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2 Generación: Archivos Clandestinos — capítulo 4

-Lo odio-dije, por enésima vez en los últimos minutos-lo odio tanto. Por mi podría haber muerto a manos de cualquier monstruo, porque como esto siga asi juro que voy a suicidarme

-Amy, no vs a suicidarte-Rose alternaba la mirada entre la pantalla de su portátil y yo-y si lo harías yo misma me encargaría de matar a Robin.

Me tumbé en la cama al lado de mi amiga. Tenía razón, no iba a suicidarme, pero si contuaba así no saldría de mi cabaña.

-¿Esos son los planos de un supermercado?-pregunté mirando la pantalla del ordenador.

-Lo han abierto a tan solo un kilómetro de aquí-me informó.

-¿Sabes que es ilegal no?

-No me lo digas a mí, díselo a Quiron. Entre la cabaña nueva para las Cazadoras y que hay más campistas que hace años nos pidió si podiamos conseguir materiales ahí.

-Tal vez se refería a comprar.

-De veinta cabañas se lo pidio a la líder del Dios de los Ladrones, no creo que nos quiera mandar de compras.

Rose abrio una nueva pestaña en Olimpic, la web que usábamos en el mundo grecoromano. Hasta hace poco, los semidioses no teníamos manera de utilizar tecnologías. Por suerte, Leo Valdez descubrió que si hacías esos aparatos con bronce celestial no llamaban la atención de los monstruos. Y así, montando la primera y mejor tienda de tecnología para semidioses (donde también escuché que vendían fruta, aunque creo que de eso se encargaba la mujer).

La verdad era que nuestro mundo había avanzado enormemente estos últimos años, gracias a semidioses como Annabeth Chase, que construyó Nueva Grecia y está trabajando en proyectos para abrir nuevos campamentos y ciudades por todo norteamerica, o Piper McLean, que montó unos grandes almacenes en las dos ciudades ya construídas.

-¿Has visto este video?-Rose me enseñó la pantalla.

En ella se veía a Hermes corriendo medio desnudo por el Campamento gritando: Afrodita es la mejor.

-Este video es de hace unos cien años-me fije.

-Ya, pero da gracia igual-me contestó mi amiga entre risas-eso sí, por culpa de esto las de Afrodita no dejan de burlarse de nosotros. Pienso cubrir a su lider de purpurina para recuperar el honor de mi cabaña.

-Tengo que admitirlo, cuando te pones en este plan me das miedo.

Era de noche. La luna llena brillaba en lo alto del cielo. Caminaba hacia el bosque, tenía clase con Robin. No podía explicarme a mí misma como es que si lo odiaba le daba clase de esgrima, así que no me lo pregunteis. Cuando se lo dije a Rose comenzóa reírse, olvidando por unos momentos sus planes de robar en un supermercado.

-Hola Emily-dijo una voz.

Fruncí el ceño. Odiaba que me dijeran por mi verdadero nombre, prefería mil veces antes Amy.

-Olivia ¿Que haces aqui?-le pregunté, sabía que por mucho que dijera lo contrario me seguiría llamando Emily (mis padres debían estar borrachos cuando me pusieron ese nombre).

-Vengo a ver si ya te has decidido.

-No-contesté al cabo de un tiempo-la verdad es que aún ni lo he pensado.

-Es una oportunidad única, y lo sabes.

-Ya, pero es que...

-¿Acaso no quieres ser inmortal? ¿Vivir aventuras? ¿Explorar el mundo?

-Dicho así suena una gran oferta, pero tengo mucho que perder. El Campamento es mi hogar.

-Nosotras seremos tú nuevo hogar.

-Pero...

-Únete a nosotras, sé una Cazadora.

-Tengo que pensarlo, algo así no se decide de la noche a la mañana.

-Solo venimos aquí una vez al año, buscando nuevas reclutas. Tres se unirán a nosotras. Si antes de media noche no has aparecido daremos por hecho que no quieres la oferta.

Llegué al claro donde entrenaba con Robin. No tenía muchas ganas de practicar hoy, le daría unas lecciones y me volvería a la cabaña.

