un mal necesario Espina, al menos gracias a tu sacrificio has podido rescatar a tus padres.
La voz de Boris se tornó ronca y al contemplarlo a los ojos, Espina notó que estaban vidriosos, no había ni un ápice de ese Boris gracioso y dicharachero que siempre la hacía reír con sus comentarios. Ella al igual que las chicas de la banda estaban en conocimiento del asunto de la muerte de los padres del estilista a manos de los mortífagos y no pudo evitar sentirse más desdichada por él, aunque reconocía que debía sentirse agradecida con el hecho de que ella si pudiera conservar a sus padres.
-
¡Ay! cómo quisiera acabar yo misma con ese hijo de puta - Terció Espina recostado su cabeza en el pecho de su amigo - Nos ha quitado todo.
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No, no nos lo ha quitado todo, aún nos tenemos los unos a los otros y en la unión está la fuerza, aunque no podamos luchar desde aquí, el hecho de mantenernos a salvo es un aporte o si no ¿Qué crees que haría Sirius si tú murieras a manos de los mortífagos? ¡Niña! Quizá se suicidaría cual Romeo ante su Julieta. ¡Me muero, me muero, me muero!
Espina no pudo resistirlo, así que su sollozo se convirtió en una escueta risa con el comentario de su amigo que volvía a ser el de siempre.
En Hogwarts, Ginny, Luna y Neville se encontraban llevando a cabo una difícil misión que se trazaron desde hacía unos días. Simplemente les parecía absurdo que la espada de Godric Gryffindor permaneciera en el despacho de Snape por más que ahora fuese el director. Él no era un Gryffindor, distaba mucho de serlo, no tenía honor y además era un vil asesino. Asimismo, según el testamento de Dumbledore, la espada le pertenecía a Harry por derecho. Con el sombrero seleccionador no tenían opción, después de todo era esencial su presencia en el despacho para el sorteo de los nuevos alumnos en los años venideros pero la espada tenía que salir de allí, aunque siendo francos, no creían que Snape durara mucho tiempo como director, creían de forma ferviente que Harry Potter lograría derrotar a Voldemort.
Neville fue el de la idea de reunir nuevamente a los miembros que quedaban del ED, después de la tortura llevada a cabo por Julieth en el gran comedor el día del banquete, del castigo (que aún le parecía absurdo viniendo de Snape) y de todas las torturas y golpes que había recibido por parte de los hermanos Carrow en clases y sobre todo de haber visto como maltrataban a los alumnos más jóvenes, obligando a los mayores a practicar Crusiatos y otros tipos de maleficios sobre los indefensos.
No lo pensó dos veces, así que se valió de las antiguas monedas que Hermione había encantado para comunicarse durante aquellas reuniones y de esta forma logró convocar a los alumnos. Hubo unos que no acudieron a su llamado por temor pero muchos otros si estuvieron dispuestos, sobre todo Ginny y Luna que también se dispusieron a liderizar los movimientos del nuevo ED.
En su labor, introdujeron animales peligrosos en los despachos de los Carrow y de Julieth, pintaron consignas antivoldemort en las paredes y también en apoyo a Harry Potter, el niño que vivió. Pero esta vez quisieron ir más allá…
Durante una conversación de los tres lideres revoltosos en el gran comedor a la hora del desayuno, convinieron en que a la hora del almuerzo entrarían al despacho del director a robar la espada, jamás intuyeron que el propio Snape, tan sagaz como era, hace mucho tiempo que sospechaba que ellos tres estaban directamente involucrados en todos aquellos "actos vandálicos" como los llamaba Julieth, así que se dedicó a vigilarlos de forma discreta valiéndose de sus dotes de espía.
Esa tarde, Ginny, Neville y Luna quienes también eran conocidos entre los miembros del ED como El trío de plata, lograron penetrar en el despacho de Snape aprovechando que éste se encontraba "Almorzando"
-
¿La tienes? - Preguntó Luna atenta a la puerta del despacho.
-
Si, ya rompí el nicho ¡Ayúdame a quitar los cristales Ginny!
La pelirroja se puso manos a la obra mientras varios de los retratos allí presentes condenaban el hecho.
-
¡Eso es una abominación! - Reprobó Phineas Nigellus - No pueden robar semejante reliquia, no señor.
-
Lo lamento profesor Dumbledore - Se excusó Neville mirando el retrato del ex director aunque este en ningún momento lo increpara por lo que estaba haciendo.
