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El Pocionista y la Cantante — capítulo 9
El jardín de los Smith lucía ya muy apacible y silencioso, las pequeñas hadas luminosas que habían ornamentado la fiesta se encontraban ahora muy juntas revoloteando entorno a los restos de comida que algunos empleados y elfos intentaban retirar de las mesas de bufé, otros de los empleados subían las sillas sobre las mesas doradas ya vacías que otrora habían ocupado los invitados, y un par de elfos se debatía por cuál de los dos enrollaría la alfombra roja.
Ya sin el bullicio de la fiesta, podía advertirse la algarabía que formaban algunos Macbethers allá a los lejos, detrás de las verjas de la propiedad mientras los aurores de custodia que había contratado el señor Smith intentaban callarlos. Algunos paparazis extranjeros gritoneaban en sus idiomas a los aurores mientras enarbolaban amenazadoramente el puño y a juzgar por sus expresiones lo que decían no era nada bonito y mucho menos halagador…
- ¡Abran las rejas! Queremos ver a las Brujas de Macbeth
- Gritaba un mago joven y borracho con la varita en la mano - Quiero ver como mi Emily… ¡Hip! Se casa con Snape ¡Hip! Es un murciélago amargado, lo recuerdo de cuando estudiaba en Hogwarts ¡Hip!... ¡Abran la maldita puerta o la derribo!
El hombre lanzó entonces un encantamiento que al impactar contra la reja rebotó contra sí mismo haciéndolo rodar algunos metros hacia atrás mientras algunos de los demás fans reían y los paparazis le tomaban fotografías.
-
¡Malditos aurores! - Exclamó el joven iracundo - ¡Hip! Yo estuve en el último concierto y logré que las chicas me firmaran mi copia del disco ¿No es así Richard? - Le preguntó a su amigo que intentaba levantarlo muerto de la risa.
-
Así es Zack, pero vámonos ya.
Uno de los numerosos paparazis que estaban presentes se había acercado lo suficiente a la reja en un lugar algo apartado de los demás mientras llamaba a uno de los aurores haciéndole señas con la mano. El auror que había sido bien adiestrado, se acercó pero mantuvo la distancia y la varita bien firme dentro de su mano mientras apuntaba con ella al periodista.
-
¿Qué desea? La fiesta ya terminó y los novios acaban de retirarse - Dijo.
-
Imaginé que así era - Respondió el periodista mirando su reloj de bolsillo - Ya es tarde, pero aun así me encantaría entrevistar al señor y a la señora Smith, soy Evan Dawson de Corazón de Bruja- Añadió después mostrando la credencial que pendía de su cuello.
-
Lo siento señor Dawson, pero la familia Smith no ha autorizado entrevistas, sólo a un periodista que fue invitado a la fiesta - Contestó el auror - Y como le dije, la fiesta acabó así que le ruego que se retire.
-
Pero hombre, ya conoces el refrán: "Una mano lava a la otra y las dos lavan la cara" tú me echas una ayudadita, dejándome pasar y… bueno yo sabré recompensarte muy bien - Añadió el mago haciendo tintinear una bolsita de terciopelo.
-
Ni… se te ocurra aceptar eso muchacho - Espetó con voz vehemente Ojoloco Moody apareciendo de entre unos arbustos, detrás del auror mientras apuntaba con su varita al sorprendido paparazzi - Mira que la última vez que descubrí que un auror había aceptado dinero de alguien para dejarlo pasar a un lugar que tenía prohibido lo envié a Azkaban a hacerle compañía a los dementores, por suerte para él salió en libertad la semana pasada, pero estuvo allí recluino todos estos meses.
-
No… no era mi intención aceptar ese dinero señor - Espetó el joven auror - Le estaba diciendo a este caballero que no puede entrevistar a nadie y que la fiesta ya acabó.
