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Historia 172336 — capítulo 16

—¡Sirius! Escúchame….¡Sirius! Cálmate… ¡SIRIUS! —La pelirroja se encontraba totalmente asustada por la reacción de animago.

Era una de las peores rabietas que le había visto hacer.

—¿CÓMO ES QUE HAS PODIDO HACERLO? ¿TE GUSTA LONGBOTTOM? ESE … PERDEDOR ¡NO ME LO CREO!—Su voz cada vez iba subiendo más de volumen, se movía de allá para acá por la habitación, botando todo lo que estuviera a su paso, lanzando libros y lo que se pillara contra las paredes.

—¡SIRIUS BLACK CALLATE DE UNA MALDITA VEZ! —Le grito Rowney sintiendo sus mejillas arder, al escuchar como comenzaba a tratar a Neville. — Te portas peor que un maldito adolescente, ¡Y ya no lo eres! Tienes, ¿Cuántos? ¿30? No eres un chiquillo hormonal, ¡Cálmate y de una maldita vez escucha algo que no sea tu voz!

Para cuando la pelirroja termino de hablar, Sirius la miraba con los ojos totalmente abiertos, se sentó en la cama donde aún sucumbía la pelirroja.

—Sé qué es algo que te toma por total sorpresa, pero en un principio… Lo hice porque muchos en Hogwarts me seguían cual perros, no había un solo día que en la cena no recibiera esa mirada masculina en mi nuca… No lo podía soportar más… —Murmuro negando en cuanto iba hablando, tomo aire profundamente intentando escoger con cuidado cada una de sus palabras. — Y allí estaba Neville, un amigo hijo de tus amigos, Alice y Frank… Un niño, un adolescente que es molestado por todo Hogwarts, es mi amigo… A quien le estoy dando un poco de valor, el valor que le falta, el valor que se merece y el respeto que todos le deben de dar, por ser hijos de dos padres tan valientes como ellos.

Sirius la contemplo, escuchando cada palabra que salía de los labios carmesí de aquella leona que gruñía su dignidad. Tenía toda la razón del mundo, pero aun así le dolía el alma que su amada pelirroja no fuera de él.

—Gracias a Neville, los días en Hogwarts han sido más llevaderos, gracias a Neville no termine volviéndome loca cuando ocurrió todo esto con mis hermanos… Gracias a él pude tener momentos felices, y estoy segura que yo también lo he llenado de felicidad… Y te guste o no, Sirius… —Murmuro su nombre para que este captara por completo y con total atención lo que iba a decir a continuación. — No lo voy a dejar… Porque él se merece ser feliz…

—¿Y yo no me merezco ser feliz? —Le pregunto dolido por todas esas palabras, ¿cómo era que una adolescente lo tenía comiendo de su mano, cuando nunca en su vida se había visto enamorado.

—Si, si… Claro que sí.. —Suspiro la pelirroja cansada. —Yo… Mira, yo… Neville me ha ayudado bastante…Y no, no quiero que sepa que lo estoy usando, porque no es así, yo lo quiero mucho…

—¿Lo quieres? —Su mirada de perrito bajo el agua, hizo suspirar nuevamente a la pelirroja.

—Sí, él siempre ha sido un muy buen amigo… Yo no podría simplemente botarlo… Y usarlo… —La decepción se reflejaba perfectamente en los ojos grises del merodeador.

—Te perdí una vez, ya no te quiero volver a perder… —Sirius se había acercado para acariciar con suavidad la mejilla de la pelirroja, aunque todavía estaba enfado, y más con lo que le decía, no quería ahora, perder la oportunidad de recuperar aquella chica que tanto amo y desapareció.

—¿Perderme otra vez? De que hablas Sirius… —Inquirió ella entrecerrando ligeramente sus ojos.

—Creo que ya deberíamos bajar, tu madre va a llegar pronto con noticias… —Se alejó para poder tomar sus cosas y poder darse una ducha, casi queriendo desaparecer, no podía llegar y contarle que… Quizás solo la quería por alguien que conoció en el pasado, o que realmente eran la misma, era algo totalmente descabellado pensar eso, y aunque no lo quisiera, la heriría en lo más profundo.