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No lo lamentes Longbottom, sé que tus intenciones así como las de la señorita Weasley y la señorita Lovegood son las mejores, pero se están arriesgado mucho.
-
No quiero ni imaginar lo que sucederá si el director Snape entra por esa puerta - Añadió Nigellus.
-
O esa mujer que ahora es subdirectora - Agregó una bruja de tirabuzones en su cabello, recostada de su marco con una expresión de horror.
-
¡Listo, tómala Neville! - Exclamó Ginny - Debemos hacerlo profesor Dumbledore, Snape no la merece.
-
El profesor Snape - La corrigió Phineas Nigellus desde su marco.
-
Preferiría llamarlo "Canalla" - Espetó la pelirroja.
-
¡Dense prisa! no perdamos más tiempo y salgamos de aquí - Apremió Luna extrayendo la varita de uno de los bolsillos de su túnica.
Pronto se pusieron en marcha, salieron del despacho y bajaron la escalera, pero justo cuando la gárgola se hizo a un lado para dejar salir a los tres, se encontraron con nada más y nada menos que la figura de Severus Snape plantado frente a ellos y para colmo de males venía acompañado de la insufrible Julieth Malfoy que los miraba de hito en hito sin poder dar crédito a lo que veía.
-
¿No es esa la maldita espada de Gryffindor? Si, es esa, la he visto en el nicho de tu despacho muchas veces y tú mismo me dijiste que lo era.
-
Lo es - Confirmó Snape de forma escueta mientras a los tres héroes se les caía el alma al piso.
Con la impresión, Ginny intentó tomar la espada, no supo por qué tuvo esa reacción pero simplemente obedeció al impulso de intentar resguardarla, aunque en el fondo estaba consciente de que era ya una tarea imposible de cumplir. Sin embargo, al intentar tomarla lo hizo por la hoja provocándose un corte aunque no demasiado profundo en los dedos.
-
¡Malditos infelices! - Exclamó Julieth sacando su varita.
-
Esto es asunto mío - Espetó Snape con vehemencia colocando la mano sobre la punta de la varita de la mujer para hacer que la bajara.
-
Pero…
-
Soy el director y por lo tanto me compete a mí.
-
Van a pagar muy caro semejante osadía - Espetó Julieth sonriendo con maldad al mirar a los tres chicos que en cambio le devolvieron una mirada desafiante.
-
¡Vete! - Ordenó Snape y Julieth se retiró luego de encogerse de hombros.
Luna, Ginny y Neville elevaron el rostro con gallardía, en el fondo temían que Snape los asesinara allí mismo, tenía el motivo perfecto pero por nada del mundo implorarían clemencia. Snape por su parte se quedó mirando la espada en la mano lastimada de Ginny, suspirando de alivio internamente por el hecho de que aquella fuese sólo una réplica.
-
¡No la toque! - Espetó Neville al ver que Snape tomaba a Ginny del brazo.
-
¡Cállate Longbottom! - Espetó Snape tomando la espada con una mano y con la otra la mano de Ginny que aunque tenía la varita en su bolsillo, debido al pánico, no tuvo idea de qué encantamiento conjurar en contra de Snape - Tú Weasley, será mejor que vayas a la enfermería para que Pomfrey te cure esa herida, no es muy profunda pero debes ponerle atención - Dijo examinando la lacerarción de la muchacha.
-
Esa espada no le pertenece a usted - Dijo Luna con gallardía, mirando la espada con frustración - Le pertenece a Harry Potter, es suya por derecho.
-
No pedí tu opinión Lovegood - Sanjó el profesor - Será mejor que regreses a tu sala común y lo mismo va para ustedes dos, los veré en mi despacho después de la cena y les advierto… que no deben buscar lo que no se les ha perdido.
Neville y Luna muy sorprendidos, ya que el hombre no sólo no los lastimó como esperaban, sino que además tuvo conmiseración de Ginny que sangraba de forma abundante por su herida, luego se sorprenderían aún más con el castigo que Snape les iba a imponer.
Mientras tanto, el nuevo director volvió a ingresar en su despacho, se acercó corriendo al retrato de Dumbledore y como si se tratase de una puerta lo hizo a un lado hallando allí dentro la verdadera espada de Gryffindor. Por instinto acarició la hoja con la yema de los dedos, quizá para asegurarse de que no se trataba de un espejismo.
-
Sigue allí hijo, no tienes de qué preocuparte - Se escuchó la voz del ex director Dumbledore.