-
Pues más te vale - Soltó Moody mirándolo con suspicacia - Y en cuanto a ustedes ¡LÁRGUENSE DE UNA VEZ! - gritó dirigiéndose a los paparazis.
-
Sólo queríamos unas cuantas fotografías - Se quejó Skeeter ajustándose las gafas mientras su fotógrafo lanzaba fotografías contra el ex auror una y otra vez logrando que este se irritara más - ¡Eh!…. ¿Adónde irán los novios de luna de miel? ¿Lo sabe Moody?
El ex auror la fulminó con la mirada.
-
Tú menos que menos deberías estar aquí Skeeter ¡LARGO! ¡FUERA TODOS DE AQUÍ!
-
Señor… también hay fans de la banda y creo que no les gustará que los corra de esa manera - Le dijo el auror que el paparazzi había intentado sobornar.
-
Tienes razón - Contestó Ojolococon sensatez - Ustedes chicos, discúlpenme pero… la fiesta ya terminó, los novios se retiraron y los invitados están haciendo lo mismo, ustedes deberían también regresar a sus casas, no se les olvide que en estos tiempos es muy peligroso andar por ahí, además podrían llamar la atención de los muggles con eso - Añadió señalando varios carteles que mostraban fotografías mágicas de Las Brujas de Macbeth.
Adentro, en el vestíbulo de la enorme mansión, todos los invitados formaban una enorme fila frente a la chimenea junto a la cual permanecían de pie los felices Jacob y Greta Smith repartiendo una pequeña porción de polvos flu a cada uno mientras les expresaban palabras de agradecimiento por haber asistido a la boda de su única hija.
-
¿Que les pareció la fiesta? - Preguntó Espina a sus padres y a los de Hermione mientras hacían fila detrás de los demás invitados frente a la chimenea para abandonar la mansión de los Smith.
-
Estupenda - Respondió su madre, la señora Richardson - Es la primera vez que asistimos a un evento mágico desde tu graduación, además de tus conciertos Britaney.
Al escuchar su nombre de pila la muchacha esbozó un gesto de fastidio.
-
Lo que más me llamó la atención de todo fueron esas pequeñas criaturas orejudas y horribles - Añadió su padre .
-
Elfos domésticos - Lo corrigió la señora Granger de quien Hermione había heredado aquella manía de hacer entender que tenía conocimientos sobre algo - Nuestra Hermione, con la enorme ayuda de sus amigas, en especial de Emily fundó una organización para protegerlos.
-
¡Ohh si! - Terció Espina - Y aunque aún no puede manejarla como quisiera por ser menor de edad, está trabajando muy duro por conseguir que los pobrecitos entren en razón y deseen ser libres.
-
¿Y es que no quieren serlo? - Se extrañó el señor Richardson.
-
Algunos no - Respondió Hermione con pesar - Pero eso es porque sus amos les tienen el cerebro lavado.
-
Yo diría que es más bien algo natural Hermione - Soltó Sirius avanzando en la fila mientras otra persona desaparecía en medio de las llamas esmeraldas - Son elfos, nacieron para eso y aunque hay algunos que de veras merecen su libertad, hay otros que… no la merecen en lo absoluto.
-
¡Ohh vamos Sirius! Si te refieres a Kreacher, déjame decirte que el pobrecito no tiene la culp…
-
Ya no empiecen a discutir por causa de Kreacher - Soltó Espina riendo y luego añadió en voz baja, casi en un susurro - Más bien… díganme qué opinan acerca de la vieja esa, la abuela de Emily.
-
¿Iridezza? - Inquirió Nymphadora extrañada mientras se acercaba un poco más al igual que los demás para enterarse de lo que decía Espina.
-
No ¿Cómo crees? Ella no, ella es un sol.
-
Además de hermosa - Añadió Sirius con una falsa expresión soñadora para intentar molestar a Espina que le dio con el codo en las costillas.
-
¡Eres un tonto Sirius! me refiero a la vieja esa… la madre del señor Smith.
