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El Pocionista y la Cantante — capítulo 57

Nota de autora: Este episodio va dedicado a mi amiga Rubí Galasanz, es el único regalo que puedo darte por haberte convertido en abuelita, Mil felicidades una vez más y desde aquí le envío muchas bendiciones a Dante y buenas energías para que continué creciendo y desarrollándose favorablemente. El episodio no es muy bonito que digamos pero espero que lo disfrutes cuando puedas leerlo en la tranquilidad de tu hogar junto a tu hija y tu amado nieto. Miles de bendiciones, te desea tu amiga que te quiere, respeta y admira tanto. 

Hermaire ;) 

Harry, Hermione y Emily salieron del cementerio, por sugerencia de Emily. Los dos chicos estaban amparados bajo la capa invisible, pese a que estaban protegidos ya por sus falsas apariencias gracias a la poción multijugos que los convirtió en muggles extraños.

Emily, con su apariencia de anciana, caminaba detrás de ellos con sigilo, guardándoles la espalda. Una extraña sensación se apoderó de ella en medio de aquella calle desierta y cubierta de nieve, le pareció que algo o alguien la observaba, de modo que se volvió en más de una ocasión para comprobar si sus sospechas eran ciertas, pero no observó nada fuera de lugar.

Todas las personas permanecían dentro de sus casas, entonando villancicos o cenando grandes banquetes mientras disfrutaban de las mieles de la felicidad que a ella se le había negado. No pudo evitar sentir un fugaz arrebato de envidia, sin embargo, continuó caminando con la frente en alto hasta que divisó algo que le llamó la atención…

A tan sólo unos metros hacia el frente, estaba una casa con el techo y parte del piso superior destrozado. A la cantante el corazón le dio un vuelco dentro del pecho en el momento en que escuchó una voz extraña, que no era más que la de Harry modificada por el efecto de la poción multijugos.

  • No hay dudas, esa debe ser mi casa.

  • La casa de los Potter - Susurró Emily con tristeza al contemplar con sus ojos ancianos y rodeados de arrugas, la prueba tangible de la destrucción de una familia a manos de un cobarde inescrupuloso con ansias de poder y un lamebotas traidor al que había amado con fe ciega.

Se acercaron más a la casa, y en la desvencijada verga encontraron un letrero que decía:

En este lugar, la noche del 31 de octubre,

Lily y James Potter perdieron la vida.

Su hijo, Harry, es el único mago

Que ha sobrevivido a la maldición asesina.

Esta casa, invisible para los muggles,

Permanece en ruinas como monumento a los Potter

Y como recordatorio de la violencia.

Que destrozó una familia.

Harry, sin salir de la capa, pasó los dedos por la superficie de madera del letrero, leyendo los mensajes que la gente había dejado para darle apoyo.

  • No debieron escribir ahí - Se lamentó Hermione.

  • No me quejo, todo lo contrario, es un gesto muy alentador.

Emily permaneció callada, miraba la puerta cerrada de la casa, la ventana cuya cortina polvorienta, ahora lucía raída a la luz del farol de la calle, en el interior no había luz, desde luego, pero la muchacha pudo imaginar con asombrosa claridad, a Lily Potter meciendo a su hijo entre sus brazos mientras su marido le relataba como había estado su jornada en el trabajo, al tiempo que el desgraciado de Snape los contemplaba con envidia desde esa misma ventana, tramando su plan diabólico de venderlos. ¿Qué culpa había tenido la pobre Lily Potter de no haberlo amado? ¿Por qué tuvo que ser tan cruel al dejar al pobre Harry sin padres? 

  • Harry, no sabes cuanto lo siento - Dijo Emily con voz trémula sin poder evitarlo.

Hermione sabía a qué se refería, pues Harry le había contado antes que a la cantante, que había visto en el pensadero de Dumbledore, a Snape escuchando la profecía detrás de una puerta en Cabeza de Puerco.

  • Lo sé Emily, pero ya no te preocupes.

  • Harry ¡mira! - Exclamó Hermione.

  • Por instinto, la cantante miró en todas direcciones y justo a su izquierda, descubrió a una mujer anciana mirando hacía la entrada de la casa de los Potter, no donde estaba Emily, sino un poco más adelante de ella, justo donde se encontraban Harry y Hermione bajo la capa invisible.

