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Historia 171638 — capítulo 14
-Ten un lindo día- le dijo con una sonrisa, ella se inclino y besó sus labios de forma corta, antes de soltar su mano y caminar tras Drew y Silena hacía la entrada, Percy miró como se alejaba, sobre todo el lindo balanceo de sus caderas y la forma tan adorable con la que lo miró por sobre el hombro y le sonrío antes de desaparecer por la puerta.
Suspiró y apoyó las caderas contra la puerta de su automóvil, cruzó los brazos por sobre el pecho y los tobillos a la par, pensando en lo genial que era, después de tantos años, haber logrado al fin ser el novio de Rachel Elizabeth Dare.
-Jesús, Percy, necesito una dosis de insulina cada vez que te veo…-comentó Jason acercándosele.
Percy río por lo bajo y levantó la mano para saludar a su amigo.
-Sólo por chicas hermosas y adorables, Grace, sólo por esa clase de chicas…además, tú y Pipes eran iguales cuando empezaron a salir.
-Oh…la etapa de Luna de Miel-Leo Valdez llegó junto a ellos, con Frank siguiendo sus pasos- Frank Zhang la sigue viviendo, ¿No es así, grandulón?
El chico se sonrojó y negó con la cabeza, frunciendo un poco el ceño.
-Claro que no…
-Ay, sí, ajá- Se mofó Valdez- "Nos vemos después, osito"-hizo una mueca graciosa contrayendo los labios en forma de un beso y acercó la cara a Frank, que le rehuyó, mientras decía la frase con una pésima imitación de la voz de Hazel.
Jason y Percy soltaron una carcajada.
-Vale, vale, vale, muchachos, nos estamos yendo por las ramas, lo que aquí discutimos es la sodomización de la cual nuestro querido amigo Perseus Jackson es víctima…
-No soy sodomizado, idiota- dijo el interpelado, dándole un leve golpe en el brazo a Jason.
-Claro que sí, ¿O no, muchachos? No has asistido a ninguna de las citas que teníamos planeadas.
-Jesús, Jason, hablas como si fueras mi novia-Leo soltó una carcajada esta vez.
-Sabía que ustedes dos se traían algo…
-Pues creo que Jason expresó un buen punto, Perce, ya ni siquiera te veo cerca de otras chicas-acotó Frank- Creo que ni a Annabeth le has prestado atención.
Percy frunció el ceño.
-Claro que no, Annabeth y yo estamos en el mejor punto de nuestra amistad.
-¿Así? -preguntó Jason enarcando una ceja- ¿Y por qué no vino contigo hoy? Ayer le ofrecí servirle de transporte, pero me dijo que tú ya te habías ocupado de que lo tuviera.
El chico abrió los ojos como platos.
-Claro que no yo…
Frank negó con la cabeza en forma de reproche.
-No me digas que lo olvidaste…
-¡No! Digo…no, me acordaría si hubiera prometido aquello.
-Pues lo hiciste-dijo Jason- ¿Por qué Annie mentiría sobre algo así?
-Jum, niño pez, creo que la has hecho buena esta vez, ¿No?- Leo le dio un leve codazo- Tampoco alcanzó a tomar el autobús, yo vine en él hoy y no estaba en la parada cuando nos detuvimos en ella.
-Eso quiere decir que…
-Hay dos opciones, o su bicicleta tuvo una recuperación rápida y llegará en ella, o…esta caminando a la escuela justo ahora.
-¡Joder!-exclamó Percy.
-No te preocupes, Perce-Jason suspiró- Tengo libre la primera hora y espero que Annie también, me pongo ya mismo en marcha haber si llego a alcanzarla.
-No, no tiene libre la primera, le toca historia como a mí- el chico rascó su nuca levemente avergonzado, pero sobre todo, presa de la culpabilidad.
Trató de buscar en su mente los recuerdos vagos de las anteriores conversaciones con Annabeth, pero aunque la imagen de ambos hablando se le venía a la cabeza, lo único que recordaba, era que pensaba en llegar más rápido que Rachel al quiosco y comprarle sus galletas favoritas.
Leo tenía razón, esta vez si que la había hecho buena, Annabeth de seguro estaba odiándolo justo en ese momento, era como la tercera o cuarta vez que olvidaba sus planes y encima, él había tenido el cinismo de saludarla aquella mañana, cuando conducía junto a Silena, Drew y Rachel.
Frank dio un vistazo a su reloj.
-Aun quedan cinco minutos para la primera hora, tal vez puedas llegar antes, Jace…
-No-interrumpió Percy- Yo tengo que ir a por ella, dios, me va a matar…¿Qué rayo voy a decir…-pero no puedo completar la frase, porque un estridente rugido de motor resonó en el estacionamiento.