-
¿Esa señora que nos miró como si fuésemos microbios al pasar junto a nuestra mesa? - Inquirió el señor Granger.
-
¡Ja! Al pasar junto a la nuestra dijo algo como: "No puedo creer que hasta hayan dejado entrar a muggles" - Terció la señora Richardson imitando el tono de rimbombancia de madame Smith.
Todos rieron.
-
Es una vieja arpía - Soltó la metamorfomaga mientras miraba por encima de los demás para asegurarse de que todavía estaban lejos de los señores Smith.
-
¡Dora, por Dios! - Expresó Remus sin quitarle la mirada de encima a los señores Smith que en ese momento muy sonrientes despedían a Narcisa y a Draco Malfoy.
-
Es cierto Remus, me llamó fenómeno cuando me vio haciendo un pico de pato para divertir a los chicos.
-
Es amiga de Umbridge, creo que estudiaron juntas en Hogwarts, eso fue lo que me dijo Emily - Añadió Hermione.
-
¡Ja! ¿Qué podía esperarse de ella entonces? - Inquirió Ginny con un encogimiento de hombros.
-
Por cierto… ¿Se dieron cuenta de que tanto Emily como la señora Smith, me refiero a su madre, lucían muy molestas con la vieja esa mientras estaban danzando las Veelas y que poco después se marchó? - Inquirió Espina.
-
Claro que si - Respondieron Hermione, Nymphadora, Ginny, la señora Granger y la señora Richardson casi a la vez.
-
Yo no vi nada de eso, cuando me di cuenta ya se había marchado de la fiesta, es decir, no la vi por ningún lado - Respondió Ron.
-
Yo tampoco me percaté de eso - Respondió Harry.
-
Ni yo - Añadió Sirius negando con la cabeza.
-
Yo tampoco - Dijo Remus.
-
Ni siquiera lo advertí
-
Comentó William Granger.
-
Yo ni estaba pendiente de ella… ¿Quién lo iba a estar?
-
Claro… porque en ese momento mirabas embobado a esas mujeres en el escenario Steven - Respondió la madre de Espina mirando a su marido con reproche.
-
Son Veelas mamá - Explicó Espina riendo - Sueltan encantamientos típicos de su raza que emboban a los hombres
-
No lo hacen por maldad, al contrario, lo hacen con mucha inocencia - Terció Hermione - Son criaturas sublimes y muchas de ellas, sobre todo las que no han tenido contacto con los magos y brujas comunes no pueden controlar sus encantamientos.
-
Nuestra amiga Emily desciende de ellas, es por eso que es tan hermosa - Explicó Nymphadora cuando ya casi llegaban a la chimenea - Bueno chicos, señores… ha sido un verdadero placer para mi esposo y para mí haber compartido esta velada con ustedes, sólo espero que a Emily le vaya bien.
-
Eso espero - Musitó Espina tratando de ocultar su rostro para que no notaran su sonrisa de picardía.
-
Muchas gracias por venir - Expresaron los señores Smith al unísono mientras repartían polvos flu.
-
De nada, muchas gracias también a ustedes por invitarnos - Respondió Nymphadora - ¡Adiós!
……………………………………………………………
En la casa de la Hilandera, Emily no podía negar que estaba nerviosa, el momento había llegado al fin, sin embargo tampoco podía negar que allí, en brazos de su amado Severus quien ahora era su esposo se sentía muy protegida y sobre todo amada.
El vestíbulo estaba en penumbras, iluminado débilmente por las velas que Severus había colocado por arte de magia sustituyendo las bombillas de la araña que colgaba del techo (lo que solía hacer normalmente ya que vivía solo) y por lo tanto ella no podía apreciarlo muy bien mientras él la llevaba en brazos hasta el piso superior al cual jamás había subido en las pocas veces que había visitado aquella casa, pero ahora aquella casa era suya y lo era también aquella habitación que desde ese instante compartiría con su marido.