Era una mujer mucho más anciana de lo que aparentaba la cantante bajo los efectos de la poción. Era decrepita, encorvada y con una apariencia un tanto siniestra.

Harry y Hermione se quitaron la capa ante la sorpresa de Emily.

  • ¿Qué rayos…? 

  • Creo que es Batilda, Emily - Dijo Harry para tranquilizarla.

  • ¿Batilda Bagshot? - Inquirió la cantante.

  • Si, no parece una muggle - Añadió Hermione.

  • Pero… no lo sé, chicos, debemos tener muchísimo cuidado, tengan la mano cerca de la varita.

  • De acuerdo pero no exageres, ella podría saber algo sobre la espada de Godric Gryffindor - Respondió Harry yendo hacia la anciana que esta vez le hacía señas para que se acercaran.

A kilómetros de allí, Tonks se encontraba en labores de parto, estaba siendo atendida por su madre, Sasha, Gloria y la señora Weasley, mientras, afuera de la habitación de la metamorfomaga se encontraban Remus, Sirius, el señor Weasley y Espina que no tenía valor para entrar a la habitación y encontrarse con el montón de sangre que imaginaba que habría.

Remus estaba intranquilo, caminaba de un lado a otro, se pasaba las manos por el cabello resoplando con impaciencia. Pensaba en su esposa, la compadecía por el dolor que en esos momentos estaba pasando pero lo que más le preocupaba era la condición del niño que estaba naciendo. No importaba cuanto trataran de consolarlo, jamás se perdonaría a sí mismo si su hijo resultaba ser un licántropo. Si ese pequeño resultaba marcado por el maldito estigma de la licantropía, la culpa no sería de nadie más que suya.

  • ¡Ya cálmate lunatico! Vas a abrir una zanja en el piso de tanto ir y venir - Comentó Sirius riendo.

  • No es para menos, le está naciendo un hijo - Dijo el señor Weasley - Yo estaba igual de nervioso cuado nacieron mis hijos, sobre todo cuando nacieron los gemelos, la pobre Molly estaba muy pálida y perdió mucha sangre.

  • ¡Basta! Dejen de hablar de esas cosas que creo que me voy a desmayar - Se quejó Espina con el rostro pálido abanicándose con la palma de la mano.

  • ¡Vaya! ¿Y cómo harás cuando tengas los nuestros?

  • Bromeó Sirius rodeándola con un brazo - No eres tan ruda como pensé. 

  • Es que si él… si el bebé resulta como yo. 

  • Tú ya cállate lunático - Espetó Sirius - Ya hemos hablado de eso muchas veces, ya veremos que pasa y sea lo que sea, estaremos contigo.

  • No saben cuanto se los agradezco - Respondió Remus con sinceridad. 

  • ¡Ya casi Dora!  ¡Vamos, una vez más! - Se escuchó la voz de la señora Weasley desde el piso superior.

Y un par de minutos más tarde se escuchó también el potente llanto de un bebé. 

  • ¡Ya nació! - Exclamó Espina con emoción - Remus, ya eres papá ¡Felicidades! 

  • ¡Si, felicidades lunático! - Expresó Sirius con una sonrisa. 

  • Nada en el mundo puede explicar esa sensación ¿No? Miedo, incertidumbre, pero al mismo tiempo una inmensa felicidad que sería sufiente para conjurar un ejercito de Patronus

  • Dijo el señor Weasley mientras abrazaba a Remus y este experimentaba los sentimientos que acababa de describir su amigo - ¡Felicidades!

  • Muchas gracias - Respondió el licántropo.

  • ¿Qué esperas? ¡Ve a conocerlo o a conocerla!

  • ¡Remus! - Lo llamó Gloria desde la puerta abierta de la habitación de los Lupin - Es un varón, es hermoso. 

  • ¡Un varón! - Exclamó Sirius con emoción.

Remus casi corrió por los escalones con el alma en vilo, nervioso pero al mismo tiempo feliz. 

Al llegar arriba, Gloria lo recibió con un abrazo y la enhorabuena. También Sasha, la señora Weasley y su suegra que estaba muy sonriente. 

