Un amor de otro tiempo — capítulo 2
De un empujón aparto las mantas que cubrían su cuerpo. Estaba sudando y tenia la respiración acelerada. Aun guardaba en su memoria el brillo de los ojos de su hermana, y su cálida mirada. No podía entender, mejor dicho , no quería creer, lo que había soñado…
La mano de Lucrecia se sostenía sola, mientras que su cuerpo estaba apoyado, todo ello, en una pequeña butaca. A su lado un hombre con una espesa barba, la miraba y con una de sus manos, en la que tenía un pincel, iba plasmando todo lo que veía en el lienzo blanco.
Comenzó a dibujar su hermosa piel, que relucía como la porcelana. Y siguió por sus ojos, algo pequeños, pero de un color verde intenso que hacían suspirar a cualquier muchacho. Una vez terminado el rostro, empezó a dibujar su pelo. Agarro bien el pincel y haciendo pequeños movimientos, consiguió imitar a la perfección sus hermosos bucles de color rojo.
Mientras tanto Lucrecia se mantenía muy quieta, sin ni siquiera pestañear.
Era la primera vez que la hacían un retrato y quería que fuese completamente perfecto.
Pasadas unas horas, el pincel del hombre de la espesa barba, terminó de moverse y por fin , la bella joven se levantó. Tenía los músculos algo rígidos, pero su sonrisa permanecía intacta. El hombre sonrió satisfecho, y después de hacer una reverencia se marcho de la estancia. La joven ansiosa se acerco al retrato y lo miro durante varios minutos. Es realmente hermoso- pensó. Estaba tan contenta por el resultado final, que decidió ir a las habitaciones de su padre, para agradecerle el regalo.
El palacio donde vivían era gigantesco, y como hacia poco que se habían mudado( tras el nombramiento de Rodrigo Borgia como Papa) aun no conocía muy bien el camino hacia todas las habitaciones. Paso junto a la sala de música, donde reposaba su nuevo piano , y por el dormitorio de su hermano Cesar, que parecía estar vació. Hasta que por fin, llegó hasta la de su padre, que era la mas grande de todas . Fue a tocar la puerta, pero sorprendida vio que esta ya había sido abierta. La empujo y un fuerte olor a incienso inundo sus fosas nasales. La estancia estaba mal iluminada y un montón de tapices cubrían las paredes.
-¿Padre?- preguntó la niña.
No hubo respuesta.
Se pregunto donde estaría, ya que casi siempre le encontraba en esa sala, arrodillado y rezando una oración a la Virgen. Entonces, escucho algo. No supo que era, pero sabia que provenía de muy cerca.
Quizá del dormitorio- pensó. Se acercó a la única puerta que tenía esa sala, y aguzo el oído. Sonrió, porque aquel sonido cada vez se escuchaba mas fuerte.
Abrió la puerta, pero una vez dentro deseo no haberlo hecho. Su padre estaba en la cama. Al principio la ingenua niña pensó que estaba dormido, era algo normal, con todo lo que trabajaba. Pero entonces, vio a otra persona: una mujer. Tenia el pelo más largo que jamas había visto y de color marrón oscuro, casi negro. Estaba encima de su padre, prácticamente desnuda. Al verlos así, la niña se tapo los ojos con las manos y grito.