Snape la bajó con delicadeza al llegar frente a la puerta de la habitación y posteriormente giró el picaporte… Emily sonrió ampliamente al contemplar el interior, la luz también era tenue pues provenía de algunas velas encendidas y no de luz eléctrica, no era tan grande como su antigua habitación en la casa del West End y mucho menos enorme como la habitación que tenía cuando vivía en casa de sus padres en Covent Garden pero lucía muy acogedora. Había una sola ventana de doble hoja que en ese momento estaba cerrada, una cómoda a cada lado de la cama matrimonial que si bien no era King Zize se veía muy suave y sobre todo acogedora, tenía cuatro postes de madera desde los cuales pendían unos finos y delicados doseles de color blanco perla y la colcha era del mismo color, parecía un nidal de nubes, Emily sospechó que tal vez Severus había transformado su cama de esa forma para ella.
Un suave y delicioso perfume invadía el lugar…
-
Huele muy rico - Musitó Emily aspirando mientras cerraba los ojos.
-
Es sólo… sándalo - Respondió Severus mientras retiraba la tapa de arcilla de una pequeña vasija ornamentada y con agujeros de la cual salía un delgado hilo de humo formando espirales que se desvanecían al instante.
Emily recorría cada palmo de aquella habitación con sus ojos mientras su corazón latía a mil por hora, estaba feliz y expectante, pero también nerviosa aunque no quería demostrarlo (se suponía que era una chica ruda y rebelde, una Gryffindor, no una cobarde) Snape se plantó frente a un armario de roble y abrió sus dos puertas.
- Tus prendas ya han sido acomodadas - Dijo - Cuando llegaron, yo mismo las ubiqué aquí con un hechizo pues eran demasiadas…
Ella rió ante aquel comentario.
-
Tuve que utilizar un encantamiento extensor para el armario o de lo contrario no habrían cabido mis cosas - Continuó.
-
No exageres - Respondió ella riendo - ¡Ehh! Por cierto… olvidé a Panda, creo que mañana debemos ir por él - Dijo mientras cerraba la puerta de la habitación tras ella.
-
¿No pensarás llevarlo a Italia de luna de miel con nosotros o sí? - Inquirió él mirándola con suspicacia mientras se sentaba en la cama para quitarse los zapatos.
-
Tienes razón cariño, sería una locura - Respondió la muchacha atenta a lo que él hacía - Y… cambiando el tema, ¿Te gustó nuestra fiesta? - Añadió luego encaminándose con algo de dificultad por el volumen de su vestido hacia una cómoda con espejo mientras se retiraba la diadema y el velo de la cabeza.
-
Si, todo estuvo genial, muy bien cuidados todos los detalles, tu madre sí que sabe organizar eventos, el único detalle es que tu abuela no dejó de increparme mientras estuvo en la fiesta - Contestó Snape mientras se desabotonaba el cuello de la elegante túnica, sintiéndose aliviado, ella lo contempló por unos segundos y luego apartó la mirada para posarla sobra la diadema que acababa de quitarse. Por unos segundos reinó el silencio mientras ella se deshacía de los broches que Boris había colocado en su cabello para hacerle el peinado, este cayó entonces en cascada, libre como una lluvia de oro.
-
¿Y tú?- Inquirió él detrás de ella, Emily alzó la mirada y la posó sobre el espejo comprobando así que efectivamente Snape se había levantado de la cama para acercarse a ella - ¿Disfrutaste de la ceremonia y la recepción?
-
Si - Respondió ella haciéndose a un lado para encaminarse hacia el interruptor de la luz eléctrica, fingiendo que tenía mucho interés en él, apagándolo y encendiéndolo de vez en vez - Aunque por un segundo creí que me dejarías allí plantada.