Rowney no dijo nada, pero le miro suspirando triste, no entendía absolutamente nada, pero sabía quién podía ayudarle.

Salió de la habitación de Sirius, y bajo las escaleras en total silencio, su cabello aleonado estaba como "toda" Griffindor, necesitaba encontrar respuestas, y ni siquiera sabía si de verdad iban a traer sus pertenencias a la casa o no, al pie de las escaleras reconoció su baúl, suspiro aliviada, ahora, ¿Cómo lo iba a subir ella sola? Sería una gran hazaña.

Espero un momento, esta era la parte en que alguien aparecía y le ayudaba con el baúl, espero un momento más, pero nadie acudía, resoplo uno de sus mechones colorines, y se dirigió a la cocina quizás una taza de chocolate caliente ayudaría.

Se asustó al ver a alguien durmiendo sobre lo que parecía ser el profeta, era el profesor Lupin, ¿Se había quedado toda la noche despierto? Le miro con tristeza, se acercó sin hacer un solo ruido, su rostro pálido estaba, podía ver como las ojeras se marcaban con la cicatrices en su rostro. Que injusta podía llegar a ser la vida, recordó.

Si se hacía el chocolate caliente, lo iba a despertar, así que prefirió de todas formas despertarlo ella.

—Profesor… —Murmuro muy bajito parándose a su lado. No recibió respuesta, se acercó otro paso y poso su mano en su hombro para moverlo un poco. — Profesor… Despierte… —Le susurro acercando levemente su rostro, lo contemplo mucho mejor, y no pudo evitar sonreir al ver la tranquilidad plasmada en su rostro, se sobresaltó cuando el abrió sus ojos y la miro con unos ojos oscuros, esos no eran sus ojos. — Remus… —Murmuro asustada, esa mirada tan sedienta de sangre.

La había visto solamente una vez, cuando en tercero Sirius, lo defendió contra el hombre lobo que había despertado en su profesor preferido.

El rostro pálido de Rowney se enrojeció rápidamente cuando, de un segundo a otro estaba acorralada sobre la mesa con las piernas abiertas hacia su ex profesor de DCAO, ¿Qué estaba sucediendo, por qué la había tomado así? ¿Acaso iba a matarla y comérsela?

Un jadeo de susto y un inexplicable placer escapo de los labios carmesí de la leona cuando las manos de Remus la tomaron de las caderas por sobre la camisa holgada que llevaba, su rostro pronto parecería un volcán, intento alejarlo, pero los ojos oscuros y perdidos de Remus se fijaron en ella… Tan extrañamente lujuriosos y caninos. ¿Qué estaba sucediendo?

Remus la olio y inclino su cabeza por sobre los pechos de la leona, tan tiernos como dos palomas queriendo ser arrulladas. La nariz del castaño paso por todo su vientre provocando que Rowney se arqueara y aferrara su mano en la cabeza del castaño.

¿Por qué le estaba gustando aquello? Tenía que estar asustada, no sabía que podía pasar, ese no era el Remus real, y aaaaah… La Luna llena seria en los próximos dos días… Es por eso… Que él está más sensible…

El castaño poseído por la Luna no se detuvo, siguió bajando hasta que su nariz se topó con el corto short de la leona que apenas cubría su entrepierna, casi torpemente el licántropo rebusco en la entrepierna de la leona, extasiándose de placer al oler su sexo húmedo, un gruñido evidente escapo de su garganta.

Rowney temblaba de pies a cabeza con el corazón acelerado y el rostro enrojecido, y sus ojos fijos en el techo oscuro y sucio. Se comenzó a sentir incomoda cuando su propia pelvis comenzó a querer más y a hacerla enloquecer cuando sus músculos internos se apretaron en un espasmo de placer.

—Ahh… —Gimió cerrando con fuerza sus ojos y sus puños.