-
Lo sé Albus pero todo esto me tiene los nervios de punta, esos chicos están cada vez más osados, Longbottom ya no es ni la sombra de lo que antes fue - Respondió el pocionista colocando el retrato de nuevo en su lugar para luego colocar la réplica de la espada sobre el escritorio.
-
Todos cambiamos con el tiempo Severus, nos volvemos más fuertes ¿no es así?
No hubo respuesta.
-
Creo que se está acercando el momento de que Harry tome posesión de la espada - Añadió Dumbledore atrayendo la atención de Snape.
-
Ni siquiera sabemos dónde rayos están - Respondió el hombre.
-
Phineas podría ayudarnos con eso, recuerda que se encuentra con ellos también, él mismo nos lo dijo.
Al escuchar aquello, sin poder evitarlo, los ojos del pocionista se abrieron con avidez, Dumbledore tenía razón, Phineas Niguellus desde su otro marco viajaba con ellos. Quizá en algún momento el personaje del retrato pudiera darle una pista que le sirviera para poder encontrarlos y entonces…
-
Y asimismo saben perfectamente bien que esa chica sangre sucia me tiene encerrado en su bolso, cada vez que voy allí sólo veo oscuridad
-
Espetó el ex director Black desde su marco con los brazos cruzados.
-
No te refieras a ella de esa forma tan peyorativa Phineas - Lo increpó Dumbledore.
-
Pues tendrás que prestar mucha atención a cada detalle si alguna vez te saca del bolso - Añadió Snape - Necesito encontrarlos.
-
Te recuerdo que el único objetivo de ese viaje debe ser exclusivamente para hacerle llegar de alguna forma la espada a su legitimo dueño Severus - Dijo Dumbledore mirándolo con conmiseración- Bajo ningún concepto puedes permitir que te vean allí o hacer algo que pueda delatarte y además tus verdaderas intenciones, debes guardar la calma.
-
¿Hasta cuando Albus? ¿Hasta cuando debo ser paciente? - Preguntó el hombre esbozando una pequeña mueca de dolor al notar cierto escosor molesto en el antebrazo izquierdo pero la rabia le impedía prestarle demasiada atención al hecho - He guardado bastante la calma hasta ahora, te he ayudado a ciegas, sin tener idea de lo que pretendes, soportando el hecho de que no confíes en mí.
-
No es por desconfianza, ya te lo he dicho muchas veces, es sólo que estás en constante contacto con él y quizás en algún momento el hubiese podido…
-
Él no puede franquear mis barreras Albus, no soy como el inútil de Potter, tengo mis métodos, él sólo puede tener acceso a lo que yo le permita sin que lo sospeche ¿Por qué te empeñas en subestimarme?
-
Si te subestimara no hubiese confiado en ti para todo lo que has hecho y tampoco para lo que harás - Respondió Dumbledore mirando el antebrazo del hombre que se sujetaba con más energía, de nuevo sin advertir el por qué de semejante molestia.
-
Sólo intentaba protegerte, no quería que al estar tan cerca de él pudiera lastimarte a causa de extraerte información.
-
No hay forma de que me descubra Albus.
-
Te está llamando ¿No es así?
Tras las palabras de Dumbledore, Snape por fin cayó en la cuenta de lo que sucedía, de modo que apretó los labios y suspiró con resignación mientras asentía.
-
¿Qué demonios será lo que quiere ahora?
-
Algo me dice que tiene que ver con la espada - Masculló Dumbledore - De alguna forma se habrá enterado de que intentaron hurtarla ¿Estabas con alguien cuando los descubriste?
Severus guardó silencio mientras miraba al piso con una expresión pétrea.
-
¡Julieth! - Exclamó - Ha de haber sido ella.
-
Será mejor que le lleves la réplica entonces - Determinó el antiguo director mirando la superficie del escritorio donde yacía la espada - Que crea que te adelantaste a su petición de llevársela aprovechando su llamado.
-
¿Para qué la quiere? - Preguntó Snape - ¿Para qué la necesita Potter?
-
También creo que ha llegado el momento de que tú estés enterado de todo hijo… de este lado uno se vuelve más perceptivo y de alguna forma sé que el momento está cerca.
Severus volvió a mirarlo con una expresión de asombro.
- Antes de entregarle la espada a Harry debes estar enterado de cual será el destino del chico, te prometo que lo sabrás pero antes debes acudir al llamado, se nota que tiene urgencia - Dijo Dumbledore notando como, por la expresión de Snape en su rostro y la forma de frotarse el antebrazo, era evidente que la marca grabada a fuego sobre su piel le escocia terriblemente.
