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Historia 173215 — capítulo 51
Habían pasado meses desde que Harry, Ron y Hermione habían desaparecido y no habíamos vuelto a saber nada de ellos.
Nos habíamos juntado todos en la madriguera y cada noche hacia uno guardia por si lo mortifagos volvían a atacar.
Los gemelos habían crecido en estos cinco meses y jugaban cambiando su aspecto con la metamorfamagia que habían heredado de mí.
Los días pasaban fugaces y amargos, sonriendo para hacer creer que todo es como antes.
Las noches, lentas y tortuosas, en las que me da miedo cerrar los ojos y que ellos aparezcan para llevarse a mi familia.
¿Cuánto tiempo iba a seguir esto así?
Hoy como un día cualquiera, iba con Fred y George a la tienda, donde sonreíamos y gastábamos bromas para animar a la gente y sacarle a una sonrisa.
-¡Fred, George! ¡Voy a la lechuceria a mandar un envió! ¡Vuelvo en diez minutos!-grite desde la entrada con un paquete con nuestro logo en ella.
-¡Vale!-gritaron a la vez.
Salí de la tienda y una gélida brisa golpeo mi cuerpo.
Cerré mi abrigo hasta arriba y empecé a andar por la solitaria calle.
Había papeles de búsqueda, basura y escombros esparcidos por todas partes.
La calle que siempre rebosaba alegría y bullicio estaba solitaria y lúgubre.
Solté un suspiro y seguí caminando a paso rápido mientras miraba para todos lados.
Tenía un mal presentimiento desde que me había levantado, empezando por mi taza de chocolate caliente que se me había resquebrajado en la mano antes de pegarle el primer sorbo, hasta cuando fui a darles el beso en la frente a mis hijos para despedirme de ellos, siempre sonreía y soltaban alguna risita, pero no hoy, se habían puesto a gritar y llorar tirándome del pelo y la ropa y había tenía que hacerles dormir con un hechizo para poder irme a la tienda.
Alguien empezó a seguirme y yo acelere el paso.
Conforme pasaba de largo callejones, más personas de negro salían de ellas, siguiéndome, hasta que no pude avanzar.
Enfrente cinco mortifagos bloqueaban la calle y yo me gire, mirando a mí alrededor.
-Mierda…-dije para sacar mi varita.
-Guapa, será mejor que bajes esa varita, con muy buena que seas somos demasiados-dijo uno de ellos, moreno y de cabello hasta el hombro.
Gruñí y dos de atrás me quitaron mi varita para amordazarme y atarme y desaparecernos del lugar.
Llevaba mucho tiempo con la venda en los ojos sin poder ver.
Me hicieron caminar y abrieron una puerta donde hombres y mujeres hablaban emocionados o asombrados por igual.
La risita de mi prima la loca, Bellatrix, hizo que gruñera y frunciera el ceño.
Me quitaron la mordaza y la venda de golpe y mi prima se levantó contenta, apuntándome con la barita la mejilla.
Intente abalanzarme con ella con un gruñido mientras los mortifagos me cogían más fuerte, dejándome señales en los brazos.
Seguí retorciéndome.
-¡Te matare por lo que hiciste, maldita bruja!-grite con furia a mi prima.
-¡Atrévete, traidora a la sangre!-dijo Bellatrix.
-¡Y a toda honra!-grite con furia.
El hombre a mi lado me pegó un puñetazo, haciéndome un corte en el labio y girándome la cara.
Levante el rostro con furia, gruñendo y le escupí en un ojo.
-No te atrevas a tocarme, estúpido-le sisee furiosa.
-Valla, valla…. Que…tenemos aquí-dijo Snape acercándose-hasta cuando esta acorralada, sigue siendo…valiente…
-No estoy acorralada, lo que pasa es, que estos cobardes me han quitado mi varita por temor a que les mate-dije con arrogancia, sonriendo con burla.
El hombre de antes volvió a golpearme y yo volví a escupirle, recibiendo otro golpe más fuerte.
Snape me miro con furia.