El licántropo respiraba irregularmente perdido en el pecado del placer, en rápidos movimientos abrió las piernas de la Leona y acerco su pelvis a ella golpeándola.

Oh… Se sentía tan bien.Rowney arqueo su espalda y sin poder contenerse sus piernas rodearon las caderas del hombre lobo, que comenzaba a moverse contra ella, en un baile lento.

Su cuerpo se electrizaba con cada choque lento, era un placer único e inexplicable a la vez, que la hacía sentir totalmente desquiciada. El licántropo sumergido en sus sentidos caninos subió con sus propias manos la camiseta de la Leona para poder encontrarse con su piel desnuda y sus pechos carnosos. Su lengua no demoro en llegar hasta uno de sus pezones, que se erizó rápidamente a su contacto, Rowney dio un respingo apegando su pelvis y apretando su piernas en él. Su pantaleta ya estaba totalmente mojada y el licántropo podía olerla a distancia, lo cual le excitaba aún más hasta el borde de la locura perruna.

Su lengua se movía como si estuviese bebiendo agua de un estanque por sobre el pezón de la leona, que estaba envuelta en un trance de placer y locura. Él tenía que parar, porque si no… Sino ella ya no se podría controlar luego… Una de las manos que no afirmaba con fuerza las caderas de Rowney, subió hasta agarrar con posesión el pecho que no lamia. ¿Cómo explicar aquellas eléctricas sensaciones que la corrompían desde sus penetraciones hasta su pelvis y la desesperaban por no sentir su piel romperle las bragas? Cerro sus ojos dejándose llevar totalmente por aquel desquiciado placer, sabía que en cualquier momento alguien podría entrar en la cocina y verlos, y lo que era peor, que llegara Sirius, pero no podía decirle no, su cabeza no era suficiente para manejar tanto placer, no estaba acostumbrada.

—Más fuerte… —Le pidió en su locura lujuriosa de placer, y aún cuando el licántropo no entendía, el lenguaje corporal de la Leona le era suficiente. Su boca se cerró cual chupete en su pezón cuando su mueca de placer se transformó en placer en dos segundos, lo cual se tardó en comenzar a "penetrarla" con más fuerza, su cuerpo se subía casi sobre la delgada leona.

La mesa crujía bajo sus cuerpos, y pronto la habitación se llenó de un calor infernal, y unos gemidos contenidos, Rowney tenía los ojos cerrados del placer, que era tan desgarrador que juraba poder sentir el miembro duro de su maestro encarcelado en su pantalón tocarla.

Ni siquiera Sirius la había llevado a tal grado de desear ser penetrada con fuerza, como lo estaba deseando en ese momento, deseaba ser besada por ese hombre que despertó algo muy extraño en su piel. Su cuerpo se estaba apretando a medida que las penetraciones le llevaban a algo más que un simple cosquilleo, podía comenzar a saborear, que si seguían en el mismo ejercicio, algo iba a explotar en su pelvis, su cuerpo se cerró con sus brazos y piernas alrededor del licántropo que la frotaba contra él con fuerza, una fuerza totalmente placentera y dolorosa, su miembro le pedía a gritos salir de ese escondite.

Rowney se tensó totalmente cuando las dos últimas penetraciones más fuertes y largas hicieron que desde su entrepierna explotaran miles de fuegos artificiales llevándola a un doloroso clímax, y un orgasmo que la hizo gritar.

El licántropo sintió su placer, y no dejo de moverse hasta que se arqueo totalmente y sus manos tomando las caderas de la Leona, quien aún tenía espasmo de placer, la aferraron con fuerza para poder descargar toda aquella tensión en su miembro y gruñir cuando se liberó con fuerza en sus pantalones. Era como un imán, su entrepierna llamaba la suya, sentía su miembro palpitar, y solo allí detuvo sus movimientos, para poder calmar sus jadeos.