Snape, con el corazón palpitando de expectación, tomó la espada de encima del escritorio, se acercó a la ventana y se desvaneció convertido en un humo negro que se deslizó por el aire materializándose de nuevo frente a las verjas de los Malfoy.
Como en otras ocasiones fue recibido por un asustadizo elfo domestico y conducido por él hasta el vestíbulo donde ya estaban reunidos los Malfoy y los Lestrange.
Voldemort estaba parado en medio de la sala, rodeado por Lucius, Narcisa, Draco y Julieth Malfoy, además de Bellatrix y Rodolphus Lestrange. La fiel Nagini estaba a los pies de su amo, las pupilas enrojecidas de Voldemort no pudieron evitar posarse en lo evidente…. La fantástica espada que Severus Snape sujetaba sobre las palmas de las manos en actitud de ofrenda. Julieth permanecía a un lado de Voldemort con una mirada triunfante.
-
Él la rescató para usted señor, yo supuse que usted querría poseerla ya que nos dijo que estuviésemos atentos a todos los símbolos de Hogwarts para que no intentaran vulnerarlos.
-
Al fin haces algo de mi agrado Malfoy - Respondió Voldemort mirándola con una sonrisa macabra, Rodolphus rió pero Bellatrix Lestrange fulminaba con la mirada a la prima de su cuñado.
-
¡Déjame verla Severus! - Exclamó Voldemort elevando la palma de su mano.
-
Pensé que usted querría tenerla consigo mi señor
-
Dijo el pocionista bajando la cabeza en una ligera inclinación sintiendo asco de si mismo por aquella actitud aunque la creyera necesaria para ganarse la confianza de ese ser repugnante que tenía frente a si.
-
Y no te equivocaste para nada - Masculló el hombre tomando la espada que Severus le ofrecía, mirándola con avidez, sopesándola entre sus manos níveas y admirando su brillo - De hecho, te llamé por esa razón, pero no me sorprende para nada que te hayas adelantado a mi petición, te has caracterizado siempre por tu eficiencia y lealtad.
-
Yo también le he sido leal mi señor - Intervino Bellatrix ahora fulminando con la mirada a Severus.
-
Pero no eficiente - Respondió Voldemort - Tú, junto a Lucius perdieron la profecía ¿acaso lo olvidas?
-
Eso me pesó mucho más a mi que a usted amo - Respondió la bruja encogiéndose de hombros.
-
Sin embargo, ahora tú y el inútil de tu marido podrían servirme de mucha ayuda - Añadió el señor tenebroso.
-
¿Nosotros? - Preguntó Bellatrix con emoción y una sonrisa en su rostro.
-
Haremos lo que sea - Agregó Rodolphus encantado de poder ser útil.
-
Necesito que mantengan esto escondido en su cámara de gringotts.
-
Lo haremos señor, si es lo que quiere, lo haremos
-
Respondió Rodolphus - Pero… ¿Para qué la quiere? Es basura Gryffindor.
-
No es tu problema - Espetó Voldemort con un tono de voz seco mientras Bellatrix le enviaba una mirada de desprecio a su marido.
-
No le haga caso amo, haremos lo que usted ordene
-
Dijo Bellatrix extendiendo la mano para que Voldemort le otorgara la espada pero el mago tenebroso la devolvió a las manos de Snape.
-
Necesito que tú la lleves y hables con los duendes, advierteles de su importancia - Ordenó el mago tenebroso - Ustedes dos entregenle la llave.
Rodolphus rebuscó dentro de los bolsillos de su túnica hasta que halló la llave, luego con una expresión adusta se la otorgó a Snape que la recibió con resignación.
-
¡Malditos mocosos! - Espetó Voldemort riendo con suficiencia - ¿Acaso creían que iban a salir airosos?
-
¿Quiere que los mate amo?- Preguntó Julieth con avidez.
-
El hecho hasta sería una perdida de tiempo - Intervino Snape - Se trata de unos adeptos de Potter, alegaron que la espada le petenecía al chico por derecho, sólo la querían por esa razón pero son unos inútiles, me aseguraré de que tengan un castigo ejemplar.
-
Dejo el asunto en tus manos entonces… literalmente - Dijo Voldemort mirando la espada en las palmas del director de Hogwarts - ¡Buen trabajo Julieth, Severus! Hasta pronto.
-
Yo misma puedo llevar la espada - Espetó Bellatrix furiosa una vez que su amo se hubo marchado.