Estaba tan sumido en mis pensamientos que apenas escuché el ruido de una espada desenfundandose. Me giré lo más rápido posible, parando la espada de Robin.

-El factor sorpresa-supuse-muy bien, continuemos con la lección.

-De acuerdo Oráculo-si Olivia era imposible con lo de Emily, Robin era peor con lo de Oráculo.

Seguimos luchando durante media hora más. Robin estaba mejorando mucho, pero yo seguía siendo mejor. Conseguí quitarle su espada y dejarlo contra un arbol, con mi espada en el cuello.

-No dejes que tu enemigo te distraiga-le dije-busca sus puntos débiles, puede suponer la diferencia entre

-Puntos débiles...-respondió el pensativo.

Iba a preguntarle que tenía planeado, pero no me dio tiempo. Robin me había...UN MOMENTO! QUE HADES HACÍA BESÁNDOME! No me dio tiempo a reaccionar de ninguna manera, pues el se separó. Ahí me di cuenta de que había bajado la espada. Solo lo había echo para distraerme. No lo dudé. Le di una bofetada con toda mi fuerza en la megilla.

-TE ODIO-le grité antes de irme furiosa.

Ese idiota había besado ¿¡Cómo había dejado que me besara!? La verdad, era que no lo vi venir, esa era una táctica muy rastrera, incluso para él. Me dirigía hacia la zona de tiro con arco, necesitaba desesperadamente imaginarme la cabeza de Robin en una diana, estoy segura de que no fallaría ni una.

Ví a lo lejos una luz. Me acercqué más, y me fijé en que era la tienda de campaña de las Cazadoras. Pensé en la oferta de Olivia de unirme a ellas. Antes de darme cuenta, ya estaba dentro.

-¿Hay sitio para una más?

Un año más tarde...

-Tenéis que volver al campamento a por nuevos reclutas-nos comunicó Artemisa.

Las Cazadoras estabamos reunidas en un bosque de Canadá. Artemisa nos estaba diciendo que después de la pérdida que tuvimos (seis muertes y un avandono, no quería continuar en la cacería) necesitabamos nuevas reclutas, por lo que era obligatorio volver al Campamento. La verdad, no me apetecía volver. Era cierto que los echaba a todos de menos, pero aún así sería muy duro. Sin querer, terminé acordandome de Robin. Me había sorprendido a mi misma varias veces pensando en el hijo de Artemisa.

-Por desgracia, estais demasiado lejos y teneis que llegar lo antes posible. Sé que lo odiais, pero he tenido que pedirle un favor.

Olivia no tardó en protestar. Todas sabíamos a quién se refería. Un brillo apareció en el cielo, y no tardó en llegar ante nosotras un Lamborghini de último modelo. De él, quitándose sus gafas de sol y apoyándose en el coche como si fuera un modelo, salió Apolo, mi abuelo.

-Hola bellezas, por lo que veo me volveis a necesitar-dijo de manera arrogante.

-Apolo, ya conoces las reglas-lo amenazó Artemisa-no mires a mis Cazadoras, no hables con mis Cazadoras, y sobre todo NO LIGUES CON MIS CAZADORAS.

-Vaya hermanita, pensaba que despues de tener un hijo serías menos estricta.

Por la cara de la Diosa estaba claro que eso había empeorado la situación.

-Tranquila, solo bromeaba. A veces me pregunto como somos hermanos-miró a las Cazadoras, incumpliendo la primera norma-Amy-dijo emocionado.

Llevaba un año sin que nadie me llamara así, por lo que no pude evitar sonreír.Se acercó a mí y me revolvió el pelo, al igual que hacía cuando era pequeña.

-Vaya canija, era verdad que te uniste a esta panda de amargadas.

Estaba claro que una por una querían matar al Dios, pero yo reí.

-Apolo, que te dije-le recordó su hermana.

-Es mi nieta, estoy en mi derecho. Veo que cambiaste el arco que te dí por uno de madera. Es normal, mi hermana no quiere nada que venga de mi.

Era cierto. Mi arco había sido una bendición de mi abuelo, por lo que al unirme a ellas lo tube que avandonar. Lo había dejado en mi cabaña, con una nota de despedida. No podía despedirme de ellos a la cara.