Rowney no podía recuperar el aliento, y a medida que lo hacía su mente se llenaba de un blanco y un bloqueo impenetrable.No sabía cuándo Remus podía despertar de aquel transe lunar, pero ella quería más…

Remus se dejó caer a la silla hacia atrás, su pecho bajaba y subía, esta ves fue Rowney quien se subió arriba de él con las piernas abiertas, y a diferencia de Sirius, pudo volver a sentir el miembro duro de Remus, en una erección que no se fue. No sabía si sus ojos estaban aún oscuros o no, pero sus manos viajaron a su pantalón y ya que estos le quedaban extremadamente sueltos, no fue necesario desabrocharlos para poder liberar el miembro del licántropo, y tomarlo con su mano, el licántropo volvió al juego por más, seducido totalmente por el olor y las feromonas que soltaba la leona. La rodeo con sus brazos fuertes moviendo su pelvis y a su ves su miembro sobre la manos de la leona, Rowney pudo sentir las venas del miembro de Remus palpitar en su mano y aquel líquido que era su semen dejarlo algo viscoso. Paso su dedo pulgar por la punta de su glande, justo donde podía sentir el pequeño hoyuelo que era la salida de todo aquel poder. La cara lobuna de Remus se distorsionaba de placer, porque aún teniendo los ojos oscuros y lobunos, su rostro era inocente, y Rowney se sintió tan pervertida.

No dudo mucho tiempo en subir un poco más cerca al miembro de Remus, y comenzar a colarlo por su pantaleta, comenzó a dar pequeños brincos al tener espasmo de lo que quedaba de su orgasmo, cuando la punta de Remus roso su clítoris caliente, guio con mucho más cuidado su glande hasta sus labios vaginales hinchados y totalmente húmedos, su boca se abrió dejando escapar un rio de jadeos y suspiros de placer, a medida que movía el miembro de Remus en su entrada.

Ya era muy tarde para detenerse… La punta del pene de Remus, intentaba colarse en su entrada, y las manos juguetonas del licántropo en su espalda desnuda no le ayudaban mucho a poder detenerlos, sus manos bajaron entrando en su pantaleta desde atrás, acariciando su trasero suave y virginal, siguieron bajando hasta llegar a su sexo, Remus no paraba de gruñir de excitación, su mueca de placer daba miedo, no era Remus, pero a Rowney poco le importaba en ese momento.

Con los dedos de Remus en su vagina tan húmeda, ayudaron a guiar su miembro a la entrada de la Leona y que no se pudiera mover, Rowney quien estaba ligeramente parada con la punta de sus pies comenzó a descender, su cara se desfiguro de placer cuando apenas la punta de Remus comenzó a abrirse paso en sus entrañas.

Un fuerte estruendo proveniente de la entrada de la casa, hizo que Rowney callera de bruces en la realidad y diera un respingo separándose del licántropo, que no la dejaría ir tan rápido. Su rostro acalorado y sudoroso, nuevamente se volvió pálido del miedo, por el pasillo se podía escuchar la voz de su madre y la voz de Tonsk, quejarse por la caída de la chica.

—Remus… —Intento llamar a su profesor, pero el hombre lobo la callo con un lujurioso beso, Rowney como pudo y con tremendo escozor y dolor en su entrepierna, guardo el miembro rápidamente dentro del pantalón de licántropo.

Con toda la fuerza que pudo Rowney se levantó de sus piernas asustada, comenzó a sentir pasos avecinarse y Remus aún no volvía en si. Pero el licántropo la tomo nuevamente sentándola en la punta de la mesa.

La vergüenza, el miedo y el pánico, nunca han sido buenos consejeros, Rowney alzo su mano y le chanto tremenda cachetada provocando que el licántropo llegara a voltear su rostro, lo alejo mientras despabilaba.

Remus negó con su cabeza aún adormilado, y cuando sus ojos volvieron a la normalidad, pudieron ver a la pelirroja.

Rowney temblaba de pies a cabeza, mirándole llena de pánico, al fin había despertado del todo y sus ojos volvieron a ser dorados.

—Rowney, ¿Qué sucede? ¿Ya llego tu madre? —Esa mirada bondadosa volvía aparecer, Rowney le miro pestañeando rápidamente.