-
Ya escuchaste al señor tenebroso Bella - Dijo Snape - Luego de la incursión al ministerio de magia ya no confía en Lucius ni en ti como antes solía hacerlo.
-
Todo es por culpa de este inútil.
-
Ten más respeto cuando te dirijas a mí - Soltó Lucius Malfoy fulminandola con la mirada.
Draco negó con la cabeza y se marchó a su habitación. Siempre era lo mismo, discusiones, reproches y demás situaciones que le ponían los nervios a flor de piel, sobre todo cuando de vez en vez llevaban algún prisionero a la casa para interrogarlo en la mazmorra del sótano donde se encontraba desde hacía un año el viejo Ollivanders.
El muchacho se apartó a su habitación para hacer la única cosa que lo calmaba en aquella situación de estrés, tocar la armónica que Emily le regaló por navidad una vez, tocaba con la mirada puesta en el horizonte mientras las lágrimas se escurrían por su rostro. Ya casi no tenía contacto con Crabbe y Goyle, salvo en las ocasiones en que estos llegaban a la mansión por orden del señor tenebroso para algún encargo especial, los padres de Pansie le prohibieron a ésta verse con él al enterarse de que Voldemort visitaba la casa ya que pensaban que podía ser peligroso y Draco lo creía mejor así, para ser franco se alegró cuando la chica le dijo que tenían que terminar su ya casi inexistente relación, pero lo que de verdad le dolía era el haber perdido a Emily, su amistad que iba más allá de todo lo que hasta entonces creía que definía la palabra. De verdad la sentía una hermana mayor, ella era su contención, su consuelo ¡Cuanto extrañaba sus palabras!
- ¡Te necesito!- Expresó mirando el brazalete de amistad que desde que ella le regaló jamás se quitaba, sin sospechar que ella ya no usaba el suyo aunque no se atrevió a deshacerse de él por completo.
Posteriormente tomó el relicario que pendía de su cuello (que también se lo había regalado su amiga) y lloró amargamente.
Varios días pasaron desde el incidente de la espada y el llamado trío de plata aún no salía de su asombro al recordar que el castigo de Snape sólo había consistido en visitar el bosque prohibido a media noche en compañía de Hagrid.
Durante aquella excursión además de buscar las ramitas de una planta mágica con la que el guadabosques elaboraba el alimento para los escregutos, también escucharon las explicaciones que Luna hizo sobre cada animal mágico que encontraron en su camino.
Pero el hecho del intento de robo de la espada no llegó a oídos de Harry, Ron, Hermione y Emily hasta aquella tarde nublada mientras terminaban de comer unos pescados que Harry había atrapado y las chicas cocinado. Ron se quejaba de la falta de sal y Hermione lo increpaba por su queja alegando que ella y su amiga lo habían cocinado lo mejor que pudieron.
- Además - Añadió Emily, quien en ese momento llevaba colgado el guadapelo de Slytherin - ¿Por qué razón somos Hermione y yo las que siempre terminamos en la cocina? ¿Sólo porque somos las chicas? Estoy harta de cocinar, la próxima vez tú prepararás la comida a ver si te sabe mejor, por lo menos Harry los capturó pero ¿qué haz hecho tú? Sólo quejarte, pero aún así te tragaste varios ¡mocoso mal agradecido!
-
No ayudé a Harry porque Hermione me sugirió que me quedara aquí, ya me siento muchísimo mejor pero ella insistió.
-
¡Ya cállate Ron! me tienes harta. Lo único que deseo en estos momentos es encontrarme a uno de esos malditos mortífagos para asesinarlo con mis propias manos o incluso al propio Vold….
-
¡NO!.. pronuncies su nombre - Rebatió Ron con el rostro pálido mientras Hermione y Harry contemplaban atónito la discusión y la extraña actitud de la cantante que siempre se había mostrado cariñosa - Su nombre es tabú ¿Cuántas veces más tendré que decirlo?
-
Será mejor que dejes de usar el guardapelo Emily
-
Dijo Hermione acercándose a la rubia pero ella se echó para atrás exasperada.
-
¡No! Déjalo donde está, es sólo que estoy enojada por esta situación.
-
Puedes marcharte cuando lo desees Emily, no estás obligada a permanecer aquí - Dijo Harry con voz queda.
-
De ninguna manera, quiero quedarme aquí, quiero matar a Severus yo misma, a él y a los demás hijos de P…
-
¡Emily, ya basta! - Espetó Hermione tomando hábilmente el guardapelo con ambas manos, pasándolo por encima de la cabeza de la cantante para retirarlo - No es bueno que lo uses, te afecta demasiado.
