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Historia 171782 — capítulo 5

|Capitulo Cinco |

Tania forsajeaba para poder llegar al botón del elevador, y no llegaba, ya que reía cuando se cansaba en el intento.

— ¿Y tu que te quedas mirando, eh? Ya no "camino" para ayudarte— dice, mirándome. Reí. Me tomé de la parte trasera de la silla de ella, y con la fuerza que uno de mis brazos me dejó, empuje con fuerza mi cuerpo hacia arriba, dejando que la otra mano llegue al botón.

Caí sobre mi silla, y las puertas del elevador se cerraron.

—Diablos, tengo mucho que aprender— exclamó cansada, y yo sonreí orgullosa— Quita esa sonrisa, "soy-la-más-flexible-en-el-mundo-en-silla-de-ruerdas"

Carcajeé y ella me burlo en mi carcajada, pero al final, término riendo junto a mí, ya que era algo idiota su apodo hacia mí.

—Tu hermano es mejor poniendo apodos— le dije, y ella me fulmino con la mirada.

— ¿Me crees lesbiana para decirte "bonita"?

Esta chica quería que vaya al baño. Reí otra vez, y ella me abrazo. Las puertas del elevador se abrieron, y ambas nos empujamos.

— ¡Perdón! ¡Permiso! — Se escuchaba la chillona voz de Katherine a lo lejos — ¡Lo siento! No vi tu pie… ¡Emma!

Vi como tomaba fuerza para empujarse, y deslizarse hasta mí. Al llegar, quito el poco sudor de su frente con su antebrazo.

— ¡Joder! — exclamó Katherine, y Tania rió por lo bajo— Tendré que darme una ducha otra vez.

— ¡Oh, vamos! ¿Te preocupa bañarte? ¡Es solo sudor en la frente! — le dice Tania, entre carcajadas. 

—Ya, tranquilas, vayamos a clase antes de que nos metan una tarde en castigo— digo y ellas asienten. Cuando doblamos, vi como gente se hacía a un lado, al ver a Lucile pasar, con su pequeño sequito de plásticas detrás de ella.

Para provocarla, o eso creo, Tania se puso en su camino. Lucile la miro fulminante, dándole un "mensaje" de que se mueva, pero Tania se quedó ahí, y sin ningún problema.

—Muévete o te arrepientes— le amenazó Lucile, cruzándose de brazos.

—Tengo una silla, y no tengo miedo a usarla— le respondió Tania, y Lucile apretó los dientes. Se agachó hasta la altura de Tania, y hablo, pero como si fuera un perro.

— ¿Y que diablos me harás con una estúpida silla y otra estúpida sobre ella? — pregunto, y se ligó el mejor puño de todos en la nariz. ¿Cuántas veces Tania la había golpeado? Perdí la cuenta.

— ¡Oye! — gritó alguien entre el público, y como Lucile había quedado en el suelo, aquel chico la había ayudado.

Tenía un pelo castaño y algo corto, ojos cafés y me parecía de rostro familiar. No sabía quién era, pero por sus rasgos, era muy parecido… a Josh y a Tania.

—Tania, ¿Quién es…?— cerré la boca al verla sorprendida y en shock completo. Aquel chico la miro, y quedó en el mismo estado que Tania. ¿Qué diablos…?

— ¿Connor? — preguntó Tania, y se empujo hasta el chico, que se llamaba "Connor", o eso creo yo, por lo que dijo Tania.

— ¿Sheyla? — preguntó, y yo me confundí. ¿Se conocían?

— ¿Cuántas veces voy a tener que decirte que soy "Tania"?, "Sheyla" es mi segundo nombre, idiota— le dijo, y lo abrazó, al cual el chico tiró a Lucile al suelo, y abrazó a Tania— Joder, tengo que llamar a Josh…

— ¡TANIA! — La llamé, y ella volteo a verme— ¿El es…?— ella rió nerviosa.

—El es Connor Hutcherson, mi hermano y el de Josh, solo que se fue a vivir a Miami desde hace años— volteo para ver a Connor— Ella es Emma, la que Josh habla toooodo el día.

—Ya sé quien es— dice, riéndose. ¿Qué?