  • ¡Ven a verlo cariño! - Dijo Tonks con la alegría reflejada en su rostro pálido y cansado, estirando el brazo derecho hacia él mientras con su brazo izquierdo sujetaba un bulto envuelto en sabanas blancas - No lo vas a creer.

  • No me digas que es… 

No pudo continuar hablando ante la risa de su esposa.

  • No seas tonto, puede que se parezca a ti pero en todo lo demás es como yo, heredó mi mejor rasgo.

  • ¿Qué quieres decir? - Preguntó Remus intrigado ante el comentario de su esposa. 

  • Es metamorfomago - Simplificó Tonks descubriendo el rostro del bebé. La escasa pelusilla que cubría su cabeza, cambiaba de color de forma descontrolada. 

El licántropo se quedó sin palabras, estaba lleno de tanto alivio y regocijo que sólo pudo quedarse contemplando a la criatura hasta que Sasha habló.

  • ¿Por qué cambia tanto de color su cabello?

  • Es normal - Respondió Andrómeda - Nymphadora también lo hacía cuando nació, el sanador me explicó que se debe a que los metamorfomagos cuando nacen, obviamente no pueden controlar sus poderes de transformación ni tampoco sus emociones, ha de estar nervioso por el enorme impacto de salir de la comodidad del vientre de su madre. 

  • ¡Dios mío! - Exclamó por fin Remus contemplando a su pequeño con una enorme sonrisa de satisfacción - No sabes cuanto alivio siento cariño. 

Tonks sonrió y lo besó en los labios. 

  • Gracias Dora, por este maravilloso regalo, no tienes idea de cuanto te amo. 

  • Ahora creo que voy a llorar - Comentó Sasha haciendo reír a las demás mujeres pese a que también se secaban las lágrimas que corrían por sus mejillas. 

  • ¡Vengan a verlo! - La señora Weasley llamó a los demás desde la puerta. 

  • Yo también te amo cielo, lo único que falta para completar mi felicidad es que papá esté aquí y también Emily y los chicos.

  • Así será hija, pronto estaremos juntos de nuevo, cuando toda esta pesadilla pase - Respondió Andrómeda esperanzada, sin sospechar, que a kilómetros de distancia, su esposo estaba siendo asesinado a manos de los llamados carroñeros por rehusarse a ser secuestrado y llevado al ministerio a comparecer ante Umbridge. 

En la mansión de los Malfoy, lord Voldemort se encontraba reunido con Severus, Lucius, Bellatrix y Rodolphus. El señor tenebroso quería saber si había habido avances que pudieran conducirlo hacia la captura de Potter, pero para su desgracia los reportes no eran alentadores, sólo Severus le dijo que había escuchado que los fugitivos habían estado en el bosque donde otrora se había llevado a cabo el último partido de los mundiales de quidditch, esta información se la había facilitado Phineas Niguellus y Dumbledore lo autorizó a revelarla como una forma de reafirmar la confianza que Voldemort había depositado sobre él.

  • Cuando llegué allí ya se habían marchado señor - Mintió Snape - Pero quizá no estén lejos, tal vez hayan retornado a Londres, pensando que ya no debemos esperarlos en Grimauld Place. 

  • Puedes tener razón en lo que dices Severus…

De pronto, ocurrió algo muy extraño, Voldemort se quedó callado, atento a algo que los demás ignoraban. Bellatrix y Rodolphus se miraron entre si con caras de extrañeza, Lucius en cambio miró a Severus mientras este le hacía una seña para indicarle que debían esperar para ver que pasaba, y no tuvieron que esperar demasiado pues, en el rostro del señor tenebroso se dibujó una sádica sonrisa llena de triunfo y satisfacción. 

  • Lo has encontrado- Dijo en un susurro - Sabía que tú no me fallarías. 

  • ¿De qué habla señor? ¿A qué se refiere? - Se atrevió a preguntar Bellatrix ya que Voldemort hablaba en pársel. 

  • Potter - Susurró de nuevo Voldemort mientras se levantaba de su asiento - Nagini lo encontró. 

         El corazón de Severus se detuvo por unos breves instantes mientras asimilaba la terrible noticia. La maldita serpiente había encontrado al muchacho, lo que a su vez significaba que había capturado también a Emily, Weasley y Granger. 