—Si… Si… Se quedó dormido…—Murmuro la bruja, alejándose de él lo más rápido que podía rodeando la mesa y arreglando sus ropas. ¿Por qué demonios se seguía sintiendo tan atraída y asustada a la vez por esa sensación prohibida? Estuvo a punto de dejar que él la penetrara.

Remus quien se sentía totalmente extraño se movió incomodo en la silla, Rowney le dio la espalda buscando nerviosamente el chocolate, solo para hacer algo y que no sospecharan nada.

—Mmm, si lo lamento, me quede dormido esperando a tu madre —Murmuro como respuesta, doblando el profeta que estaba totalmente arruinado, se volteó para mirarla, pero su mirada viajo hasta las piernas desnudas de la pelirroja, y trago saliva con dificultad, ¿Qué estaba haciendo? Y por fin se dio cuenta de donde provenía su incomodidad. En un segundo su rostro estaba totalmente como un tomate, incluso más rojo que los cabellos de Rowney, quien votaba todo con sus manos.

Se cubrió su erección y aquella sensación pegajosa con el profeta, igual de nervioso de Rowney, si supiera…

—Mamá… —Murmuro al verla entrar a la cocina, tan pálida como nunca la vio, Rowney la miro con los ojos vidriosos otra vez. Su cabello estaba totalmente despeinado, y su ropa dudosamente arrugada y mojada en algunas partes.

—Oh Cariño —La Señora Weasley se acercó para abrazarla, pero Rowney la esquivo nerviosa dándose la vuelta, eso había sido cruel.

—¿Qué quieres de desayuno mamá? —Pregunto nerviosa botando todo a su paso con sus manos temblorosas.

Remus la miraba entrecerrando sus ojos igual de nerviosa. Algo estaba pasando allí, trago saliva en seco al fijar su vista en el trasero de Rowney, miro sus manos y acerco sus dedos hasta su nariz, el olor a sexo lo embargo provocando que diera un respingo.

—¡Remus! —Chillo Tonks al verlo, pero Remus la ignoro completamente y se levantó saliendo de la cocina, digo huyendo de allí.

—¿Qué… Por qué… Por qué se comportan de esa forma tan extraña? —Pregunto la Señora Weasley, que aún que estaba cansada ese sexto sentido no se apagaba.

—E-Extraña…. N-no… —Tartamudeo Rowney dándole la espalda a su madre, botando algunas tazas más haciendo un gran estruendo, Tonks parecía decepcionada de que Remus no le allá dado ni los buenos días.

Unos pares de pies se acercaron corriendo seguidos por otros más, hasta donde estaban, momento perfecto en que Rowney aprovecho de escapar.

—¡Mamá! —Chillo Ginny, corriendo y chocando accidentalmente a Rowney, quien la miro furiosa y la empujo provocando que la pelirroja menor se callera contra una silla.

—Perdón, no te vi… —Se disculpó con ironía y abandono, la cocina.

La Señora Weasley no pudo ni reaccionar ante aquella escena tan agresiva, ayudo a levantarse a Ginny que sollozaba.

Rowney se escondió en la entrada de la escalera, ya había ignorado a Fred y George, al pasar, quienes habían entrado a la cocina rápidamente, su pecho bajaba y subía asustada y nerviosa.

¿Qué era todo aquello?

—¿Row estás bien? —La voz de Bill la hizo sobresaltarse y mirarle alarmada. — Ey… Tranquila soy yo…

Rowney se secó el sudor de la frente respirando aliviada.

—Si… ¿Me ayudas a subir mi baúl? —Murmuro con la voz algo temblorosa.

—Si, si, claro que si… —Bill se apresuró a alzar su varita y susurro "Baúl Locomotor"

En pocos segundo Bill la había llevado a ella y a su baúl hacía su antigua habitación, la que compartió muy pocas veces con Harry, las camas estaba echar, lo cual le pareció algo extraño a Bill.

—¿Pudiste dormir algo…? —Le pregunto de pies junto a la puerta.

—N-no mucho… —Respondió aún totalmente nerviosa. — ¿Cómo está Papá?