-APOLO!-le gritó Artemisa.

-De acuerdo, subir chicas.

Me giré hacia el coche, pero ahora era una limusina.

-Yo viajo con estilo. Arriba dulzuras. Menos tú Amy ¿Que clase de abuelo no le enseña a su nieta a conducir?

Tengo que admitirlo, no ganaré ningún premio a la mejor conductura. Aún así, Apolo me dijo que lo hice mejor que a la última persona que lo condujo.

Ahora caminabamos por el campamento. Quiron nos llevaba hacia nuestra nueva cabaña y nos contaba como era. Por desgracia, antes teníamos que pasar por delante de las otra veinte. No pude evitar quedarme parada al mirar mi antiguo hogar. Al estar hecha de oro, era la cabaña que más brillaba.

Por suerte, me alegré al ver a Glimmer. Continuaba comportándose como si fuera la diosa del lugar, pero todo se iba al traste al ver un cartel en su espalda que ponía "Miss Purpurina" y del que al parecer no se hbaía dado cuenta de su existencia. Supuse que la broma de Rose había causado más impacto del necesario.

Continué caminando hasta llegar a la pista de baloncesto, donde había tres personas jugando, dos chicas y un chico. Reconocí a ls chicas inmediatamente, eran Rose y Luna. Debían de tener ahora dieciseis años. Me fije en el chico. Era alto y musculoso, bastante guapo, tenía que admitir. Su pelo era marrón y los ojos azul oscuro...No me lo podía creer. Era Robin.

Robin levantó la mirada para tirar a canasta, consiguiendo que sus ojos tropezaran con los míos. Al verme, soltó la pelota. Rose y Luna lo miraron, para luego centrar la vista en mí. La primera vino hacia mí con paso enfadado y amenazante.

-¿Que haces aquí? Este es NUESTRO campamento, no queremos a más Cazadoras ni que os lleveis a más de nuestros campistas-me gritó.

Rose odiaba a todas las Cazadoras por norma, pero despues de haberla avandonado supuse que a mi me tenía en una posición especial.

-Puedo explicarlo-comencé a decir.

-No, ya te explicaste muy bien, en tu carta-le reprochó-bueno, te dejaste una cosa, el motivo por el que te fuiste.

-Ya escribí que...

-Soy la nieta del Dios de las Mentiras ¿Pretendes que me crea que lo hiciste porque creías que era lo correcto?

-Si me dejaras explicarte...

-No quiero tu explicaciones, solo quiero que te vayas y no vuelvas nunca.

-Yo tampoco quiero estar aquí, Artemisa nos mandó volver.

-¿Ha hacer qué?

Abrí la boca para contestar, peor la volví a cerrar. Si le decía que habíamos vuelto para llevarnos más campistas empeoraría las cosas.

-¿Quereis robarnos a campistas?-adivinó. Había estado demasiado tiempo callada, normal que llegara a adivinarlo-no me lo puedo creer. El año pasado se fueron cuatro, once se han ido este año a Nueva Grecia y ocho a Nueva York, tres murieron en una misión y perdimos a dos nuevos por el ataque de unas arpías cuando trataban de venir aquí. Si os vais a llevar a más gente, será sobre mi cadáver-dio media vuelta y se marchó furiosa, seguida de Luna que trataba de calmarla.

Me sentí mal. No podía imaginar que el Campamento fuera tan mal. Levanté la mirada, y ahí me di cuenta de que Robin me seguía mirando, de una manera extraña. En sus ojos oscuros brillaba la duda y el desconcierto. Aparté la mirada y fui con las Cazadoras.

Por tercera vez, traté de abrir la puerta del cobertizo de armas ¿Un año y no habían tenido tiempo de arreglarla?¿En serio?

Al final, al sexto intento, lo conseguí. El cobertizo seguía igual como lo recordaba. Oscuro, mohoso y lleno de polvo. A pesar de eso, estaba lleno de armas de todo tipo: espadas, cuchillos, arcos, hasta una katana. Estaba ahí buscando un arco nuevo. A Gwen, una de las nuevas, se le había roto en un entrenamiento.