-
¿Cómo dices? - Inquirió él recordando aquel momento en que efectivamente había dudado pero sólo por considerar que tal vez se tratara de una insensatez y que podría causarle daño, pero luego se había afirmado a si mismo que una verdadera insensatez habría sido no convertirla en su esposa. La amaba y cada vez estaba más seguro de eso, amaba su forma de ser, dicharachera y hasta infantil en algunas ocasiones aunque en el pasado eso representaba para él un dolor de cabeza, amaba su espontaneidad, su impulsividad y hasta esa timidez y reserva infantil que mostraba en ese momento en aquella habitación porque denotaba la pureza que la envolvía - Yo jamás podría hacerte a un lado, te amo, y lo sabes.
Al escuchar aquello, Emily dejó de accionar el interruptor de la luz, dejando la habitación como estaba antes, ligeramente en penumbra, alumbrada sólo por un par de candelabros de tres brazos ubicados sobre cada cómoda a cada lado de la cama, ella se giró lentamente hacia Severus.
- Yo también te amo cielo
- Le dijo clavando sus encantadores ojos azules en los de él, negros como túneles, perdiéndose en ellos sin poder ni querer salir.
Por su parte él se acercó a ella muy lentamente y cuando la tuvo al alcance, la tomó por la cintura para atraerla hacia él, estrechándola en un suave abrazo, aspirando su perfume, mucho más exquisito que el que despedía el sachet de la habitación, posteriormente besó aquellos tentadores labios rojos mientras inconscientemente sus manos desabrochaban el corsé del vestido de su ahora esposa. Emily abrió de repente los ojos y se echó para atrás por instinto, Severus percibía su nerviosismo, había sentido su corazón latiendo con fuerza al abrazarla, la conocía, sabía que aquella sería su primera vez y por lo tanto no podía evitar sentirse honrado y hasta privilegiado pero también sentía que tenía una enorme responsabilidad, hacerla sentir protegida y sobre todo amada, precisamente porque la amaba la miró con indulgencia y una incipiente sonrisa surgió espontanea en sus labios…
- No te preocupes - Le dijo mientras acariciaba su mejilla - No tiene que ser hoy, sólo cuando estés lista.
Ella bajó la cabeza, incapaz de sostenerle la mirada, era como si toda su personalidad explosiva hubiese desaparecido dándole paso al rubor de sus mejillas.
-
Estaré lista dentro de unos minutos - Respondió también con una tímida sonrisa - De veras sólo… quiero arreglarme.
-
¿Arreglarte? - Inquirió Snape tomándole el mentón con delicadeza para subirle el rostro, luego la miró de arriba abajo con admiración - ¿Cuánto más? si ya luces hermosa.
-
Sólo… quiero tener algo más… cómodo - Respondió ella tomando la caja que había colocado sobre un diván que estaba frente a la cama.
Él sonrió más abiertamente, ya intuía de qué se trataba.
-
Está bien… allí está el cuarto de baño - Dijo mientras señalaba una puerta a su derecha - Te… espero entonces, tendré paciencia.
-
Te lo agradezco mucho - Respondió ella encaminándose hacia aquella puerta.
Severus entonces se propuso seriamente olvidar sus problemas y a Voldemort, al menos por aquella noche la cual se había propuesto que fuese especial. Ya era un hecho, se había casado con Emily Smith y dentro de poco sería suya para siempre, había soñado tantas veces con ese momento aunque jamás, ya conociendo la actitud de ella frente a ese tema, se había atrevido a hacerle ninguna proposición, haciéndole honor a la caballerosidad que lo caracterizaba y en nombre del amor que le profesaba a esa mujer tuvo paciencia, nunca podría negar que la había deseado, además de amarla la deseaba pero aprendió a mirarla más allá del deseo y de su belleza física, aprendió a esperar, el momento ya llegaría.