Su frente se perló de sudor pese a que la chimenea estaba apagada y poco a poco fue experimentando la horrible sensación fría de la adrenalina subir por su espina dorsal. 

Aquella pesadilla no podía volver a repetirse, sabía que al señor tenebroso no le temblaría la mano para asesinar también a Emily como una forma de vengarse de él por haberla dejado escapar, ella por su parte era obstinada y al igual que Lily no dejaría que el señor tenebroso asesinara a Harry. 

  • Deténlo, voy para allá - Dijo Voldemort a nadie en particular pero todos comprendieron, que al hablar en pársel, se estaba comunicando con Nagini.

Severus no podía comprender esa lengua pero por la actitud de euforia del mago tenebroso, comprendió que este se iba a marchar al lugar indicado por su mascota. Tuvo que hacer un enorme esfuerzo por permanecer en el estado de estoicismo que demandaba su rol como cruel mortífago, no quería demostrar lo terriblemente preocupado que estaba. A su lado, Lucius fue más evidente.

  • ¡Emily! - Exclamó en un susurro aterrado. 

No había tiempo que perder, en el momento en que el señor tenebroso alzó la varita y comenzó a desvanecerse, Severus lo tomó por la túnica y desapareció con él ante la vista atónita de los demás presentes en aquél vestíbulo.

Harry, Hermione y Emily, acorralados por la serpiente que había emergido del cuerpo putrefacto de Batilda, luchaban por sus vidas con gran ímpetu. Harry sangraba por su brazo pues la serpiente lo había mordido allí pero no parecía querer matarlo.

Emily por su parte, comprendió en ese momento que había hecho una muy mala elección al tomar los cabellos de una anciana para agregarselos a su poción multijugos ya que le restaba la agilidad, destreza y fuerza para el combate que le urgía ganar si quería salir de allí con vida, pero la cantante se defendió y defendió a sus amigos como pudo, lanzaba encantamientos a diestra y siniestra tratando de evitar que la serpiente se acercara más, pese al enorme pánico que le provocaba la sola imagen de ese tipo de animales. 

Más de pronto, lo vio, Voldemort estaba allí presente, por primera vez en su vida veía en persona a uno de los hombres que odiaba más en el mundo, con su palidez excesiva, sus ojos rojos, llenos de avidez al contemplar al hombre que para su lógica ocultaba la verdadera apariencia del niño que vivió. 

Pero lo que más la lastimó, fue ver a Severus Snape, aferrado a la túnica de su amo, mirando a las dos mujeres que acompañaban a Potter. Sus ojos iban de una a la otra, en su rostro había una extraña mezcla entre confusión y miedo. De pronto, reaccionó al fin alzando la varita pero Emily no pudo ver el resultado ya que luego de escuchar y sentir el calor de un poderoso "Confringo" salido de la varita de Hermione, sintió la mano de Harry que la jalaba inexorablemente hacia la ventana que estaba detrás de ellos, sólo escuchó el grito desesperado y furioso de Voldemort que golpeaba con frustración el marco de la ventana. 

Harry, Emily y Hermione habían desaparecido de su vista. 

         Severus Snape estaba atónito, al fin pudo respirar aliviado, no sabía cual de esas dos mujeres era su Emily pero estaba seguro de que ella había estado presente en la habitación, sólo una cosa le inquietaba y era que ella lo hubiese visto, le dolía el sólo imaginar que su esposa lo odiara pero él no tenía otra alternativa más que aferrarse a Voldemort fingiendo lealtad para viajar a su lado y evitar lo que no pudo aquel fatídico 31 de octubre, muy cerca de aquella casa. 

         - ¿Se encuentra bien señor? - Preguntó Severus después de un suspiro de alivio. 

         - ¡Maldita sea! ¿Cómo voy a estarlo? SE FUERON, LOS MALDITOS SE FUERON FRENTE A MIS OJOS Y NO PUDE HACER NADA. 

         - Ya encontrará otra oportunidad - Dijo Snape con voz seca. 

         - ¿Qué demonios estás haciendo aquí? - Preguntó Voldemort reparando por primera vez en ese detalle.

         - Vine a ayudarlo señor. 