Despues de buscar unos cuantos minutos, encontré un arco, pero eso solo consiguió deprimirme aún más. En una esquina, cubierto de polvo y con las puntas de las flechas sin afilar, estaba mi arco. Me senté de rodillas en el suelo y lo cogí. Antes, no dejaba que tuviera ni un solo rasguño. Ahora, estaba tan cuvierto de polvo que ni podía ver mi reflejo.

Agarré uno de los trapos que había y comencé a limpiarlo. Afilé las flechas una a una y los volví a colocar en el carcaj. Al terminar, vi mi reflejo en el arco. A pesar de no haber crecido, me sorprendí l ver mi reflejo. Mi ropa, antes llena de colores chillones y claros, era oscura para poder camiflarme en el bosque. Mis rizos estaban perfectamente ordenados en una pulcra trenza, no era la maraña de hacía un año. Y lo peor, era que en mi cabeza había una diadema plateada.

Rodeé las piernas con mis brazos y escondí mi cara entre ellas. Rose no me hablaba, había cambiado mi arco de oro por otro, llevaba un año sin ver a mi familia, era una extraña en mi propia cabaña. Entre todo aquello se coló la imagen de Robin, y me volví a preguntar que hacía allí.

La puerta del cobertizo se abrió, dejando paso a la última personaen la que pensé.

-¿Que haces aquí?-me preguntó Robin de manera despectiva, consiguiendo que apretera el arco entre mis manos y dejarme los nudillos blancos. Debió de ver que no estaba bien, porque cambió su tono de voz-¿Eh, Oraculo, estas bien?

No pude evitar alegrarme. Hay cosas que nunca cambian. Tan solo duró unos segundos, ya que volví a sumirme en la trsiteza.

-No,no van bien-por no se qué motivo, le dije la verdad. El se sentó a mi lado, parecía dispuesto a escucharme-Rose me odia.

-Rose no te odia-me dijo, consigiendo que levantara la cabeza y apollara la espalda en la pared, pero aún me abrazaba las rodillas-lo que pasa es que está dolida. Al volver de robar en el super, la avisaron de que te habías ido con las cazadoras. Avandonó todo lo que había robado y se encerró en su cabaña. Se quedó así un mes. Volvió a ser la de antes cuando Luna y yo le llevamos pintura negra y entre los tres redecoramos la cabaña de Apolo.

-¿Que le hicisteis que a mi cabaña?-pregunté alarmada.

-Si te sigues refieriendo a ella como tu cabaña tienes más problemas de los que pensé-rió.

-No te lo imaginas.

Una vez más, Robin se me quedó mirando, y una vez más, me ruboricé ¿Por qué no dejaba de mirarme? ¿Que tenía que fuera tan interesante?

No creo que fuera el hecho de ser una...una Cazadora, mujer que no puede estar a solas con hombres.

Me abofeteé mentalmente por olvidarme de la primera norma. Me levanté e improvise una rápida despedida antes de volver corriendo.

Tal vez Artemisa no lo tenía en cuenta por ser su hijo. O tal vez, y con suerte, en este momento no me estaba mirando.

Me encontraba en la esquina oeste del bosque, en una partida de Capturar la Bandera, Cazadoras contra Campistas. Me habían mandado a este lado. Yo, en realidad, no participo en la estrategia de conseguir la bandare, tan solo me madaron aquí para evitar que los del otro equipo pasaran del limite, aunque el lugar estaba tan alejado que me sorprendería si alguien pasaba por aquí.

-Vaya Oraculo, volvemos a vermos.

¡OH! ¿¡EN SERIO!? ¡ESTO TIENE QUE SER UNA BROMA!, pensé. No sé por qué, pero supe que en algún lugar del universo Afrodita se estaba riendo de una manera un tanto psicótica.

-Como continues asó llegaré a pensar que me estás acosando-respondí intentano mantenerme rígida.

El no dijo nada, tan solo se me quedó mirando, como el resto de las veces. En serio ¿Que le pasaba que no apartaba la vista de mí?