—Connor, ¿ya la conocías? — preguntó Tania, confundida. Estábamos en el mismo estado.

—Quiero decir, Josh habla de ella siempre. Cuando hablábamos por teléfono, me contaba de ella— explica Connor, y yo me ruborizo hasta las orejas. Tania rió al verme en ese estado.

—Se ve que la señorita algo le pasa— comenta Tania riendo, y yo no sé si ir por ella, y decirle de todo, o reírme junto a ella. Tomo la segunda; recuerdo lo que me dijo Tania una vez, cuando le preguntaba porque siempre sonreía.

— ¿Por qué no hacerlo? Quiero decir; la vida tiene que vivirse feliz, y bueno, si eres amargado toda la vida, tomate un café negro. Pero si eres sonriente, ve y compra chocolate de dulzura… Y yo quiero chocolate<<

Reí al recordarlo, y note como Connor se fijaba en la silla de Tania. Ella sonrió.

—Un proyecto— "explico" y Connor asintió confundido. La campana sonó, y todos fuimos desapareciendo. Yo junto a Katherine; Tania tenía otra materia.

Nos metimos a la clase de Literatura, y vi a lo lejos, Justin empujándose mientras que pisaba todos los pies de los jugadores de basquetbol. Eso sí que lo cobraría cuando caminase otra vez.

— ¡Oh vamos! Te invito a salir, Emma— exclamó Tania, cuando estábamos en el receso de la mañana— ¡Mi hermano te invito a salir!

—Por un papel— sonrío tímidamente al recordar su caligrafía. Saqué el pequeño bollo, y lo desarme, mostrándoselo a Tania. Ella lo tomo y lo leyó en voz alta.

—"Quisiera ir al parque de diversiones contigo, y no me importa si te tengo que cargar. No acepto un no como respuesta— Tania ríe y lee lo ultimo— te quiere, Josh" — ella me entrega el bollo, y me tapo los oídos para lo que viene— ¿JOSH ESTA ENAMORADO! ¡EN-A-MO-RA-DO!

—Diablos, Tania, tendría que meterte tu bufanda en la boca— le dice Katherine, empujándose hacia nosotros— ¿Qué paso para que esta grite así?

—Josh me invitó a salir…Diablos— tapé de nuevo mis odios.

— ¡JOSH ESTA ENAMORADO! ¡EN-A-MO-RA-DO! — exclamaron ambas dos, y yo maldije al haberles contado.

—Menos mal que no querías que Tania gritara— le digo a Katherine, y ambas dos aprietan con sus dientes el labio inferior, procurando no gritar.

—Y, ¿Qué le respondiste? — me pregunto Katherine, y Tania sonrió.

—Aún no lo hice— a Katherine dio un respingo en la silla— Y además, están en la silla durante dos semanas; romperían el proyecto— Ambas me miraron furiosas, y yo no entendía porque de su mirada, hasta que comprendí— Esta bien, "al diablo el proyecto, ve por el" — ambas sonrieron

—Ya voy, ya voy—Me empujé hasta dentro, y mientras lo hacía, tomé uno de los lápices del bolsillo delantero de mi jean, y escribí en el bollo de papel.

Lo vi, en su silla, y en su casillero, dejando los libros que uso. Me empujé hasta el, cuando su mirada se posaba en mi. Le entregué el bollo de papel, y el trago en seco mientras lo abría.

—"Me encantaría, y yo también te quiero— me sonrió, y le marque más abajo— PD: Si te rompo los brazos, no me culpes" — rió, y guardo el bollo en el casillero— Muchas gracias por la oportunidad.

—No hay de que— respondí y el cerró su casillero— ¿A que hora pasas por mi?

—A las 7 p.m — responde seguro— ¿O quieres elegir tú?

—No, no. A las 7 p.m está perfecto— le digo, y él me sonríe.

Se acercó a mí, poniendo su silla a un lado de la mía, y ladeo su cabeza dirigiéndose a mi odio.

—Nos vemos a las 7 p.m, bonita— susurro, y desprevenidamente, robo un beso en la comisura de mis labios. El siguió empujando la silla, mientras que yo razonaba lo que sucedió.