Se despojó entonces de la elegante túnica que lo había ataviado durante la ceremonia y la recepción colgándola luego sobre un perchero, quedando en ropa interior, posteriormente fue hacia su armario y se colocó una bata negra, caminó de regreso a la cama y cerró los ojos, su corazón también latía con violencia dentro de su pecho, aunque a lo largo de su vida había estado con otras mujeres está sería la primera vez en toda su vida que el amor estaría involucrado entre las sabanas.
De pronto, la puerta del cuarto de baño se abrió con lentitud mientras su corazón amenazaba con salírsele por la boca ante tanta emoción…
Emily al fin había tomado la decisión de salir hacia la habitación, había sido algo difícil, no es que no quisiera estar entre los brazos de su esposo sino que aquella noche sería la primera vez en su vida que tendría un contacto de ese tipo con él, no sabía si todo saldría bien o no, pero entonces cerró los ojos y recordó una conversación particular que había tenido con Espina antes de abandonar la fiesta junto a Snape, ella estaba expectante y tenía muchas preguntas que nunca antes por pudor se había atrevido a hacerle a nadie:
- No seas tonta Emily - Le había dicho su amiga sonriéndole - Deja que todo fluya por sí solo, disfruta el momento, no te dejes abrumar por tontas preocupaciones, él te ama, tú lo amas, se tienen el uno al otro y eso es suficiente, lo demás viene por si solo.
Tras un hondo suspiro, ella abrió los ojos y se dispuso a salir por fin. Severus Snape nunca había sido un hombre expresivo pero en ese preciso instante al igual que cuando la vio acercarse a él vestida de novia en aquella alfombra roja, no pudo evitar relajar la mandíbula hasta el punto de dejarla caer y parecer un tonto, la miraba con embeleso, parecía una hermosa aparición, su largo cabello rubio caía en cascada hacía el nacimiento de su estrechísima cintura, aquella tela traslucida de la bata roja que cubría su camisón dejaba entrever una figura digna de una sílfide y sus ojos azules, tan azules y sorprendidos estaban clavados en él, en su torso… la bata que él usaba se había abierto un poco y dejaba entrever su piel, entonces un sentimiento nuevo e inesperado invadió a la cantante por completo y sus mejillas nuevamente se tiñeron de rosa…
- E… estoy lista cielo - Expresó y aunque titubeó al decirlo en voz alta, poco a poco sintió que la invadía la convicción de aquella afirmación.
Él por su parte reaccionó al fin saliendo del estupor que le causó aquella provocativa y hermosa visión de su esposa, entonces se acercó a ella tomándola nuevamente en brazos para conducirla hacia la cama, sentía su cuerpo temblar, su respiración nerviosa y entrecortada. La depositó con delicadeza sobre la colcha como si se tratara de una porcelana delicadísima, la contempló por unos segundos y ella a él, las palabras estaban de más, los ojos del pocionista recorrieron su cuerpo como si admirara una escultura griega, tomó una de sus manos y la besó con dulzura, posteriormente obedeciendo a sus instintos comenzó a olfatear delicadamente su cabello y luego su cuello, embriagándose con su fragancia, ella sentía aquel contacto y lo disfrutaba, acariciaba su largo cabello negro y perfumado de jazmines mientras él disfrutaba del que despedía su piel de seda.
Bajo su pecho Severus podía sentir el retumbar del corazón de Emily mientras esta se estremecía, posteriormente tomó la cinta que rodeaba la cintura de la bata de ella y la deslizó poco a poco dejando a la vista su delicado y hermoso camisón que resaltaba su cintura estrecha y a su vez dejaba ver sus esbeltas y firmes piernas, sin más deslizó entonces sus manos sobre ellas y al instante sintió que la suave mano de la mujer se cernía sobre su muñeca obligándolo a detenerse.
-
Severus por favor… recuerda que yo…
-
Tranquila amor - Le susurró él mientras acariciaba su rostro seráfico disfrutando de la suavidad que prodigaba aquel contacto - Te amo, confía en mí, seré cuidadoso.