         - ¿A ayudarme o a cerciorarte de que no lastimara a la traidora de tu esposa? No creas que me engañas, estás demasiado encaprichado con ella y no te resignas a haberla perdido - Soltó el mago tenebroso hablando con voz sedosa pero cargada de energía, una voz peligrosa que anticipaba tempestades. 

         - No le voy a mentir - Respondió Snape aparentando estoicismo - Vine por ella, tengo todo el derecho a reclamarla y cada vez que encuentre una oportunidad intentaré recuperarla. Usted sabe que no es mi deseo que ella ayude a Potter, en cuanto a él no tengo ningún interés, salvo el que usted lo capture al fin. 

        - Fueron astutos, no se puede negar, estaban usando poción multijugos - Analizó Voldemort - Una de esas mujeres debía ser la cantante, no te preocupes Snape, a ella no pienso lastimarla, ya tendrá suficiente castigo cuando logres capturarla, permanecer junto al asesino de ese viejo al que, tengo entendido que adoraba con el alma, ha de ser más que una tortura - Dijo con cruel regocijo - Además, me aseguraré de acabar con el mocoso frente a sus bellos ojos azules. 

         Aquellas palabras fueron como dagas cargadas de veneno para el corazón del pocionista, sabía que Voldemort disfrutaba de herir a los otros, por más que estos "pertenecieran" a su bando, y él, por muy favorito que fuese no era la excepción.

Escuchar de labios de Voldemort aquello fue devastador, sobre todo por la veracidad de la aseveración. Emily odiaría estar con él, Emily lo odiaba y para ella sería una tortura permanecer junto al asesino de su amado abuelito, pero no tenía otra alternativa, tenía que encontrarla, no confiaba en Voldemort y sería un soberano error que lo hiciese ya que hacía 16 años le demostró que su sed por asesinar inocentes no lo detuvo ante su petición de abstenerse con Lily Potter.    

Harry, Emily y Hermione aparecieron en la tienda de campaña nuevamente, Harry estaba inconsciente y por lo tanto Emily y Hermione lo subieron sobre la parte inferior de una de las literas, usaron un encantamiento planeador, ya que la temporal senectud de Emily le impedía hacer grandes esfuerzos, aunque unos minutos después, mientras comprobaban que Harry ardía en fiebre, el efecto de la poción multijugos se fue desvaneciendo en los tres. 

  • Hay que limpiarle la herida Hermione - Dijo Emily buscando la botellita de díctamo en el bolsito de cuentas de su amiga - Esa asquerosa serpiente lo mordió.

  • El díctamo lo curará, por suerte no fue grave su herida ni tampoco fue atacado múltiples veces como el pobre señor Weasley, ¡Dios mío! Lamentablemente la varita de Harry se rompió.

  • ¿Qué? - Inquirió Emily mientras rebuscaba en busca de la botellita.

  • Si, no pude hacer nada, supongo que fue la fuerza del hechizo lo que la destruyó, querrá matarme cuando despierte. 

  • Tiene suerte de estar vivo, eso es lo más importante, ya veremos que hacer - Respondió Emily colocándole la botellita de díctamo a Hermione en la mano. 

  • A ver, ¡Dámela! Gracias… ¡espera un momento! ¿Qué tienes ahí Emily? 

  • Nada, por favor, ocúpate de Harry - Dijo Emily ocultando su brazo por detrás de su espalda - Me cambiaré de ropa, por favor atiéndelo tú, eres más diestra en eso. 

  • Estoy segura de que vi sangre en tu ropa Emily, déjame verte. 

  • No… ¡Papá! - Dijo Harry en medio de un delirio. 

  • ¡Dios mío! - Exclamó Emily - Por favor Hermione, aplicale el díctamo antes de que sea demasiado tarde. 

Hermione comenzó a trabajar en la limpieza y tratamiento de la herida de su amigo mientras Emily se quitaba el vestido y los chales que la cubrían para reemplazarlos por unos jeans negros, una blusa del mismo color, unas botas para el frío y un abrigo de lana. Sin embargo, aquella tarea le costó algo de trabajo, ya que en el antebrazo derecho tenía un corte profundo que sangraba bastante. 