-Igual que tu padre, tan…arrogante-dijo Snape con repugnancia.
-No te atrevas a hablar mal de él, era un buen hombre, ya quisierais ser la mitad que él-dije con voz imperiosa y fuerte, furiosa, haciéndome oír.
-¡Tú no sabes nada de él!-grito furioso Snape.
-Era mi padre, con eso me basta para que sea el mejor-grite furiosa intentando abalanzarme hacia el-Y tu…Nuevo Director de Hogwarts, Dumbledore confiaba en ti ¿Y así se lo pagas? Matándole, sometiendo a los alumnos y haciéndote director, no mereces el puesto-dije furiosa.
-¡Ya basta!-grito Voldemord levantándose y andando hacia nosotros.
Lo fulmine con la mirada.
-Te estorbo ¿No? Siempre lo he hecho, por eso me tire en quinto todo el curso en la enfermería, querías a Harry y conmigo no podías, pero no lo conseguiste, ni lo conseguirás ¿Sabes porque? ¡Porque ya estás muerto!-grite para luego reir y que me golpearan de nuevo haciendo que gruñera.
-¡Silencio!-ordeno Voldemord.
-Deberías saber, Voldemort, que no te tengo miedo y que mucho menos obedezco ordenes-dije furiosa.
-Ha pronunciado su nombre…-dijo Bellatrix con una risita.
-Cállate Bellatrix o te callare yo misma-le dije con asco.
-¡Cállate tu traid…!-empezó Bellatrix.
-¡Silencio!-ordeno Voldemort.
-Si señor…-dijo obediente Bellatrix sentándose cabizbaja.
-Bien, y ahora, ¿te unirás a nosotros?, ¿o prefieres ser otra presa hasta que cambies de opinión?-dijo Voldemort sonriendo con burla.
-Prefiero la muerte a ser uno de los vuestros-sisee.
-Bien, pues a las celdas-dijo dándose la vuelta mientras me arrastraban escaleras abajo y me tiraban dentro de una celda.
Me levante y me tire contra las barras.
-¡Como salga de aquí pienso mataros a todos! ¿Me habéis oído? ¡A todos, malditos mortifagos!-grite furiosa antes de dejarme caer agarrándome mi camisa mientras una lagrima recorría mi rostro y soltaba un sollozo.
-¿Lyra?-pregunto la voz de luna.
Me levante sorprendida y mire a la oscuridad, entrecerrando los ojos.
-¿Luna?-pregunte sorprendida.
-¿Qué haces aquí?-pregunto Luna apareciendo a mi lado y cogiéndome de la mano para llevarme al fondo.
-Me tendieron una emboscada en el callejón Diagon cuando iba a mandar un paquete de la tienda-dije antes de abrazarla-Oh, Luna, ¿Qué va a pasar con mis niños? ¿Y mi marido? ¿Y los Weasley?-dije poniéndome las manos en la cara.
-Ya verás como todo vuelve a la normalidad tarde o temprano-dijo Luna sonriendo.
-¿Y tú? ¿Por qué estás aquí?-le pregunte frotándome los ojos.
-Papa escribió cosas en la revista que al señor tenebroso no le gustaban, me cogieron presa por eso-dijo con su habitual tono soñador.
-Valla, Lyra Black. 31 cm, Centro de Fibra de corazón de Dragón y madera de Muérdago. Poco flexible. Si, una gran varita para pociones y conjuros…justo como su propietaria-dijo el señor olivanders acercándose con uno de los Gnomos de Gringots.
-¡Señor Olivanders! Todos pensamos que…-empecé a decir.
-Sí, lo sé, pequeña-dijo tranquilo.
Mire el Gnomo y abrí la boca pero él hablo antes de que pudiera decir nada.
-No hice lo que quisieron-dijo secamente entrecruzando sus dedos.
-Cuando salga de aquí se enteraran de lo que vale un peine-dije frunciendo el ceño y mirando a la nada.
-Si logramos salir de aquí con vida, claro-dijo el Gnomo.