-Y bien,supongo que quieres cruzar ¿No?

-Supones bien Oraculo.

-Ya, pues no pienso dejrte-desenvainé mi espada.

-Pues yo pienso en que no cumplas tu palabra.

Los dos comenzamos a pelear. Robin respondía muy bien a mis ataques y tenía una defensa fantástica. No me esperaba que siguiera luchando como hace un año, pero a regañadientes tenía que admitir que había mejorado mucho con la espada, y al poder ver en la oscuridad tenía más ventaja. Por suerte, yo también había mejorado.

-¿Por qué te fuiste?-me preguntó de repente-¿Por qué nos avandonaste?

Por mucho que practicara, tenía que reservar mis fuerzas para el combate, por lo que hablar al mismo tiempo sin perder la concentración era algo difícil.

-¿A que viene eso?-conseguí responder mientras paraba otro de sus ataques.

-Nos avandonaste, a Quiron, a Luna, a Rose, a los de tu cabaña, y a mi.

-Nos conocíamos desde tan solo un mes, y además nos odiabamos.

-No, yo no te odiaba. A veces no te aguantaba, pero no te odiaba.

-¿Entonces por qué no me lo dijiste?-pregunté. Le devolvía los golpes con toda la furia que tenía-¿Por qué me besaste esa noche? ¿Por qué lo hiciste?

-Por que me gustas-gritó, haciendome sentir como si todo mi mundo se me derrumbara encima, como si apenas pudiera sostenerlo y en cualquier momento se iría el último pedacito de todo lo que conocía. Y así era. Robin, por el cual me había convertido en Cazadora, acababa de decir que le quería.

-Mientes-dije. Una parte de mi no dejaba de gritar de alegría, como un montón de Amys bailando la conga en mi interior. Pero tuve que reprimir esa parte.

-Es cierto. Mira, se que puede sonar raro, pero...es posible que este último año llegara a la conclusión de que estoy enamorado de ti, Oraculo.

-Es posible...-repetí, como si de toda la oración eso fuera lo único capaz de procesar-¿Desde...desde cuando lo sabes?

-Desde el mismo momento en que supe que te fuiste.

Volvió a conectar su mirada con la mía, y aunque debería haberla bajado, no lo hice. En parte porque eso habría sido tirar mi orgullo por el desague, y otra parte (y, esto no pensba admitirlo en voz alta, probablemente la mayor) era imposible desconectar la mirada de sus ojos. La mayor parte de la gente decía que los ojos de Robin intimidaban demasiado para sostenerle la mirada más de unos segundos. Ni siquiera Rose, o Teseo lo habían hecho. Yo era la única que podía ver más allá de todo eso.

Apenas fui consciente de que poco a poco nos habíamos juntado. Digo apenas porque cuando me enteré tan solo estábamos a unos centímetros.

-No-dije-no puedo haberme convertido en Cazadora y ahora...

Intenté terminar la frase, pero Robin me había besado, lo que hacía un poco difícil que pudiera forular palabra.

La misma parte conciencuda que me habló en el cobertizo volvió a advertirme de que era una Cazadora. En cambio, en vez de hacerle caso pensé "Oh, callate" y mande mis pensamientos a paseo.

Pasé los brazos por el cuello de Robin y me acerqué más a él, sin dejar espacio entre ambos. El comenzó a bajar sus manos. Me acarició los brazos antes de llegar hasta la cintura.

Un ruido de victoria hizo que abriera los ojos, y me sonrojé al ver que, en algun momento, mi pulcra trenza se había desecho, haciendo que pareciera Mufasa.

A lo lejos, escuché a los Campistas celebrar la victoria ¡Habíamos ganado! Qiero decir...¡Habían ganado!

Me separé de Robin, absolutamente roja y con los labios inchados. Robin no trató de detenerme, supondría que ya me habría causado demasiados problemas.

Me quedé dando vueltas al Campamento. No me apetecía volver con las Cazadoras. Me senté en el embarcadero y me saqué los zapatos, dejando que mis pies tocaran el agua.

-Eh ¿No vienes a celebrarlo?-preguntó una voz a mis espaldas.