La motocicleta negra de tilde futurista y extra costosa, estacionó con elegancia al lado contrario. Jason, Percy, Frank y Leo, miraron de forma curiosa al chico que conducía, sobre toda a su expresión de chico malo, que era una de los tantos estereotipos que abundaban en cualquier escuela, ya sea de elite o normal, su cabello negro brilloso, su chaqueta de cuero, la piel pálida, todo encajaba.
Percy frunció el ceño al instante. Odiaba a esa clase de muchachos.
Abrazada a su cintura, iba una chica, al parecer el galante motociclista le había pasado el casco, porque este ocultaba su rostro con perfección, revelando solo rizos color miel escaparse por los costados.
El chico maniobró de al tal forma que bajó sin rozar a la chica y sin perder la jodida elegancia que cada movimiento mostraba, tendió su mano y ella hizo lo propio con menos gracia que el muchacho.
-Mira ese payaso…-dijo Percy, Jason lo miró divertido.
-Bueno, tiene buena suerte con las mujeres, sirenito…
-Sólo con las idiot…-empezó, pero no llegó a concluir la frase cuando observó que la chica se quitaba el casco con lentitud y mostraba su rostro al fin.
Percy perdió la respiración.
-Creo que ya no necesitaran tus servicios de chofer, Perce-dijo Leo, tan impresionado como todos ellos.
La chica le sonrío de forma encantadora, casi coqueta, aunque sin esa intención en realidad a Nico y este le sonrió de la misma forma, con un deje de arrogancia que lo hacía familiar.
-Muchas gracias por el aventón.
-A ti por la compañía y la ayuda, Annabella-pronunció con acento italiano puro, tomó su mano dejo un beso en el dorso de la misma, mientras sus ojos negros brillaban seductores.
-En realidad es Annabeth-corrigió la rubia sonrojándose un poco.
-Para mí será Bella…es hermosa de donde vengo y encajas a la perfección con ese adjetivo-le guiñó un ojo y volvió la vista a la entrada- Debo pasar por dirección, nos vemos luego, Bella.
Dejó el casco ajustado con la correa de la motocicleta y con un andar casual y con un deje egocéntrico entró por la puerta, sin evitar levantar suspiros y murmuro a su paso, con la mirada de las chicas puesta únicamente en él.
Percy rodó los ojos ante el gesto.
-Clichés…
-¡Ey, Annie!-La llamó Jason- No nos dijiste que tenías novio…
-No es mi novio-dijo la rubia con un intenso sonrojo en el rostro- Nos acabamos de conocer…
-Entonces no deberías haber subido a su motocicleta-contestó Percy entre dientes- ¿Acaso no te enseñaron que no se habla con los extraños?
Annabeth ignoró sus palabras.
-Se nota que no es de por aquí-comento Leo- ¿Habrá huido de Italia porque mató a alguien?
-Seguro sólo trabaja en la pizzería cercana y se le pegó el acento del cocinero…-volvió a intentar Percy.
La rubia rodó los ojos y volvió el rostro hacía Frank.
-Parece bastante agradable…
-¿Hablas enserio Frank?-dijo Percy- Dios mío, ni lo conoces, es el típico chico malo y engreído…
-¡¿Quieres parar?!-estalló Annabeth- Gracias a ese chico malo y engreído pude llegar a tiempo hoy, porque otro idiota me dejó plantada nuevamente…
-Annabeth…
-¡No! ¡Ahora te aguantas!-la chica respiró- Ni siquiera sé porque pierdo el tiempo contigo, lo único que haces en días es pensar en si Rachel pisó o no una goma de mascar al caminar y como sus sandalias Gucci se pueden estropear por ello, Jesús, apuesto que hasta te la imaginas sobre el taco cada vez que tiene que nadar en una serie de velocidad, sé lo que es estar enamorado, pero tú lo sacas por completo de contexto, ya no te importan tus amigos y mucho menos tus amigas y eso me tiene harta, ahora deja de hablar de Nicolás Di Angelo de ese modo, porque aunque apenas llevo quince minutos de conocerlo, ya me agrada más que tú.
Jason observó como su amigo se encogía de hombros y rehuía la mirada de la rubia, notoriamente avergonzado, nunca había visto a Percy ponerse de esa manera y era curioso que Annabeth lo hubiera logrado.
-Y ahora con su permiso, tengo clases a las cuales asistir- dijo finalmente y dio una caminata lenta y segura, balanceando las caderas un poco más, por la fuerza de los pasos, alejándose de ellos.
Sin mirar atrás, sin sonrisa dulce o coqueta como la que Rachel le había dedicado y sobre todo, sin llevarse consigo ese nudo que le aprisionaba la garganta.
-Vaya que la has hecho buena…-repitió Leo.