Con ayuda de su varita limpió la sangre y usando algunas vendas que llevaba consigo en su bolsito de cuentas, intentó vendar su herida, aunque lo hizo con torpeza. No quería alarmar a su amiga, ni tampoco desviar la atención que Harry, a quien veía más mal, requería, por esa razón no le dijo nada a Hermione, pero la castaña que era bastante suspicaz no se dio por vencida.

  • Ya terminé con Harry, ahora déjame verte.

  • Estoy bien Hermi, ve a cambiarte de ropa, yo me ocuparé de él, prepararé unas compresas para bajar su fiebre.

  • Emily, estás herida ¿No es así? - Inquirió Hermione tomándola del brazo derecho, y la mueca de dolor más el pequeño gemido de Emily le confirmó sus sospechas.

  • No es nada de qué preocuparse - Intentó tranquilizarla la cantante.

  • ¿Nada de qué preocuparme? - Repitió Hermione después de subir la manga del abrigo y retirar las vendas de la herida. La sangre volvió a brotar - Esto parece despartición.

  • Pero no es nada comparado con lo que sufrió Ron - Dijo Emily esbozando una mueca de dolor - Sólo es un pequeño corte, debemos estar pendientes de Harry.

  • El corte no es muy grande pero si es profundo Emily, eres una incosciente ¿Cómo pretendías que pasara por alto esto? Tu herida también requiere díctamo.

  • Está bien - Respondió Emily con resignación. 

Hermione vertió unas cuantas gotas sobre la herida de Emily que casi al instante detuvieron el sangrado y comenzaron a cerrar la herida hasta dejar un rasguño un poco doloroso.

  • Muchas gracias linda. 

  • No hay de que Emily… quizá te despartiste porque te falló la concentración, no es para menos… él estaba ahí. 

  • ¿A cual de los tres monstruos te refieres? ¿A la asquerosa la serpiente, al mago tenebroso que no pasa de ser un cobarde o al pútrido traidor? - Preguntó Emily con voz trémula y cargada de rabia - ¿También lo viste? Es decir… ¿No fue una alucinación mía?

Hermione, compadeciendo a su amiga negó con cabeza. Pero de pronto Harry llamó la atención de ambas, volviendo a hablar en sueños.

  • ¡Los encontré! - Dijo y su voz sonó extraña - No, no creo que puedas detenerme, no tienes tu varita contigo. 

  • ¿De qué habla? - Preguntó Emily tomando asiento junto a la cama del muchacho, tomándole una mano entre las suyas.

  • No lo sé, pero no es la primera vez que pasa… Temo que él esté intentando poseerlo de algún modo.

  • ¿Te refieres a?...

  • Exactamente - Contestó Hermione mientras se cambiaba de ropa.

  • Eso es terrible, voy a calentar el agua para las compresas, pero lo haré con mi varita para que sea más rápido - Dijo Emily.

Cuando la chica ya colocaba la primera compresa sobre la frente del muchacho enfermo, su voz volvió a capturar su atención, más que su voz era el contenido de lo que decía…

  • ¡Apártate! ¡Dije que te apartes estúpida!... Te lo advierto por última vez, además, tú mocoso morirá de todos modos… ¡Avada Kedavra!

Emily se llevó una mano al pecho mientras trataba de asimilar lo que había oído. Aquel bizarro monólogo sólo podía significar una cosa, y era que Harry, o lo más seguro, Voldemort estaba emulando el día de la muerte de los Potter. Que terrible, esa última retahíla parecía corresponder a los últimos momentos de Lily Potter donde se negaba a entregar a su hijo.

Los ojos de la cantante se anegaron de lágrimas mientras sentía como su corazón comenzaba a encongerse de dolor. Como  compadecía a esa pobre mujer, a esa pobre madre que dio la vida por su hijo sin temor. Siempre imaginó como debió sentirse Lily Potter en sus últimos momentos, pero una vez que perdió a su hijo por causa de la treta entre Julieth Malfoy y Roger Carter, comprendió que de haber podido, ella misma hubiese defendido a su bebé hasta con su vida.   

 Hermione se acercó a ella después de escuchar a Harry y mirar la reacción de Emily, de modo que sin poder decir nada que pudiera consolarla, sólo la estrechó entre sus brazos mientras la cantante se deshacía en llanto, como lo hizo ella misma cuando Ronald Weasley abandonó la tienda de campaña.