Casi me beso con Josh.

— ¡Oh, vamos! — Exclamó Josh, y yo me aferré con mis brazos en su cuello — Es solo una montaña rusa. —Les tengo miedo — murmuré, y sonreí tímida. Josh, al tenerme alzada como una niña, me pasó a su espalda, haciendo que enrolle mis piernas en su cadera, por la espalda. Rodee también su nuca con mis brazos.

—Mira, iras conmigo, ¿sí? No te dejaré— dice, y yo sonrío, apoyando mi mentón en su hombro. Fije mi mirada en la gente que nos rodeaba; todas miraban mis piernas; caídas y sin sensibilidad.

—Josh, todo el mundo mira mis piernas—murmuro, mientras que me escondo en su espalda. El gruñe algo, y mira fulminante a todos, haciendo que dejen de mirarme— No hacía falta…

—Emma, te traje para que saliéramos y nos divirtiéramos, como tu siempre quisiste; olvidándote de tu accidente—comienza, mientras que sigue caminando hacia llegar a la fila de la montaña rusa— Y no, sucede que todos te miran…

—Josh, calma, ¿sí? Ya es costumbre…—susurro y me regala una triste sonrisa.

Unos minutos después, yo seguía aún en la espalda de Josh, y el avanzaba. Cuando llegamos en el primer lugar, Josh me bajó en el primer carril. Hutcherson; te odio. El se sentó a mi lado, y me puso los cinturones. El hiso lo mismo.

—Vale, ¿te has meado ya? — preguntó, y yo le golpee el brazo, a lo cual el rio.

Se escuchó la bocina del arranque del juego, después de que un muchacho se fijara en nuestras protecciones. El carril empezó a avanzar. Y yo comencé a odiar a Josh por ponerme en el primer lugar.

—Te odio Hutcherson…—susurré cuando llegamos arriba de todo. Escuché como reía por lo bajo.

—Yo te quiero, Greisen— dijo, y vinimos en pique hacia abajo.

Josh me alzó al bajar del juego, y me apegué a él temblando. Lo odio, lo quiero, lo odio, lo quiero.

—Tranquila, fue solo un juego…— empieza a él, y yo estallo en carcajadas.

— ¡¿Solo un juego?! — Exclamo aun riendo, y Josh me alza en su espalda, y se dirige hacia la salida del juego— ¡Casi muero de un paro allí arriba!

—Tranquila, estas bien, no te paso nada— me dijo Josh, y me acaricio la rodilla, cosa que pude sentir, ya que fue por arriba de la rodilla. Seguimos caminando un rato, hasta que llegamos a la rueda de la fortuna— ¿Te quiere subir?

— ¡Sí! — exclamé chillona y feliz, pero había una cola de una media hora. Sonreí maliciosa cuando se me ocurrió algo.

—Tendremos que esperar…—dijo, y se puso en lo último de la fila. Yo acerqué mis labios a su oído.

—Hay una discapacitada en la fila— susurré, y el rió. Me miro, como si me matara la mirada.

—Si nos atrapan es tu culpa— dice, y se aclara la voz— ¡Tengo una discapacitada! — gritó y se hiso a un lado de la fila. Caminó hasta el frente, ya que todos lo dejaban pasar. Reí en su cuello, y el llegó al primer lugar, donde estaba el que manejaba el juego— Ella es discapacitada y quiere subirse al juego.

—Vale, se suben en la próxima— dijo el chico, y Josh asintió agradeciendo. Una mujer nos sonrió, y nos dejo en frente. Unos segundos después, Josh cruzó y me subió a uno de los asientos. El se sentó a mi lado, y la rueda, como siempre, giro y empezamos a elevarnos.

—Emma, ¿Alguna vez te habías subido a esto? — me preguntó Josh, y yo asentí.

—Cuando tenía 6, un año antes del accidente— digo, y él me toma de la cintura. El juego para y nos quedamos a unos asientos debajo del de más arriba. 

— ¿Y alguna vez te besaron? — preguntó y yo negué confundida. Estaba por responderle, pero no pude.

Sus labios sellaron los míos.

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