Ella cerró los ojos y siguió el consejo de su amiga, dejó que todo fluyera, que todo se diera por sí solo, se dejó llevar por el mágico momento, confiaba en él, confiaba ciegamente en él, de modo que se permitió entonces descubrir sensaciones nunca antes experimentadas, sintió que todo era perfecto, que todo era más bello, que en ninguna parte se sentiría más protegida como se sentía entre aquellos brazos cuyas manos fuertes sujetaban las suyas contra el colchón, con firmeza pero a la vez con una delicadeza propia de un caballero.
Emily se zafó con delicadeza de aquel agarre y obedeciendo también a sus instintos tomó a Severus por las solapas de su bata para deslizar luego sus manos por aquel torso descubriendo por primera vez su textura y su suavidad.
Él buscó con ansiedad los labios de ella y los capturó con los suyos en un tierno beso que se fue tornando más apasionado mientras sus manos continuaban disfrutando de la suavidad de su piel tan blanca, tan fina y tan perfumada naturalmente debido a su condición de mitad Veela. Sus labios comenzaron a recorrer también su cuello mientras ella se sentía volar…
Poco a poco fueron desprendiéndose de sus prendas, descubriéndose mutuamente, amándose. Para ambos era una sensación nueva y maravillosa, ella estaba en los brazos del hombre que amaba y este la hacía sentir cosas que nunca antes imaginó, él la tomaba con delicadeza y con dulzura, era la primera vez que hacía el amor con alguien porque las ocasiones anteriores solo podía describirlas como meras aventuras, encuentros efímeros e irrelevantes en el Caldero Chorreante o Cabeza de Puerco que se habían dado por casualidad después de haber bebido un poco de whiskey de fuego con el recuerdo de Lily muy vivo en su memoria, pero ahora era a su esposa a quien amaba, no era el recuerdo de Lily, no era su fantasma, era Emily, su Emily a quien tenía sujeta entre sus brazos, sintiéndola, besándola, acariciándola y amándola; por eso era una experiencia nueva, porque nunca antes había experimentado el amor en su propia piel.
Los doseles de aquella cama, blancos y sutiles se deslizaron con suavidad como estimulados por una brisa inexistente, al tiempo que el exquisito y embriagador perfume de ella se esparcía por la habitación con muchísima intensidad, entonces Severus comprendió en medio del sopor del placer que sin proponérselo Emily soltaba encantamientos típicos de la especie de la que procedía, tomando en cuenta que Emily Smith era mitad Veela, aquella experiencia se tornaba simplemente exquisita, sencillamente excelsa, si con tan sólo un beso, un simple beso de sus suaves labios Severus Snape sentía que flotaba en el cielo… en aquel momento sintió que era precisamente eso en lo que se había convertido su lecho, en un trozo de cielo, un nidal de nubes sobre los cuales danzaban sus cuerpos al compás de la mejor música jamás compuesta, el amor.
-
Te amo Emily - Susurró Severus sin poder dejar de acariciarla sintiéndola cada vez más suya, embriagándose de ella.
-
Yo también te amo Severus - Respondió ella sintiendo sus mejillas arder con la misma temperatura que la sangre dentro de sus venas.
La amaba, realmente la amaba, no existía en el mundo un ser capaz de compararse con ella, era el único pensamiento que imperaba en la mente del pocionista mientras la contenía entre sus brazos, mientras la besaba y respiraba su mismo aire, mientras la acariciaba, mientras sus dorados cabellos se escurrían entre sus dedos como oro fundido, mientras se perdía en el azul de su mirada, mientras danzaba al compás del amor sobre aquel nidal de nubes hasta que su cuerpo se estremeció y el de ella también, entonces la rodeó con un brazo y la besó en los labios una vez más
- Ahora eres oficialmente mía Emily - Afirmó mientras ella le prodigaba una angelical sonrisa - Mía y para siempre.