—Am… Los medimagos dicen que… Es una suerte que lo hayan descubierto a tiempo… Porque sino hubiese sido.. Demasiado tarde… Que debe recuperarse…Que el veneno ya no le puede hacer nada, pero que las heridas tardaran en sanar por el mismo veneno…

—Oh… Ya veo… —Rowney se dejó caer en la cama aferrando con sus manos su cabeza, el pánico la tenía adormilada, no podía sentir más que adrenalina y miedo a ser descubierta, su entrepierna aún se sentía incomoda.

—Te… ¿Te puedo ayudar en algo más? —Se acercó levemente a ella, sus mejillas se sonrojaron levemente al recordar el incidente en Las Tres Escobas.

—No… Me ire a duchar… —Murmuro alzando su vista por primera vez más aliviada, controlando su nerviosismo, suspiro varias veces, no tenían como saber lo que había pasado… Iba a olvidarlo… Y a suponer que nada había pasado… Si, eso haría.

—Aún es de madrugada… Te recomiendo que duermas, y luego bajes a desayunar, irán todos a San Mungos, solo vine por unas cosas y me regreso ahora mismo a hacerle compañía a papá… —Aviso para poder ver si ella lo quería lejos o lo deseaba tan cerca como el quería estarlo, su mirada verdosa viajo a las piernas suaves de Rowney, y luego a sus pezones duros que se podían notar por su camiseta, la cual era del mismo.

—No creo poder dormir… Deberíamos de ir ahora mismo… ¿Puedo ir… Contigo…? —Murmuro de forma cuidadosa acercándose levemente a él y pasando sus dedos por la chaqueta de Bill entreabierta.

—Am… No… No lo creo… —Murmuro totalmente distraído con la cercanía de la Leona, ¿Cómo es que con su cercanía hasta se olvidaba de que era su hermana y peor aún que era Ron…?

—Pero… Si, sabes que me porto bien… —Murmuro en forma de chantaje acercándose tanto, hasta poder alzar sus manos y abrazar el cuello de su pelirrojo hermano, apegando sus duros pezones sobre el pecho de él.

Bill la miraba totalmente nervioso por sus ganas de tomarla allí mismo, rodeo con sus manos la diminuta cintura de ella, apegándola aún más.

—Mmm… Mejor pórtate mal… —Murmuro entre los dientes apretados.

Rowney cerro sus ojos y se alzó de puntitas de pies, Bill bajo su cabeza levemente y antes de que sus bocas se encontraran Rowney susurro;

—Llévame contigo… —La boca de Bill tomo los labios carnosos de la Leona, como si fueran un verdadero manjar, un suplemente alimenticio, algo totalmente adictivo.

En cosa de segundos sus bocas se habían animado totalmente a un acalorado beso, atacaban y devoran la boca del otro con fervor, con ansias y con recelo. La puerta a sus espaldas aún abierta estaba, y solo lo notaron cuando la señora Weasley les interrumpió.

—Rowney —La llamo, Rowney se separó de Bill abriendo grande sus ojos, pero noto que Bill estando de espalda a la puerta y siendo muchísimo más alto que ella, cubrió la escena del crimen, Bill parecía tan sorprendido y asustado como ella.

—Todo… Todo va a estar bien pequeña… —Murmuro Bill abrazándola y apegando la cabeza de la Leona con torpeza a su pecho.

La Señora Weasley se acercó a ellos y Rowney escondió su cara en el pecho de Bill para evitar que descubriera su mentira.

—Déjame mamá… —Su voz realmente sonaba débil y temblorosa.

—No puedes estar llevándote tan mal con tu hermana pequeña, es tu hermana. —Murmuro cansada suspirando profundamente.

—No quiero discutir ahora eso… Ella se merece eso y más, y ya no es mi hermana, ¿Por qué todo el mundo se pone de su lado? Fue ella quien intento atacarme con una maldición imperdonable —Los ojos de Rowney parecían querer salirse de sus cuencas al volver al enojo, efectivamente sus ojos estaban rojos del cansancio.