-
¡Dámelo! - Exclamó Ron haciéndole una seña con la mano.
-
No creo que sea una buena idea - Dijo Emily tomándose el cuello con las manos - Gracias Hermione, perdóname Harry y tú también Ron pero no creo que debas llevarlo, recuerda que el otro día nos gritaste sólo porque te desperté de tu siesta para tomar el té.
-
¡Tonterias! - Dijo el pelirrojo sonriendo - No sé qué me pasó pero yo me disculpé con ustedes.
-
Harry también suele gritarnos cuando lo usa, sólo a mí no me afecta - Respondió Hermione.
-
Ni tanto, el otro día pateaste la silla donde habías estado sentada cuando te llenaste de frustración al no poder descifrar una runa - Espetó Harry sonriendo también.
-
Por eso es mejor no permanecer demasiado tiempo con él al cuello, esa cosa es aterradora - Completó Emily mientras Ron se colgaba el guardapelo.
Sin embargo, la conversación fue interrumpida cuando escucharon voces fuera de la tienda de campaña. Estaban amparados bajo el radio de protección que diariamente conjuraban pero eso no impidió que escucharan las voces de un par de duendes, Dean Thomas, un hombre llamado Dirk y el padre de Tonks, lo hicieron con la ayuda de una oreja extensible.
De esta forma se enteraron del intento de robo de la espada y además de que la misma era una falsificación, lo supieron porque Griphook y Gornuk, el par de duendes que acompañaban a Dirk, al señor Tonks y a Dean lo dijeron en medio de espasmos de risa.
Hermione de pronto creyó conveniente preguntarle a Phineas Niguellus acerca del hecho para averiguar también cual había sido el castigo impuesto por Snape. La castaña conjuró una venda para los ojos del hombre del retrato y de esta forma él no pudo comprobar donde se encontraban y tampoco quienes les hablaban aunque esto último lo dedujo.
-
¿Dónde están?
-
No es su problema - Respondió Harry.
-
¿Eres Harry Potter? - Preguntó el ex director reconociendo al muchacho.
-
Puede que si como puede que no - Respondió el aludido.
-
Sólo queremos saber todo acerca de la espada de Gryffindor - Añadió Emily.
-
Y tú eres esa muchacha obstinada con la que insólitamente se casó el actual director ¿Eh?
-
¡Maldición! - Masculló Emily haciéndose a un lado y decidida a no continuar hablando.
Por el ex director Black se enteraron del insólito castigo impuesto por Snape. Emily no lo dijo pero en ese momento una parte de ella se alegró de que él no hubiese lastimado a los chicos, no sólo por ellos sino también porque de alguna forma lo sintió como el mismo de siempre
Harry estaba aliviado de saber que nada les había ocurrido pero el instinto lo hizo tomar su mapa del merodeador para buscar en él a Ginny y después a Luna y a Neville. Una sonrisa se dibujó en su rostro al descubrir que Ginny se encontraba en la habitación de las chicas, Neville en la sala común y Luna en la biblioteca.
-
Hay algo que me ronda la cabeza desde hace rato - Espetó Emily - Algo con respecto a la espada… se imbuye de lo que la fortalece, al menos eso dijo Niguellus cuando tú le preguntaste si no habían sacado antes la espada para irla a limpiar Hermione, te dijo que las espadas hechas por duendes repelen la suciedad mundana y en cambio se imbuyen de lo que las hace fuertes, la espada no ha sido impregnada de otra cosa en los últimos años más que de la sangre del basilisco que Harry mató al final del segundo curso, recuerdo que mi abuelito me lo dijo en una de nuestras reuniones, por lo tanto…
-
¡Claro! - Exclamó Hermione - También yo lo deduje al escuchar a Niguellus y he estado pensándolo desde entonces.
-
¿Qué cosa? - Inquirió Harry.
-
Con la espada puedes destruir el guardapelo Harry, está imbuída en la sangre del basilico -Terció Hermione - Recuerda que tú destruiste el diario de Ryddle usando uno de los colmillos de ese repulsivo animal.
-
¡Es cierto! - Expresó el niño que vivió - Por lo tanto Dumbledore no me entregó la espada porque aún la necesitaba, no previó que Snape acabaría con él…
Tras estas palabras todo quedó en silencio y Harry no pudo evitar mirar a Emily que lucía taciturna.
-
Lo siento - Se disculpó.