  • ¡Pobre Harry! - Decía Emily entre espasmos de llanto - ¡Pobre James y Pobre Lily! ¿Cómo pudo pedirle que se apartara? ¿Acaso creyó que iba a hacerlo? Él es malo pero no es peor que Severus… él los vendió Hermione, los vendió… amaba a la madre de Harry y como no pudo tenerla porque se casó con James Potter… decidió venderlasela a él para que asesinara a su hijo, lo hizo por venganza… creo que nunca estuvo enamorado realmente sino obsesionado, de lo contrario no hubiese hecho lo que hizo… es un desgraciado.

Hermione quedó perpleja ante aquella revelación que su amiga le hacía en medio del llanto, sabía gracias a Harry, que Snape había sido quien reveló a Voldemort el contenido de la profecía pero, el chico jamás mencionó algo acerca de que Snape hubiese estado enamorado de su madre.

  • ¿Estás segura Emily? Sabía que había sido él quien contó todo pero… No sabía que estuvo enamorado de la madre de Harry.

  • Harry no lo sabe aún - Respondió Emily separándose del regazo de Hermione mientras se calmaba y secaba sus lágrimas - Esa es una información que me dio mi abuelito antes de que me enamorara del traidor ese…. Pero ya es hora de dejar todo eso atrás - Comentó tratando de regular su respiración mientras retiraba la compresa de la frente del muchacho para reemplazarla por otra - Debemos concentrarnos en él…. Por favor, te ruego no le cuentes nada de lo que te dije.

  • Descuida - Respondió Hermione también secando sus lágrimas.

  • Lleva puesto el horrocrux - Comentó Emily al desabotonar la camisa de Harry - No puedo quitárselo ¡ayúdame Hermi!

Entre las dos mujeres intentaron arrancar el objeto que se había incrustado en el pecho del muchacho, pero este sólo cedió cuando Hermione utilizó un encantamiento seccionador ante la mirada atónita de Emily.

- ¡Diffindo!

  • ¿Qué? ¡Hermione!

  • Lo lamento, no tenía otra opción - Respondió Hermione sacando el horrocrux para pasárselo a su amiga, luego colocó una de las compresas sobre el pecho de Harry que comenzaba a sangrar - El corte es superficial y como sabes, el díctmo cerrará su herida casi por completo. 

  • Tienes razón - Reconoció la cantante - Esa cosa no parecía querer dejarlo en paz.

Cerca del amanecer, Harry abrió los ojos, la fiebre había cedido por completo ante los cuidados de las muchachas y los delirios desaparecieron, dando paso a un Harry lucido que trataba de comprender donde se hallaba. Una vez que las chicas le hubieron explicado que se hallaba a salvo en su refugio de siempre, comenzó a buscar a tientas su varita y entonces Hermione se vio obligada a revelarle lo que había sucedido con ella.

  • ¿Intentaste repararla? - Preguntó aterrado.

  • Harry, ninguna varita que haya sufrido este tipo de daño puede ser reparada - Comentó la castaña a punto de llorar mientras le enseñaba al chico su varita partida en dos mitades, unidas sólo por la pluma de fénix del interior.

  • Es cierto Harry, eso es imposible - Añadió Emily empujándolo de los hombros para que volviera a acostarse.

  • Entonces usaré la tuya de vez en cuando - Respondió Harry tratando de sonar despreocupado pero la verdad es que lo estaba y mucho y además desconsolado.

En poco tiempo acababa de ser atacado hasta casi morir, vio en delirio la muerte de sus padres y por último se enteraba de que su varita, prácticamente su brazo mágico había quedado totalmente destruido. Se sintió indefenso y casi mutilado. 

  • Harry, por favor… perdóname… no pude evitarlo, creo que fue el último encantamiento que arrojé antes de la desaparición, fue muy fuerte y tal vez rebotó en tu varita ¡Lo lamento tanto!

  • Descuida Hermione, ya veremos que hacer - Respondió su amigo tratando de sonreír.

  • Todo va a estar bien - Añadió Emily haciendo un esfuerzo por sonreír - Iré a preparar chocolate caliente para el desayuno, hace mucho frío - Concluyó luego de besarlo en la frente.