Me giré, y no pude evitar sorprenderme al ver a Rose, su cara tambien se descompuso, estaba claro que esperaba a otra persona.

-A, eres tú ¿Por qué no estás con las Cazadoras?

-No quiero estar con ellas-respondí. Rose se acercó y se sentó a mi lado, pero al ser más bajita sus pies no tocaban el agua.

-¿Por qué te fuiste?-me preguntó con la cabeza gacha, por una vez dejó mostrar sus sentimientos.

-Fue algo estúpido-contesté-tuve un problema...

-Con un chico-especificó ella. No tenía que preguntarlo, pues sabía qué era así. Tambien sabía a quien me refería, y me alegré porque no lo dijera.

-Si, con un chico. Veras, el me beso, pero solo para distraerme en una pelea y ganar. Me enfadé, y pensé...No sé que pensé. Me habían ofrecido ser libre y dejarlo todo atrás. Como lo pintaban parecía algo increíble. Pero luego, despues de pasar un año con ellas, me di cuenta de que Olivia había maquillado las palabras, y mucho. Nunca me sentí tan utilizada como en ese momento. Llendo de un lado a otro, haciendo todo lo que tenía que hacer, como si fuera una marioneta. Y me di cuenta, de que ser una Cazadora no significaba ser libre, sino cambiar las normas. Y me gustan más las normas de un campista.

-¿Quieres dejar las Cazadoras?

-Si, quiero dejar las Cazadoras.

Al momento de decir, una luz plateada me bañó entera. Cuando se apagó, había cambiado. Mi pelo volvía estar recogido en la misma trenza mal hecha y esponjosa de siempre. Llevaba puesta mi camiseta cortada del Campamento. Lo mejor de todo, la tiera plateada, que me reconocía como miembro de las Cazadoras, había desaparecido.

Tenía dos notas en las rodillas que decía así:

"Amy, sabía que no estabas conforme con la vida de Cazadora, así que nada más pronunciar las palabras te he hechado. Es mejor así, no todo el mundo está hecho para esa vida.

Artemisa.

PD: ni se te ocurra hacerle caso a Apolo"

En efecto, la otra nota pertenecía a mi abuelo:

"Sabía que no aguantarías en la cacería, alguien proveniente de alguien tan divertido como yo no puede terminar con ese par de amargadas. Artemisa me está apuntando con una flecha, así que seré breve: me alegro por tí. Te vuelvo a nombrar líder de mi cabaña, tienes tu arco encima de tu cama.

Apolo

PD: cuando quieras otra clase de conducir, avisame"

-¿Que ha pasado?-preguntó Rose.

Le expliqué brevemente lo que decían las notas. En ese momento no podía estar más feliz. Quise abrazar a Rose, pero no lo hice.

-Anda, dame un abrazo-me dijo.

Las dos nos abrazamos, igual que hace un año.

-Oye, recuerda que aún sigo enfada contigo-me recordó.

-¿Y si convenciera a Apolo para que te dejara conducir su carro?

-¿Alguna vez te he dicho cuanto te quiero?-respondió, y no pude evitar reír-hagamos como si este último año no hubiera ocurrido, aunque eso no significa que no me tengas que comprar un regalo de cumpleños atrasado. Además, haremos que Rob...quiero decir ese chico sufra por lo que te ha hecho.

No me había acordado de Robin hasta que lo mencionó. Ninguno de los Dioses había mencionado nada, lo que quería decir que aún no lo sabían.

Tenía que hablar con él, pero antes, tenía que ir a celebrar la victoria del Campamento frente a las Cazadoras.

Ya no era inmortal, pero eso no significaba que no hubiera tiempo para todo ¿No?

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Bueno, que tal???

Aquí el capitulo, siento no haber subido este fin de semana, pero no tenía inspiración para escribir el final.

No aparece en el momento en el que Robin y Amy se nombran pareja oficial, pero prefería terminar de esta manera.

Espero que les haya gustado el capitulo, y me encantaría que me dijeran que tal está. El próximo será el de la Navidad presente y luego comenzamos por los narrados por hermanos mayores (creo que los he dejado demasiado de lado).