-
Descuida - Terció la rubia - Lo importante es saber dónde se encuentra la espada ahora, la autentica.
-
No creo que esté en Hogwarts - Apuntó Hermione - Pero tal vez esté en la casa de los gritos.
-
No lo sé… ¿Qué opinas tú Ron?
-
¿Al fin se acordaron de mí? - Preguntó el pelirrojo con visible molestia - Al fin reconocen que aún existo.
-
¿De qué diantres estás hablando Ron? - Preguntó Emily confundida.
-
¡Tú cállate! Que al igual que yo sobras en esta habitación.
-
No entiendo por qué dices eso Ron - Dijo Hermione sorprendida.
-
¿Creen que no me doy cuenta de lo que sucede a mis espaldas? ¿De verdad me creen tan estúpido? Harry y tú se entienden Hermione.
-
¿Qué? ¿En qué te basas para asegurar eso Ron? ¡Quítate esa maldita porquería de encima! Te está haciendo alucinar - Espetó Emily avanzando hasta él para quitarle el guardapelo como Hermione lo hizo con ella hacía poco tiempo.
Pero Ron la rechazó dándole un ligero empujón que sorprendió a Harry, Hermione y a la propia cantante.
-
Los he visto juntos, conversando en voz baja ¡Por Dios Emily! No me digas que no lo has notado, se traen algo entre manos mientras yo estoy aquí perdiendo el tiempo sin saber nada de mi familia y sin que tú sepas algo de la tuya.
-
Emily tiene razón, el guardapelo te está haciendo alucinar porque Hermione y yo sólo somos amigos y lo sabes - Contestó Harry furioso mientras Hermione miraba a Ron con incredulidad y los ojos vidriosos, Emily la abrazó para contenerla - Y si tanto te molesta estar aquí pues puedes largarte, nadie te obligó a venir.
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Vine porque pensé que sabías lo que hacías, que Dumbledore te había dado una pista, algo…
-
SABÍAS PERFECTAMENTE QUE YO NO SABÍA NADA RON - Gritó Harry frustrado y dolido - No es fácil ser el elegido, ni siquiera quiero serlo pero es lo que me tocó y pensé que tú estabas dispuesto a ayudarme porque eramos amigos, jamás pensé que accedieras a venir sólo para vigilar a Hermione porque no confías en ella.
-
Claro que confiaba en ella y desde luego que accedí a ayudarte por gusto pero jamás imaginé que los dos fueran un par de traidores.
-
¡Basta Ron! - Espetó Hermione con voz trémula - Eso no es cierto… quítate el guardapelo ¡Quitártelo!
Pero el pelirrojo rechazó el contacto de su novia.
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A ti sólo te gusta llamar la atención, siempre fue así Harry Potter, no te importan los demás, nunca te importamos ni Emily ni Ginny ni mucho menos yo… ¡Claro! como siempre has estado solo.
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Ron, no digas más cosas de las que te puedas arrepentir - Advirtió Emily - ¡Quítate esa porquería ahora mismo!
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Es la verdad, sólo digo la verdad, a él no le importa nadie, poco le importó que mi hermana fuera enviada al bosque prohibido donde hay arañas gigantes, hombres lobo, centauros furiosos y otras cosas horribles.
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No es que no me importe, sólo me alivia que no haya estado sola, además Hagrid estaba con ellos.
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No te importa mi familia, Bill está lleno de cicatrices hechas por Fenrir Greyback, es una suerte que no haya habido luna llena ¿Y qué me dices de George? Se quedó sin una oreja en una misión por protegerte, pero ¿qué te puede a ti importar mi familia? no te importa porque eres huérfano y la poca familia que te queda te odia… sólo Sirius se preocupa por ti pero ¿eso de qué sirve ahora?
Tras escuchar aquello que dejó boquiabiertas a Hermione y a Emily, Harry se abalanzó sobre Ron, las chicas no podían creer lo que veían… Los dos mejores amigos se estaban golpeando.
Emily reaccionó al fin separándolos con ayuda de su varita mientras Hermione, por su parte conjuraba un encantamiento escudo que los mantendría separados a uno y a otro. Harry quedó del lado de las chicas y Ron quedó aislado hacia la entrada de la carpa.
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Ron, por favor quítate el guardapelo, no hubieses dicho esas cosas tan horribles si no lo llevaras puesto - Suplicó Hermione.
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Ella tiene razón - Añadió Emily socorriendo a Harry que sangraba por la nariz, colocándole una servilleta para absorber la sangre - Estoy segura de que él no quiso decir eso Harry.