—Tu padre nos necesita a todos unidos mi amor, ¿Qué no lo entiendes? No me pongo de su parte, pero es que… Somos una familia… A veces debemos perdonar…

—No mamá, yo ya me canse de perdonar, ni Fred ni George, mucho menos Ginny merecen mi perdón —Se separó de Bill acercándose a su cama para poder acostarse.

La señora Weasley suspiro cansada y triste, Bill la rodeo con uno de sus brazos y la guio lentamente a la salida de la habitación para que pudieran dejarla sola.

—Espero nunca te arrepientas… —Dijo por último antes de cerrar la puerta para dejarla descansar.

—Jamás… —Susurro para si misma cubriéndose con las mantas e intentando dormir.

Ahora se encontraba aún más confundida que antes; El nombre de Neville resonó como el peor de los calvarios en su cabeza, oh no, pobre Neville…

Neville, era el tierno e inocente amor que toda adolescente debía experimentar, un amor puro y tranquilo, era lo que ella debía de tener según su edad, no debía de besar… y hacer otras cosas con otros hombres, muchísimo más mayores que ella.

Sirius… Sirius, ¿Por qué? Fue quien le robo su primer beso, fue quien la llano de pasión y la hizo volverse tan juguetona… Algo muy grande se batía en su corazón cuando pensaba en él, como si miles de duendecillos le revolotearan en el estómago, y eso la hicieron sentir miles de hormiguitas en su pecho… Eso era estar enamorada, aún que realmente no lo sabía, pero su alma entera gritaba por Sirius…

Fred y George, esos gemelos… ¡Oh por Merlín! Los detestaba por hacerla fantasear con tenerlos a los dos al mismo tiempo… Por ser sus hermanos… Porque siempre son ellos quien le traen los mayores problemas, no puede estar cerca de ellos… No puede…

Harry, Harry era su amigo, su mejor amigo… No podía dañarlo con sus dudas, no podía hacerle eso a su mejor amigo…

Hermione… No, ni pensarlo, ya no podía tampoco, era mujer… Y… Ella también lo era…

Bill… Oh Bill… Esa madures inexplicable en sus besos, pero es su hermano y tiene que olvidarse de ello… No puede andar besándolo… No es… No, no puede, rechazado y tachado….

¿Draco? No, ese maldito, nada, no merece estar en sus pensamientos…

Remus…

Rowney suspiro mirando el techo mientras recorría su lista imaginaria y aunque intentaba aclararse, lo empeoraba más.

El solo hecho de pensar en Remus, su ex profesor de DCAO le hacía sentir mariposas en su entrepierna, la cuales podían mucho más que su corazón.

"Pero aquí no está Neville… No tiene como enterarse… Nadie va a decirle… Sirius no tiene porque enterarse de mis… cosas privadas… Puede que sea… Una excelente venganza hacia Fred y George… Y Harry, no… El no tiene porque pensar que juego con él… Hermione es una ingenua, de seguro cae con todo y por vergüenza no se atreverá a decir palabra… Bill es mi hermano… pero, ¿Quién va a decírselo a mamá? No tiene como enterarse, ¿verdad? Solo debo ser cuidadosa… Ese Maldito hurón también se muere por mi, creo que también merece sufrir un poco más…. Yo necesito dinero y él… Él tiene mucho dinero… Remus… ¡Oh Merlín Remus! ¿Merezco ser feliz también verdad? Como dijo Sirius, yo también lo merezco…"

Y fue así como la Leona se quedó profundamente dormida, pensando que podía comerse al mundo si quisiera, en ese momento no podía imaginarse el peligro que le asechaba, y el destino que estaba escrito con su sangre y dolor… Pobre de aquella Pelirroja… Pobre…

oooooo***

No me mateis, por no actualizar antes, pero me a llegado la inspiración de golpe y no me voy a aguatar actualizar un par de cosas que tengo en la mente.

Disfrutenlo y comente que le a parecido aquella pequeña maldad... o pervención en Rowney...

Muchos besos.

Niquie