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Que se vaya si tanto le molesta estar aquí… nada te detiene Ron, ve a casa a la seguridad de los brazos de tu madre.
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Pues es lo que haré - Respondió Ron tomando su mochila la cual siempre tenía preparada al igual que los demás por si debían huir de inmediato.
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¡Deja el guardapelo! - Ordenó Harry.
Ron se lo quitó para arrojarlo a los pies del niño que vivió.
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¿Y tú? - Le preguntó a Hermione que lloraba en silencio.
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¿Yo qué?
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¿Vienes o te quedas? A ti no te pregunto Emily porque sé de antemano que lo preferirás a él.
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Ron, por favor…
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¿Vienes o te quedas Hermione?
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Me… me quedo Ron y tú deberías hacer lo mismo, acordamos… de hecho prometimos acompañar a Harry.
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Lo prefieres a él - Masculló con dolor el pelirrojo antes de marcharse.
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No, Ron, ven ¿A dónde vas? ¡RON!
Hermione intentó correr tras él pero el encantamiento que ella misma había conjurado la mantuvo al margen mientras el muchacho salía de la tienda, pocos segundos después se escuchó una ligera explosión…
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¡Se marchó! - Exclamó Emily sorprendida.
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¡RON! ¡RON!
Hermione se dejó caer al suelo presa de espasmos de llanto. Emily se sentó en el piso para abrazarla y dejar que llorara en su regazo, no tenía palabras para decirle que pudieran consolarla, Ron había actuado como un canalla pero estaba segura de que todo había sido producto de los efectos del guardapelo, esa cosa afectaba demasiado a quien lo llevara puesto pero en especial atacaba al pelirrojo debido a su personalidad insegura.
Harry tampoco dijo nada, recogió el guardapelo del piso y lo colgó de la barra superior de una de las camas literas para luego dejarse caer en un sillón mirando al piso mientras se sentía morir por dentro…
Quizá Ron tenía razón, quizá a esas alturas ya debía haber acabado con el guardapelo y los demás horrocruxes pero no lo había hecho porque tal vez no sabía lo que hacía tal y como le hizo saber su amigo…Aquello fue un valde de agua fría así como escuchar de sus labios que dijera que a él poco le importaban Ginny y el resto de su familia cuando cada día pensaba en ellos y en todas las molestias causadas, jamás fue su intención que salieran lastimados, de hecho siempre insistió en viajar solo porque no quería que salieran heridos. Y lo que más le dolió fue que Ron lo creyera un asqueroso traidor, a él, quien siempre había visto a Hermione como a una hermana.
Un par de lágrimas de dolor y decepción emergieron de sus ojos mientras escuchaba los sollozos de Hermione que se aferraba a Emily como si de una madre o una hermana se tratase mientras ella le acariciaba el cabello.
- Volveremos a verlo Hermi, sólo fue por el guardapelo, estoy segura de que volverá - Dijo la cantante cuando el nudo en su garganta le permitió hablar, trataba de permanecer estoica.
Harry, Hermione y hasta ella misma rogaron al cielo porque esas palabras fueran ciertas y más temprano que tarde pudieran volver a ver al pelirrojo sano y salvo.
Nota de autora: ¡Hola a todos mis lectores! hace mucho tiempo que no dejo una de mis notas, me gustaría agradecer profundamente a todos ustedes que votaron por esta historia y también por su primera parte en el concurso de facebook Fandoms Awards con lo cual este fics así como la primera parte obtuvieron varios galardones, gracias por su constancia durante todo este tiempo, a los que siguen la historia desde que publiqué el primer capítulo, así como a los nuevos lectores que han llegado hasta aquí luego de leer todos los episodios de un tirón, muchas gracias por su dedicación.
Asimismo me gustaría felicitar nuevamente esta vez por este medio a mi querida amiga Cecilia (Rubi G) a quien admiro tanto, por haber obtenido varios galardones con una historia que recomiendo con todo confianza, garantizándoles que van a pasar horas de verdadero entretenimiento, tendrán garantizadas las lágrimas, las ganas de matar a alguno que otro personaje y también algunos suspiros de amor o ternura, les hablo de:
"Siete años en Hogwarts" y su segunda parte "Siete años en Hogwarts... el momento delas revelaciones"
Y ahora si, sin más que acotar me despido de ustedes, de nuevo agradecida por su apoyo a esta historia, hasta una próxima oportunidad que espero sea muy pronto.
saludos y besos de:
Hermaire